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Evocaciones al atardecer (XIII): El triple salto: Inglaterra, Marsella, París. Sept.70-Julio 75.

Evocaciones al atardecer (XIII): El triple salto: Inglaterra, Marsella, París. Sept.70-Julio 75.

Por los caminos sinuosos de Dios

Por fin, aquella promesa que mis Superiores me habían hecho al comunicarme mi primer destino a Pamplona, terminada mi estancia en Londres, de mandarme a la universidad a completar mis estudios, se hizo realidad, por caminos bien distintos a los previstos…

Fue el año 1970 cuando se hizo efectiva la división de la Provincia de Madrid en tres Provincias, después de un largo proceso de dialogo y de componendas, no siempre en buen tono, como suele suceder entre los humanos… La antigua provincia de Madrid quedó dividida en tres: Madrid, Salamanca y Zaragoza. El acuerdo implicaba que los paúles que se encontraban en territorio distinto al de su origen de nacimiento, tuvieran la opción de solicitar el traslado a la Provincia donde estuviera ubicado su lugar de origen…

Unos quedaron donde estaban porque se sentían a gusto en el lugar donde se encontraban o porque se identificaban completamente con el ministerio pastoral que ejercían en aquel momento… Yo era feliz con mis jóvenes en el Club de la Amistad en Hortaleza (Madrid) y con los otros grupos pastorales de la parroquia que me habían tocado. Pero el gusanillo de seguir promocionándome en los estudios y en otras experiencias me venció. No podía estancarme, tenía por delante toda una vida de sacerdote, casi recién estrenada. Me lo planteé seriamente… Y mi tesón y mis ganas de volar, sueño que había tenido desde mi más tierna infancia, me pudieron…

La ocasión se presentó de improviso, o providencialmente, como se quiera ver… El P. Jaime Corera, el primer Visitador electo de la nueva Provincia de Zaragoza, había manifestado en público, según me relataron, que él no tendría inconveniente en mandar a estudiar a nadie que se lo pidiera, con tal de que no necesitara dinero de la nueva Provincia para realizar sus estudios…

Un proyecto abierto

Conocía un párroco en Rainham (Kent, Inglaterra), donde yo había pasado algunos veranos practicando mi inglés… Fr. Gleeson, irlandés él, era el nombre del párroco; andaba como loco buscando un vicario para su nueva parroquia de Santo Tomás, en plena expansión demográfica. Le escribí ofreciéndome como vicario por uno o dos años… El aceptó de mil amores. Y el nuevo Visitador, P. Corera, aprobó sin pegas mi plan, que incluía estas tres etapas: uno o dos años en Inglaterra para perfeccionar mi inglés y ganarme el dinero suficiente para costearme los estudios de Pastoral Catequética en París, pasando antes un año en Marsella para adquirir la fluidez necesaria en el idioma que iba a necesitar en el Instituto católico de París.

El diseño de mi proyecto estaba avalado por razones bien pensadas, eran obvias para mí, en aquel momento: la pastoral, la famosa pastoral, en aquellos años de postconcilio, era la opción preferencial para sacerdotes inquietos, recién estrenados. El paso previo por Inglaterra, era un doble imperativo legal: conseguir el título del Proficiency de Cambridge y ganarme los costos de los dos años de París. El paso por Marsella era realmente opcional, pero lo consideré conveniente, para no andar a remolque en mis estudios de París. Había en Marsella, en nuestra casa de Paúles de Marsella, la posibilidad de colaborar en la pastoral de parroquias y en la atención a otras pastorales propias de la casa. Por otra parte, la Comunidad de Paúles de Marsella contaba con la presencia de dos sacerdotes españoles, P. Bascuñana, superior, y De la Rosa. También había sacerdotes franceses que habían trabajado en el Centro de San Luis de los Franceses, en Madrid. Todo era viento a favor para optar por pasar un año en Marsella y adquirir fluidez en la práctica oral del francés, antes de sumergirme en la Pastoral Catequética del Instituto Católico…

Un bautizo en la parroquia

Un bautizo en la parroquia

A.- Otra vez Inglaterra. Sept. 1970-Jul.1972.

