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Una Pascua de las que dejan huella

Una Pascua de las que dejan huella

No, no fue una Pascua más, de esas de costumbres religiosas ancestrales, muy respetables, ciertamente, pero ahítas de sentido profundo, de interrogantes impactantes que llegan hasta el hondón del alma… La nuestra de Godella, sí que lo fue, y eso es lo que marca la diferencia… Por eso, nuestro encuentro familiar en Godella dejará huella, si nosotros, los que tuvimos el privilegio de encontrarnos en ese remanso de paz, en actitud de búsqueda de identidad creyente, alimentamos la llama que se prendió en nosotros con el fuego nuevo del Cirio Pascual, el Cristo Resucitado en nuestras vidas…

Y no hubo nada extraordinario, ni milagrero, ni chocante ni espectacular: todo sucedió así, sencillamente, como la vida misma que dejas correr abierta a la realidad palpitante del encuentro con Dios en el otro, sin esquinas, sin recovecos, sin miedos, como el agua cristalina que se desliza rio abajo reflejando en su correr tranquilo la propia imagen…

Ni siquiera nos conocíamos todos, uno a uno; pero no fue la pura casualidad la que nos reunió allí, sino la mano guiadora de la Providencia: como diría Vicente de Paúl, nada sucede por casualidad, es Dios, en su Providencia, el que mueve los hilos de las cosas y de los acontecimientos…

Veníamos de aquí y de allá, del norte, de Burgos, de Treviño por más señas, de Madrid, de Valencia…, y desde el primer momento nos sentimos como en casa, como si nos conociéramos de toda la vida. ¿Fueron los niños, vuestros hijos, los que nos acercaron? ¿Fueron las palabras amables del primer saludo, la actitud abierta y dialogante, la sonrisa a flor de piel, la espontaneidad en la comunicación íntima, las inquietudes interiores compartidas, el deseo oculto de mejorar nuestra relación con Dios en familia…? Quizá fue todo esto a la vez, sin darnos cuenta…

Todavía me pregunto que fue lo que pasó en tan pocos días. Lo que sólo nos atreveríamos a exponer a amigos de verdad salió a la luz a las primeras de cambio: el sufrimiento de las incomprensiones familiares, las dificultades de vivir en pareja, el rechazo o las sonrisas maliciosas de los que no te entienden o no quieren entenderte porque no sintonizan con tus ideas creyentes… Todo apareció en pantalla instantánea, como quien se mira al espejo atentamente… No es extraño que, a lo largo de esos días vividos a tope, todos tuviéramos la sensación de formábamos un grupo familiar, más unidos y hermanados que los miembros de nuestras propias familias…

La oración de cada mañana, las celebraciones litúrgicas del Triduo Pascual, preparadas con esmero por las personas o familias de turno, fueron otros cauces de comunicación íntima que ponía de manifiesto el deseo profundo de búsqueda de Dios en familia y de relación fluida de pareja y de familia compartida… Todos nos sentíamos protagonistas de lo que estábamos celebrando. Sin duda que el documento de materiales de la celebración pascual preparado de antemano fue un buen guía, pero la participación activa y espontanea de todos los participantes fue el gran secreto que nos hizo sentir a todos verdaderos concelebrantes de este gran acontecimiento constituyente de nuestra fe…

Y la alegría pascual rebosaba y llenaba el ambiente, en el ensayo de cantos, en las tertulias después de las comidas, en las actividades de los niños, en las fiestas de la noche, en las sesiones fotográficas, en las actividades extraterritoriales: todo era una fiesta de convivencia y amistad… Y todos tenemos la gran tarea de hacer que esta fiesta no termine. La tarea parece difícil, pero no lo es tanto: basta mantener abierto el grifo de la comunicación y del diálogo; la actitud de búsqueda compartida; la confianza en la fe de que Dios nos une, de que no estamos solos; el compromiso sereno de ser testigos de un Dios que vive entre nosotros, de ese Dios desconocido en nuestra sociedad ambiental…

La fe y la ilusión, LA LUZ PASCUAL, son para compartir, no para ponerlos debajo del celemín (lo dice el evangelio). Pero aún me atrevo a más: ¿por qué no atreverse a exponer vuestras experiencias de parejas creyentes en pantalla? Ya es hora de utilizar los medios modernos de comunicación como hilos conductores de evangelización. Me sentiría orgulloso de incluir en mi blog de pastoral vicenciana los comunicados que me enviéis. También tenéis ya los distintos contactos de nuestra red social de Feyda: empezad a utilizarlos ya.

Y puestos a soñar, pensemos en la posibilidad de encontrarnos, aunque sea tan solo unos días, en verano: Feyda os facilita el camino. Y La nueva Pascua, la del 2013 será más FLORIDA TODAVÍA, no porque se habrá casi acabado la crisis, sino porque nosotros habremos revivido con más vitalidad e ilusión, también porque la nueva familia se habrá aumentado milagrosamente…

Quiero dedicar un recuerdo y un agradecimiento especial al grupo de monitores que nos acompañaron: unos haciendo las delicias de vuestros hijos en talleres y actividades apropiadas para ellos; otros preparando sus programas de monitores para los cursos de verano de Feyda; todos ellos acompañándonos en las celebraciones pascuales, que el escaso tiempo de que disponían les permitía… Mil gracia a todos ellos…

Esperamos encontrarnos con ellos y con vosotros. Gracias a todos, y hasta pronto.

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Enlaces:

Web de Feyda: http://www.feyda.net

Cursos de inglés Feyda: http://cursos.feyda.net

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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