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Seglares en Misión, aquí y ahora

Seglares en Misión, aquí y ahora

Buenas tardes, Vicente. Hace tiempo que no nos veíamos…

Pues, sí, Luisa. Ya sabes lo que pasa después de la Navidad y con los fríos de invierno… Uno se aletarga un poco y se refugia al calor del hogar… Y esa es la parte positiva de este tiempo: se habla más con los amigos y familiares cercanos…

Tienes razón, Vicente. Yo también he dedicado todo este tiempo a dialogar con las Hermanas recién llegadas a la casa del Padre. Están radiantes de alegría por haber alcanzado la meta por la cual habían luchado toda su vida: encontrarse con los humildes y los pobres a los que sirvieron con fidelidad inquebrantable, sin remilgos…

¿Pero habrás estado también en contacto con la Familia de ahí abajo?

¡Buenas son ellas como para dejarles de lado, Vicente! Estas chicas españolas la siguen y la persiguen hasta que lo consiguen… Pero son majas de verdad, y con muchas ilusiones para estos tiempos que corren por ahí abajo. Me piden precisamente que no dejemos de rogar a nuestro Buen Dios para que no decaigan en su ilusión de ser mensajeras del evangelio en el servicio de los marginados y sin trabajo…

Esto se pone interesante, Luisa. Tenía miedo de que con los fríos que están pasando estos días se les hubiera congelado hasta el aliento, digo las ganas de moverse, ni siquiera por el Reino de Dios…

De eso nada, Vicente… Aunque creo que me estás tomando el pelo… Tú conoces a los nuestros de las tierras ibéricas, de cabo a rabo, tan bien o mejor que yo… Por eso precisamente quiero que este encuentro se titule “Seglares en misión, aquí y ahora…”

Me dejas gratamente sorprendido, Luisa… Dime, dime, ¿de qué va la cosa?

Sé que lo sabes… Estás muy guason esta tarde, Vicente…, quiero decir que de muy buen humor… Pero te lo cuento como si fuera la primera noticia que tienes. Verás: han venido dos chiquitas, mayorcitas ellas, Pili y Pepi, de los 30 para arriba… Radiantes de alegría, me han contado el buen trabajo que un grupo de misioneros, mejor misioneras, seglares, están haciendo con nuestros misioneros Paúles, incluida una Hija de la Caridad, en un pueblo de solera de la provincia de Murcia, Alhama de Murcia, concretamente…

Bueno, eso no es nuevo, Luisa: como sabes, hace tiempo que seglares de los nuestros, con auténtico espíritu misionero, trabajan codo a dodo con Paúles e Hijas de la Caridad, en la evangelización de los pueblos del campo, como en nuestros mejores tiempos, pero de otra manera, quiero decir que las misiones populares se hacen ahora de otra manera que en nuestro tiempo… Entonces cerrábamos la casa, dejábamos la llave a la vecina y, con nuestros escasos enseres a la espalda, partíamos hacia donde la Providencia nos reclamaba. Bien es cierto que contábamos con la ayuda inestimable del Hermano que proveía la necesaria alimentación y cuidado de la casa-misión de campaña… Por eso, todo el mundo nos conocía entonces como la Congregación de la Misión, que es como nuestro nombre de pila, como dicen ahora…

¡Que bonito, Vicente…! A algunos les parecerá esto que nos has contado nostálgico, hasta piadosamente romántico… ¡Que tiempos aquellos, dirán! Aquello sí que eran misiones de verdad: era como acampar entre aquella humilde gente del campo, convivir con ellos por tiempo indeterminado, compartir con ellos pobrezas y miserias, enfermedades y desesperanzas…; y anunciarles a golpe de pulmón, voz enhiesta, por calles, plazas e iglesias derruidas, que Dios es Misericordia y Perdón, Amor de Padre que no se olvida de sus hijos, que, mas bien los cuida y los mima como una madre que mece a su bebé que reclama la leche de su pecho…

Te ha salido un párrafo brillante, Luisa. Me había olvidado de tus cualidades oratorias… Perdón no es del todo cierto: recuerdo la viveza de tu voz y la fuerza convincente de tus palabras al hablar a las Hermanas de los pobres, de los niños abandonados…. Entonces desaparecía como por encanto tu timidez congénita…

Que me sacas los colores… Volvamos al tema, Vicente. ¿Qué decimos a Pili y a Pepi, entusiasmadas por la labor de los seglares en nuestras misiones populares actuales…?