Acogida y relaciones sociales en la parroquia de Rainham (Kent)

Era como un sueño para mi volver otra vez a Inglaterra, por uno o más años. Casi no me lo podía creer: Dios había estado grande conmigo, a través de la benevolencia de mis Superiores. Era como una gracia especial: tenía que aprovechar al máximo aquella oportunidad, aquel privilegio excepcional: esos eran mis sentimientos íntimos de partida…

Mi medio de transporte en Rainham

Mi medio de transporte en Rainham

Rainham era entonces una pequeña ciudad de pocos miles de habitantes, a tan solo 50 kms. de Londres, pero en proceso incipiente de crecimiento demográfico; precisamente por eso, porque empezaba a ser eso que más tarde se ha dado en llamar ciudad dormitorio de las grandes urbes del continente o de cualquier país industrializado del mundo. Kent, al sureste de Inglaterra, entre Londres, Canterbury y la costa oeste, es uno de los Condados más bellos de Inglaterra; el Condado de Kent es considerado como «el jardín de Inglaterra». Por eso muchos personajes ilustres de la historia del país han vivido o tenido una casa residencial en esta tierra privilegiada.

La parroquia católica de Santo Tomás de Canterbury, a donde yo iba, era de reciente construcción. Su ubicación en Rainham se debía, precisamente, al notable crecimiento de la población católica en la zona. Había feligreses de las más diversas procedencias, predominantemente irlandesa.

Desde el primer momento me sentí muy bien acogido y tratado casi con mimo especial, quizá por aquello de ser extranjero, jovencito, distinto del tipo estándar del cura tradicional; quizá también por el instinto materno-paternal que todos llevamos dentro: sentían que yo necesitaba su apoyo y protección, por ser novato, por no conocer las costumbres del lugar, por mi limitado manejo del idioma, que sé yo de la imaginación de las personas ante alguien del que se sienten responsables subsidiarios… Mi carácter afable y abierto también facilitó la comunicación y la buena relación.

Con Charo Ochoa y familia

Con Charo Ochoa y familia

Les sorprendía que, al terminar la misa, yo saliera a la puerta de la iglesia a saludarles y estrecharles la mano con mi sonrisa característica. ¡Ellos aprovechaban la ocasión para felicitarme por lo bien que me había expresado en inglés…! Solo cuando dejaron de felicitarme por esa razón comprendí que mi inglés iba mejorando, que tal vez empezaban a entender mi inglés, con tan marcado acento español, del que nunca me he liberado… Es una de las pegas de empezar a estudiar un idioma extranjero tarde, y de no tener ese don tan especial y característico que requiere el dominio fluido e inteligible de las lenguas extranjeras… Pero, afortunadamente, me daba por satisfecho de hacerme entender (to make myself understood). Era un reto superado.

La satisfacción alcanzó su cenit, cuando al segundo año de mi estancia superé, con una cierta holgura, el Examen del Proficiency, la más alta titulación que concede la Universidad de Cambridge para extranjeros. Obtener ese título exigía superar pruebas de 10 horas globales de exámenes. Ni que decir tiene que mis amigos del alma me felicitaron cordialmente, hasta exageraron ampliamente mis dotes: casi, casi me consideraron como un pequeño Shakespeare español. ¡Que Dios les perdone esa excesiva benevolencia conmigo!

Tareas pastorales y docencia

Mis tareas pastorales en la parroquia se reducían a decir la misa dominical en inglés y atender la administración del sacramento de la reconciliación los sábados… Con carácter voluntario asistía a reuniones de grupo, sobre todo en las escuelas católicas; también solía visitar algunas familias de las que me había hecho amigo y algunos enfermos de la parroquia… La homilía en inglés me ayudó muchísimo en la práctica del inglés escrito, ya que todas las semanas tenía que escribir mi homilía, después de consultar varios libros; por otra parte tenía buenos maestros asesores, profesores jubilados, que corregían mi dicción en inglés, escrito y hablado. El contacto frecuente con mis amigos facilitaba, día a día, mi inglés hablado… Tenía amigos de todas las procedencias, hasta de la India, pero, sobre todo, de origen irlandés y escocés: entonces me di cuenta vivencialmente de la fuerte carga de la tradición católica en estos países que habían sufrido lo indecible por su fe, a lo largo de su historia.

