Menú

Evocaciones al atardecer (XII): Seguimos caminando: Hortaleza (Madrid) De Sept. 67 a Sept. 70.

Evocaciones al atardecer (XII): Seguimos caminando: Hortaleza (Madrid) De Sept. 67 a Sept. 70.

Las razones oscuras de un destino

El destino de Pamplona a San Matías, Hortaleza (Madrid), se debió, según todos los indicios, a razones de estrategia o circunstanciales especiales, muy complejas. No manifestaré lo que son datos que pertenecen al secreto y confidencialidad de la familia. Tan solo manifestaré que en aquellos años empezaba el proceso de reestructuración de las Congregaciones religiosas en España. Era un fenómeno característico de la época: las Provincias canónicas de las distintas congregaciones religiosas se habían hecho demasiado grandes: un Provincial no podía atender de manera operativa y eficiente a cientos, hasta miles de miembros de una Provincia. Era el resultado de aquella floración exuberante de vocaciones surgidas en las posguerras, guerra civil en España y II guerra mundial… Los dorados años vocacionales de los cincuenta habían llenado de vocaciones los seminarios menores en España, y los noviciados de las congregaciones religiosas femeninas, mientras que en Europa los habían vaciado. Y en los años sesenta las ordenaciones sacerdotales y las admisiones a la vida religiosa, en general, desbordaban todas las previsiones… Se imponía, con buen criterio., dividir las Provincias demasiado numerosas…

Con el P Boyerro y Goyo Alegría en una representacion

Con el P Boyerro y Goyo Alegría en una representacion

Los Paúles en España, a mediados de los sesenta estaban constituidos en dos Provincias canónicas, la de Barcelona, que abarcaba Cataluña, Valencia y Baleares, y la de Madrid, que era el resto de España. Es esta última la que se había hecho demasiado grande y era conveniente dividirla, según los criterios imperantes en la época. Toda reestructuración o división de una cierta entidad, exige estudio, dialogo, tanteos, equilibrio, predisposición positiva y unas cuantas cosas más… El proyecto de la reestructuración o división de la Provincia de Madrid se tomó con calma y a largo plazo, como exigía lo complejo del asunto. Difícil era llegar a acuerdos sobre la territorialidad y distribución de casas y propiedades atribuibles a cada potencial nueva Provincia, pero no era menos difícil la distribución del personal o miembros que había que asignar a cada nueva Provincia…

En la Comunidad de Pamplona, en aquellos años, había demasiados navarros, que, por lógica psicológica, teníamos criterios bastante divergentes de los de Madrid… En este contexto hay que situar mi apresurado destino de Pamplona, donde yo ya me sentía feliz, a Madrid, en Septiembre del 67. Y, una vez más, los superiores fueron flexibles conmigo: me dejaron elegir destino. Mi opción personal por la Parroquia de San Matías, en Hortaleza (Madrid), fue motivada principalmente por el hecho de que en dicha parroquia regía de párroco el P. Pedro Fuentes, que había sido mi director espiritual durante el tiempo de la Apostólica y con el que, a lo largo de mis primeros años, había hecho una gran amistad. Él también se alegró de mi nuevo destino… Otra razón de más fue que la parroquia esteba situada precisamente a pocos metros del Seminario donde habíamos cursado, y los nuestro seguían cursando, los estudios de filosofía…

Adaptación a la nueva realidad.

Siempre he sido de fácil acomodo y adaptación a las circunstancias ambientales y de personas. Y esta vez tampoco fue excepción. Aparte del P. Fuentes había compañeros con los que había convivido a lo largo del estudiantado de Teología: Antonio Azcona, Rafael Plaza…A lo largo de los tres años de mi estancia en Hortaleza fueron pasando por la Comunidad: Pepe Domínguez, Marcial Gómez, Ángel Iglesias, Gregorio Alegría y Salvador Quintero. Algunos de estos destinos eran temporales: último año de estudios o primer año de práctica pastoral…

Con Sole Molpeceres,en familia

Con Sole Molpeceres,en familia

Convivir con tantos y tan variados compañeros, llenos de vitalidad, abiertos a experiencias nuevas, nacidas al impulso del Vaticano II, cuyas nuevas líneas de acción se estaban experimentando, fue una experiencia gratificante, en términos generales. Por otra parte, una nueva parroquia estaba gestándose sin  apenas darnos cuenta nosotros mismos. Hortaleza pueblo empezaba a notar la expansión urbanística y demográfica, que desbordó rápidamente los limitados linderos de la relativa pequeña capital… Al lado del pequeño pueblo de Hortaleza iba creciendo, con fuerza y rapidez inusitadas la nueva urbanización Colombia Ya no era aquel pequeño pueblo a las afueras de la ciudad, sino un aluvión incontrolado de gente procedente de toda la geografía española…

Las Cárcavas.

