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¿Y qué es la alegría?

¿Y qué es la alegría?

Bueno, Vicente, se ve que casi tocamos  la primavera: ¡que tarde tan apacible! Y con esta brisa del jardín, todavía se respira más hondo. No era así en nuestros tiempos de París por los jardines de San Lázaro, al menos en lo que yo recuerdo.

Tienes razón, Luisa, yo tampoco recuerdo estas tardes tan apacibles a finales de Febrero, y menos en París. Se ve que el buen tiempo de la soleada España ha llegado hasta este jardín, justo a las puertas de la mansión de nuestro Buen Dios…

¿Sabes que me han llamado casi simultáneamente jóvenes de JMV de Galicia y de Andalucía para recordarnos que nos comprometimos a dialogar con ellos sobre la alegría? Los primeros, para  pedirnos que les ayudemos a superar el invierno, ya que en este tiempo invernal sienten  hasta lo más hondo su típica “saudade” o morriña gallega… Y los segundos, no te pierdas, para pedirnos casi exactamente lo contrario: piensan que a veces se pasan de “alegres” y que se toman cosas serias a medio broma; al menos tienen la impresión de que en algunos casos es así…

Pues buena la tenemos, Luisa: a ver como complacemos a ambas partes, de opiniones contrapuestas, sin contradecirnos nosotros mismos…

Quizá no es tan difícil, Vicente…Primero porque ellos mismos me han pasado un resumen de lo que ellos ya han  dialogado “on line”, o “chateado” entre ellos, como dicen ahora (esto de las nuevas redes de comunicación es una maravilla: también nosotros tendremos que ponernos al día, si queremos estar al loro con ellos…). Segundo, porque esta manera tan distinta de ver la alegría me ha recordado nuestros viejos tiempos. Yo vivía, a mi manera, la alegría interior de intentar ser fiel a Dios a través de mis rezos, mis promesas, mis penitencias…Sin embargo no lograba superar mi carácter tristón, tímido, pusilánime, a veces hasta depresivo…

Todo esto algo  tiene que ver con la “morriña” o tristeza gallega, ¿no?

Sí, ahora recuerdo, Luisa: yo te decía que lo tuyo era más bien de carácter, que no te preocuparas demasiado, que lo importante era ser fiel a la voluntad de Dios…

Cierto, pero añadías enseguida que tenía que esforzarme por superar ese lado oscuro de mi personalidad, que no podía vivir en tristeza una persona que intenta por todos los medios a su alcance ser fiel a Dios…Y además, no lo olvides, me insinuabas muy sagazmente que, a lo mejor, tenía que dejar alguna de mis devociones y dedicar más tiempo al servicio personal de los pobres, tus pobres, los que pululaban entonces por todas las calles de París: los niños expósitos, los hambrientos de pan y de Dios en las aldeas, los muertos de las guerra que asolaban nuestras tierras…: sus rostros eran el rostro de Dios vivo, el rostro de Cristo crucificado; contemplarlos y servirlos con cariño me devolvería la paz profunda y radiante de que carecía entonces. Todavía más, me dijiste aquella frase tan conocida, que tanto dio que hablar entre nosotras: “Que, a veces, en determinadas circunstancias, era bueno dejar la oración por servir más y mejor a los pobres… Que eso era dejar a Dios por DIOS”… Y acertaste, vaya que si acertaste: mis angustias e incertidumbres fueron desapareciendo poco a poco…”

Bien, parece que esto de la paz, la alegría y la tristeza es un tema viejo que da mucho que hablar, a los mayores y a los jóvenes, de ahora y de siempre. Pero vamos a ponernos en contacto con estos jóvenes que te han llamado y ver que les decimos, que tenga sentido para ellos y para sus grupos respectivos…

En realidad, solo tenemos que  escucharlos con cariño y orientar sus opiniones largamente expuestas en sus diálogos de grupo. Te explico: los interlocutores de estos grupos de JMV de Galicia y Andalucía se llaman Santiago, (Santi para los amigos), que es natural de Santiago de Compostela, y ella es Inmaculada-Macarena (Macu para los amigas), que nació en Sevilla. Se conocieron en sus tiempos de universidad en Madrid, en el CEU, concretamente. Ambos andan alrededor de los 24-25 añitos y, como es bastante corriente en estos tiempos en España, los dos están en paro; esto les permite seguir estudiando y leyendo largamente, hasta que les caiga la lotería de un buen trabajo. Te darás cuenta, por su manera de hablar, de que los dos son bastante ilustraditos y que no se cortan un pelo a la hora de exponer sus opiniones.

