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La Milagrosa y los milagros de cada día

La Milagrosa y los milagros de cada día

¡Hola, Vicente! Te veo más eufórico que el otro día, cuando nos encontramos para hablar de las elecciones en España…

¡Hola, Luisa! Bueno, ya sabes que seguimos siendo muy humanos y, por mucho que lo intentemos, no podemos dejar de transparentar nuestros sentimientos y preocupaciones… La otra tarde vi a los jóvenes que se dirigieron a nosotros bastante preocupados y, en sintonía con ellos, yo también me sentía preocupado… Quizá lo reflejé un poco en mi rostro. Pero, bueno, afortunadamente ya todo ha pasado…

¿Quiere esto decir que el resultado de las elecciones ha sido plenamente satisfactorio y que todo se va a solucionar con los nuevos mandatarios?

Luisa, estás rozando temas de alto riesgo, aunque comprendo que muchos de los nuestros se harán esta misma pregunta y abundarán, sin decirlo claramente, en estas mismas sensaciones…

Ya ves, Vicente, las mujeres siempre vamos un poco más allá que los hombres en nuestra curiosidad y en querer llegar al fondo de la cuestión. ¿No nos pasaba también algo de esto cuando nos encontrábamos en San Lázaro y en aquellas fuertes peleas respecto a la obra de los niños expósitos?

Quizá tienes razón, Luisa. Las mujeres sois más incisivas… Pero, en este caso, la verdad es que no he querido decir que, con el resultado de las elecciones en España, todo está solucionado, ni mucho menos… Ya decíamos en la conversación del otro día que, como creyentes, nuestro único líder, perdón, Maestro, es Jesús de Nazaret… Nosotros no valoramos las siglas de los partidos, ni nos afiliamos incondicionalmente a ningún proyecto político. Nuestro único proyecto es la realización de los valores que nos propone nuestro jefe de filas en su evangelio, respetando siempre otros pareceres y criterios…

Cierto, Vicente, y les advertíamos con toda claridad, que, después de haber votado al que, en conciencia, creían más cerca de lo nuestro en un momento dado, quizá, a la vuelta de la esquina, tendrían que denunciarlos por ir en contra de nuestros principios básicos, en determinadas leyes o actitudes sociales. Eso llamábamos votar por lo evangélicamente coherente…, y no por lo políticamente correcto…

Pero, ¿no te parece, Luisa, que nos estamos enrollando un poco? Aquello ya pasó. Dejemos a cada día su malicia… Nuestros chicos, los vicencianos, claro, son suficientemente inteligentes y estoy seguro de que comprendieron perfectamente todo lo que quisimos decirles el otro día…

Pues es verdad, Vicente… Habíamos venido a hablar esta tarde del gran detalle que tuvo nuestra Amatxu, María, de haber elegido a una de nuestras Hermanas, Catalina, la nueva novicia, para comunicarle sus secretos y sus finuras hacia todos su hijos, especialmente hacia los hijos de nuestra querida Francia, que lo estaba pasando muy mal en aquellos momentos, ¿no es eso, Vicente?

Así es, Luisa. Y gracias por esa expresión tan cariñosa “Amatxu”, que tanto me recuerda los tiempos de mi infancia cerca de las bravías costas vascas…Es uno de los pocos vocablos que se me grabaron de ese noble idioma. El término podríamos traducirlo como “mamá o “mamita”. Pero volvamos al asunto que nos ocupa… El tema de nuestra reunión de esta tarde da para largo. ¿Te parece que nos sentemos en nuestro rincón preferido, al final del jardín, ahora mismo que todavía calienta un poco el sol de final de otoño?

Estupendo, vamos allá, Vicente… Se me ocurre una idea: yo creo que los nuestros, tanto jóvenes como los miembros de las otras ramas de nuestra Familia Vicenciana, ya conocen de sobra la historia, vida y milagros de nuestra Amatxu: las apariciones a nuestra Catalina, lo difícil que fue que admitiesen la veracidad de los relatos, la fuerza transformadora que tuvo en la piedad popular de aquel tiempo… No digamos nada de los de la Asociación de la Medalla Milagrosa: ellos y ellas se lo conocen todo de pe a pa… ¿Qué te parece si dialogamos esta tarde sobre los milagros que se realizan en la vida de cada día por la influencia de la auténtica devoción a nuestra Amatxu de la Medalla?