Y más allá de la zona urbanística controlada, empezaba a emerger uno de los suburbios característicos de la época: barriadas sin plan urbanístico específico, habitadas por pobres gentes que se acomodaban donde podían, montando su chabola o su chiringuito de tablas, maderas y adobes, a donde iban llegando, en turnos rotativos, su prole o sus familiares próximos, según se iban mejorando sus raquíticos contratos laborales… Este nuevo poblado emergente se llamaba “Las Cárcavas”. En la actualidad es una de las zonas deseables para elegir vivienda, porque está situado en la zona urbanística de la ciudad deportiva del Real Madrid, lindando con las grandes vías de comunicación que conducen al aeropuerto. Pero entonces era una especie de ciudad sin ley, donde malvivían los emigrantes más desprovistos de cultura y de recursos económicos.

Y esta pequeña ciudad sin ley (con perdón) fue precisamente la primera encomienda pastoral que se me confió en Hortaleza. No eran tiempos aquellos en los que las comunidades religiosas disfrutaran de medios de transporte propios. La economía de las comunidades, como la de la mayoría de las familias españolas de aquellos albores, no daban para coches; eran tiempos de los “Seat 600”, para los que podían pensar en un cochecito familiar… Dada la distancia de nuestra casa a las “Cárcavas” y teniendo en cuenta que tampoco podíamos contar con transporte público frecuente ni fiable, se nos concedió una moto para usos pastorales de la Comunidad, léase de aquella pequeña población emergente que empezaba a sonar… Comenzó siendo un pequeño núcleo de población flotante, pero, día a día, se iba haciendo más grande… Para atenderles pastoralmente, Caritas y la misma parroquia de San Matías consiguieron el permiso y los recursos necesarios para construir una pequeña capilla de uralita, con las dependencias necesarias para otros servicios sociales.

Primera experiencia piloto: clases para emigrantes…

Pronto nos dimos cuenta de que muchos de aquellos nómadas y aventureros buscadores de trabajo chocaban con la dificultad de su limitada preparación cultural: no tenían el certificado de educación primaria… Y sin este certificado muchas empresas no los contrataban… ¿Cómo ayudarles a conseguir ese dichoso certificado…? Allá me lancé, con el apoyo y estimulo de la Comunidad y el respaldo económico de Caritas parroquial, a organizar clases nocturnas. Convocamos a estudiantes de Filosofía de nuestro Seminario y a las estudiantes de bachiller del colegio de Santa Marta, regido por las Hijas de la Caridad, para que dieran las clases necesarias para que estos emigrantes pudieran recibir el apoyo necesario para presentarse a los exámenes de repesca y obtener el preceptivo Certificado de estudios primarios, imperativo legal para poder ser contratados laboralmente.

El éxito de la convocatoria, en primera instancia, fue fulgurante, tanto por parte de los profesores improvisados como por parte de los aspirantes a títulos académicos obligatorios; éstos casi llegaron a 100, de las más variadas edades y necesidades culturales…

Hay que decir, en honor la verdad, que el éxito de la convocatoria, por parte de los aspirantes a títulos, se debió a varias razones complementarias: la novedad del proyecto, la necesidad del título, pero también y mucho, pienso, a la chocante juventud de los profes… Era bonito y seductor contar con tantas juveniles caras, de atractivos modales, ellos y ellas, que les impartían las clases…

Pero, lo que no se construye sobre roca, sino sobre arena, como dice el evangelio, pronto se desmorona. Empezaron las clases de aquel curso improvisado casi cien alumnos; terminaron alrededor de una docena o pocos más. Los fríos invernales, lo duro de atender y aprender cuando se ha perdido totalmente el hábito de estudiar; la falta de motivación personal real, abortaron pronto la continuidad del proyecto. Pero quedamos con el buen sabor de haber intentado algo que, según nuestros criterios de la época, merecía la pena…

Los jóvenes, “mon amour”, y una inspiración del cielo

Pero pronto fui descubriendo el centro neurálgico de mis desvelos pastorales en Hortaleza: los niños, preadolescentes y jovencitos que pululaban por la plaza de la iglesia y por el barrio… Andaban como ovejas sin pastor; no tenían un lugar decente y seguro donde reunirse. Había un salón parroquial muy deteriorado, habitaciones de casas vacías, propiedad de Caritas, y algunos espacios de antiguas cocheras de labranza, que tampoco reunían los condiciones elementales de seguridad ni de acomodo…

Y una lucecita interior se encendió de nuevo: había que hacer las reformas necesarias para que aquel espacio tan amplio que teníamos a mano, justo al lado de la iglesia, se habilitase para que sirviera de sala multiusos de atención a niños y jóvenes. Pero, ¿cómo y de donde conseguir los recursos necesarios para hacer las reformas necesarias…?

