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Luisa de Marillac, una santa de plena actualidad

Luisa de Marillac, una santa de plena actualidad

Vidas convergentes: unidos en un mismo proyecto

Diversas circunstancias, que no son para detallar en estos momentos, han hecho que Luisa de Marillac haya sido, hasta tiempos bien recientes, una de las grandes santas prácticamente desconocidas en la historia de la Iglesia. Afortunadamente, las cosas van cambiando y hoy podríamos decir, utilizando el lenguaje deportivo, que Luisa de Marillac es una de las santas emergentes, al menos en cuanto al conocimiento de su vida y de su obra se refiere.

Cada día se conoce más a esta gran santa, de la mano de Vicente de Paúl; también de ella puede decirse, como de tantos otros santos, que al lado de un gran santo hay siempre una gran santa, y viceversa: ni Vicente de Paúl hubiera sido el gran santo de la Caridad sin Luisa, ni ésta hubiera escalado las alturas del amor evangélico, hecho servicio humilde y cercano al pobre, sin la presencia y el acompañamiento espiritual de Vicente de Paul.

Me daría por muy bien pagado si, con esta pequeña reflexión, en estas fechas próximas a la celebración de su fiesta, contribuyese, tan solo un poquito, a esclarecer esta realidad fehaciente. Remito a las obras y estudios serios publicados, recientemente, sobre Santa Luisa, para un conocimiento más completo sobre esta figura señera de la Iglesia, que bien puede figurar, al lado Vicente de Paul, como una santa perfectamente actual en nuestro tiempo.

Pequeños datos biográficos

Sólo unos años más joven que Vicente, nace el 12 de Agosto de 1591, en el seno de un familia de gran renombre, en el reinado de Luis XIII, los Marillac. Y muere el 15 de Marzo de 1660, tan sólo unos meses antes que Vicente.

Durante su infancia y juventud conoce toda una gama de sufrimientos por los que puede pasar una persona: huérfana de madre desde la más tierna edad, soledad y frialdad hogareña; huérfana de padre a los 13 años; debilidad y enfermedad crónica; ansiedad y dudas interiores, timidez e indecisión permanentes.

Entrada en la edad madura, ahonda en su estado anímico de debilidad y zozobras interiores: religiosa frustrada, esposa, madre, viuda; Dama e Hija de la Caridad; fundadora… Como Vicente, su gran maestro, encontrará la paz interior el día que decide consagrar su vida a Jesucristo en la persona de los pobres; a partir de aquí cambiará totalmente le signo de su vida.

Vicente y Luisa viven en una de las épocas más calamitosas de la historia de Francia, envuelta en guerras, hambre, miseria, niños abandonados, convulsión religiosa, ignorancia del clero rural. Y en este escenario de desolación, impulsados por la fuerza del espíritu, se sentirán llamados a dar respuesta evangélica a los problemas de su tiempo. Y los dos formarán uno de los “tándem”de simbiosis espiritual más compacto que ha existido en la Iglesia.

Comunión e interacción: Cristo en el telón de fondo.

Toda la obra vicenciana, que nace del impulso creativo sincronizado de Vicente y Luisa, se sustenta sobre una única columna: la fe en el Cristo vivo y encarnado en el pobre. El Cristo pobre, que sirve al pobre, que vive en el pobre… es la gran luz que iluminará el espíritu vicenciano, perfectamente compartido por Vicente y Luisa, y la fuerza motriz de su inspiración y de su acción. Luisa asume, como nadie, el estribillo de Vicente, continuamente repetido a sus hijos e hijas: “Cuando sirváis a los pobres habéis de ver en ellos el rostro de Cristo, que toma como hecho a Él mismo lo que hacemos por los más pequeños”.

Hay una perfecta comunión e interacción entre Vicente y Luisa. Luisa de Marillac, curada por la mano experta de San Vicente de sus ansiedades y zozobras interiores, está lejos de ser un simple brazo ejecutor de la concepción vicenciana de la Caridad. Es verdadera cofundadora de la obra maestra de San Vicente, las Hijas de la Caridad. Ella aportará a la naciente Compañía la impronta y el sello femenino. Su intuición curará incluso los pequeños brotes de idealismo e ingenuidad de Vicente, envueltos en el manto de su humildad, que le impedirán ver los riesgos que para la unidad de la Compañía suponía dejar en manos de los obispos locales la autoridad y dirección de las Hijas de la Caridad.

