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En Memoria de Sor Pilar Daza Gómez, una Hija de la Caridad auténtica

En Memoria de Sor Pilar Daza Gómez, una Hija de la Caridad auténtica

Los medios de comunicación, tan proclives a lanzar noticias novelescas al viento, no son propicios, nunca lo han sido, a comunicar el testimonio silencioso de una vida sencilla, entregada al servicio humilde de los pequeños, de los sin nombre. Correrán, como aves rapaces a su presa, a comunicar los grandes acontecimientos sociales, la pomposa aparición de los grandes, en manifestaciones multitudinarias, las protestas callejeras de dudosa legitimidad, los rumores fantasiosos de cualquier iluminado de turno…

Allí estarán, de modo significativo y sonoro, gritando “je suis Hebdo”, en las calles de París, iluminadas y decoradas para el acontecimiento… Pero callarán, “como sabios de ese mundo”, ante la muerte masacrada de unas monjitas en Yemen; olvidarán, como prosaico y sin relieve, la dedicación puntual y diaria de unos padres a sus hijos; el esfuerzo persistente de unos educadores celosos y orgullosos de su profesión; el amor abnegado de una vida religiosa que vive el sueño de una sociedad más justa, en la que todos tengan lo necesario para vivir, de acuerdo con la dignidad humana que les corresponde como hijos de Dios…

No saben lo que se pierden estos buscadores de publicidades de lo políticamente correcto, dejando de soslayo los tesoros escondidos en tanta gente humilde, entregada al servicio de los pobres y marginados de nuestra sociedad doliente…

IMG-20151024-WA0003Sor Pilar Daza Gómez, una humilde Hija de la Caridad, que partió a la casa del Padre, en Albacete, el día 16 de Febrero de 2016, es una de esas personas privilegiadas que supo dedicar su vida silenciosa al servicio de los demás, sin carteles ni reclamos, pero sin fisuras ni altibajos: pequeña, pero erguida, como el junco que se mueve acariciado por la brisa; de débil apariencia, pero fuerte como el roble ante los vaivenes y huracanes de la vida; de frágil contextura física, pero de firmes convicciones y determinaciones, a la hora de optar por sus alumnos y por sus pobres de turno…; probada por la vida, pero sonriente, como la flor que ofrece su aroma al caminante que se le acerca… Impávida anta las dificultades, impertérrita ante el dolor y el sufrimiento que atrapó su cuerpo en los últimos momentos de su vida….

Según el testimonio de las personas que la han conocido de cerca durante años, Sor Pilar es una de esas pocas personas, raras por lo inusual, preciosas por su valor referencial, que hacen lo que tienen que hacer en cada momento, sin meter ruido ni llamar la atención; que saben estar donde tienen que estar y se escabullen por la puerta trasera, cuando su presencia no es necesaria o simplemente molesta; que mantienen en todo momento la serenidad y la apacible sonrisa, a flor de labios….

Son muchos los testimonios que he recogido directamente, de su última comunidad de Albacete, donde ha pasado sus últimos 32 años, la mitad de ellos como profesora en activo y la otra mitad como jubilada, entregada a tope en servicios y funciones vicencianas. Todos los testimonios de las Hermanas que han convivido con ella, a lo largo de estos años, coinciden en estos puntos básicos para la convivencia fraterna y vicenciana:

  • Era callada, de pocas palabras. Le gustaba más hacer que discutir a quien le correspondía una de las tareas comunes. Siempre disponible para cualquier servicio…
  • Cuando estaba convencida de una cosa, defendía con ardor su criterio, pero jamás se enfadaba ni perdía su compostura habitual…
  • A la hora de compartir tareas y funciones, ella siempre se adelantaba a escoger las más humildes. En cambio, a la hora de elegir puestos de honor o de representaciones de postín, ella siempre se escabullía por el foro…
  • Tuvo dos pasiones: las misiones, y la devoción a la Virgen Milagrosa, que propagó entre sus alumnos y familias del colegio, con amor, imaginación y creatividad, utilizando incluso argucias y mañas propias de la persona que está convencida de que defiende una buena causa. Dicen algunas que se las arreglaba para meter a todos sus alumnos y a sus familias estampas de la Virgen y calendarios de la Milagrosa…; dicen que, incluso, en algunos casos, ponía un sobreprecio a estos objetos, sabiendo que los recursos generados por la venta iban a las misiones. Añaden que, quizá, esta fue la única trampa de su vida…
  • Para colmar su pasión por las misiones, no ponía límite a su imaginación: organizaba todo tipo de actividades y recursos propios de su época. Solo Dios sabe las becas de estudio, o apadrinamientos, que logró promover para sus queridas misiones vicencianas… En las excursiones del colegio, siempre se preocupaba de que hubiera algunas pesetillas de sobra, que ella echaba a su hucha de misiones…
  • Lo suyo era la enseñanza, pura y dura, pero siempre buscó los lugares marginales.
  • Su primer destino fue la Casa de la Virgen, en uno de los barrios marginales de Madrid. Su segundo destino, Burgo de Osma, y esta vez como Superiora. Dicen que fue destinada allí por los Superiores con la misión específica de cerrar aquel colegio…, misión que cumplió fiel y humildemente. Y, desde entonces, huyó de los altos cargos. Y añaden los que la conocieron, que esta huida de los cargos no era precisamente por no asumir responsabilidades, sino porque lo suyo, lo que le salía del alma, era lo simple y llano, el caminar a pie por la vida…

IMG-20151020-WA0016Gozaba de gran estima tanto entre los profesores como entre los alumnos que disfrutaron de su presencia y de sus enseñanzas. Buena prueba de ello ha sido la asistencia masiva a sus funerales en el colegio. Por distintas razones, debidamente justificadas, pero también, quizá, providencialmente previstas, hubo hasta tres celebraciones funerarias en el colegio, en honor de Sor Pilar… Y en las tres se colmó la capacidad de la iglesia del colegio, que no es pequeña. Los testimonios personales de condolencia a través de WhatsApp y teléfono fueron innumerables.

