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La ilusión mueve montañas

La ilusión mueve montañas

Siempre en estado de búsqueda      

Hay expresiones como ésta que nos invitan a interiorizar. La primera reacción, ante este tipo de afirmaciones, es de escepticismo, edulcorado, a veces, con una buena dosis de voluntarismo, de buenas intenciones; quizá es una invitación subconsciente al esfuerzo, por una causa noble, fijada la mirada en un horizonte lejano, pero no imposible.

Sin embargo, todos tenemos alguna experiencia, personal o cercana a nosotros, de que lo que parecía inalcanzable, en primera instancia, con el tiempo se hizo viable, por caminos desconocidos o abruptos.

Quizá estemos en uno de estos casos. Me destinaron a Las Arenas (Vizcaya, España) en Septiembre del 75, después de un periplo de cinco años cursando mis estudios especiales en Londres y París. La misión específica que figuraba en mi destino era potenciar la pastoral juvenil de la recién constituida provincia canónica de Paúles de Zaragoza, erigida en 1970. Sólo, y nada más que eso, era mi misión específica.

Cierto, en honor al verdad, tengo que decir que mi optimismo congénito y mis ganas de moverme en el terreno de la pastoral juvenil crecieron muchos enteros. Aquel destino significaba para mí, aparte de poder moverme con libertad, darme una oportunidad de oro para desarrollar mi más profundo anhelo: era como dar rienda suelta a mi más íntimo yo.

Pero, quien lo iba a decir, los primeros proyectos de mi trabajo pastoral con los jóvenes, pronto sufrieron notables alteraciones: no era ya ir de tanda en tanda, de charlas o de reuniones y de ejercicios espirituales con los jóvenes de nuestros centros vicencianos, colegios o parroquias. Había que contar con ellos, escucharles, estar atento a la demanda de sus padres, también de la sociedad, en búsqueda permanente de adaptación a los nuevos tiempos.

Sin miedo a las dificultades…

La ocasión no se hizo esperar. Mis primeros pinitos pastorales con jóvenes, en el Norte, tuvieron lugar en el colegio de las Hijas de la Caridad de Begoña (Bilbao, Vizcaya). Se enteraron los padres de familia de dicho colegio de que yo había estado en Inglaterra y Francia. Y pronto sus neuronas de padres comprometidos con la educación integral de sus hijas, empezaron a revolotear. Un buen día vienen a mí y me lanzan, a bocajarro, la idea de que merecía la pena cambiar la dinámica de las vacaciones de sus hijas: combinar la fiesta vacacional de los campamentos 4R, en los que sus hijas se lo pasaban genial, con el estudio intensivo del inglés, cuya exigencia empezaba a ser cada día más apremiante, en los nuevos planes de educación…

Así nació el primer curso de inglés de Polanco (Cantabria), en verano de 1976. Recomiendo leer la pequeña historia de este comienzo de nuestros cursos de inglés, en el folleto 4 de estas Memorias, pags, 27-32.

Pero, detrás de esta pequeña historia, había una tupida red de dificultades y gestiones, que solo se resuelven a cabezazos, a golpes de ilusión y de esperanza. La primera, y no pequeña, fue contar con el asentimiento de los miembros de mi Comunidad de Las Arenas: de los cinco miembros con que contaba en aquel entonces, sólo a uno le pareció buena la idea.

Venía después el reto de conseguir profesores nativos, porque de eso se trataba, de tener profesores nativos. No es nada fácil persuadir a un profesor a dar clases extras en verano. Encima tenía que ser a precios asequibles.

En tercer lugar, había que encontrar una residencia de aceptables condiciones de habitabilidad, y a precios no muy superiores al costo de una acampada, ya que las economías de las familias del colegio no permitían excesos.

Encontrar monitores no era, por fortuna, demasiado difícil, ya que podíamos contar con algunos voluntarios de las acampadas 4R. Lo difícil era encontrar monitores con una fluidez suficiente en la práctica oral del inglés. Y la Providencia salió de nuevo al paso: algunas Hermanas vieron en este primer curso de inglés de verano una ocasión de oro para perfeccionar o adentrarse en la práctica oral de este idioma. Incluso alguna decidió empezar su especialización de inglés en este primer curso de verano. Y lo consiguió con los años.

…Hasta cruzar el Rubicón

Pero este es sólo el primer pequeño milagro en esta larga historia, de gozosa aventura, de los cursos Feyda de Ingles, que se prolonga ya más de 40 años. Jamás soñé, cuando me lancé a la piscina la primera vez, que podíamos llegar tan lejos. Y nadie lo hubiera soñado. Los números asustan: echemos una primera mirada global, en espera de que vayamos matizando y especificando.

Hemos tenido cursos en sistema de externado e internado, en gran parte de la geografía española. Pero también, a partir de 1979, en Irlanda, incluso en dos, tres y hasta cuatro centros, simultáneamente. Canadá y Estados Unidos han sido, así mismo, durante años, países de las preferencias de nuestros estudiantes. Incluso en Alemania tuvimos clase de alemán durante dos veranos.

Dos tercios de los profesores que impartieron nuestros cursos de inglés en España procedían de países de habla inglesa, en su mayoría de Irlanda. En un tiempo en que resultaba prácticamente inviable conseguir profesores nativos para el verano, este hecho influyó notablemente en el éxito de nuestros cursos.

Más allá de la calidad indudable de los profesores, nativos y cualificados, en su mayoría, no podemos obviar el hecho de que, además, nuestros cursos, tanto de internado como de externado, eran los más asequibles, económicamente hablando, del mercado. Llegaron a acusarnos de competencia desleal, en lugares de cuyo nombre no quiero acordarme.

Por los Cursos Feyda de Inglés han pasado, a lo largo de estos 40 años, aproximadamente, 50.000 cursillistas de edades comprendidas entre los 7 y 18 años, procedentes de familias de todas las clases sociales, mayoritariamente, de clase media baja.

Más de 300 jóvenes, que han hecho funciones de monitores, maduraron sus actitudes de servicio de voluntariado, como personas y como buscadores de valores permanentes. Fraguaron en los cursos amistades inolvidables, y hasta encontraron, algunos, la persona ideal para constituir familias cristianas del futuro.

Solo los soñadores lo consiguen

Soñador que es uno, a veces, me he preguntado por los milagros de la vida que no han existido, por falta de la mano amiga que los lanzase a la probática piscina, como a aquel pobre lisiado, tullido por los años de espera, hasta que Jesús, clavando en él los ojos, le dijo: *Levántate y anda*.

¡Cuántas miradas de cariño, de amor y de riesgo, necesitamos los sacerdotes, educadores de la fe, padres de familia, profesores, para decir a los jóvenes de hoy: <Tu vales, déja de andar por el camino a tontas y locas, agárrate a la vida de verdad, a cambiar este mundo que no nos gusta, ni a ti, ni a mí; y mueve el mundo. Tú puedes, si quieres. La ilusión mueve montañas>

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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