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María, camino de Juventud (2)

María, camino de Juventud (2)

Buenas tardes, Vicente y Luisa, saludan Rocío y Juan, mientras miran a la pantalla y se colocan los auriculares… Han pasado ya varios días desde el primer diálogo y los nuestros nos envían a proseguir el tema con vosotros…De verdad, que la imagen que les habéis transmitido de nuestra buena amiga María les ha impactado: nunca la habían imaginado así de cercana y sencilla: casi, casi, como una más de nuestras jóvenes, salvadas las distancias del tiempo y del lugar, claro…

Buenas tardes, Rocío y Juan… Vicente y yo nos alegramos de veros de nuevo… Pero nos alegramos más aún de que causara tan buena impresión en vuestro grupo lo que hablamos el otro día… Esto quiere decir que estamos en buena sintonía. A ver si la mantenemos intacta…

Hablamos el otro día más bien de la vida escondida de María en Nazaret…Nos gustaría que comentaseis algo de la relación de María con Jesús durante su vida pública y con la naciente comunidad creyente, insinúa Juan…

Buena idea, Juan, asienten Vicente y Luisa, casi al unísono… Aunque, de alguna manera, algo hemos insinuado ya en este sentido… Podríamos decir que la presentación de Jesús en el templo, siguiendo la tradición popular y religiosa, es la primera escena oficial de la vida pública de Jesús… Y María está allá como humilde seguidora de los planes de Dios… Mira, escucha, observa, ora y, sobre todo, contempla y profundiza sobre lo que se dice del Niño. ¡Cómo se debieron grabar en lo más profundo de su ser las palabras del anciano Simeón: “Este Niño está puesto para que todos en Israel caigan y se levanten; será una bandera discutida, mientras que a ti una espada te traspasará el corazón…!”

Cierto, corta Luisa, seguramente María, como toda buena madre, en momentos parecidos, está especialmente sensibilizada para escuchar todo lo que se dice de su pequeño: es como un preanuncio, como una profecía, que guardan muy bien las madres en lo íntimo de su corazón… Y, a lo largo de los días y de los años, en confrontación directa con los acontecimientos, fue anotando en el libro de su mente, los paralelismos de los hechos con el preanuncio de aquel santo anciano Simeón… La persecución del Niño desde el primer momento de su nacimiento, la huida a Egipto, las sonrisas maliciosas de los vecinos y parientes del entorno, las opacidad de mente de los discípulos, el rechazo frontal de los lideres religiosos, la condena a muerte ignominiosa…, son espadas puntiagudas que fueron clavándose, una a una, en el corazón de la madre, dolorosa y sufriente, pero de pie, erguida, Madre, fuerte, fiel a su llamada, a su misión, hasta el final…

Has estado brillante, Luisa, asiente Vicente, mientras aplauden Rocío y Juan. Pero todavía nos falta algo importante para resaltar en todo su esplendor el carácter valiente, hasta atrevido, de María. Me refiero a su protesta formal formulada en su Canto Magnificat. Hasta hace bien poco, se tenía ese pasaje del evangelio como un canto de alabanza o simplemente de acción de gracias… Hoy, en el contexto de nuestra sociedad actual, tiende a verse como un canto-protesta… Sí, sí, digo bien: PROTESTA. No os asustéis Rocío y Juan: la fidelidad a Dios implica, exige, la opción y defensa valiente de los pobres, de los marginados, de los sin techo…: los pobres son el rostro de Dios, el objeto preferencial absoluto de su amor y entrega…

Vaya, vaya, Vicente, interrumpe Rocío. Si no he entendido mal, María, en su canto Magnificat, protesta contra los ricos, contra los poderosos, contra los que abusan de los demás…Bueno, pues de aquí a pensar que María podría haber estado con una pancarta en la puerta del Sol el 15M hay un paso, ¿no?

