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El testimonio de vida de Aitor y Silvia

El testimonio de vida de Aitor y Silvia

Familia_de_Aitor_y_SilviaNo hace mucho que les conozco, solo dos años, pero lo suficiente para haber quedado prendado de su amistad. Hay personas y parejas  que tarda uno años en captar su manera de ser y de pensar. Hay  otros que, desde el primer flash visual y coloquial te dicen a las claras quienes son y hacia donde caminan: son como ríos de aguas cristalinas que transparentan el fondo de su cauce. Así son Aitor y Silvia, joven pareja que vive en Sarría, Valle de Zuya (Álava). De altos vuelos en su preparación intelectual y profesional, sencillos y cercanos, como amigos de toda la vida de aquellos que se acercan a sus vidas unidas en sintonía de fe y de búsqueda de autenticidad creyente…

Sus hijos, Joel (7) y Noemí (4), claro regalo de Dios, y más aún por su alegría, su sonrisa y su fácil conformar, van tras las huellas de sus papás… En cuanto a mis limitados alcances llega, puedo afirmar que constituyen una de esas familias de nuestro tiempo, quizá no tan escasas como se piensa, que pueden servir de referencia a las familias que buscan vivir una fe sencilla, sin aspavientos, entregados a la tarea diaria y colaborando en los distintos ministerios de la comunidad creyente.

A ellos también les está afectando la crisis, como a todos. Pero ellos se lo toman con equilibrio, con calma; no vociferan, ni echan balones fuera: dialogan, analizan y resuelven de común acuerdo donde aplicar el bisturí económico, sin que sean amputados los valores esenciales que constituyen el santo y seña de su vida en familia.

Sin alardes, como lo más natural del mundo, responden a mi demanda de exponer su programa de vida:

  • Formamos parte de la Comunidad de Encuentro Matrimonial, un movimiento cristiano donde trabajamos la comunicación y relación de  pareja.
  • Formamos parte del equipo de cursillos prematrimoniales de la parroquia de Nuestra Señora del Pilar de Vitoria, donde impartimos la sesión de la importancia de la comunicación en el matrimonio.
  • Participamos en la Pastoral Familiar del colegio CEU-Virgen Niña de Vitoria, donde Aitor es profesor de religión en secundaria y coordinador de Pastoral del colegio, además de ser catequista de confirmación.
  • Silvia da catequesis de preparación para la primera comunión en la parroquia de Murguía.

La familia asistió a la Pascua Familiar del Monasterio Franciscano de Canedo (Pontevedra). La tarde de desierto, práctica habitual de nuestros encuentros pascuales, se dedica a la reflexión y la contemplación, búsqueda en profundidad de la propia identidad de vida, desde las exigencias de la fe: es como un bucear sin miedo en los fondos oscuros de nuestra propia conciencia… Aitor y Silvia emplearon bien su tiempo. Su puesta en común impactó a todos los componentes del grupo. En la asamblea, en silencio meditativo, se oyó como  un susurro de complacencia, que decía ¡qué buen testimonio para compartirlo! Aitor y Silvia no son los que se hacen de rogar cuando se trata de hacer un servicio a los demás. Aquí está su testimonio de la tarde de desierto de nuestra Pascua.

“Haciendo una mirada creyente de nuestra realidad”

Desierto del Sábado Santo
Pascua familiar en el Convento Franciscano de Canedo (Pontevedra), 2013.

Se nos ha invitado a vivir el desierto de este Sábado Santo en pareja, llevando a la oración en este día de esperanza la realidad de nuestra vida cotidiana. Nos dicen que sería bueno hacer un análisis creyente de alguna situación que estemos viviendo actualmente en nuestro hogar y que tenga fundamento, aunque no sea tan conflictivo como para dejar de ser objetivos. Llegados a este punto, decidimos aceptar la invitación y hacer una mirada creyente de la situación económica que atravesamos en nuestro núcleo familiar. Nos servimos de la herramienta de trabajo del VER-JUZGAR (desde el Evangelio) y ACTUAR.