Que cada cosa a su tiempo y en su lugar: hoy existen medios técnicos que entonces no existían; la sociedad ha cambiado como de la noche al día; vivimos en una sociedad pluralista con una variedad de ofertas religiosas inimaginable; los seglares comprometidos tienen una preparación intelectual y una madurez de fe que entonces no tenían; la mujer se ha incorporado plenamente a la sociedad; el Concilio Vaticano II y los recientes documentos de la Iglesia insisten constantemente en la necesidad de incorporar a los seglares en las tareas de evangelización… Todo esto ha hecho tomar conciencia a nuestros seglares comprometidos de que esto de la “Misión, aquí y ahora…” es también tarea suya, hasta un derecho que nace de su bautismo e incorporación a la familia de los Hijos de Dios y de la Iglesia…

Voy entendiendo eso de los seglares en misión en estos tiempos de penuria de sacerdotes, pero no acabo de ver eso de las Hermanas, que también están muy mermadas para el servicio de los pobres en barrios marginales, emigrantes, países en situación de extrema precariedad…

Recuerda, Luisa, que ya en nuestro tiempo decíamos que el socorro material ha de ir acompañado de la enseñanza, de la reflexión espiritual… Pan y catecismo, como se decía ya entonces, han de ir ensamblados, intrínsecamente unidos… Insistíamos igualmente a nuestros misioneros que el servicio de la palabra y de la predicación, con la administración correspondiente de los sacramentos, no les eximía de la prestación de servicios humanitarios y de promoción humana y social, como Nuestro Señor y Maestro vino a anunciar el Reino con su enseñanza, pero también con sus sanaciones y su entrega integral al servicio de los pobres y marginados…

Ahora entiendo por qué Pili y Pepi han venido a mi tan entusiasmadas de lo que han visto y les han contado de la misión de Alhama de Murcia: Padres, Hermanas y seglares trabajando al unísono, en perfecta sintonía, anunciando la Buena Nueva del Evangelio con palabras y con hechos, unidos en la oración, entregados al servicio, estimulados por la fuerza del amor afectivo y efectivo…

Pues sí, Luisa, demos gracias a Dios: creo que es una buena adaptación a las exigencias de los nuevos tiempos… Los seglares, por fin, han encontrado esta nueva dimensión de pertenencia activa a la Iglesia, en la proclamación de la Buena Noticia de Jesús al mundo de hoy…

Yo misma he acompañado virtualmente a nuestras chicas, y a algún otro miembro masculino del equipo, caminando por las calles, entrando a las casas, invitando a los actos de la misión a “viejos cristianos de siempre”, anquilosados en sus antiguas prácticas de cristiandad, en los ancestrales recuerdos de sus antepasados; sin ilusión, sin el menor hàlito de vida interior… ¡Como jaleaban nuestros misioneros seglares a niños, adolescentes, jóvenes, adultos y abuelos a participar en la misión, a ver, escuchar y ponerse en marcha de nuevo, a impulso de su fe renovada y rejuvenecida! “Vengan y vean, merece pena ponerse al día, rejuvenecerse un poco”, decían a los abuelos, más preocupados por sus achaques y carencias físicas que por el rejuvenecimiento de su fe enquistada. Les aseguraban que hasta iban a bailar de gozo en la misión, como en sus tiempos mozos… ¡Y los abuelos sonreían complacidamente, mirando a las abuelas con una cierta malicia pícara!