Primeras comuniones en la parroquia de Rainham

Primeras comuniones en la parroquia de Rainham

Entre mis amigos más cercanos quiero destacar la del director de la escuela católica de la parroquia, Tom Carter y familia, la de varias familias escocesas que tenían hijos en edad escolar, cuyos nombres no recuerdo ahora. Relación de especial amistad tuve también con la familia Hutchinson, cuya madre, Margaret, e hijas, Linda y Diana, eran miembros de coro parroquial. Las tres, sobre todo Diana, cantaban muy bien. Igualmente he de destacar la amistad entrañable que tuve con la familia Piddock, cuyo marido era policía. A unos y a otros visitaba con una cierta frecuencia; comía o cenaba con ellos, algún fin de semana. Igualmente me ayudó mucho en la práctica diaria del inglés la housekeeper (ama de casa), Mrs. Quinn, una viuda culta, que por su fe comprometida con la iglesia, había aceptado ese servicio humilde a los sacerdotes de la parroquia. Excepcional amistad tuve también, por razones obvias, con Charo Ochoa, de Bilbao, cuyas hijas, Isabel y Madeleine, eran de poca edad entonces; había ido a vivir recientemente a aquella zona, después de haber recorrido las américas…

Estos encuentros al azar, con gentes de tan diversas procedencias, en un lugar tan estrecho, me ayudaron a comprender que el mundo era cada vez más pequeño y, de paso, a superar las miopes visiones de regionalismos y nacionalismos: me sentí por primera vez y, por experiencia personal, ciudadano universal. Qué bien les vendría a unos cuantos salir de sus tierrucas, con los ojos abiertos, aunque me temo que, a base de cerrar los ojos, se han incapacitado para ver más allá del horizonte inmediato de su propia historia lejana…

Entonces, como ahora, y menos aún en un país como Inglaterra, el ministerio parroquial no da para alegrías económicas. Cierto que tienes casa y comida asegurada, y dos colectas extras parroquiales anuales para los sacerdotes que atienden la parroquia. El católico inglés e irlandés ha sido tradicionalmente generoso con su parroquia y con su clero. Aun así, sus economías sólo dan lo justito para gastos personales austeros. Mis planeados ahorros para París quedaban en entredicho. Y una vez más, la providencia me salió al paso. Conocí por casualidad a una familia de empresarios que tenían un «bungalow» en el sur de España. Eran muy sociables y necesitaban mejorar su español para cultivar sus amistades en España. Les caí bien y me contrataron para darles clases privadas de español, dos veces por semana. Me las pagaban con una relativa generosidad… Y eso me dio un respiro, pero no bastaba…

Y, por fin, llega el complemento necesario: a través de Linda Hutchinson, alumna entonces del colegio Grammar School for girls de Chatham, conseguí el puesto de profesor de latín y de español para las alumnas mayores… Era claramente el signo de la Providencia que me proporcionaba lo suficiente para cubrir mis presupuestos de París e incluso para adquirir una moto de segunda mano que me facilitara los traslados en la zona.

Mi estancia en Rainham había cumplido sobradamente mi primer objetivo y me sentí más feliz aún de lo que habitualmente me he sentido siempre. Y mi mente y mi corazón alzaron de nuevo el vuelo…

Una boda en la parroquia

Una boda en la parroquia

B.- Marsella: Noviembre, 1972-Julio, 1973.

No recuerdo exactamente las razones por las que llegué a Marsella el 8 de Noviembre de 1972. Seguramente fue por razones pastorales… Certifico, no obstante, que llegué cargado de ilusión: iba a ser un año de relax, cuya tarea prioritaria, casi única, era afianzarme en el uso del idioma. Siendo consciente, por experiencia, de mis limitadas capacidades para el aprendizaje de los idiomas, me animaba un cierto optimismo, ya que en el «Concilio mundial de los jóvenes» en Taizé, al que había tenido el privilegio de asistir en verano, me había defendido bastante bien, en inglés y en francés…