Alguien de Caritas, Pepita, aquella bendita mujer, directora de Caritas del barrio en aquel entonces, que había apoyado la idea de las clases vespertinas de las Cárcavas, me sugirió la posibilidad de presentarme, como cura joven y con un buen proyecto, al párroco de San Jerónimo el Real, una de las Iglesias más postineras, de la alta sociedad madrileña, junto al Museo del Prado… Aquel párroco, cuyo nombre quisiera recordar, llevaba fama de ser muy generoso con sacerdotes jóvenes que le presentaran un buen proyecto para jóvenes de las periferias… Me puse el mejor “clergy” que tenía, bien planchado, y allá me fui…    No tuve que esperar demasiado; pronto una de las “colaboradoras” parroquiales me llevó al despacho del párroco, que me estaba esperando, con la afabilidad que caracteriza siempre a las buenas personas… Entre tembloroso y esperanzado le expuse el proyecto con detalle; el me escuchó con atención activa, haciendo algunas preguntas aclaratorias… Y cual no sería me asombro al observar sus gestos complacientes y sus palabras de aliento… Y sin más requisitos me firmó un cheque, a nombre de la parroquia de San Matías, por valor de 25.000 pts. La cantidad suena a risa en nuestro hoy, pero entonces era equivalente a varios miles de euros en la actualidad. No era suficiente para cubrir todos los gastos que la reforma del local requería, pero era el estímulo que necesitábamos para empezar. El resto lo hicieron la parroquia, Caritas y las aportaciones de trabajos voluntarios de padres de familia y de los mismos jóvenes…

El Club de la Amistad

Dos protagonistas del Club de la Amistad

Dos protagonistas del Club de la Amistad

Y así surgió el “Club de la Amistad”, nombre que pusimos al recién estrenado salón multiusos, que, durante años, había de constituirse en una especie de casa solariega de los jóvenes inquietos de la parroquia y del barrio. La apertura solemne del local tuvo lugar a finales del 68: hubo proclamas, cantos, teatrillos, brindis y hasta una exposición de retratos de personas ilustres, líderes de la juventud de aquellos años… Para los que se implicaron tesoneramente en el proyecto, fue una fiesta de las que dejan huella y marcan hito…Y no solamente para los protagonistas, sino también para el barrio y, sobre todo, para las familias con hijos adolescentes y en su primera juventud: al final, había en el barrio un lugar donde sus hijos podían cobijarse, “sin riesgos”, en un ambiente sano, y llenar de sentido las aburridas tardes de barrio y los interminables fines de semana…

Si financiar el proyecto había sido difícil, más difícil fue aún establecer unas normas de convivencia y de respeto entre los inquilinos del local. Estaba potencialmente abierto a todo el mundo: creyentes y no creyentes, jóvenes de la parroquia, del barrio y de la Urbanización Colombia… Afortunadamente había un grupo mayoritario de jóvenes cercanos a la parroquia que pronto se hicieron con el liderazgo natural del Club de la Amistad; sin ellos pronto se hubiera abortado el proyecto subyaciente, que no era otro que crear una plataforma de cercanía y de evangelización de los jóvenes… Estos líderes naturales no solo detectaban y ahuyentaban a los alborotadores o “macarrillas” de turno, sino que, llenos de imaginación y de ilusión, constantemente lanzaban nuevas ideas que dinamizaban la vida interna del Club…

Pagadas las deudas de la remodelación del local, había que encontrar medios de financiación del mantenimiento del local: luz, agua, decoración, utensilios, juegos de mesa (ping-pong, futbolín…), instrumentos musicales etc. Los recursos personales de aquellos jóvenes eran muy escasos entonces; por eso apelaron a la imaginación y la creatividad; así surgieron ideas innovadoras, que no solo servirían para financiar estos gastos, sino también para crear una lanzadera permanente de ideas y de proyectos, que constantemente daban nueva vida al Club. Periódicamente se organizaban excursiones familiares o de grupo; se preparaban obras de teatro que representaban después en el mismo salón del Club, pero incluso, alguna vez, en el teatro de la Residencia Isabel Clara Eugenia, regentada entonces por las Hijas de la Caridad. Especial relieve tenían las fiestas de Navidad, Noche Vieja, Reyes y la Semana Santa. Llegamos a organizar también clases de inglés con profesores nativos, a precios muy módicos…

