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Santos anónimos… vivientes

Santos anónimos… vivientes

Buenos días, Vicente… Temprano como es todavía, a las ocho de la mañana, paseando por el jardín, en actitud contemplativa: ¡Que sorpresa, yo creía que la oración la hacías en una de esas pequeñas capillas de esta gran mansión celeste…!

santos1Bueno, Luisa, así lo hago los días ordinarios, como bien sabes, pero hoy es un día muy especial: celebramos ayer la gran fiesta de nuestros hermanos, que han alcanzado ya la plenitud de la felicidad, que comparten con nosotros, en la contemplación extasiante de la Trinidad… Todavía no me he repuesto de tanta alegría y de tanta dicha… Por eso he salido al jardín a contemplar las otras maravillas de la creación… Pero yo tampoco esperaba encontrarte aquí…

Pues a mí me ha ocurrido algo  parecido, Vicente… ¡A ver si ha sido una inspiración para encontrarnos precisamente en este día y a esta hora, para unirnos en la oración por aquellos de los nuestros que todavía esperan la liberación definitiva y encontrarnos finalmente, y para siempre, en la casa del Padre…!

Es muy posible: ¡qué alegría encontrarnos los hermanos unidos en la alegría de la esperanza segura y de la unidad de corazones en la oración compartida…! Seguro que nuestros hermanos de abajo también se unen a nosotros en esta oración…

Así es, Vicente: ayer me  llamaron unos cuantas personas de nuestra familia vicenciana, de diversas partes del mundo, pidiéndome que intercediésemos para que los que ya han partido recientemente hacia esta otra orilla alcancen la meta final, es decir el encuentro definitivo en la casa del Padre… Confían, y mucho, en nuestro poder de intercesión, ya que nuestra vida estuvo dedicada al servicio de los más pobres… Dicen cosas muy bonitas de nosotros y de todos los que estamos aquí… También de los que esperan el encuentro definitivo con el Padre de todos… Unos y otros les sirven de punto de referencia para sus vidas, dicen algunos abiertamente y llenos de esperanza contenida…

Lo que me dices, Luisa, son signos muy positivos y produce muy buenas sensaciones, como dicen ahora los españoles, de que los nuestros, a pesar de los pesares y de que tantas cosas están cambiando ahora por esas latitudes terrestres, todavía hay vida y vida autentica que se nutre de las raíces que nosotros y tantos hermanos nuestros de aquí sembraron en la tierra abonada del tiempo y de la historia…

Te sorprenderá más aún, Vicente, saber que algunos han ido más allá y han aprovechado estas fiestas de “Todos los Santos” y de  los “Difuntos” para profundizar en el sentido de la vida, para seguir buscando en las entrañas de su yo profundo ssobre qué camino seguir de ahora en adelante… Más de uno ha llegado a la conclusión de que seguir corriendo como caballo desbocado detrás de pasatiempos sin rumbo fijo o de la fiesta continua, en la variada y multiforme gama que ofrece la sociedad actual, solo conduce al vacío existencial y a la frustración del aburrimiento, envuelto en disfraces de mil colores, sin brillo ni esplendor…

Me das una gran alegría, Luisa, diciendo esas cosas tan bonitas de los nuestros, que todavía corretean por esos caminos de la vida, entre sombras y penumbras, altibajos y zozobras… Ciertamente tendremos que volcarnos sobre ellos: que sientan de cerca nuestra presencia y nuestra experiencia de vida…

Eso mismo he pensado yo al escucharlos, Vicente. Pero me han sorprendido al decirme que sí, que nuestro testimonio de vida es muy valioso y estimulante, pero que quizá queda un poco lejos, que no les sirve del todo como referencia estimulante; y me han hablado de otros santos de hoy, que, copiando el testimonio de nuestra vida en el pasado, se presentan ante sus  ojos como más cercanos y de palpitante actualidad. Por decirlo de alguna manera: me han hablado de los “Santos anónimos… vivientes”.