Si matizamos el sentido y el modo de ese hecho, se atreve a decir Luisa, no es descartable esa posibilidad… María nunca se hubiera metido en algaradas callejeras, ni hubiera dicho palabras gruesas contra nadie, ni hubiera condenado a uno o a varios colectivos en general, sin distinción de personas ni de circunstancias… Ella sería hoy la joven que calla sin otorgar ni asentir a lo inaceptable, a lo aparentemente irremediable; hubiera sido la joven reflexiva que analiza, profundiza y decide desde dentro, desde su coherencia de vida, desde un compromiso radical de vida en servicio de los más necesitados y desposeídos… Es lo que se desprende de sus palabras: “Se ha fijado en su humilde esclava…” Pero, desde su pequeñez consciente y aceptada, se pone de parte de Dios con decisión y confianza: “Su brazo interviene con fuerza, desbarata los planes de los arrogantes, derriba del trono a los poderosos y exalta a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos…” Estas palabras son como el programa de su vida…

Si esto es así, como parece, completa maliciosamente Juan, los indignados de la Puerta del Sol tendrían mucho que aprender de esta jovencita, entre tímida y decidida, pusilánime y valiente, frágil de cuerpo y fuerte como una roca de espíritu…

Estoy contigo, añade Rocío, con una sonrisa complacida de las palabras de Juan. Es una joven valiente y decidida: lo veremos en profundidad a medida que nos adentramos en su vida… Pero, ya lo vemos con claridad en el sentido profundo de este pasaje: es toda una declaración abierta en favor de los marginados y, a la vez, un grito fuerte de protesta contra los que abusan del poder y de su situación de privilegio…

Vicente cambia de onda y dice: después de años de silencio en el rincón entrañable de Nazaret, de nuevo aparece María, en familia, yendo al templo de Jerusalén a celebrar la Pascua, según los preceptos de la ley… Jesús tenía exactamente 12 años, recalca, tal vez maliciosamente, el evangelista. Ya hemos dicho algo de este pasaje en el encuentro anterior. Convendría destacar que, quizá, lo que aparece claro en este pasaje es que Jesús quiere tomar distancias de sus padres. No podemos atribuir a una travesura sin sentido el distanciamiento u ocultamiento de sus padres por parte de Jesús, sino más bien a un acto bien pensado en el que quiere afirmarse como persona en libertad, con una conciencia clara de su misión, la misión que el Padre le ha encomendado… María queda desconcertada con la respuesta de Jesús: “¿No sabíais que tenía que ocuparme de las cosas de mi Padre?” María no entiende, de momento, lo que Jesús quiere decir exactamente… Pero lo archiva en su mente y en su corazón, lo rumia, lo profundiza, lo saborea y lo va asimilando, poco a poco, en la observación atenta del proceder de Jesús, día adía, según iba creciendo en edad, sabiduría y gracia. Elegida, privilegiada, única en la relación con Jesús y en su participación en su obra salvadora, pero también peregrina de la fe…; por eso María es también modelo acabado del largo proceso de maduración de nuestra fe en Jesús…

Se me ocurre otra reflexión en torno a este pasaje, añade intuitiva Luisa. Yo creo que los padres preocupados por la buena educación de sus hijos deberían tomar este relato como un referente, algo sobre lo que tendrían que reflexionar en profundidad: está bien educar a los hijos según sus propias convicciones y creencias, pero respetando siempre la intimidad, la individualidad, el “misterio” de la vida interior del hijo, patrimonio exclusivo de Dios, por decirlo de alguna manera. Dios es el único dueño absoluto del destino de las personas. Toca a los padres respetar este misterio y potenciar al hijo para la realización plena del proyecto de Dios sobre su vida. Y María cumple este papel en la vida de Jesús de maravilla… Así que, desde este aspecto, María es también modelo acabado de respeto a la interioridad del hijo y de disponibilidad al servicio de su plena realización…

¿Y cómo interpretáis lo de las Bodas de Cana?, dice tímidamente Rocío. A mi personalmente me encanta este relato. Creo que María aparece aquí en todo su encanto femenino: servicial, disponible, observadora, cercana, sicóloga, hasta atrevida, con ese atrevimiento que da la confianza y el amor sincero a la persona que necesitas en el momento preciso…