Pues estupendo, Luisa: soy todo oídos para escuchar a estos valientes jóvenes, Santi y Macu…

“Te decía, Macu, que todo el mundo habla hoy de la alegría. Decimos maravillas de la alegría. Se nos llena la boca de nuestras alegrías de ayer y de antaño, ocasionalmente de las de hoy… Fruncimos, en cambio, el entrecejo a la hora de afrontar las dificultades del día a día, de aguantar a fulanito/a o menganito/a… Y somos, normalmente, muy escépticos a la hora de garantizar nuestra calidad de vida, de mañana o del mes que viene, de tal modo que nos declaramos impotentes para superar los vaivenes anímicos que nos permitan vivir en un estado permanente de euforia, alegría y felicidad, meta a la que todos los humanos instintivamente tendemos desde la cuna hasta el crepúsculo de nuestra existencia. ¿Será la alegría ese bien huidizo que se nos escapa entre los dedos, o como el fuego de Prometeo que no acabamos de arrebatar a los dioses epicúreos?”

“Crueles tienen que ser, Santi, los dioses que incrustan en lo más profundo de nuestro ser el deseo vehemente de vivir la alegría de la vida, y nos la arrebatan cuando parece que está al alcance de nuestras manos. Cruel tiene que ser nuestro Dios que nos ha creado para ser felices aquí, en la limitación de nuestra humanidad, y después, traspasado el horizonte de nuestra vida terrestre, en la plenitud del encuentro con Él. ¿Hasta cuándo hay que esperar el cumplimiento de las divinas promesas de colmar nuestra ansia de felicidad y alegría? ¿Habrá que esperar el momento de cruzar nuestra última frontera para encontrarnos definitivamente con Él?”

“No es de extrañar, Macu, que muchos se sientan escépticos de alcanzar algún día esa plenitud de dicha y quieran saborear, desde el momento inmediato que tienen entre sus manos, el anticipo de la felicidad soñada… y empiezan los tanteos y devaneos: ¿Cómo ser feliz ya? ¿Cómo vivir la vida en plenitud ya? ¿Cómo llenar mi vida de sentido ya? ¿Cómo mantener permanentemente la sonrisa en mi rostro y expresar así la alegría profunda de vivir la vida en plenitud? Y, ¡ay de aquellos que no se hacen nunca estas preguntas, consciente o inconscientemente! Porque son las primeras víctimas inocentes de su propia improvisación…”

“Santi, creo que estas en lo cierto: no todas las respuestas a estas preguntas son válidas ni satisfactorias. Fíjate lo que dicen por ahí, y lo hemos escuchado mil veces en  nuestras movidas universitarias: La vida es breve, saboreemos el néctar de la satisfacción inmediata de nuestras demandas sensoriales. Comamos y bebamos, que mañana moriremos. No recortes en nada tus apetencias sexuales…”

“Otros, audaces ellos y ellas, sin pensarlo dos veces añaden: La juventud es algo huidizo, como el agua del torrente que se precipita en el acantilado de la vejez… Mientras eres joven vive la gran movida de tu juventud, mañana será tarde…”

“Te acuerdas, Macu, de aquella noche en la disco, a las tantas de la madrugada, bebiditos ellos y ellas, cuando un graciosillo empezó como a declamar  aquello de ¿Qué cosa más apetecible que la fama, la influencia, el poder, el dinero, sacar el máximo provecho con el mínimo esfuerzo y desgaste personal? ¿Qué importa sacrificar unas cuantas vidas humanas para conseguir tan noble fin?…”

“Sí, claro,  y otra añadió, pletórica de voz y de forma: ¿Y qué decir de las fiestas de sociedad, de la moda, del lujo, de la publicidad, vivir inmersos en las mieles de la modernidad, día a día, sin tregua ni descanso, que la vida se nos va…”

“Podríamos seguir un buen rato, ¿verdad, Santi?  ¡Qué tiempos aquellos tan  cercanos en nuestro horizonte pasado y hoy tan lejanos en nuestras nuevas perspectivas de vida! “

“Es cierto, aunque nos cueste creerlo. Cualquiera de nosotros y de nuestros amigos cercanos podría completar una lista mucho más amplia de las cosas en las que los humanos de nuestra sociedad posmoderna, principalmente los jóvenes,  esperan saborear las gotas de felicidad que se esconden  en los recovecos opacos de la existencia, de lo desconocido, de lo prohibido…  Pocos han descubierto todavía que la felicidad profunda está en el interior del corazón, y se hace diáfana  en la apertura hacia los demás, en el servicio desinteresado al necesitado, al que carece de casi todo… En esto podemos sentirnos privilegiados, ¿verdad, Macu? Es grande, un auténtico privilegio, haber entrado en la gran tradición de la Familia Vicenciana: descubrir día a día que no hay alegría ni felicidad comparable con la de darse a los demás…. Vicente y Luisa son referentes seguros.”

