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María, referente de nuestra fe (I)

María, referente de nuestra fe (I)

Buenas tardes, Vicente… Fresquitas, como corresponde a este otoño suave, pero agradable. Vamos, que casi parece primavera… Hacía tiempo que no me llamaban estas chicas de JMV, pues hoy me han vuelto a llamar para comunicarme que, como estamos celebrando en toda España la Novena de  la Milagrosa, bien merece la pena aclarar un poco un punto muy importante para todos, pero sobre todo para los jóvenes de hoy..

Buenas tardes, Luisa… Muy oportunos estos jóvenes: bien por ellos… Me imagino que, con tu habitual amabilidad, les has dicho que, por nuestra parte, encantados de volver a dialogar con ellos…, y más aún si traen un tema tan importante como dicen… Me imagino que es sobre…

No te equivocas, Vicente, es sobre la fe… Siempre ha sido difícil aclararnos sobre este tema, pero hoy, la verdad es que lo tienen difícil nuestros jóvenes: parece que está de moda decir que eso  es un tema del pasado, que lo importante es vivir a tu aire, sin pensar en más cosas ni del pasado ni del futuro; que lo de la fe es algo que casi suena a raro en nuestra sociedad…

¿Y quienes son nuestros interlocutores de hoy? Es importante que sean de una cierta madurez, que hayan experimentado ellos mismos los avatares de la fe y de  la duda…

Creo que han elegido bien, Vicente. Además son nombres muy apropiados para este momento. Se llaman José y Maria, y representan a un grupo de JMV de Albacete. Son universitarios de pro, vamos que se distinguen por su brillantez en los estudios y por su buena imagen entre  sus compañeros de curso… Rondan ya los 22 añitos, a punto de terminar su carrera…Están ya al otro lado del skype, esperando nuestra señal…

Buenas tardes, Vicente y Luisa. Aquí estamos ya, impacientes por escuchar vuestros sabios consejos sobre un tema que nos preocupa. Somos José y María y venimos en representación del grupo de JMV del colegio de la Inmaculada de Albacete… Muchas veces hemos hablado en nuestras reuniones a lo largo de los años sobre el tema de  la fe, pero es que, en este año de la fe y en estos momentos en que estamos celebrando tan solemnemente la Novena de la Milagrosa, nos parecía obligado hablar con vosotros y compartir nuestras ideas… Por supuesto que, al hablar de este tema, no podemos obviar hablar de María, como modelo de nuestra identidad…

Buenos días, José y María, suenan al unísono, desde la lejanía, las voces de Vicente y Luisa. Por lo que decís vemos que estáis muy bien enfocados. Nosotros nos congratulamos de que hayáis tenido esta confianza de venir a dialogar con nosotros. Así que adelante, adelante…

La última reunión que tuvimos sobre este tema, se adelanta María, fue muy interesante. A uno del grupo se le ocurrió la feliz idea de  proponer hablar primero sobre lo que no es la fe, para poder entender mejor, después, lo que es la fe… Y empezó diciendo: “Yo creo que hay que dejar claro que la fe no es visión de Dios, ni pura razón, sino algo intermedio, por decirlo de alguna manera; es como una luz proyectada en la pantalla de nuestra razón que nos ayuda  a descubrir a Dios más allá de las posibilidades de percepción de nuestros sentidos…”

Sin dejar terminar este pensamiento, corta José, otro del grupo, con tintes de poeta, y aires de haberlo pensado muy bien, continuó: “Tampoco es un tranquilizante, sino un combate, un remar violento contra las olas del mar embravecido… Menos aún podemos considerar la fe como  un sentimiento, más bien es una convicción razonable, aunque superior a la razón… Ni es una evasión, una huida del mundo, sino una visión nueva, auténtica, mucho más rica del mundo y de lo que existe… No es negación sino afirmación; no es ignorancia, sino sabiduría; no es destrucción de la personalidad del hombre, sino crecimiento del hombre hasta su plenitud; no es atrofia de los sentidos, sino superación de los sentidos, es como un sexto sentido superior… No es una porfía, sino un diálogo amistoso; no es una pregunta, sino una respuesta; no es egoísmo, sino servicio… No es desprecio del mundo, sino una entrega a él con amor: es necesario amar para creer, pues la fe es un ofrecimiento total y una posesión total; el que cree lo hace por amor. Búsqueda, ansiedad, riesgo, aventura…, se hermanan en la fe con alegría, paz, seguridad y confianza…”

