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Reflexiones abiertas, en el año de la cooperación vicenciana (tercera parte)

Reflexiones abiertas, en el año de la cooperación vicenciana (tercera parte)

5.- Sobre nuestras condiciones reales de vida.

Nuestro nivel de vida, en general, está lejos del de los pobres reales de nuestra sociedad. Hablo, claro está, de los sacerdotes de la Misión. Muchos de los que están a nuestro lado no tienen trabajo fijo, y tienen que agarrarse a lo que les sale para poder sobrevivir… En muchos casos, nuestro nivel de vida está también muy alejado del de las familias normales, “de clase media”, al menos en algunos aspectos importantes. Desconocemos (y muchas veces esto no nos preocupa) qué es tener que buscar trabajo, pagar una hipoteca o preocuparse de hacer la comida para la familia, lavar la ropa semanalmente o limpiar la casa a diario…

Hablando, en confianza, con los seglares que nos quieren, y que nos observan desde cerca, uno se da cuenta de que, desgraciadamente, esta es también la opinión que tienen de un buen número de sacerdotes y religiosos…

Creo que el nuevo criterio de pobreza evangélica debe incluir, de forma inapelable, llenar nuestro tiempo, al menos, de tantas horas de trabajo diario real como necesitan los pobres, de hecho, para sobrevivir.

Es justo reconocer, no obstante, que todavía hay entre nosotros, quizá son mayoría, trabajadores incombustibles, refractarios al cansancio y al desaliento, a los que les faltan horas para realizar sus objetivos personales y comunitarios. Estimulemos a los demás con su ejemplo. Hay mil maneras de hacerlo discretamente, sin sonrojar ni a unos ni a otros. La imaginación creativa puede hacerlo.

Este año de la colaboración vicenciana es un tiempo propicio para plantearnos serenamente, y con audacia, como proyecto prioritario para la entera Familia Vicenciana, las siguientes líneas operativas de acción:

  • Crear las bases suficientes y convenientes para el trabajo esperanzado de los miembros de toda la Familia;
  • Impulsar la creatividad pastoral y evangelizadora, en todos nuestros proyectos y acciones sociales.
  • Animar a los que trabajan con ilusión, aunque tengan fallos. Solo los que se mueven tropiezan. Solo los que se comprometen, experimentan carencias y vacíos.
  • Fomentar entre los que tienen poco que hacer el espíritu de trabajo y de solidaridad real con los pobres; en todo caso, la disponibilidad incondicional para aceptar de buen grado el trabajo o la tarea que se les encomiende o se les pida, tanto a nivel personal como de Familia Vicenciana.
  • Superar la desesperanza y la desilusión a base de esfuerzo y de ánimo. Bueno será recordar, de vez en cuando, que lo nuestro es la disponibilidad incondicional al servicio de los pobres, darlo todo, hasta la propia vida, con entrañas de misericordia, como el Maestro, entre cuyos mejores referentes encontramos a Vicente y Luisa

6.- La inter-relación pastoral con los seglares en la FV.

Es la hora de los seglares pongamos nuestros relojes en hora.

Esta idea, que puede parecer nueva, forma parte de nuestro acervo cultural vicenciano, y de la iglesia, en general, al menos desde el Concilio Vaticano II. ¡Pero qué lejos estamos todavía de hacerlo realidad!.

Existe aún la impresión generalizada, entre muchos seglares comprometidos, y también entre algunos de los nuestros, de que, en muchos casos, todavía seguimos utilizando a los seglares como peones de carga, cuando les necesitamos. Estamos lejos de contar con ellos como verdaderos agentes de pastoral y de la construcción del Reino de Dios, como exigencia de su pertinencia a la Iglesia, en plan de igualdad, respetando los respectivos carismas y funciones dentro de la Iglesia.

Creo que es misión nuestra prepararles para la nueva evangelización, asistirles y acompañarles espiritualmente, contar con ellos, asociarles a las nuevas tareas de construcción del Reino…

Nuestra atención o dedicación pastoral a la Familia Vicenciana debe mejorar cuantitativa y cualitativamente. Los sacerdotes de la Misión deberían sentir como opción pastoral prioritaria el acompañamiento y la asistencia pastoral a las distintas ramas dela Familai Vicenciana. Deberíamos hacernos presentes en sus reuniones y asambleas, y responder solícitos a sus requerimientos de servicios. Nuestras casas deberían fomentar la creación de nuevos grupos vicencianos. En el momento actual de la Iglesia, cada día se hace más urgente contar con los seglares para la misión popular y la misión “Ad gentes”.

Es un verdadero privilegio poder contar con los seglares vicencianos para crear esas nuevas plataformas de evangelización, tanto en parroquias, como en la misión popular renovada, como en países en vías de desarrollo.

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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