Matrimonio Margaret y Ken Hutchinson

Matrimonio Margaret y Ken Hutchinson

La comunidad de Toursainte de Marsella era una comunidad viva, con múltiples actividades de carácter muy vicenciano: pastoral de los gitanos de una amplia zona; una parroquia humilde cuyo párroco era entonces Jean Pierre Renouard; la dirección de las Hijas de la Caridad de la Provincia de Toulouse, cuyo director provincial era entonces el P. Glenadel; pastoral de los hispanos de la zona y otras varias actividades que respondían a las demandas más urgentes de la zona, desde el más puro espíritu vicenciano. Además de los citados, componían la Comunidad el P. Bascuñana, superior; P de la Rosa, enfermo; PP. Bruni, Contestin y uno o dos más, cuyos nombres no recuerdo, jubilados. Desde el principio me sentí un miembro más de la Comunidad.

Como mi objetivo principal era adquirir la fluidez en la práctica oral del idioma, dedicaba mucho tiempo al estudio de la gramática, pero, sobre todo, al diálogo con los compañeros. El P. Bruni, que había sido profesor de la apostólica del Berceau, siempre estaba dispuesto a hablar conmigo. Obviamente, como las personas mayores afables y de buena relación social, necesitaba compañía, pero también compartíamos entusiasmo y alegría… Las comidas y los recreos eran auténticas reuniones de familia bien avenida. Y, estando en el Midi francés, la «petanque» era el entretenimiento favorito, en las soleadas tardes de invierno y de la primavera… Eran los mayores precisamente, P. Contestin y Bruni, los que más demandaban este entretenimiento. Se sentían orgullosos de que la «petanque» hubiera nacido allí, en el Midi, según manifestaban…

Hermanas Linda y Diana Hutchinson

Hermanas Linda y Diana Hutchinson

Mis actividades pastorales, en aquella circunstancia, fueron muy limitadas. No obstante, siempre estuve abierto a lo que me demandaron: algunas visitas a enfermos o a grupos, siempre acompañado, bien de una Hija de la Caridad, bien de algún Padre. También dije misa y participé en algún retiro de religiosas españolas, incluso hasta les di una tanda de Ejercicios espirituales. Me impresionó la casa de espiritualidad que tenían estas religiosas españolas, llamado el «Cenáculo». Estaba muy bien preparado y adaptado a las necesidades de aquel tiempo, y tenía gran demanda de toda la zona, incluso desde más allá de su demarcación territorial. Al final de mi estancia en Marsella el P. Renouard se fió de mí y de mi francés y me confió la tarea de sustituirle en la Parroquia, durante el periodo de sus vacaciones…

No podía terminar mi estancia en Marsella, sin saborear, visual y mentalmente, ese milagro de belleza natural de la Costa Azul, que tenía tan cerca. Y me concedí una semana de vacaciones por los lugares más emblemáticos: San Tropez, San Rafael, Cannes, Niza, Montecarlo… Cuando uno visita estos lugares, con los ojos limpios del polvo de lo prosaico y eventual, no puede menos de elevarse a la contemplación mística…

C.- París: Sept. 1973-Julio 1975.

Ubicación

PICT0011Llegué a París el 25 de Septiembre de 1973, con el tiempo necesario para matricularme y hacer las gestiones necesarias: el curso empezaba a mediados de octubre. Hechos los trámites de la matrícula los días 26 y 27, tuve tiempo de hacer un viaje a Rainham, para visitar a mis amigos. La estancia de doce días allí me hizo revivir una de las etapas más bonitas de mi vida…

Mi estancia en París iba a ser en San Lázaro, restos del antiguo patronato de San Lázaro, antigua casa Madre de la Congregación, desde donde San Vicente había realizado la mayor revolución de la Caridad de la historia de la Iglesia: hasta 10.000 (diez mil) pobres dicen los cronistas que comían diariamente en el patronato; y otros 15.000 más en las distintas instituciones sembradas a lo largo y a lo ancho del gran París, nacidas al calor del celo y de la inspiración del gran Santo del gran Siglo… Esos pobres extremos eran las cenizas y el rescoldo de los efectos devastadores de las guerras que llenaban de escombros, de cadáveres y de mendicantes la Francia de aquel momento, provocadas y alimentadas por el orgullo y ambición sin medida de sus dos grandes ministros plenipotenciarios, Mazarino y Richelieu…

