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Presencia de la Familia Vicenciana en la JMJ de Madrid

Presencia de la Familia Vicenciana en la JMJ de Madrid

Parece, Vicente, que nuestros dos recientes diálogos sobre el encuentro de JMJ en Madrid va teniendo eco entre los nuestros. He recibido ya algunas llamadas pidiéndonos que continuemos nuestra marcha hablando de lo que nos pareció el encuentro previo con los de la familia, quiero decir con la representación mundial de la Familia Vicenciana en ese multitudinario encuentro.

Pues sí que son impulsivos e impacientes esos jóvenes vicencianos españoles. Ya les dimos nuestra palabra de que así lo haríamos en cuanto nos lo permitieran nuestros compromisos sociales con los pobres. Lo primero es lo primero. Y en estos momentos nuestra preocupación por la población desolada del Cuerno de Africa es nuestra primera prioridad. Ojalá tengan ellos tanta prisa en ayudarnos a resolver tanta miseria y destrucción masiva de vidas humanas…

No te enfades, Vicente, que una cosa no está reñida con la otra. Si bien lo miras, hasta pueden ser complementarias, pienso que pueden complementarse un interés con el otro. Si se empapan bien del mensaje del Papa que les hemos trasmitido en el último diálogo, seguro que más de uno quedará impactado y querrá hacer algo por los más pobres de los más pobres, como es ahora el caso del Cuerno de África. Ya lo verás. Incluso me atrevo a pensar que más de uno se planteará la posibilidad de fundar una Comunidad de JMV allí.

Veo que, a pesar de tu timidez congénita, mantienes al alza tu espíritu vivo y entusiasta por los  pobres, como en tus mejores tiempos… Pues, puestos a soñar, soñemos juntos que algunos y algunas  de estos jóvenes sean valientes, siguiendo las consignas del Papa, y se interroguen, intrépidos y sin miedos, sobre otro punto tocado explícitamente por el Papa sobre la vocación, que podemos traducir para los nuestros así: “que vale la pena seguir a Cristo más de cerca, en la compañia de las Hijas de la Caridad o en la Misión de los Padres Paúles”. Serían los frutos más maduros y gratificantes de nuestro acompañamiento en la gran fiesta joven de Madrid. Lo celebraríamos por todo lo alto. Tenemos nuestros móviles y nuestros ordenadores abiertos las 24 horas, día y noche: no tengáis miedo en importunarnos… A ver quién se pone primero en contacto con nosotros y nos da el alegrón. ¡Últimamente estamos tan escasos de estas llamadas urgentes…!

¿Te parece, Vicente, que empecemos ya con el tema que nos ha traído aquí este tarde, nuestras sensaciones  en el encuentro con los nuestros en Madrid, con motivo de la JMJ?

Adelante, Luisa, pero no te dejes llevar en exceso de tu amor y ternura de madre. Seamos objetivos y digamos con cordura y objetividad lo positivo y las deficiencias… Para empezar yo diré que fue una idea estupenda, eso de juntarnos en familia tres días antes del encuentro general, digna de ser repetida en todos estos encuentros mundiales de la juventud. Primero porque supone un estímulo para nuestros jóvenes para acompañar al Papa en estos acontecimientos de repercusión mundial; después porque es también una ocasión única para encontrarnos toda la Familia Vicenciana, conocernos, revisar e impulsar nuestros ideales y proyectos vicencianos, celebrar juntos nuestra fe y adhesión vicenciana y un largo etc. de razones obvias…Pudimos constatar que formamos también una gran familia dentro de la Iglesia. En esta sociedad  de banderas, símbolos y estandartes produce un cosquilleo inter¡or particular ver hasta 35 banderas de otros tantos países del mundo, alfombrando el altar de la Basílica de la Milagrosa, como símbolo de la unidad y de la firmeza de nuestra adhesión vinculante al ideario común vicenciano en el mundo…¡Y había más de dos mil jóvenes vicencianos de esas 35 nacionalidades!

Pues no me vas a la zaga en eso del sentimiento paternal y emotivo hacia los nuestros, Vicente, por lo que estoy viendo y oyendo…Yo personalmente resaltaría también la simbiosis de los idiomas más representativos de los asistentes, el libro común, con las correspondientes traducciones, que permitía seguir a todos la dinámica de la oración y de las celebraciones… Los temas propuestos para estas celebraciones y oraciones estaban en perfecta sintonía con los temas centrales de la JMJ: fundamentalmente en torno a la fe, al seguimiento de Jesús, sin miedos ni caretas, y consecuentemente, con la exigencia de dar pasos firmes en la respuesta a la llamada personal… Quizá los cantos adolecieron de demasiado unilaterales y machaconamente en español. Justo es reconocer, sin embargo, que el conjunto de los cantos estuvo, en general, muy bien preparado y escogido, con el soporte de un coro que obviamente había invertido un buen  puñado de horas en los ensayos…

