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Sueño de Vicente y Luisa al comienzo del año

Sueño de Vicente y Luisa al comienzo del año

Muchas veces se han reunido Vicente y Luisa, a lo largo del año, para dialogar con los miembros de las distintas ramas de la familia vicenciana, muy especialmente con los grupos más representativos de la familia joven vicenciana. La última vez que podemos constatar fue precisamente el 20 de Diciembre pasado: ese día, Vicente y Luisa felicitaban cordialmente la Navidad a nuestros jóvenes vicencianos y les deseaban lo mejor para esas fiestas tan entrañables… Pero, como siempre, Vicente y Luisa no se quedaron en palabras bonitas, tampoco en parabienes ni lisonjas… Les animaban a no tener miedo, a vivir con decisión y alegría los retos de la sociedad en la que les ha tocado vivir… Después de un largo diálogo con ellos, después de un silencio prolongado y de una oración cargada de sentimientos, llegaron a formular con ellos unas líneas de acción, que constituyen todo un programa de vida, a llevar a cabo, poco a poco, pero sin decaimientos ni desalientos. A estas líneas conjuntas de acción les dieron el nombre de Jóvenes emergentes. Merece la pena leerlo de nuevo y tomarlo como santo y seña de nuestro caminar a lo largo de todo este año. Su relectura es recomendable no solo para los jóvenes, sino también para padres y educadores…

Ahora, que ya hemos comenzado el nuevo año, teniendo en cuenta el estado de ánimo de muchos de los nuestros, incluso de los que han gastado su vida al servicio de los demás, que ven cómo su vida se apaga sin expectativas de relevo; que contemplan con inquietud el vaivén de las olas del cambio, en la relación de las comunidades y de las tendencias en la sociedad… Ahora, Vicente y Luisa se dirigen a los miembros de la familia adulta vicenciana para decirles: No tengáis miedo, no estáis solos, el Maestro, duerme en la proa de la Barca, pero está atento al oleaje; y no permitirá que la barca se hunda; llegará a buen puerto, cambiarán los vientos, lucirá de nuevo el sol y surgirá la bonanza…

Pero Él cuenta con vosotros y vosotras… Por eso quieren compartir con la entera familia vicenciana este sueño, inspirado en la paz de una noche tranquila, iluminada por una luna llena de una primavera en flor…

Ellos recitan pausadamente, al unísono, su sueño y os invitan a acompañarlos, para hacer juntos el camino que lleva a una sociedad nueva, donde ya no habrá cambios drásticos ni incertidumbres, ni injusticias ni abusos, ni crisis ni paros, ni ricos ni pobres, porque el Dios Bueno que nos ha nacido en Belén, y ha anunciado la Paz al comienzo del año, será todo en todos…

Y Vicente y Luisa recitan alternativamente su sueño, comenzando Vicente:

Sueño que el soplo del Espíritu invadirá nuestra entera Familia Vicenciana y nos hará sentir el gozo de ser llamados a anunciar la Buena Noticia a los pobres y a vendar las heridas de los desheredados de nuestra sociedad…

Sueño que llegará un día en que los pobres serán realmente “nuestros amos y señores”, que harán brotar en nosotros la alegría limpia y diáfana del desapego a los bienes de este mundo, porque nos habremos puesto todos al servicio de los que carecen de todo, incluso de su dignidad de personas…

Sueño que llegará un día en que todos nosotros, Familia Vicenciana del siglo XXI, pequeños y mayores, hombres y mujeres, saborearemos ya en esta tierra un anticipo de la acogida del Maestro: “Venid Benditos de mi Padre porque tuve hambre y me distéis de comer; tuve sed y me distéis de beber; estuve en la cárcel y vinisteis a verme…” Fui vagabundo y me acogisteis en vuestras casas; emigré a vuestro país y me distéis calor humano y conversación, a la vez que tratabais de solucionar mis problemas, con dignidad; llegué a la tercera edad y no me arrinconasteis, hasta me sonreíais y me escuchabais; fui drogadicto, alcohólico, enfermo de sida y hasta malhechor, y siempre ejercitabais conmigo entrañas de misericordia y ternura de madres…

Sueño en que llegará un día en que el código ético de los medios de comunicación y del ambiente habrá dejado de seducirnos más allá de la belleza del bien y de la alegría fresca de la verdad… Y que de las ramas secas de vuestra vida gastada en el servicio de los pobres, brotará el aroma de una ilusión nueva, de un compromiso fuerte por la paz en la justicia y en la convivencia fraterna, entre los pueblos y entre las culturas diferentes…

Sueño que llegará un día en que la utopía de las Bienaventuranzas dejará de ser una quimera de otros tiempos y de otras gentes, y se convertirá en la auténtica fuerza motriz de todos los proyectos e ilusiones de las futuras generaciones de la Familia Vicenciana…

Sueño que llegará un día, está ya a la puerta, en que seremos realmente felices, haciéndonos pobres de espíritu, sufriendo con los que sufren, llorando con los que lloran, teniendo hambre y sed de justicia, siendo misericordiosos, luchando en primera línea por la paz en la justicia, incluso cuando nos persigan, nos insulten y nos calumnien…

Sueño que las cargas, taras y lacras de nuestro mundo no nos aplastarán ni nos desbordarán, sino que serán consideradas como otras tantas llamadas fuertes del Maestro a implicar de nuevo nuestras vidas en dar respuesta evangélica al grupo desgarrado de hombres y mujeres de hoy, impregnando de esperanza sus angustias y gritos de frustración y de abandono…

Sueño que llegará un día, ya está aquí, en que las distintas ramas de la Familia Vicenciana, impulsados por el espíritu evangélico, que las vio nacer, no serán, por más tiempo, espacios cerrados, acotados, sino que se sentirán gozosamente convocados a trabajar juntos en el mundo que Dios pone en nuestras manos, para que lo transformemos, con la fuerza de nuestro amor y el esfuerzo de nuestros brazos… Entonces, sólo entonces, nos reuniremos para celebrar juntos la alegría explosiva de sentirnos llamados a pertenecer a esta gran Familia Vicenciana, para estimular nuestra imaginación creativa; para animarnos en nuestros decaimientos; para congratularnos por nuestro buen hacer… Y nuestra oración de cada día y nuestros encuentros de familia y jornadas de reflexión y búsqueda…, serán entonces celebraciones luminosas que alumbrarán nuestros caminos pedregosos y oscuros…

Sigamos soñando con Vicente de Paúl y Luisa de Marillac; y que el coraje y determinación con que afrontaron ellos los problemas de su tiempo nos empuje y nos guíe a cambiar esta sociedad nuestra que no nos gusta, bajo la mirada atenta de María, nuestra insignia y escudo, estrella del nuevo año, mujer fuerte y callada, que sabe estar donde tiene que estar, gritar contra la injusticia, y sufrir hasta dar la vida en la cruz con su hijo, para adelantar la llegada de un Reino de Paz y de Justicia para todos…

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1 comentario

  1. María Merino

    Gracias por ese mensaje de Esperanza que es exactamente lo que está necesitando el mundo. Gracias Felix. God bless you!

    Responder

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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