La oración sencilla y participada de la mañana, con el pueblo, era la mecha que encendía el fuego de su celo y de su entusiasmo misionero. No era extraño escuchar latidos y exclamaciones del alma, que rezumaban profundas vivencias, afectos íntimos, anhelos del corazón…

Las mañanas dedicadas a las visitas, cuesta arriba y cuesta abajo, merecían el descanso del sembrador al tiempo de la faena: la comida compartida en diálogo fraterno, la cabezada de relax imprescindible… y, a la tarde, de nuevo en marcha: esperaban los niños, los preadolescentes y de nuevo las visitas a las casas… La Eucaristía viva y vibrante, con músicas de fiesta compartida e incursiones homiléticas a las exigencias creyentes de los nuevos tiempos, en el día a día… Y después más: unos a continuar con las visitas, otros a preparar los temas de misión con los colaboradores parroquiales para las reuniones en las casas de la última semana de misión… Todo eso es lo que me contaron Pili y Pepi que habían visto y oído, Vicente…

Es verdad, Luisa. Jornada intensa y complicada, porque no siempre las respuestas de los visitados eran significativamente amables ni abiertas a la novedad ni a la búsqueda de la verdad… Estas chicas, este equipo misionero seglar, que acompañan a los nuestros hoy, aquí y ahora, en las misiones populares, en plena juventud de corazón, merece un monumento, una medalla de distinción… Pero ellas y ellos afirman que su mejor medalla es que otros y otras de nuestros movimientos vicencianos se unan a su movida misionera, aquí y más allá de los mares, con infinitos horizontes de esperanza abiertos y en espera… Y si se integran de cuerpo entero en nuestra familia de Hermanas o de Padres, mejor que mejor: mas libres y con mayor disponibilidad se entregarán al servicio de la Misión aquí y ahora, donde la Providencia las envíe.

Y aún queda lo mejor, Vicente. Pili y Pepi cuentan y no acaban… El pregón de la misión, que tiene lugar el segundo sábado de misión, las dejó boquiabiertas, emocionadas y con ganas de volar… Este happening del pregón marca un antes y un después… Es como la lanzadera que anuncia la inmersión total en la misión… Bien puede figurar como un “performance” espiritual de gala, en una catedral gótica, con voces timbradas de los niños que anuncian la alegría de vivir…, y voces recias de bajos que proclaman la gran noticia de la “liberación” con el canto del “Nabuco” de fondo… Difícil de contener las emoción, y hasta las lágrimas en algún momento de esta proclama solemne de la Misión que se lanza a la recta final, con ilusión y esperanza renovadas…

De nuevo has estado brillante, Luisa… Es verdad, yo también me he conmovido alguna vez en este acto del pregón de la misión… La segunda quincena está orientada, según yo mismo he comprobado y nuestras jóvenes, Pili y Pepi, nos cuentan, a la renovación total de la vida cristiana en la parroquia… La tercera semana se configura, casi en exclusiva, teniendo como visor el anuncio de la Palabra: reuniones con jóvenes, encuentros en la tercera fase, quiero decir con la tercera edad… Con tono distendido, toneladas de buen humor y cantos de nostalgias de su juventud perdida, van filtrando nuestros misioneros/as seglares a nuestros abuelos verdades como puños, que ya estaban arrinconadas en baúl de los recuerdos de su infancia o juventud. ¡Daba gloria, confirmaban Pili y Pepi, ver la sonrisa abierta y distendida de nuestros abuelos, que eran capaces de olvidarse en estos encuentros de la novela de la tarde, de las abuelas, o de la partida de mus o de dominó de los abuelos…!
Mención aparte merecen también la predicación general, al atardecer, para el conjunto de la parroquia, y las reuniones tardías de la noche con los matrimonios jóvenes con temática específica para ellos, abrumados con el peso insufrible de las hipotecas, del trabajo vacilante y la educación de los hijos que vienen y esperan la mano protectora de la familia…