¿Cómo no resaltar también, Luisa, la profundidad de los mensajes lanzados en las celebraciones desde el primer momento? Y no solo a través de la palabra hablada, sino desde la expresión dramática y de las dinámicas escogidas. Los “clowns” o payasos sabían bien lo que  querían transmitir a la audiencia, sin micrófonos ni auriculares. Invitaron, en primer lugar, desde el primer momento, a quitarse las máscaras, que todos llevamos  en el subconsciente. En el contexto, la interpretación de este gesto era clara: si queremos ser nosotros mismos y seguir a Jesús en autenticidad  hay que quitarse las caretas y disfraces, hay que decidirse de una vez por todas a no jugar entre el sí y el no, entre el ahora y el después, según las circunstancias. Es un lenguaje que entienden muy bien los jóvenes, obligados tantas veces a hacer el paripé, según el grupo de amigos con el que se juntan… En esta misma línea podemos encuadrar la representación del pasaje de acogida al pobre, al carcelario, al enfermo… de Mt. 25: no bastan las palabras bonitas de maquillada espiritualidad, solo la acogida real y concreta llena de sentido el mensaje de Jesús en este pasaje de su evangelio. Y esta es nuestra línea llamada vicenciana ¿no, Luisa?

 Por supuesto que sí, Vicente. Creo, que fue también un acierto poner la celebración del sacramento de la reconciliación y de la paz interior la tarde del sábado 13, justo al día siguiente de llegar: era  una ocasión propicia para adentrarnos en el encuentro con la paz profunda en el corazón y el ánimo bien dispuesto. Y en estos tiempos en que los jóvenes no tienen demasiadas ocasiones para gozar de este sacramento más aún.

Igualmente estuvo muy impactante la dinámica de descubrir tu rostro y ponerlo en el pedestal, invitando al servicio de los pobres. Esta dinámica tuvo lugar en la Eucaristía dominical del día 14, en la iglesia de San Juan de la Cruz. En esta iglesia, sin columnas y con una multitudinaria capacidad, de mañanita, con las mentes bien despiertas…, todavía resultaba más impactante.

No fue menor el impacto del regalo precioso que nos llegó por paquetería especial y que contenía nada más y nada menos que el icono de la Medalla Milagrosa. Y el regalo llegó justo al empezar la gran Vigilia Mariana en la Basílica de la Milagrosa de Madrid, a la hora oportuna, bien caída la noche, como corresponde a este tipo de celebraciones. Suponía una renovación en profundidad de nuestra devoción a María Milagrosa, que la Familia transmitió, desde pequeños, a los nuestros y, a la vez, el gesto significativo del compromiso solidario de propagar dicha devoción, como el legado más preciado que se nos han confiado  a la entera Familia Vicenciana.

Muy bonito también el montaje preparado por el grupo de Juventudes Marianas de Perú, en el que combinaban con maestría de expertos el lenguaje audiovisual y la vicencia personal de Catalina durante el tiempo de las Apariciones…

Hay que resaltar, igualmente, Luisa, la presencia, en esta Vigilia, de toda la plana mayor de la Familia Vicenciana: P. General, Gregorio Gay, mi sucesor en el Gobierno de la Familia, los Visitadores,   Visitadoras y Directores de casi todas las Provincias Vicencianas de España, junto con muy numerosa representación de Hermanas, Padres paúles y directores de los distintas ramas de la Familia Vicenciana, incluido el presidente internacional de las conferencias de San Vicente de Paúl, que precisamente  viene del extremo oriente.

Dentro de este contexto de presencias significativas debe tener un lugar destacado el adiós del actual Director Nacional de JMV, P. Juanjo González,  y la presentación del nuevo  Director, P. Oscar Muñoz. En su homilía, el P. Oscar estuvo especialmente acertado. Destacó tres momentos providencialmente coincidentes: en este Sept. hacía 20 años que comenzó a caminar en JMV; en segundo lugar destacó que sintió la llamada a ser misionero paúl cuando estaba sirviendo como enfermero a los más pobres de entre todos los pobres, los enfermos psiquiátricos; y en tercer lugar que en el mismo momento en que el P. General le confirmaba en el cargo de Director nacional de JMV se encontraba haciendo un curso en París, estancia que aprovechó para visitar muchas veces la capilla de las Apariciones y encomendar muy especialmente a la Virgen Milagrosa la  Familia Vicenciana en general, pero, muy en particular, la Familia de JMV de España y del mundo.