Muy cerca de San Lázaro —Rue de Sèvres, 95— está la casa Madre de las Hijas de la Caridad —Rue du Bac—, en cuya iglesia tuvieron lugar las apariciones de la Milagrosa a Santa Catalina Labouré…

Me daba un cierto escalofrío pensar en todo esto… Pero el San Lázaro donde yo iba a vivir poco tenía que ver con el San Lázaro de tiempos de San Vicente, que abarcaba una buena parte del actual París, incluidos los Jardines de Luxemburgo actuales y alrededores…

Mi vida en San Lázaro

Apenas había espacios de vida comunitaria propiamente dicha en San Lázaro, entre los sacerdotes de la casa y los estudiantes extranjeros, que éramos bastantes, fuera de las comidas y el breve espacio del café después de comer.

49811531Los estudiantes teníamos nuestro propio ritmo: clases por la mañana, estudio y actividades culturales por la tarde, salpicadas con frecuentes visitas vespertinas al centro, y alguna que otra excursión a los lugares más emblemáticos de los alrededores de París. Los Campos Elíseos, Montmartre, el barrio latino, donde siempre encontrabas ambiente especial, eran nuestras preferentes visitas vespertinas. Tampoco podíamos hacer grandes excesos, porque a las 10 de la noche, con puntualidad francesa, se cerraban, a cal y canto, todos los accesos de entrada a nuestra residencia… Tres recuerdos especialmente gratos guardo de mi estancia en la casa Madre:

La amabilidad del Hermano Armand, encargado de la portería, siempre sonriente, amable y condescendiente, cuando le pedías algún favor especial.

Haber conocido al P. Dodín, uno de los más preclaros especialistas de San Vicente en aquel entonces; haber conocido también al P. Jamet, Director general, a la sazón, de las Hijas de la Caridad…

El haber convivido durante dos años con Pedro Opeka, como compañero de estudios. Sus modos y actitudes de entonces ya preanunciaban el gran paúl carismático que hoy es en Madagascar. El P. Opeka nació en Eslovenia, pero sus padres emigraron a Argentina cuando él sólo tenía dos años. Solíamos concelebrar la misa los dos con otro paúl americano al que llamábamos Billy. Nuestras misas concelebradas solían durar alrededor de una hora. Era una auténtica vivencia compartida de ilusiones y esperanzas… Tan buena relación hicimos que yo le acompañe a su ordenación de diácono en su tierra natal, Eslovenia, y después nos hemos encontrado varias veces en España. El P. Pedro Opeka es hoy uno de los líderes católicos mejor valorados del continente africano. Se le llama el apóstol de los basureros de Madagascar; y ha sido propuesto varias veces para el premio Nóbel de la paz. Billy, el paúl americano, murió pronto, vuelto a su país, de insuficiencia respiratoria…

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Mi experiencia catequética en el Instituto Católico

La pastoral catequética se había puesto de moda, para los nuevos clérigos, a partir del Concilio Vaticano II. Aunque mi primera intención era hacer la especialidad de teología, asesorado por alguno de los profesores del Instituto a los que consulté, pronto me di cuenta de que lo mío era la pastoral catequética, dada mi experiencia anterior y mis inclinaciones preferentes…

El Instituto Católico de París gozaba hasta entonces de un reconocido prestigio en esta especialidad. Desafortunadamente, cuando yo llegué, sin que nadie me advirtiera, y sin que hubiera transcendido la noticia al exterior, poco a poco, el Instituto había empezado a sufrir los efectos secundarios del Concilio… Había habido unos cuantos abandonos del sacerdocio entre los profesores de dicho Instituto, y empezaban a notarse las tendencias liberales del clero, contagiados por el laicismo imperante en la sociedad, especialmente influyente en las élites intelectuales y clericales. Uno tenía la impresión, a veces, viniendo de nuestra tradicional católica España de entonces, de que se había abierto una especie de barra libre para pensar, decir y actuar según su libre albedrío, iluminado por las nuevas corrientes de opinión, desconectadas de la tradición y de todo lo que viniera de Roma… A algunos hasta les molestaba el hecho de que Francia fuera tenida todavía, desde Roma, como «La fille ainé de l’eglise» (hija mayor de la Iglesia). De otros, se podía dudar de su firmeza en la fe: tales eran algunas afirmaciones suyas que chocaban claramente con lo que se nos había enseñado hasta entonces…

No todo ni todos eran así, ciertamente, pero era lo más chocante. Había algunos claramente identificados con su trabajo y con su opción sacerdotal. Su vida y su manera de hablar rezumaban identidad entre su enseñanza y su entrega ministerial. Entre estos destacaré al P. Gelinau, compositor de música litúrgica y al P. René Marlé, jesuita, de palabra embrollada y poco clara, pero de apariencia de fuerte vivencia sacerdotal.