La vida profunda del Club

Escenario del Club de la Amistad

Escenario del Club de la Amistad

Mucho más importante que todo esto era la relación personalizada que algunos de estos jóvenes tenían conmigo, como sacerdote animador del grupo. Venían a mí a consultar problemas familiares, desánimos, dudas, inquietudes personales o problemas de relación interpersonal de grupo. De esta relación con los mejor dispuestos nació un pequeño núcleo con el cual constituimos “La Legión de María”, que, en aquel entonces, tomaba cuerpo entre los jóvenes de parroquias tradicionales, impulsadas por la fuerza expansiva de las grandes campañas populares del rezo del rosario en familia, promovidas por el famoso P. Patrick Peyton, bajo el lema “Familia que reza unida se mantiene unida”. Este pequeño núcleo de jóvenes con fuerte motivación religiosa era el punto de apoyo oculto que movía los hilos de la espiritualidad del grupo. Así surgieron algunos catequistas, que también participaban en la liturgia del domingo con niños y jóvenes; que promovían conmigo charlas cuaresmales para jóvenes etc…. Y lo más importante: de este Club de la Amistad, nacieron con el tiempo, como fruto maduro, parejas y familias comprometidas con la parroquia, que continuaron la siembra esperanzada en los fríos inviernos del absentismo de los jóvenes en parroquias y movimientos juveniles cristianos…

Otros grupos y movimientos eclesiales nacidos al calor del Concilio.

Mención especial merecen también otros movimientos cristianos que nacieron, o que iban adquiriendo una fuerza especial, en aquel tiempo, no sé si por generación espontánea o al calor del fuego oculto del Concilio: movimientos de cristianos de base con distintas siglas y acentos, cursillos de cristiandad, pastoral obrera de nuevo cuño, Comunidades Neocatecumenales o Kikos y otros de menor entidad. Eran tiempos de efervescencia y de búsqueda febril de vivir la fe de acuerdo con los nuevos tiempos; y todos o casi todos tuvieron acogida y representación en la parroquia de San Matías, que llegó a ser parroquia de referencia del entorno…

Grupo Neocatecumenal

Grupo Neocatecumenal

De toda esta vida en ebullición destacaré dos movimientos: el de los cursillos de Cristiandad y el de las Comunidades Neocatecumenales. Cada una de estas fuerzas motrices crearon en algunas parroquias verdaderas revoluciones pastorales… Inquieto y decidido como yo era, me propuse conocer estos movimientos directa y personalmente. Participé en una tanda de cursillos de cristiandad con algunos de nuestros parroquianos; asistí a “ultreyas” de parroquias cercanas… Era un auténtico milagro lo se producía en tan solo tres días de convivencia… Personas sin cultura ni dotes especiales, pero también personas cultivadas intelectualmente, cambiaban su vida: empezaban a asistir regularmente a la parroquia, participaban en las reuniones semanales de grupo, incluso colaboraban en tareas específicas que la misma parroquia les confiaba…

Kiko Argüello, Fundador del Movimiento Neocatecumenal y José María Soler

Kiko Argüello, Fundador del Movimiento Neocatecumenal y José María Soler

Mayor impacto me produjo aún el conocer de cerca las recién nacidas Comunidades Neocatecumenales. De hecho, la de nuestra parroquia de San Matías fue la cuarta de Madrid, y, por tanto, una de las primeras que hoy invaden el mundo. La “conversión” de Kiko tuvo lugar precisamente en el cursillo de cristiandad al que él mismo había asistido pocos años antes… Pero lo que él empezaba a crear era de mucho más calado que los cursillos… Con el tiempo, la Comunidad Neocatecumenal de San Matías fue la nodriza o inspiradora de otras Comunidades en parroquias del entorno y más tarde la promotora de las Comunidades en el norte, concretamente en nuestra parroquia del Carmen de Baracaldo, con la mediación del P. Gregorio Alegría, trasladado de San Matías a dicha parroquia del Carmen…

Se podrá estar en desacuerdo con las diferentes formas litúrgicas, prioridades pastorales, o sensibilidades teológícas de las Comunidades Neocatecumenales, lo que nadie puede negar, objetivamente hablando, es la transformación profunda  que se realiza en las personas y en las familias donde ha penetrado el espíritu que anima a dichas Comunidades, ni la fuerza expansiva que estas Comunidades tienen hoy en la Iglesia. De algún modo, salvadas las distancias, también de ellas se puede decir como decía Tertuliano de los primeros cristianos: “Somos de ayer y lo llenamos todo”, cosa que ellos mismos nunca dirán porque se sienten pobres y humildes instrumentos al soplo del espíritu.

Una vez más, Dios había escrito recto en líneas torcidas: aquel destino, por razones oscuras, de Pamplona a Hortaleza, fue determinante en mi vida: mirando las cosas retrospectivamente, creo que mi vida no hubiera sido la misma si no hubiera tenido antes la experiencia pastoral de la parroquia de San Matías en Hortaleza…

1 comentario

  1. Charles

    Buenas noches Felix,

    Me ha hecho gracia ver que tienes una foto antigua de Kiko y Jose Mari. Tienes más?
    Un saludo.

    Responder

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

Comentarios recientes

Calendario

agosto 2018
L M X J V S D
« Jul    
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  

Archivos