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Homenaje a los misioneros/as valientes que denuncian la injusticia

Homenaje a los misioneros/as valientes que denuncian la injusticia

Testimonio de sor Adelina Gurpegui, hija de la caridad en Bolivia:

Lugares “inhóspitos”

Hace unos días recibí una llamada desde España, de un periódico cuyo nombre no recuerdo. Supuestamente habían matado a algún misionero en un lugar de la India y querían contactar con misioneros que llevan tiempo en “lugares inhóspitos”. Al escuchar la palabra, yo salté: ¿Queeee?. Yo no vivo en ningún lugar inhóspito. Vivo en un paraíso, con gente maravillosa, hospitalaria, acogedora, amable y respetuosa. Por supuesto, mucho más pacífica, tranquila y paciente que yo.

Creo que la periodista quedó perpleja y quiso saber cómo nos acercábamos a ellos; cómo eran de primitivos: qué clase de etnias y cuantas etnias diferentes había y un montón de preguntas más que voy a intentar contestar.

Bolivia es mi paraíso.

Vivo en Bolivia, en el departamento del Beni, puerta de entrada a la Amazonía, concretamente en el TIPNIS (Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure). Uno de los territorios que, por ley, debían respetarse como hábitat, para que nuestros originarios puedan vivir en paz, según sus costumbres, preservando su cultura ancestral, como un paraíso, pero que, lamentablemente, la ambición va destruyendo poco a poco.

Los graves problemas ecológicos causados por la nueva civilización del “progreso”

Hoy tenemos a los cocaleros, y las grandes empresas madereras atacando por los cuatro costados. No sólo destruyen la naturaleza, sino que, con ello, acarrean enfermedades tan terribles como la lehismanía o lepra blanca, de la que han llenado a nuestros hermanos chimanes, que son los únicos que pueden penetrar en el bosque alto, donde se encuentran estas maderas, porque ya acabaron con las más accesibles. La tala de estos preciosos árboles alborota y desplaza a los mosquitos que propagan esta enfermedad y, poco a poco, destruyen las mucosas y órganos vitales.

La coca es otro de los flagelos que va invadiendo nuestro continente. Es el dinero fácil, con poco trabajo y mucho beneficio para los narco-traficantes, pero con gran destrucción de nuestro suelo y de nuestra gente, especialmente de los jóvenes.

Etnias del oriente boliviano

El oriente boliviano está habitado por muchas etnias diferentes. En el TIPNIS habitan especialmente tres: Trinitarios, yuracarés y chimanes. De éstos, son los chimanes los que viven de forma más originaria: cazan y pescan con flechas; se alimentan de la caza, la pesca y el bosque, principalmente, que respetan y conservan. Los yuracarés también, pero viven más agrupados en comunidades y cultivan la tierra. Los Trinitarios son descendientes de las reducciones jesuíticas. Se consideran más “civilizados”. Su cultura es un sincretismo entre la fe católica y sus tradiciones; han formado una verdadera cultura nueva que, a pesar de los años transcurridos, es admirable cómo la conservan. Ya ha podido llegar el Vaticano con todas las renovaciones y agiornamentos…., que ellos siempre conservan sus cantos, oraciones y prácticas.

La presencia del misionero/a es una fiesta continua.

La llegada del misionero es para ellos una bendición, y, sin misionero, la fiesta queda truncada. Da lo mismo el padrecito que la madrecita. De hecho han pasado muchos años sin ver a un Sacerdote, pero la “misa de la madrecita” les gusta más. Ahora tenemos la suerte de tener entre nosotros dos sacerdotes, exclusivamente para la zona.

Una llamada urgente a conservar la naturaleza y las tradiciones ancestrales

Bueno, con la llamada telefónica se me subió el “navarro” y dije a la periodista varias cosas para que, si quiere, las publique. Entre otras cosas le dije “Si vosotros podéis respirar, vivir gozando del “progreso” es gracias a estos indígenas que viven ecológicamente, sin originar basuras ni contaminar el ambiente. Si respiráis aire puro todavía es porque ellos conservan el parque, que les quieren usurpar. Ellos no quieren cambiar, prefieren vivir con sus tradiciones, pero la ambición de ocupar sus terrenos con proyectos “progresistas” y las nuevas tecnologías envenenan a los jóvenes. Deberíamos aprender de ellos a vivir sin plásticos, sin tanto desechable, respetando los animales y las plantas, y no destruyéndolas sin necesidad, conviviendo con la naturaleza…

La naturaleza, el respeto a los animales, es su vida

En cierta ocasión, al llegar a un poblado había un gran campo de papayas. La Comunidad tenía pocos habitantes y pregunte: ¿Para que siembran tantas, si no hay quien las coma?. Su respuesta: “Hermana, hay que pensar en los pajaritos”. Otro día, navegando en época de poca agua por los ríos, los cocodrilos, caimanes, capiguaras, estaban a las orillas a 1 metro de la canoa, y pregunté: ¿Por qué no matan para comer y para que no haya tantos?. – “Hermana., son la decoración de nuestro paisaje, todos los animales tienen su sentido aquí”

Sor Adelina Gurpegui,
Hija de la Caridad

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