Altar de la capilla de los Paúles (París)

Altar de la capilla de los Paúles (París)

Contrastes y dificultades inesperadas

No entraré a valorar la altura intelectual de los profesores que me tocaron en suerte. En general, era aceptable, a mi modo de ver, pero, tratándose de una especialidad eminentemente práctica, eché de menos contactos con experiencias vivas de vida en grupos cristianos de élite, tanto de jóvenes como de adultos. Seguía admirando a Congar y unos cuantos escritores más de élite, en la Iglesia francesa, pero noté una clara deficiencia en la existencia de grupos de referencia en la Iglesia francesa. Como alguien ha dicho, los teólogos franceses escriben muy bien y con mucha claridad de ideas, pero es para que otros lo lleven a la práctica… Por supuesto que mi valoración está condicionada por lo que yo había vivido de pastoral aplicada en mis cinco primeros años en España.

Superé la decepción entregándome en cuerpo y alma a los estudios. No tuve fácil el salir airoso y conseguir el título de licenciado en Pastoral Catequética, todo hay que decirlo, a pesar de mi experiencia pastoral anterior y de mi tesón a la hora de preparar trabajos previos que nos iban exigiendo, y de la tesina que presenté… El título de la tesina era: «Nueva Experiencia. Grupos de jóvenes en busca de la liberación en la fe». Tenía más de cien páginas, bien pensadas y estructuradas, que para este tipo de tesinas es más que de sobra. Había consultado con algunos entendidos mi tesina, antes de presentarla, y todos alabaron mi trabajo. La había preparado con verdadero mimo. Era un tema de plena actualidad, basada en una experiencia real, personalmente vivida… Pero al profesor que había elegido para dirigir mi tesina no acabó de convencerle. Tampoco se dignó llamarme para dialogar y ver cómo se podía reorientar o reestructurar… Todo fue de sorpresa. Entonces comprendí que no son solo los malos estudiantes los que apelan a eso de que su profe es un verdadero hueso… Los hay condescendientes, flexibles al diálogo, duros, muy duros e imposibles, por no utilizar otra palabra malsonante.

El profesor que me dirigió la tesina, de cuyo nombre no quiero acordarme, era un gran comunicador, de palabra fácil y persuasiva, de apariencia afable; dominaba casi perfectamente el español, por haber estado varios años en Chile. Pero esa era su trampa y su cebo. Tarde me enteré de que gozaba merecidamente de ser uno de los huesos más duros del Instituto, con callada especial animadversión hacia los españoles… Otros compañeros españoles, de años anteriores, habían sufrido los instintos intransigentes y de animadversión de este tal profesor… De hecho, según me informaron después, había tenido ya serios problemas con la dirección del Instituto por estas mismas razones: alumnos suyos que habían apelado a la revisión de su expediente y habían conseguido la rectificación de su calificación final… Los hay también con inquinas congénitas o políticas… Algunos ejemplos podríamos traer de nuestra España actual, pienso…

Conclusiones.

Por fin, conseguí el objetivo final: la titulación oficial en pastoral catequética, que, como toda especialidad universitaria, te ofrece caminos para navegar, con una cierta seguridad, en el terreno específico profesional en el que te mueves…

De propina, también obtuve, al final de mi primer año en París, el título superior de «L’Aliance francaise», equivalente al Proficiency de inglés.

Lo más positivo de mis dos años en París es haber conocido in situ un país de referencia en la cultura universal; haber convivido con personas excepcionales por su carisma y su entrega; haber experimentado, de cerca y vivencialmente, la diferencia entre la teoría y la práctica; haber alcanzado las metas que me había trazado desde mi primera juventud. Dios sea bendito…

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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