Todavía me sorprendo más gratamente, Luisa. Me produce una alegría especial saber que han llegado tan lejos en su reflexión y actitud de búsqueda serena… Estoy ardiendo en deseos de escucharles…

Pues…, continúo, Vicente. Algunos de estos jóvenes que han conectado conmigo han empezado diciendo que los santos que hoy veneran han sido realmente admirables, pero humanos y bien  humanos, muy parecidos a ellos mismos en muchas cosas. Que algunos fueron, antes de ser santos, pecadores y hasta grandes pecadores; que otros alcanzaron la santidad bregando fuerte por los vericuetos de la vida… Han llegado a decirme que algunos de los santos del pasado han sido santos no por todo lo que hicieron, sino, incluso, a pesar de  lo que hicieron, siguiendo los módulos de santidad de su tiempo… Quieren decir que no todo lo que hicieron en su tiempo es imitable en nuestro tiempo, aunque sigan siendo admirables por el espíritu con que lo hicieron: son admirables pero no imitables para los seguidores de Jesús en nuestro tiempo…

Esto se eleva a la categoría de máximo interés, Luisa. Dejemos que estos jóvenes se expresen abiertamente…

Como son muchos los que se han puesto en contacto conmigo, con el fin de no alargarnos demasiado ni crear confusiones voy a dar la palabra sólo a dos jóvenes que han tenido contacto con numerosas personas y han participado en multitud de experiencias de la familia vicenciana, tanto en España como en el extranjero. Se llaman Enrique y Ana…

…Hola, Vicente y Luisa, ya estamos aquí… Venimos a contaros nuestras experiencias, nuestros encuentros con Jesús de Nazaret a lo largo de nuestra ya larga vida de corretear por los caminos de Dios…

Adelante, adelante, contesta Luisa, desde arriba: os oímos perfectamente… También vemos vuestros rostros cansados…

Hace tiempo venimos reflexionando Enrique  y yo, dice Ana, sobre los “santos” de nuestro tiempo, esas personas normales que caminan a nuestro lado sin darnos cuenta de su otra realidad: la profunda adhesión de sus vidas al mensaje de Jesús. A veces, ni ellas mismas se dan cuenta de que son antorchas vivientes, resplandor  de la Buena Noticia del Evangelio…

Todavía guardo en mí, continúa Enrique, el recuerdo cálido de un niño pequeño de Bolivia, sin padre ni madre, que se enamoró perdidamente de mí como amigo, como misionero, por los sencillos signos de amistad que le prodigué, por las buenas noticias de Jesús que le comuniqué… Se llamaba Jorge, tenía sólo seis años… Me puse enfermo y allí se quedaba él, a la puerta de la casita donde yo reposaba mis fiebres… Al volver para España me pidió que yo fuera su papá y que le llevará conmigo… Se conmovieron mis entrañas… Me di cuenta, con el tiempo, de que Dios y la Buena Noticia del evangelio había transformado el corazón tierno de aquel niño…  Le dediqué una canción que sigue enterneciéndome y haciendo llorar a las personas a las que cuento la pequeña historia de Jorge… Dios transforma la vida de las personas que le acogen con la sencillez de un niño…

santos2Volviendo a los adultos, continúa Ana, os puedo decir que conozco personas y experiencias de vida que emocionan y te hacen comprender que Dios actúa de lleno en sus vidas… Carmen, por ejemplo, de un pueblo de Murcia, con sus setenta y pico años a la espalda, a la que conocí en misiones populares, después de haber perdido recientemente a su marido y a uno de  sus hijos, allí estaba ella trabajando su pequeña huerta, colaborando en Caritas hasta el límite de su resistencia física, acogiendo y dando cobijo a emigrantes…