Muy bien dicho, Rocío, asiente Luisa con una sonrisa complacida… Cabe pensar que fue Jesús mismo quien provocó la escena aparentemente embarazosa… “No tienen vino”, dice la madre. “¿Y a nosotros que? Aún no ha llegado mi hora”, corta, seco, el hijo… “Haced lo que Él os diga”, dice con una sonrisa abierta María a los criados, quizá mientras lanzaba un guiño de ojos confiado al hijo… Sabía bien la madre de que talante era el hijo. Sabía bien el hijo lo que la madre le estaba insinuando. Eran tal para cual: de tal madre tal hijo. Y hubo fiesta de corazones entre la madre y el hijo: ni planeado previamente con detalle hubiera salido mejor. Es perfectamente compresible el estupor de los criados: nunca antes habían experimentado la fuerza persuasiva de una mirada…

Y continúa Luisa… Otro silencio prolongado de María en le evangelio después de las Bodas de Caná. Cabe pensar que María acompañó más de una vez a las buenas mujeres que seguían y proveían de recursos a Jesús y a su pequeño grupo de seguidores asiduos… Seguramente oyó más de una vez los comentarios elogiosos de Jesús de parte de sus amigos y admiradores… Muy probablemente, y con más razón, llegaron también a sus oídos los improperios y calumnias que lanzaban los envidiosos y furiosos jefes del pueblo…Pero María guarda silencio. Podíamos llamarla la Mujer-Silencio. No saca pecho ante los éxitos del hijo, tampoco vocifera ni protesta airadamente ante quien se ensaña contra el hijo…En los momentos de gloria y de triunfo del hijo, Maria es la gran ausente… Cuando el hijo la necesita allá está ella en primera fila… Deja todo en manos de Dios, ante quien siempre se presenta como su humilde esclava y servidora…

¡Qué reflexión tan bonita, Luisa, exclama Juan! ¡Y que bien nos viene a la vociferante y protestona sociedad española, especialmente a los jóvenes! Nos revelamos por cualquier cosa, antes de hacernos una autocrítica serena y honesta! Echamos balones fuera al enjuiciar la situación precaria, casi angustiosa, por la que estamos pasando en nuestro país. Son siempre los otros, los del otro partido, los que no están en nuestra línea, los únicos culpables… ¡Cuánto más creíbles y honradas serían nuestras protestas y reivindicaciones si, en vez vociferar tan alto y tan frecuentemente, nos pusiéramos manos a la obra aquí y ahora, desde la exigencia de nuestra propia conciencia, desde la fidelidad al anuncio de la Buena Noticia de Jesús, que asume como propia la tarea de la liberación integral de los oprimidos y desposeídos! Este fue precisamente el compromiso radical de María, primera creyente y seguidora de Jesús…

Hay que resaltar otras escenas de María en el evangelio, dice Vicente. En más de una ocasión buenas mujeres aclamaron a María como la Madre del gran hombre al que estaban escuchando: “Bendito el vientre que te llevó y los pechos que te dieron de mamar”, grita una. “Benditos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen”, sentencia Jesús. “Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte”, le dice otra. Y Jesús, haciendo énfasis, contesta a aquella buena mujer: “Mi madre y mis hermanos son los que escuchan el mensaje de Dios y lo ponen por obra” Y María, que escuchó a aquellas dos buenas mujeres y las respuestas de Jesús a una y a otra, se ruboriza, no de vergüenza por el aparente desdén de su hijo, sino más bien de pudor, porque sabia muy bien que Jesús se refería a ella, precisamente a ella, dedicándole el mejor piropo que El, el Mesías anunciado, podía dedicarle. María, una vez más, entendió el sentido profundo de las palabras de Jesús: Era como decirle “Bendita tú, Madre, no solo por haber sido escogida para ser mi Madre, sino más bien porque has sido la persona que mejor ha entendido mi mensaje y la que más fielmente lo has puesto por obra”. Si aquellas dos buenas mujeres hubieran comprendido el sentido escondido de las palabras de Jesús habrían prorrumpido en aplausos a aquella mujer excepcional a la que habían aclamado antes, sin saber exactamente lo que decían…

Estupendo pensamiento, Vicente. No habíamos caído en eso, dicen admirados Rocío y Juan. Ahora te toca a ti, Luisa. ¿Qué nuevas sorpresas puedes darnos en torno a las actitudes de María, que puedan sorprendernos, mejor, que puedan ser referente para las nuevas generaciones de la familia vicenciana, más concretamente para los miembros jóvenes de esta familia, llámense JMV, Feyda, Misevi o cualquiera otra persona de nuestra entera familia vicenciana que, cargada de años, todavía se siente en plenitud de ilusión, y de corazón joven…?