Bueno, bueno, no le dejaron ni terminar su inspirada parrafada a nuestro amigo, apoya María. Todos le dimos un aplauso y quedamos  unos momentos en silencio reflexivo. Por fin entramos a perfilar más directamente lo que, a nuestro entender, se aproximaba más al sentido auténtico de la fe. Cito algunas intervenciones que tengo apuntadas en mi cuaderno:

“La fe es una actitud humilde, apuntó alguien, una aceptación silenciosa y reflexiva, un caminar continuo, sin desfallecimiento al encuentro definitivo con Dios. Nunca terminaremos de creer del todo, porque Dios no cabe en  nuestro pequeño cerebro. Por eso nuestra actitud correcta será siempre la de aquel buen hombre del evangelio que le dijo a Jesús: Señor creo, pero aumenta mi fe…”

Una amiga que había empezado a hacer escarceos en teología para seglares, continuó: “La fe es la venida de Dios a nosotros; Dios que penetra en la inteligencia del hombre; es una luz de Dios que ilumina y levanta nuestro espíritu por encima de lo normal; es Dios mismo que atrae a todo hombre a conocerlo y a participar de lo que Él es y de lo que Él sabe…”

Todavía tengo reseñada otra intervención de los nuestros, continúa María, que mereció los elogios de los reunidos. Dijo nada más y nada menos que lo siguiente: “La fe es ante todo la adhesión humilde de la inteligencia, empujada por la voluntad, a la palabra de Dios. Dios es pues y solamente Él, el objeto de nuestra fe; su palabra es el faro que ilumina su imagen, su poder y su sabiduría; es también la roca en la que se apoya la debilidad de  nuestra firmeza en la fe…”

Vicente y Luisa ya no podían aguantar más  sin intervenir en la exposición del tema. Abiertamente  dijeron a José  y a  María: “Chapeau, José y María, habéís estado brillantes en vuestra intervención, se ve que realmente los miembros de vuestro grupo de Albacete es de los que ya no se ven por ahí, que está al loro en el planteamiento de su fe y en buscar respuestas lúcidas a los problemas que entraña nuestra fe en una sociedad como la nuestra… ¿Os parece que entremos ahora a bucear en el sentido de la fe de María, la razón por la cual podemos considerarla como referente de nuestra fe…?

Nos parece perfecto, eso es precisamente lo que veníamos buscando en vosotros María y yo. Así que dadnos vuestras vivencias en este sentido….

Luisa, sin dar tregua, entra en acción: “Os invito a mantener vuestra imaginación creativa y vuestros ribetes de poetas… Vamos a entrar despacio, los pies descalzos, en el pequeño oratorio personal de María. Ella, como buena hija de Abrahán, mantenía viva, a flor de piel, la esperanza mesiánica: estaba convencida de que el Salvador estaba ya al caer, llamando a las puertas de la casa de Israel… Todos los días recitaba en actitud contemplativa las palabras del profeta Isaías: <¡Destilada cielos vuestro rocío, lloved nubes al Justo. Que se abra la tierra y que germine el Salvador!> Y aquel día tan especial, de pronto, un resplandor inusitado inunda su santuario doméstico. El rostro de María se enciende; sus manos se mueven temblorosas ante el misterio, sus oídos no aciertan a entender del todo aquella voz angelical que la saluda: <Llena de gracia, he aquí que concebirás y darás a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y llamado Hijo del Altísimo…> Temblorosa, anodadada, María bisbisea: <¿Cómo será eso si no conozco varon?>

No duda, no pide explicaciones racionalistas. Solo quiere conocer mejor la voluntad de su Dios para poder cumplirla más perfectamente. Y la respuesta, nítida, diáfana, penetra sus oídos vacilantes:<El  Espiritu Santo descenderá sobre tí y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra…> Y María se sumerge en la palabra de Dios anunciada por el ángel. Calla, acepta y contempla. <He aquí la Esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra…>

Y María, que no podía contener en su pecho tanto gozo, corre a compartir con su prima Isabel la buena noticia, continúa Vicente, que ya estaba impaciente por intervenir. Y Dios, por boca de Isabel, proclama la grandeza de la pequeñez de su esclava. <Bienaventurada tú que has creído porque tendrá cumplimiento lo que te ha sido prometido de parte  del Señor>, concluye Vicente.