A Enrique se le encienden las pupilas recordando otros casos de calado emocional y de fuerte impacto en su vida. No citaré su nombre, dice, para no romper  su intimidad. Se trata de uno de los profesores  de nuestros cursos de inglés de verano. Querido a rabiar por los alumnos de una barriada pobre de Dublín, se jubila, pero sigue dedicándose, incansable, a sus niños y jóvenes de la barriada… Organiza actividades de todo tipo con ellos, algunos envueltos en problemas de droga y de carencias familiares serias… Recurre a sus amigos en busca de financiación para nuevos proyectos con sus jóvenes: hasta planifica un taller de teatro que  culmina en representaciones de  barrio… Es su método pedagógico para ayudar a estos jóvenes a recuperar su sentido de dignidad y de autoestima y, a la vez, una manera  de concienciar a los vecinos del grave problema de muchos niños y jóvenes de hoy… Aprovecha incluso sus veranos para colaborar con misioneros amigos que trabajan en barriadas pobres de países en vías de desarrollo. A veces, hasta motiva a sus jóvenes a acompañarle en esta tarea social y evangelizadora, consiguiendo recursos económicos para financiar sus campañas de evangelización en África con sus jóvenes…

Claro, que para poder hacer un hombre casado todas estas cosas, con aquiescencia familiar, necesita tener una esposa igualmente de santa que él…

Ana, impresionada por el último testimonio de Enrique, continúa: no menos impactante es el caso de una buena, “santa”, mujer de Albacete. La conocí hace tan sólo unas semanas. También quiero respetar su intimidad… Llamémosle Pepa. Ronda también los 75. Casada contra su voluntad por sus padres, según costumbres ancestrales de algunos pueblos de nuestra España profunda, pronto experimenta la nada sociable condición de su marido, como se estilaba llamar entonces al consorte, aunque fuera una persona de pronóstico reservado… Y llegan los hijos: uno, dos, tres… Ya antes de llegar los hijos, Pepa  había experimentado en su propia persona la agresividad innata del impropiamente llamado marido… La frecuente visita a las tascas, con la consiguiente ingestión de vino y de otras bebidas, agravaban seriamente la situación en casa, que, de vez en cuando, se extendían hasta a las hijas… Pepa se planteaba serenamente la separación… Pero, ¿Qué hacer con los hijos en una casa sin recursos…? Por fin, se decide, no puede aguantar más… Que sea lo que Dios quiera: ¡Dios me ayudará…! Y Pepa, apoyada por el derecho preferente del cuidado de los hijos por parte de la madre, echa al consorte de casa, quedándose en la pequeña casa con sus hijos…

Y ahí comienza otro tipo de problemas… Pepa, sin estudios, ni siquiera primarios, que entonces no eran obligatorios, a veces ni siquiera posibles, empieza la nueva odisea: sacar adelante su familia. Sin estudios, pero con mente clara y arrestos de mujer fuerte, se multiplica: pide a los amigos una pequeña ayuda y monta su propio negocio familiar… Asiste a clases nocturnas; completa los estudios primarios, hasta el título de monitora de tiempo libre, cuando está a punto de cumplir sus cuarenta años… Y aún le queda tiempo para ayudar como catequista en su parroquia…

Abuela ya, esta mujer coraje, todavía sigue ayudando a alguno de sus hijos sin trabajo, con la pequeña pensión de jubilada…

Y proclama con orgullo que su mayor satisfacción es haberse mantenido fiel a su ideal de familia unida y fiel a sus ideales cristianos…

Conozco otras mujeres, más jóvenes y cercanas a nosotros  de muy parecidas características, en otro sentido, claro, aunque parezca increíble en estos tiempos nuevos que nos toca vivir, añade Enrique. Voy a evocar tan solo una. Ésta es de Valencia, mejor vive en Valencia, aunque procede de una familia del norte. Llamémosle Clara. Más culta y en mejores condiciones económicas que Pepa, con un marido ejemplar y tres hijos encantadores  y de altos vuelos, queda viuda en plenitud de vida del marido.