Nos olvidamos de una cosa, Vicente; por cierto, de algo importante, muy arraigado en la tradición de las misiones populares que tú mismo pusiste en marcha. ¿Te acuerdas de Folleville, de tu gran sermón sobre la conversión y confesión general en aquel pequeño pueblo de gente sencilla? Aquello marcó un estilo nuevo de misión: más que el acto en sí de la confesión, marcaba otros horizontes de misión. Era la conversión, el cambio radical de vida, encuadrado en los referentes del Evangelio de Jesús, lo que la misión debía poner en marcha…

Gracias, Luisa, por recordármelo. Es verdad: aún hoy, en un mundo en el que han cambiado tantas cosas, en el que la percepción de la administración de los sacramentos se ha desdibujado tanto con referencia a nuestros tiempos, la buena y razonable práctica de este sacramente conserva todo su relieve, con matices nuevos, más antropológicos: no es lo más importante la manifestación verbal del pecado, sino la actitud humilde del pecador que se aferra al amor del Padre, que le acoge sin reticencias y le lanza a la nueva aventura de vivir en plenitud la liberación integral del evangelio…

Pili y Pepi nos hablan también con cariño de la cuarta semana de misión, dedicada casi por entero a los encuentros en las casas, con los vecinos del barrio o con amigos y allegados… Les parece todo un reto conseguir que la gente acepte reunirse sencillamente, sin más protocolos, para hablar de temas de vida nueva y de valores que no pasan: la familia, la educación de los hijos, la iglesia, la solidaridad, el compromiso solidario de colaboración en la parroquia… ¡Quien lo iba a decir de esta gente sencilla, a los que nunca nadie les había hablado de compartir vivencias en público, ni de poner la fe en cartel y lanzarse a la vanguardia de ponerse en actitud de servicio, sin sueldo ni beneficio personal alguno…! Pues sí, este milagro se logra en cada misión, marca nueva, con la colaboración de todos, al impulso de estos misioneros, de nueva generación, sin miedos y ni respetos humanos…

Tampoco podemos obviar la atención especial que los más ancianos, enfermos e impedidos, reciben en la cuartea semana… Se les visita con especial cariño por las casas, se les anima a mantener viva la esperanza y la paciencia cristiana: Dios es especialmente mimoso con los desvalidos; a los que lo desean se les administra los sacramentos, especialmente el de la fortaleza cristiana ante el dolor, en espera de la última llamada del Padre… Es admirable la actitud fuerte y confiada de muchos de nuestros mayores en este trance…

Y viene finalmente la semana del día después, que comienza precisamente el mismo día que parten los misioneros para embarcarse en nuevas aventuras. Son los grupos constituidos en las casas los que tendrán que llevar el peso de la continuidad y renovación progresiva de la parroquia iniciada en la misión… Si la marcha del día después comienza con buen pie y se afianza, se habrá puesto la etiqueta de calidad de la misión. .. En todo caso, si el terreno ha resultado árido y pedregoso, el sembrador habrá cumplido su misión… Otros vendrán que sieguen la mies y recojan el grano…

Pero Pili y Pepi no acababan ahí su reflexión emocionada… Se hacían preguntas incisivas y valientes, que lanzan hoy, en este foro, a la entera familia vicenciana, especialmente a los jóvenes maduros en la fe, si los hay entre nosotros: ¿Y por què no empezamos nosotros ya, miembros de las nuevas generaciones vicencianas, a mover ficha? ¿Qué extraño miedo y rubor nos impide ser testigos valientes de Jesús de Nazaret, libre y decidido donde los haya, en una sociedad ahíta de valores sólidos y permanentes? ¿Qué hacemos en nuestras clases de universidad, en nuestros trabajos de cada día, en los círculos de amigos y conocidos, en las fiestas y movidas, en las calles, barrios y plazas…, donde nos movemos cabizbajos, ocultando nuestra identidad de creyentes, seguidores de Jesús…?

Queden colgados en el aire estos interrogantes esperando que algún valiente nos diga sin miedos vacilantes:

“¡vamos ya, que es la hora, aquí y ahora!”

Gracias y buenas noches, Pili y Pepi

Gracias y buenas noches, Vicente y Luisa: habéis sido muy amables con nosotras.

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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