“Pero verás, Santi, cómo personas ensimismadas  caerán en la trampa, al escucharnos, de pensar que vamos  a aterrizar en el clásico discurso moralizante de desechar todo lo humano y lo terrestre para afincarnos en el etéreo celestial. En cuanto a mi puedo decirte con sinceridad que nada más lejos de mi intención. Creo conocerte bien para pensar lo mismo de ti. Precisamente nuestro dialogo abierto quiere  acercarse a ese misterio insondable, que sólo alcanzan a descifrar personas privilegiadas: descubrir las semillas de felicidad y alegría que Dios ha puesto en las cosas de la vida, como anticipo de esa felicidad plenificante que nos tiene reservada para el encuentro gozoso con Él. ¿No es así, Santi?”

Así es, Macu.  La experiencia profunda nos enseña que no es precisamente el disfrute de las cosas conquistadas lo que colma nuestra sed de alegría y felicidad. Conseguidas éstas, quedamos tan hambrientos y sedientos como antes: la alegría y felicidad añoradas son como nuestra propia sombra que no acabamos de atrapar, como el horizonte que siempre está más allá… ¡Cuánto vacío existencial a nuestro alrededor! ¡Cuántas personas que lo han disfrutado todo o casi todo, escépticos de encontrar nuevos alicientes a la vida, se quitan de en medio para siempre! Nosotros mismos  hemos conocido algunos de ellos que, hartos de casi todo, después de haber pasado por el túnel tenebroso de la droga y sus concomitantes, optaron por ese trágico final. ¿Te acuerdas, de Luis y  de Pilar, justo al acabar sus carreras…?”

“¡Vaya que si me acuerdo, Santi. Y no los puedo borrar de mi mente! Pido cada día por ellos al Padre, por intercesión de Vicente y Luisa, nuestros compañeros inseparables del camino  Definitivamente la alegría no está en las cosas, ni tras las montañas del último horizonte perceptible, ni en la isla perdida en el océano donde llegó el último pirata de nuestro tiempo con un precioso cofre de alegría y lo escondió en el último recoveco rocoso, temeroso de que alguien se lo pudiera arrebatar.”

“¿Te acuerdas, Macu, de aquel cuento que una de tus niñas mayorcitas, alrededor de los 16 años, nos contó en la convivencia de Semana Santa del año pasado? Iba acerca de un rey que necesitaba la camisa de un hombre feliz para ser el mismo feliz.”

“Sí, claro, ¿cómo no me voy a acordar? Se llama Conchita y la conozco muy bien. A todos nos hizo mucha gracia, a la vez que nos ayudó a pensar en profundidad. Lo contó como si nada y se quedó tan pancha. Lo dijo más o menos así:

Era un  rey que tenía todo para ser feliz: posesiones, riquezas, servidores…. Nada le faltaba de lo que pudiera desear en esta vida. Sin embargo, la tristeza y la desesperación amargaban su vida y nadie podía hacerle sonreír. Un buen día uno de los sabios de su reino diagnosticó que al rey le faltaba solo una cosa para ser feliz, a saber,  la camisa de un hombre que fuera realmente feliz. La búsqueda persistente de ese hombre, a través de los emisarios reales,  dio, por fin, con un hombre que se declaraba plenamente feliz. La orden real no se hizo esperar: el mismo rey le pedía a ese hombre su camisa. Pero el hombre sonrió ampliamente, descubrió su pecho desnudo y despidió agradecido a los emisarios reales: el hombre que se sentía plenamente feliz no tenía camisa que pudiera devolver al rey la sonrisa de vivir.

Y todos  aplaudimos como locos y gritamos: Bien, Conchita, bien…”

“Bueno, ¿te parece que lo dejemos por hoy, Macu? No conviene enrollarnos demasiado. A ver qué piensan de todo esto, Vicente y Luisa. Se lo voy a enviar hoy mismo, antes de acostarme, para que puedan pensarlo y dialogarlo mañana,  en su paseo del atardecer…

Te digo, Luisa, que yo mismo me he quedado boquiabierto de la espontaneidad y profundidad de pensamiento de Santi y Macu. Ojala hubiera muchos como ellos. Habrá que animarlos en su búsqueda  profunda.

Yo les felicito en tu nombre y en el mío propio y les animo a seguir buscando. Y, desde luego, que seguiremos escuchándolos con suma atención e interés…

Buenas noches, Vicente.

Buenas noches, Luisa

 

1 comentario

  1. mitxel

    Amigo Félix: aunque no te prodigas mucho, tus aportaciones me llenan de alegría y me mueven a la reflexión. Cuando dejes de “trabajar” (cosa que no tiene perspectivas de futuro) escribe.

    Responder

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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