Acepta con ejemplar esperanza cristiana su situación de viuda a los cincuenta y pocos años… Sigue vinculada al marido no solo en el recuerdo nostálgico del pasado sino en el cariño renovado día a día y en su ejemplo de vida creyente, que utiliza como referente de vida para ella misma, para sus hijos y para sus nietos…

Contenta con su aceptable condición económica, dedica su tiempo y su vida entera a la evangelización, en forma de catequesis para padres que quieren educar a sus hijos  en la fe y en la práctica de vida cristiana comprometida…

Por otra parte, es la abuela más cariosa y entregada a sus nietos que uno puede imaginarse. Ejemplo de coherencia de vida cristiana, reparte alegría, confianza y fortaleza por los caminos que recorre a lo largo del día; incluso es el refugio y apoyo fuerte para uno de sus hijos, cuyo matrimonio ha resultado un fiasco…

Mirando a Enrique, Ana sentencia sonriente: no podemos olvidar, dice, a esos amigos nuestros, jóvenes de nuestro entorno, ellos y ellas, que dedican lo mejor de sí mismos a tareas de evangelización, utilizando las mil  maneras diferentes que nos ofrece nuestra sociedad tecnificada: los medios de comunicación social, la palabra hablada y escrita, los encuentros y reuniones de formación, las misiones populares y un largo etc. Combinan trabajo profesional y vocación evangelizadora, en el más alto grado que puede esperarse de personas que viven de su trabajo… Jóvenes hay que renuncian a sus vacaciones para dedicarlo a la más alta aspiración de sus vidas: anunciar la buena noticia de Jesús de Nazaret en su entorno y en las mil periferias de nuestra sociedad…

Realmente es admirable lo que contáis, exclaman al unísono Vicente y Luisa… Vemos que todavía sigue viva la llama del evangelio en las plazas y en los pueblos, en las ciudades y en los suburbios… Nos alegramos y nos congratulamos con vosotros y con todos los miembros de nuestra familia del planeta tierra, que siguen empeñados en continuar la gran tarea que nuestro Buen Dios nos encomendó. Contad con nuestro apoyo y nuestra oración especial en este día que celebramos la fiesta de la plenitud de felicidad en la casa del  Padre, donde finalmente colmaremos nuestros  y vuestros anhelos de crear un hombre nuevo y una tierra nueva…

Gracias a vosotros, Vicente y Luisa, que nos acogéis y nos animáis a seguir sin desmayos el camino comenzado… Transmitiremos a los nuestros vuestro apoyo incondicional y vuestra oración especial… Gracias y buenos días. Seguimos en contacto…

Gracias, Enrique y Ana, hasta que queráis…

3 Comentarios

  1. María

    Felix, entrañable tu conversación con tus Padres Espirituales. Nosotros también vivimos con alegría estos días de oración comunitaria junto a nuestros hermanos del Cielo en intercesión por los hermanos del purgatorio. Es muy reconfortante y esperanzador vivir en el Pueblo de Dios.

    Un abrazo fuerte. María y Alberto

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  2. Paula

    El tema resulta tremendo, fuerte, directo y contundente por donde cojas el artículo. Al mismo tiempo desparrama frescura, optimismo, vida y lanza una dulce llamada a perseverar en lo bueno que hemos recibido y aprendido, contagiándolo a cuantos se relacionen con nosotros y sembrando la esperanza de que no todo está perdido, porque hay un Padre que todo lo bueno lo conserva y actualiza.

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  3. Josico

    Gracias Félix por deleitarnos con tus sencillos y tan juveniles relatos. Estamos rodeados de gente buena que son en puro reflejo del amor y misericordia de Dios. Gracias y unidos en Xto.

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  1. Perdamos los miedos a manifestar lo que somos y creemos… » El blog de Félix Villafranca, C.M. - […] último diálogo de Vicente y Luisa “Santos anónimos… vivientes” ha hecho pensar a más de uno… Unos han expresado…

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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