Podríamos decir, continua Luisa, que este es el resumen de la vida de María: actitud de humilde sumisión contemplativa ante la palabra de Dios. Cada paso que da, cada respiro, cada pensamiento es un sumergirse profundo en Dios; cada mirada a la debilidad de su hijo en Nazaret, que llora, que tiene hambre y sed como los demás niños, es un éxtasis de fe; las palabras de  su pequeño constituyen un ahondamiento en el misterio de Dios: <María conservaba todas estas cosas en su corazón>

Por eso Jesús podrá proclamarla públicamente más bienaventurada por su fe que por su maternidad biológica: <Bienventurado el vientre que te llevó y los pechos que te dieron de mamar>, grito una madre en medio del gentío, tal vez queriendo congraciarse con el  Maestro. Y Jesús, sin negar este elogio de aquella buena mujer, más bien  lo reafirma y lo despoja de un sentimentalismo maternalista: <Bienventurados, más bien, los que escuchan la palabra de Dios  y la ponen en práctica> Como si dijera, <Mi madre es ciertamente dichosa por ser mi madre, pero más dichosa aún por ser la persona que mejor ha escuchado la palabra de Dios y la que mejor la  ha hecho vida personal…>

Y en el Calvario, prosigue Vicente. María escala las más altas cumbres de fe que criatura alguna puede jamás alcanzar. Aquel retoño de sus entrañas, heredero del trono de David, liberador y restaurador del  pueblo de Dios, como se le había anunciado; Aquel yacía ahora sangrante en la cruz, impotente y abandonado de todos, hasta de sus amigos más íntimos. Y a pesar de todo, Aquel hijo de su esperanza y de su amor, seguía siendo, en su mente y en su corazón, el Rey del  universo, el Redentor del  mundo, el Salvador de las naciones… ¡Como creció junto a  la cruz a fe de María en el misterio de Dios! Una vez más, y en esta ocasión más que nunca, ella no era más que la humilde esclava de su Señor que acepta sumisa el misterioso proceder de Dios…

Yo creo que debemos dejar por ahora este intercambio tan enriquecedor de ideas,  para no atiborrarnos; dejémoslo reposar unos días y volvemos al tema en cuanto nos sea posible, ya  que está resultando realmente interesante… ¿no os parece, José y María?, insinúa Luisa, llena, como siempre, de sentido práctico…

Nos parece acertado, no conviene ser pesados, asienten José y María mirando  sus relojes…

Pero creo que es conveniente para el próximo encuentro recomendar a los  nuestros que se tomen en serio profundizar en este tema apasionante de la fe, tomando a María como referente fiable…, concluye María.

Buena idea, asiente Vicente… Para hacerla realidad podemos recomendar a los nuestros, de Albacete y de todo el mundo mundial de la Familia Vicenciana en general, que entren en nuestra web y en este mismo blog y se lean despacito y en actitud de búsqueda profunda los siguientes temas:

En la web “vicencianos.org” se encuentran los temas siguientes:

Y en este mismo blog se encuentran nuestros diálogos con compañeros vuestros de JMV y de Feyda. He aquí posibles fuentes de inspiración para una reflexión serena sobre la fe:

De verdad que la lectura reflexiva sobre todos estos temas, concluye Vicente muy persuasivo, proporcionará a los nuestros material abundante para la celebración de este año de la fe y para estimularse en la celebración agradecida de los cultos de estos días de la Novena y  de los Triduos de la Milagrosa. Animad a los vuestros para hacerlo así…

Buenas tardes, Jose y María. Gracias por vuestras valiosas aportaciones y por vuestro entusiasmo.

Gracias, Vicente y Luisa. Nos habéis impactado más de lo que podéis pensar… Hasta pronto.

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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