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Una luz nueva ilumina mi caminar. Ejercicios espirituales en Salamanca, enero de 2020

Una luz nueva ilumina mi caminar. Ejercicios espirituales en Salamanca, enero de 2020

Una experiencia renovada

Esta vez no ha sido más de lo mismo; al menos así lo he percibido yo. Y eso que quien los ha dirigido ha sido un viejo conocido, amigo incluso de los viejos tiempos de Teruel, en plena euforia de mis juveniles aventuras de pastoral juvenil. Allí compartimos inquietudes y esperanzas, en dedicación total a los jóvenes; él, en la diócesis, concretamente en Teruel capital; yo, en la pastoral juvenil vicenciana.

Quien los ha dirigido se llama Vicente Altaba. Quemó los mejores años de su juventud en su recordada Argentina, en la inmensa Buenos Aires, en los tiempos de turbulencias políticas montoneras. Después volvió a su Teruel natal, donde hizo de todo, siempre en sintonía con jóvenes y movimientos vanguardistas. Fue vicario general de la diócesis; y cuando ya estaba en la entresala de los nombramientos para nuevos obispos (esto es secreto) la Providencia, a través de los entresijos clericales, le desvió el camino: le nombraron Delegado Nacional de Caritas. Y bendita sea la hora porque, según informaciones fidedignas, lo ha hecho con competencia y entrega entusiasta, durante más de 11 años. Ha sido un privilegio encontrarme con él y escuchar su palabra cálida, fluida y cargada de experiencias vivas.

En su planteamiento inicial ha habido importantes variantes con respecto a otras tandas de ejercicios. Destacaré solo algunas. Cuatro han sido las líneas de comunicación-reflexión-oración, a lo largo de cinco intensas jornadas:

  • Sus charlas han sido profundamente bíblicas: cada afirmación, cada propuesta, ha estado avalada por la correspondiente cita del Antiguo y/o del Nuevo Testamento, y corroborada por la doctrina fiable de la Iglesia, representada por los últimos papas, especialmente del actual, Francisco, a quien siempre citaba con especial veneración.
  • La Exposición del Santísimo, de 13.15 a 14 horas, no ha sido solo un acto de culto y de adoración, envuelto en ropajes de viejas oraciones y jaculatorias. Ha sido un adentrarnos en núcleo central del evangelio, a través de la meditación profunda de las Bienaventuranzas, comentadas por el Papa Francisco en su documento Gaudete et exultate.
  • La homilía de la misa, quien lo iba a decir, no ha consistido simplemente en la repetición mimética de las lecturas de la liturgia del día, a cargo del presidente de la celebración, sino que era una invitación a rumiar las ideas fuertes del día y cómo llevarlas a nuestras tareas pastorales respectivas. Vamos, como una de nuestras clásicas repeticiones de oración de antaño, pero de palpitante actualidad. ¡Qué pena, que la invitación no haya encontrado el eco que la ocasión se merecía!
  • Y, para terminar la jornada en paz, antes de acostarnos plácidamente, una mirada a la madre, un saludo especial, a modo de despedida de la intensa jornada, con un recuerdo cariñoso a María. Este acto consistía en una lectura reposada sobre alguna de las actitudes fundamentales de la Virgen, de fidelidad a Dios en el servicio a los pobres; el acto terminaba con una breve oración y canto a María. Este acto final de la jornada duraba solo 20 minutos, de 10 a 10.20 de la noche.

Quiero aprovechar la ocasión para recomendar encarecidamente la lectura del libro “Mujer, servidora de los pobres”, de Vicente Altaba, publicado por la editorial PPC, en 2018, ilustrado con sugerentes y creativas imágenes de María por el conocido FANO. Hasta me atrevo a sugerir que este libro sea el referente de la próxima novena a la Milagrosa. La visión que presenta este libro sobre María es innovadora, creativa, que supera las viejas concepciones sensibleras, pietistas de la devoción a la Virgen. El título del libro es revelador.

Vivir el hoy de la Iglesia y del mundo en esperanza inquebrantable

De los temas tratados, conducidos por el hilo conductor de la fidelidad integral al Jesús del evangelio, en el tiempo que nos toca vivir, destacaré tres:

  • Nada ni nadie puede arrebatarnos la alegría de evangelio, fundamentada en el amor hecho carne y fuerza transparente en el servicio incondicional a los pobres, sacramento de salvación en Jesús de Nazaret. Problemas siempre los ha habido; la barca de Pedro siempre ha sido zarandeada por el viento y las olas, pero siempre ha sobrevivido. Han sucumbido imperios, pero el pequeño reducto de la iglesia en el mundo siempre ha emergido. Él está siempre ahí. La esperanza creyente siempre debe florecer por encima de cualquier circunstancia.
  • Hablar del servicio incondicional e integral a los pobres, hoy como ayer, pero sobre todo ahora mismo, implica organizar el servicio de caridad con inteligencia creativa, con implicación de toda la comunidad creyente, abiertos a las personas de buena voluntad, más allá de sus afiliaciones ideológicas y religiosas. También hay que tener en cuenta el avance de las ciencias sociales y la aplicación de la doctrina social de la Iglesia, interpretada a la luz de las realidades sociales de nuestro tiempo. Los servicios de caridad deben ir orientados siempre a erradicar las causas reales de la injusticia y, desde el punto de vista de los receptores, siempre debe apuntar a recuperar el sentido de su dignidad, preparándoles para un trabajo digno en la sociedad, evitando a toda costa, el mantenimiento de la red social de la mendicidad, viciada por la costumbre, el vicio y la comodidad.
  • Hoy, como nunca antes, se exige el discernimiento sereno, equilibrado, nacido en la oración contemplativa; y desde luego, consolidado en el trabajo de equipo, en comunidad. Es mucho más eficaz, también muncho más evangélico compartir, formar equipos de trabajo y de evangelización que querer hacerlo todo solos, por las bravas o porque siempre se ha hecho así. Escuchar y respetar al otro, tener en cuenta su opinión y sus propuestas se hace una necesidad imperiosa, con garantía de poder llegar a buen puerto.

Encuentro gozoso, fiesta de hermanos que se quieren bien

Eso han sido estos ejercicios espirituales en Salamanca, hogar tantos recuerdos inolvidables, de nuestros sueños añiles de juventud, en la dorada década vocacional de los sesenta. Es siempre conmovedor encontrarse con tantos hermanos, de blancos cabellos, pero de sonrisa abierta, de buen talante, a pesar de sus achaques y limitaciones de la edad. Algunos todavía recuerdan sus travesuras de estudiante, otros prefieren contar sus gestas evangelizadoras por medio mundo, Pero ahí estábamos todos, hasta 44 compañeros, la mayoría de los setenta y tantos para arriba; otros, pocos, con su madurez sacerdotal todavía por estrenar; todos, unidos por un mismo carisma, por una misma ilusión de evangelizar a los pobres.

Gracias, Señor, porque nos has llamado a todos a ser buena noticia para los pobres, en estos tiempos oscuros en los que Tú todavía estás presente y lleno de vida, en el amor a los hermanos.

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