Luisa de Marillac, por otra parte, será el puente que une las dos orillas de la corriente de caridad que tienen su fuente en Vicente: las Damas de la Caridad, que proceden de la alta clase social, y las Hijas de la Caridad, humildes aldeanas, en su gran mayoría. Luisa de Marlllac, Dama e Hija de la Caridad, reconciliará en sí misma dos mundos antagonistas, irreconciliables, la burguesía frívola y el sufrido pueblo, ensamblándolos en un mismo proyecto por la fuerza del Amor, el servicio a los más humildes. Gracias a ella pudo Vicente realizar una de las más bellas síntesis de la historia de las relaciones humanas: la unión de la clase dominante y de a clase dominada, en un proyecto común de amor, en la búsqueda de la justicia, la dignidad de la persona y la fraternidad universal. Y todo esto sin agresividades, sin lucha de clases, sin clasismos ni revanchismos. También en este sentido, Vicente y Luisa serán conjuntamente pioneros de unas relaciones humanas nuevas, sin clases.

Más allá del tiempo: Santos para la eternidad.

La tenacidad y entrega de Tomás Moro en mantener su fidelidad a Roma frente a las presiones de Enrique VIII y sus ministros, le han valido el título significativo de “Un hombre para la eternidad”, en una película memorable. Vicente y Luisa de Marillac superan con mayor razón las barreras del tiempo y se nos presentan, en su espíritu y en sus instituciones, como perfectamente actuales, testigos y profetas de nuestro tiempo, hambriento de autenticidad y de amor. Las obras vicencianas, inspiradas y modeladas en el más puro estilo evangélico. constituyen todavía hoy una fuerza transformadora de nuestra sociedad, un impulso creador hacia una realidad nueva, en la que el odio y la violencia no tendrán cabida, porque habrán sido superadas por la justicia y una relación fraternal entre todos los hombres.

Sin duda que las formas y expresiones de fraternidad y de justicia han cambiado de rostro, de los tiempos de Vicente y Luisa a nuestros días, pero el impulso y la fuerza creadora del evangelio siguen siendo los mismos, como la misma sigue siendo la necesidad acuciante de los hombres y desheredados de la fortuna, física, cultural, moral. social, religiosa…

Vicente y Luisa nos interrogan, aquí y ahora: ellos hicieron la traducción más adecuada del evangelio para la sociedad de su tiempo; nosotros estamos invitados a hacer nuestra propia traducción, inspirados y movidos por la misma fuerza transformadora: la dinamita de las Bienaventuranzas. No podremos copiar sus formas, pero nos dejaremos interpelar por su espíritu y por su entrega a la causa de los pobres, aquí y ahora, en su circunstancia concreta y en cualquiera de sus manifestaciones más apremiantes. Y así, con nuestro granito de arena, contribuiremos a que la gran corriente de Caridad iniciada por Vicente de Paúl y por Luisa de Marillac desborden las orillas el tiempo…

Profetas de la Caridad, testigos del amor fraterno…

La Bienaventuranza de la Misericordia no se encasilla en la pasiva aceptación del mal, en el perdón del pecador; va mucho más allá, es la apertura y disponibilidad al servicio del necesitado: ser misericordioso, en el contexto evangélico, es estar disponible, hacer las obras de misericordia: “Tuve hambre y me distéis de comer; tuve sed y me distéis de beber; peregriné y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; preso y vinisteis a verme” (Mt.25, 35-36).

Por eso, porque pocos como Vicente de Paúl y Luisa de Marillac han encarnado a lo largo de la historia de la iglesia este ideario evangélico, podemos llamarlos, hoy como ayer, con toda la razón del mundo, Patriarcas de la Misericordia, Profetas de la Caridad, Testigos del amor fraterno entre todos los hombres.

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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