Nuestra situación económica ha cambiado últimamente. A Aitor le han reducido el contrato laboral en un 25% y en consecuencia también su salario. Silvia tiene congelado el sueldo desde  hace un lustro. Antes de esta situación vivíamos sin ninguna preocupación económica, sin excesos, pero viviendo holgadamente. Ahora, sin embargo, nos cuesta llegar a final de mes y contamos los días del calendario cada vez que la cuenta corriente se aproxima a números rojos.

Ver

A raíz de esta situación, constatamos un cambio de hábitos en nuestra vida. Hacemos una inevitable mayor valoración de los gastos antes de llevarlos a cabo, una mayor austeridad, tanto en los pequeños caprichos que podíamos tener (p. ej. Las vacaciones de verano), como en los gastos familiares ordinarios (p. ej. Cambiar la tarifa de electricidad a una modalidad que nos permita un ahorro al poner los electrodomésticos por la noche). Esto afecta también a la educación de nuestros hijos, porque hemos recortado en actividades complementarias (como los idiomas) y tenemos que hilar más fino a la hora de hacerles ver lo que es accesorio y lo que es necesario. Muchas de las familias del colegio en el que Aitor imparte clase y al que acuden también nuestros hijos, son de clase media-alta. Por ello, sus hábitos son muy diferentes a los nuestros. Siempre lo han sido, pero ahora puede que se acentúen incluso más. Nuestros hijos nos preguntan por qué nosotros no hacemos ciertas actividades que hacen algunos de sus compañeros de clase y nuestra respuesta siempre busca educarles en la austeridad.

También constatamos que ha cambiado nuestra implicación económica con los más necesitados, sobre todo este último año.

Todo esto nos provoca sentimientos de temor, cierta angustia (especialmente cuando llega algún gasto extraordinario no calculado) y tristeza por tener que privar a nuestros hijos de ciertos elementos añadidos a su educación.

Juzgar

¿Qué nos dice el Evangelio de todo esto? Nos fijamos en el texto de Mt. 6,25-34, “Confianza en la Providencia”, que dice así: “Por eso os digo: No os inquietéis por vuestra vida, pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido? Mirad los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valéis vosotros acaso más que ellos? ¿Quién de vosotros, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida? ¿Y por qué os inquietáis por el vestido? Mirad los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo os aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por vosotros, hombres de poca fe! No os inquietéis entonces, diciendo: “¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?”. Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que vosotros las necesitáis. Buscad primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura. No os inquietéis por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción.”

Dios nos llama a confiar. Que esta situación no sirva para mirarnos el ombligo, recrearnos en nuestro problema y olvidarnos de los demás. Esta situación nos tiene que ayudar a entender la situación de sufrimiento – mucho mayor que el nuestro – que viven muchas personas, y aprender a buscar lo que es realmente necesario en la vida, LO ESENCIAL, LO IMPORTANTE…, las piedras grandes de un proyecto de vida cristiano. Nos invita a ser responsables, a trabajar hoy, pero sin preocuparnos en exceso del mañana. Se nos llama a trabajar por el Reino y ser generosos con los que ni siquiera tienen la posibilidad de ser austeros, porque son pobres. Dar de nuestra pobreza, de lo que somos y tenemos, no de lo que nos sobra.

Damos gracias a Dios, porque esta situación nos hace ver claro, nos hace desprendernos de cosas superfluas que nos impiden acercarnos a lo que Dios nos pide en una vida cristiana.

En la educación de nuestros hijos nos facilita educarles desde el Evangelio, desde lo auténtico.

Actuar

Nos comprometemos a ir explicando a nuestros hijos la importancia de vivir de esta manera, no por las circunstancias, sino, a pesar de las circunstancias, seguir viviendo así.

Nos comprometemos a trabajar la generosidad, siendo más desprendidos económicamente, dando de lo que necesitamos y no de lo que nos sobra.

A pesar de todo, nos siguen invadiendo los miedos; por ello, como el padre del niño epiléptico del Evangelio, le decimos a Dios: “Tengo fe pero dudo, ayúdame, Señor.”(Mc. 9, 14-29).

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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