Vamos a ver, vamos a ver, reflexiona Luisa, con las manos en el mentón… Difícil me lo ponéis, pero yo destacaría todavía dos o tres momentos más… Recordad las estaciones del Via Crucis: Jesús encuentra a su madre… Es insondable lo que se dijeron en aquella mirada cruzada a ráfagas… Pero no es arriesgado pensar que se transfirieron mutuamente energía positiva; que la madre le hizo entender al hijo de alguna manera estas palabras de aliento, “¡ánimo hijo, yo estoy aquí contigo!”; y que el hijo, a su vez, le hizo entender a la madre, “¡ánimo, madre, tú sabes bien porque me encuentras en tal estado!”. Y mutuamente se acompañaron, animosos, hasta la cumbre del dolor… Y desde la cruz, la mirada se hace aún más luminosa y penetrante: “Mujer (mujer, sí, mujer fuerte y valiente, y más que madre…) ahí tienes a tu hijo (al discípulo amado, al que representa en estos momentos a todos mis seguidores…)” Y seguramente le hizo entender también con la mirada: cuídamelo, cuídamelos; él, ellos, mis seguidores, son tus hijos desde este momento; cuídamelos con el mismo mimo con que me acunabas en tus brazos en Belén, en Nazaret…

Y de nuevo se hace el silencio más absoluto en el evangelio respecto a María, continúa Vicente. María no aparece para nada ni en el notición de la resurrección, ni en las apariciones a los discípulos, ni en la Ascensión… Podemos interpretar estos hechos como misterio insondable del plan de Dios… Podemos pensar que los evangelistas dieron por obvio y sobre entendido estos encuentros íntimos del hijo con la madre… Tal vez les resultaba embarazoso, demasiado complicado, dar a entender con palabras la sublimidad y lo inefable de este encuentro… Pero también cabe pensar en la posibilidad de que María hizo un pacto de silencio con los evangelistas y cronistas cercanos de los hechos para que todo el protagonismo y la gloria de los acontecimientos recayeran sobre su Hijo, triunfante de la Muerte, y sobre sus seguidores, a los que se les confería la misión apremiante de anunciar la Buena Noticia por el mundo… Dejémoslo en el silencio respetuoso y creyente.

A Rocío y a Juan se les enciende de pronto una luz y dicen: pero María sí que está con los discípulos en la sala de oración, donde estaban escondidos por miedo a los judíos…

Efectivamente, dice Luisa. Y eso hay que destacarlo también: María está presente en la comunidad de seguidores de Jesús, que constituyen la comunidad eclesial inicial, cuando la necesitan, como estuvo presente en los momentos cruciales de Jesús, cuando necesitaba su calor de madre y de discípula fiel. Ella es la joven, la madre, la mujer que sabe estar siempre donde tiene que estar… Esta actitud permanente de María choca frontalmente con la ignominiosa calumnia de aquel escritor, que quiso hacerse el gracioso diciendo que “la mujer es ese extraño ser que sobra donde está y falta donde no está…”

¡Que maravilla! Ahora sí que queda claro el por qué podemos afirmar con rotundidad que María es realmente, en el devenir de su vida, el referente acabado de los seguidores de Jesús, camino seguro para los jóvenes de la familia vicenciana y de cualquier otra impronta o etiqueta que se llame cristiana, concluyen Rocío y Juan…

Muchas gracias, Vicente y Luisa: habéis estado geniales… Buenas tardes.

Buenas tardes, Rocío y Juan. Y sabéis que estamos a vuestra disposición…

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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