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La Familia Vicenciana de Albacete celebra el fin de curso

La Familia Vicenciana de Albacete celebra el fin de curso

Ambientación.

Este año la celebración de final de curso tenía características especiales, no solo por la pandemia, que nos ha restringido todo tipo de reuniones y servicios al mínimo, sino, sobre todo, porque estrenábamos lugar de ubicación de la celebración y próximo centro de reuniones de la misma familia y hogar de acogida para emigrantes.

Es una larga historia de trámites y búsquedas, con final feliz. Todo empieza con la generosidad de una buena Señora, cuya identidad me parece prudente conservar en el anonimato, que está decidida a donar una hermosa finca, de casi 6.000 metros cuadrados de extensión y una casa de más de 200 metros cuadrados, en zona casi residencial de las afueras de Albacete, a tan solo 6km. del centro de la ciudad. La única condición que pone la donante es que la finca esté dedicada al servicio de los pobres.

Los primeros destinatarios potenciales de la donación fueron las Hijas de la Caridad y los Padres Paúles. Consultadas las autoridades correspondientes se desestimó la oferta por una y otra parte, por razones específicas propias de los gobiernos respectivos. Pero el albacea de esta buena Señora, Don Javier Avilés, párroco de Santo Domingo, alma de esta donación, a quien damos las más sinceras gracias, siguió adelante con la operación donación. Al final consiguió que fuera la institución Justicia y Paz la que asumiera la responsabilidad de la donación respetando la intención de la donante.

Así las cosas, las Hijas de la Caridad de Albacete, han asumido, como buenas sirvientas de los pobres, la delegación de llevar la gestión de la casa al servicio de los pobres y ya tiene tres emigrantes temporales en la misma, con la colaboración de un matrimonio argentino, Nora y Enrique, que llevan el control de la casa.

Pero, aún hay más: la finca está abierta a recibir a las distintas ramas de la Familia Vicenciana, para sus reuniones y encuentros, lo mismo que para grupos de catequesis y de pastoral juvenil encomendados a los nuestros. Estos encuentros podrán ser compartidos, en tiempos distintos, con otros grupos parecidos del arciprestazgo, incluso de la ciudad. Sobraban pues motivos para una celebración especial de fin de curso de este año.

La celebración de la eucaristía.

Tuvo lugar al aire libre, como en los buenos tiempos de los campamentos juveniles de verano. Con clima ideal de primavera tranquila y cielo azul, los participantes exhibían sonrisas recién estrenadas, según iban llegando. Esta vez, por ser la primera ocasión en que nos reuníamos aquí, y por la ubicación del lugar, un poco complicada, hubo retrasos justificados. En compensación, el número de asistentes superó las previsiones: hasta 35 llegaron finalmente a este pequeño jardín del edén, cuando solo estaban contabilizados no más de 25. Pero esta vez no hubo problema de espacio: el amplio cielo campestre era nuestro recinto. Resaltar también que casi todas las ramas de la FV de Albacete estaban representadas.

Fue una Eucaristía viva, todos en mesa redonda, en torno al altar. Los cantos elegidos fueron sencillos, vivos, coreados por todos los participantes, animados por la guitarra y los recuerdos inolvidables de nuestra juventud. En la misa concelebramos los PP. Javier López, Cristian Duarte y un servidor. Y la homilía compartida, por supuesto. Decidimos mantener las lecturas del día, martes XI del tiempo ordinario, porque su mensaje venía como anillo al dedo de lo que celebrábamos. Primera lectura 2Cor. 8,1-9, tema clave, la generosidad en el dar y compartir, más allá incluso de nuestras posibilidades. Segunda lectura, Mt. 5, 43-48, cuyo tema central es el amor sin fronteras, incluso a los enemigos y a los que te hacen daño, precedido de la antífona del aleluia, “Amaos unos a otros como yo os he amado). No podían ser más oportunos los textos. El presidente de la celebración glosó brevemente los textos resaltando la oportunidad de los mismos.

Después de los comentarios de las lecturas hubo un diálogo abierto, como tema complementario del día, con dos partes bien significativas. La primera, de acción de gracias por haber llegado a un final feliz de esta pequeña aventura evangélica; y la segunda, sobre las prospectivas de este regalo del cielo a la Familia Vicenciana de Albacete. En la acción de gracias se recordaron momentos clave del proyecto, con sus altos y bajos. Se resaltaron la paciencia, la constancia, la generosidad y la imaginación creativa de los protagonistas de la gestión y del final feliz del proyecto, en el cual ha brillado, siempre oculta, la mano de la providencia, como diría San Vicente: “Jamás pensamos que podíamos llegar hasta aquí” , en lenguaje castizo actualizado.

En cuanto a la segunda parte, sobre las prospectivas de la finca, los asistentes se mostraron más reticentes. Quedó claro que era una gran oportunidad para la entera Famila Vicenciana de Albacete. Pero, hay que dar tiempo al tiempo; no obstane, ya otean en el horizonte las enormes posibilidades de un lugar de encuentro y de servicio compartido a niños y jóvenes; lugar de dialogo, de animación y planificación para toda la FV; lugar de acogida de emigrantes… Y más aún, quizá un lugar de fraternidad y de búsqueda de nuestra identidad vicenciana, dejando un espacio abierto a la nueva juventud en ciernes de la Familia Vicenciana de Albacete.

Los tiempos han cambiado, los nuevos tiempos parecen alérgicos a lo que nosotros vivimos en nuestra juventud… Y todo eso y más. Pero, en esta hermosa finca, poblada hasta ahora de erguidos pinos, de hierbas y gramen del lugar, ya florecen nuevas flores, verdean nuevas hortailzas y hasta asoman los frutos del nuevo tiempo primaveral: alubias, tomates, y otros: la lluvia y el cuidado del sembrador hacen posible lo imposible

Piscolabis final.

Como no podía ser de otra manera, terminamos con un ágape fraterno, con ingredientes cuidosamente seleccionados para evitar el contacto con este dichoso virus que nos ha tenido en cuarentena durante tanto tiempo. Pero, a pesar de todo, había un buen surtido de embutidos, tortillas prefabricadas, tomates y pepinos, frutos secos y bebidas refrescantes, no alcohólicos, salvo la cerveza.

Pero, sobre todo, había un ambiente fenomenal que invitaba a la alegría y al compartir sentimientos de solidaridad y de esperanza. Y la fiesta se prolongó hasta el anochecer, desde las 7 hasta pasadas las 10 de la noche.

Y como siempre hay que aprovechar las buenas ocasiones para incentivar, la solidaridad, alguien sugirió que, ya que veníamos invitados a la fiesta y el ágape estaba pagado, bien podíamos hacer una colecta especial para nuestro banco de alimentos. Y así se hizo. No sé todavía el resultado de esta feliz sugerencia, pero estoy seguro de que brillo una vez más la generosidad de esta familia entrañable.

Que el Señor que nos ha unido en esta fiesta de fraternidad siga dándonos ánimos hasta alcanzar este nuevo horizonte que Él mismo nos brinda en lontananza.

P. Félix Villafranca.
Albacete a 16 de junio de 2021.

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