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Experiencia de dos voluntarias de la pastoral penitenciaria en la prisión de la Torrecica (Albacete, España) – Segunda parte

Experiencia de dos voluntarias de la pastoral penitenciaria en la prisión de la Torrecica (Albacete, España) – Segunda parte

El preso sabe que, al salir de prisión, una vez en paz con la sociedad, habiendo pagado su deuda, no lo va a tener fácil: haber estado en prisión. pesara como una losa a la hora encontrar trabajo; muchas veces no encuentran salida. También es cierto que otros no quieren cambiar, el dinero fácil es goloso y quieren seguir delinquiendo para vivir. Para aquellos que quieren cambiar, la sociedad no está por la labor de dar oportunidades, y nosotros los cristianos, las parroquias, los miramos con recelo, y hasta con miedo. “Cuando alguien juzgue tu camino…, préstale tus zapatos”, esta frase deberíamos tener presente  cuando, con mucha ligereza, juzgamos al prójimo.

Y a nosotras, esta experiencia, ¿que nos ha aportado? Ha sido maravillosa y muy enriquecedora, acompañar a los más pobres de nuestra sociedad; hemos acompañado con nuestra pequeñez y pobreza a muchos hombres y mujeres, de todos los segmentos de la sociedad, desde personas con carreras superiores, hasta otras que apenas tenían comprensión lectora, pero todos ellos igualados en el sufrimiento de aquellos que no tienen libertad.

Hemos sufrido con sus sufrimientos, y nos hemos alegrado con sus alegrías, sobre todo cuando dejaban la prisión y tenían la oportunidad de empezar de nuevo, recibimos de ellos mucho más de lo que fuimos capaces de darles;  aprovechamos cualquier oportunidad para hablar de nuestra fe, que nos llevó  a estar allí con ellos, y mostrar a Dios como el Padre bueno que nos ama siempre, y su misericordia es infinita para con todos nosotros.  Con nuestras limitaciones, quisimos hacer presente a Jesucristo hecho hombre para salvarnos y darnos vida eterna.  Las palabras son necesarias, más tienen que ir acompañadas de acciones, y eso intentamos:  vivir con ellos lo que predicábamos, desde la sencillez y la humildad.

El mundo de los presos era para nosotras una realidad desconocida, y que tampoco nos había interesado nunca conocer.   Teníamos una idea preconcebida, quizás por las películas que hemos visto de prisiones y presos.  Yo creía que los presos eran personas “diferentes, distintas, que están hechos de una pasta especial, y no buena”, como los leprosos en tiempo de Jesús. Hoy también, a los presos los queremos lejos.   Después de estar con ellos y conocer la realidad, mi opinión cambió: son personas como cada uno de nosotros, cada cual con sus defectos y virtudes, con sus circunstancias e historia y, como todos nosotros, cada uno lleva a cuesta, como puede, su saco, con las frustraciones y errores cometidos. Ellos, en un momento de su vida, decidieron mal el camino a seguir, y han tenido “la mala suerte” de que los pillaron. La verdad es que, en la cárcel, ni están todos los que son, ni son todos los que están.

El desconocimiento y los bulos que corren nos dicen que las prisiones son como hoteles de cinco estrellas, con piscinas y lujos y, además, con comida, sin tener que trabajar; que allí se dan la vida padre…

Nada más lejos de la realidad:  la prisión supone para un 95% un lugar de sufrimiento. El hombre fue creado libre, y esa libertad que traemos de fábrica está grabada a fuego en nuestro ser, aunque, a veces, la utilizamos mal. El no gozar de ella causa un gran sufrimiento al hombre. Los que la disfrutamos no somos conscientes del drama que supone perderla; los presos y sus familias lo saben bien.

Agradecimientos.

A la dirección de la prisión, que siempre nos atendió en aquello que le pedimos, nos escuchó y facilito el trabajo; a los funcionarios, a la biblioteca pública, a su director, que nos proporcionó el material necesario: libros, películas…, y nos animó y se interesó por nuestro taller; también nos perdonó el pagar algún que otro libro que se perdió.

A los capellanes y a los voluntarios, especialmente a aquellos que ejercen su voluntariado gratuitamente, reconociéndoles su constancia y generosidad. Allí coincidimos de distintas religiones y con diferentes actividades, pero todos con el mismo fin:  acompañar al hermano que sufre y mitigar, en la medida de lo posible, ese sufrimiento.

No quiero dejar de nombrar en mi agradecimiento, de una manera especial al  Padre Javier López, que fue la persona que nos invitó a dar el paso.

Todos venimos a este mundo con valores diferentes; son regalos que Dios nos hace y pone en nuestro equipaje, para que nosotros hagamos uso de ellos a lo largo de nuestra vida; si los ponemos a trabajar. brillan con una luz especial. Según el evangelio, se nos pedirá cuentas de lo que hemos hecho por ellos.

Javier López, su don, su luz… eran y son, entre otros,  el mundo de  la prisión; supo ganarse a la dirección de la prisión, y con ello tenía muchísimo a su favor, para poder ayudar a los internos. Durante su tiempo como capellán de la prisión, la relación con los funcionarios era muy buena. Por otra parte, había que ver, cuando Javier aparecía en prisión, cómo los presos reclamaban su atención: era el amigo que esperaban y necesitaban; hizo de enlace de presos y sus familias: cuando algún interno salía de permiso y no tenía donde ir, se lo llevaba a casa a comer; fue innovador y atrevido; hizo con algunos internos el camino de Santiago (creo que dos veces); los llevó al auditorio del Ayuntamiento a ver algún concierto, etc.

En cuanto a los voluntarios, nos facilitó el trabajo, los permisos de los invitados; hacía la selección de internos para el taller; se preocupó de nosotros, atento siempre, por si teníamos problemas o necesitábamos algo. Reunía a los componentes de los grupos de la pastoral penitenciaria, al menos una o dos veces al año, para que conociéramos lo que hacía cada grupo en prisión, y para que tuviéramos relación unos con otros. Era querido, respetado, comprometido, y siempre, ESPERADO.

Quiero terminar con palabras del evangelio.

“EL QUE ESTE LIBRE DE CULPA, TIRE LA PRIMERA PIEDRA”  (Jn.8, 7)

“SED MISERICORDIOSO COMO VUESTRO PADRE ES MISERICORDIOSO. “

“NO JUZGUEIS Y NO SEREIS JUZGADOS”

“NO CONDENEIS Y NO SEREIS CONDENADOS”

“PERDONAD Y SEREIS PERDONADOS”

“DAD, Y SE OS VERTERA UNA MEDIDA GENEROSA, COLMADA, REBOSANTE, PUES CON LA MEDIDA CON QUE MIDIEREIS SE OS MEDIRÁ A VOSOTROS” (Lc.6 37-38)

“VENID VOSOTROS, BENDITOS DE MI PADRE, PORQUE ESTUVE EN LA CÁRCEL Y VINIESTEIS A VERME”  (Mt.25, 34.36)

Aurora Iniesta

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