Algunas profesoras de su tiempo, a las que he consultado, destacan su espíritu de entrega al trabajo y su interés por las familias de profesores y alumnos. Ella era la que organizaba los funerales por los padres y familiares que morían durante el tiempo escolar. Para otras, era como una madre: lo mismo te alababa y te animaba por lo bueno y por tus actitudes positivas, que te señalaba sus peros a lo que no le parecía bien de lo que habías hecho. Estaba siempre pendiente de ti y de los acontecimientos familiares de sus profes, como el nacimiento de un hijo, o los problemas circunstanciales específicos, mostrando en todo momento empatía, cariño e interés, como si el acontecimiento le atañera a ella personalmente…

En cuanto a la estima de sus alumnos por Sor Pilar viene de lejos. Cuentan como anécdota curiosa que, un día, sus alumnos de una de sus últimas promociones, le dieron una gran sorpresa, reuniéndose, de incógnito en su antigua clase del cole, a la hora de despedirse del Centro, para felicitarla en una ocasión especial, y recordar los buenos años de su asistencia a clase con ella… Y, durante los años que atendió a la portería del colegio, eran frecuentes las visitas inesperadas de sus antiguos alumnos.

Pero, lo mejor de la vida de Sor Pilar estaba por dentro, guardado como una reliquia íntima. Y lo descubrimos en los apuntes y documentos que guardaba en su mesilla de noche. Son documentos que, sin duda, leía con frecuencia; oraciones personales que recitaba a diario. Entre estos documentos quiero destacar tan solo uno, que se titula Ser Pan. Y dice así:

“Puede parecer bonito.
Pero desde luego, no es nada fácil hacerse pan.
Significa que ya no puedes vivir para ti,
sino para los demás.
Significa que ya no puedes poseer nada,
ni cosas, ni tiempo ni libertad, ni salud.
Todo lo tuyo ya no es tuyo, sino de y para los otros.
Significa que has de estar enteramente disponible,
a tiempo completo.
Ya no puedes protestar si te exigen mucho,
si te molestan a menudo,
si te llaman a cualquier hora y por cualquier motivo.
Significa que has de tener paciencia y mansedumbre,
como el pan que se deja amasar, cocer y partir.
Significa que has de ser humilde, como el pan,
que no figura en la lista de los platos exquisitos,
sino que siempre está para acompañar.
Significa que has de cultivar la ternura y la bondad,
porque así es el pan tierno y bueno.
Significa que has de vivir siempre
en el amor más grande,
capaz de morir para dar vida, como el pan.
Déjate amasar por las contrariedades, las fatigas
y el servicio a favor de los hermanos.
Déjate cocer por el fuego lento del Amor y del Espíritu.
Así podrás ofrecerte a todos los que tengan
algún tipo de hambre…”

1999 san vicenteNo se sabe desde cuándo este texto anónimo estuvo en los archivos íntimos de Sor Pilar, ni cuándo ni cómo llegó a su poder. Pero sí que podemos certificar, por lo que conocemos de su vida, que el contenido de este texto fue referencial constante de su vida, del día a día. Lo confirma esta oración que, según el testimonio de las Hermanas de Comunidad, recitaba todos los días. No la había elaborado ella, pero la hizo suya, carne de su carne… Quizá fue ella misma la que la tituló “Oración por mi Comunidad” Está inspirado claramente en el sentido profundo del texto anterior.

Oración por mi Comunidad.

“Señor, hoy quiero pedirte
por mis Hermanas de Comunidad.
Tú las conoces personalmente:
conoces su nombre y su apellido,
sus virtudes y sus defectos,
sus alegrías y sus penas,
su fortaleza y su debilidad…
Sabes toda su historia,
las aceptas como son
y las quieres entrañablemente.
Tú, Señor, las amas a todas,
no porque sean buenas,
sino porque son hijas tuyas.

Enséñame a quererlas de verdad,
a imitación de Jesucristo,
no por lo que dicen o por lo que hacen,
sino por lo que son,
descubriendo en cada una,
especialmente en las más débiles,
el misterio de tu amor infinito.

Te doy gracias, Señor,
porque me has dado Hermanas:
todas son un regalo para mí,
un verdadero sacramento,
signo sensible y eficaz
de la presencia de tu Hijo.

Dame la mirada de Jesús
para contemplarlas,
y dame su corazón
para amarlas hasta el extremo,
porque también yo debo ser
para cada una de ellas,
Sacramento vivo de la presencia de Jesús”.

Gracias enormes, Sor Pilar, porque, desde tu silencio y tu caminar sencillo y sin ruido por la vida, nos has enseñado a todos los vicencianos, Hijas de la Caridad, Padres Paúles y miembros de las distintas ramas de la Familia Vicenciana, a ser humildes seguidores de Jesús de Nazaret, con el sello señero de Vicente de Paúl y de Luisa de Marillac.

Gracias, porque, desde ahora, tenemos en tu vida un espejo limpio donde mirarnos, día a día.

Félix Villafranca CM

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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