Las Catequesis mañaneras por grupos lingüísticos, así como las plataformas de diálogo por la tarde, a la hora de los talleres, fue otro factor  que contribuyó enormemente  a aclarar ideas y a reforzar los lazos de  unidad y de  entusiasmo de la famila, al menos a nivel de grupos lingüísticos. El grupo lingüisico de español gozó  de la intervención de dos especiales interlocutores: el obispo vicenciano argentino, Don Vicente Bocalic, recientemente nombrado obispo auxiliar de La Plata, y el mismo P. General. Quiero destacar la breve intervención del P. General en favor de la necesidad de utilizar las redes sociales modernas como medio de evangelización. Insistió una y otra vez en la necesidad urgente de la utilización de estos medios. Creo que tu  pequeño método, el de tus  misioneros de siempre, de hablar con sencillez a la gente sencilla, y a todos en general, es perfectamente adaptable a los nuevos tiempos de internet y demás medios de la red, como estamos comprobando en estos sencillos diálogos que estamos manteniendo entre tú y yo.

Aunque sigo siendo un duro y austero gascón, tengo que decirte, Luisa, que la fiesta de familia en el patio del colegio de Marillac, tocó mis fibras sensibles. El compartir el bocata, la risa, el son y las danzas de nuestros lares familiares siempre produce una sensación muy especial. Fue bonito ver como hasta los chinos, vietnamitas, filipinos u orientales en general trataban de imitar a las vibrantes bailaoras andaluzas. Hubo momentos en que parecía que aquello era como una multitudinaria escuela de flamenco: ¡cómo electriza a las masas el cante de nuestros queridos andaluces! ¡Aquello sí que era una fiesta compartida y contagiosa! El festival Vicenciano de la tarde-noche del 15 no se olvidará fácilmente.

Conviene insistir, no obstante, Vicente, más allá de la fiesta y del ambiente de Familia unida, en el aspecto de la seriedad del mensaje transmitido a los nuestros, a lo largo y a lo ancho de nuestra particular jornada vicenciana, en el gran encuentro de JMJ en Madrid. Creo que debes intentar sintetizarlo tú…

Me parece muy bien, Luisa. Ya desde el principio, en la misma  celebración de acogida, se dejó claro las líneas motrices del encuentro. La monición ambiental fue claramente incisiva. Decía así:

“¡Bienvenido! ¡Que alegría verte aquí! Después de tanto tiempo, tanto esfuerzo… lo has logrado, has llegado a Madrid. ¿Qué te ha traído hasta aquí?, ¿qué buscas?,¿quieres descubrir algo nuevo en tu vida? Has llegado hasta aquí no como un turista con su cámara, ni como un simple espectador, sino como peregrino con tu mochila. Has salido de tu país, de tu ciudad…, has salido de tu comunidad, de tus amigos y de tu entorno…; por eso, te animo a que superes tu  pereza y tu cansancio y  recargues las pilas durante estos días como persona, como cristiano y como vicenciano. Dios lo tiene claro, durante estos días quiere estar contigo. ¿Y tu?”

A mi también me impactó esta primera monición ambiental, Vicente.  Marcaba la linea programática de nuestro encuentro de familia. Y, en verdad, todo  apuntaba a dar la respuesta correcta a estos planteamientos. La primera lectura de esa misma celebración de acogida invitaba con fuerza a recorrer el camino de fe de Abraham. Las letras de los cantos seleccionados insistían machaconamente en esa misma dirección. Como muestra valga este botón: “quiero ser tu amigo/quiero ser tu casa/ser tu confidente/ser de ti, palabra”

Y qué me dices, Luisa, del himno de JMV de España, vibrantemente cantado a la largo de toda la convivencia… Remarcaba insistentemente la urgencia del seguimiento de Jesús, el maestro,  amigo y confidente de los jóvenes de hoy y de siempre. Un seguimiento que ha de ser en fidelidad inquebrantable, sin miedos ni zozobras, en la seguridad y confianza de que Él nos acompaña en el camino:

“Por eso, ven y sígueme,
Tú y yo podremos caminar unidos,
Ven y sígueme.
Por eso, ven y sígueme,
tú que me escuchas,
tú que buscas y no encuentras,
ven y sígueme.
Por eso, ven y sígueme.
Una mirada limpia, un palabra nueva
y todo cambiará por ti y por mi”

Ahora que lo citas verbalmente,  Vicente, hasta suena distinto, más cercano e intimista.

Bueno, Luisa, yo creo que ya es bastante por hoy. Según el programa que nos hemos trazado, sobre este gran acontecimiento mundial, solo nos que esa carta amistosa que queremos enviar a nuestros amigos “indignados” del 15-M

Ya me había olvidado de ese asunto…

Buenas noches, Vicente.

Buenas noches, Luisa

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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