Genial, Luisa. Estoy de acuerdo: es importante también para los nuestros que se den cuenta de que la presencia viva de la Madre ejerce una influencia transformadora en nuestras vidas, desde la más tierna infancia. Aún suenan en mí los ecos de las canciones tiernas que cantaba a la Señora en la ermita de la campiña de Las Landas… Esos ecos hacían florecer en mi interior la sensibilidad hacia los pobres, hasta entregarles el bocata que mi buena madre me había preparado para todo el día…

Yo me he fijado también en el rostro de tantos hombres y mujeres que rezan en nuestras iglesias… Cuando cantan esa canción de la Madre: “Cuantas veces, siendo niño te rece…”. No pueden contener su emoción y se sienten como niños pequeños en el regazo de la mamá… No lo pueden ocultar: a medida que siguen cantando, reverdece en sus caras los sentimientos más tiernos de su infancia…

La otra canción que nos hace revivir la confianza indestructible en la Madre es la de nuestro amigo Bernardo de Claraval: “Acordaos que jamás se ha oído decir que ninguno de los que ha recurrido a vuestra protección haya sido abandonado Vos…” No hay pena, no hay dolor, no hay preocupación que no pueda ser dulcemente suavizada por el eco profundo y la confianza ilimitada que genera esta oración, cuando se dice con la fe sencilla y humilde de las abuelas de hoy y de siempre… Y quien dice esa oración puede citar otras mil más de las diferentes culturas de la cristiandad…; que el corazón y la sensibilidad de los “pequeños” hacia sus madres, no cambia con las culturas ni con historias… Y cuando digo “pequeños” incluyo niños, madres, abuelas y hasta hombres adustos, “de pelo en pecho”…, que todos llevamos una abuela, una madre y un niño dentro, en lo más profundo de nuestro yo… Perdona la expresión, Vicente, esos jóvenes españoles me han contagiado un poco sus malas maneras lingüísticas…

Creo que estamos en el buen camino, Luisa. Pero tenemos que adentrarnos un poco más en la influencia directa de la devoción a la Madre bajo esta advocación de Milagrosa. Todos los nuestros recuerdan los principios de esta devoción: en términos juveniles actuales podemos decir que “arrasó”, materialmente arrasó, supero todas las previsiones. Y aquellas buenas gentes que la invocaban quedaban tan cambiadas interiormente y se sentían tan lanzadas que hasta se atrevieron a cambiarle el nombre: ya no se llamaría Medalla de la Inmaculada sino que se llamaría Milagrosa… Y es que, según decían, ella, la imagen maternal de la Medalla, se lo había ganado a pulso, por los milagros sin cuento que hacía… Lo más sonado fue lo del ilustre Ratisbona. ¿Lo recuerdas? La noticia corrió como reguero de pólvora…

¿Y qué pasó con las primeras Medallas acuñadas, Vicente? Que se agotaron en un santiamén…Era casi voracidad… Si damos un salto a la historia, y oteamos el horizonte lejano de los pueblos, podemos comprobar que pocas imágenes se han acuñado tan repetidamente y se han propagado tan profusamente en los más recónditos rincones del globo como la de la Medalla, a excepción, claro está, de la imagen del Maestro… Esto es un signo claro de la influencia que la devoción a la Madre de la Medalla ejerce sobre las personas de fe sencilla…

Pero no solo en las personas sencillas, Luisa. También en personas muy ilustradas… ¿Recuerdas a nuestro buen amigo belga Alexis Carrel, premio Nóbel de medicina? El también cambió su actitud de vida cuando descubrió en profundidad la figura de María y el poder de la oración en la vida privada… ¡Como me impresionó su testimonio basado en la experiencia de la consulta diaria con sus pacientes! Afirma con rotundidad: “He observado que, en igualdad de circunstancias sociales, culturales y de edad, las personas que oran tienen mayor capacidad para hacer frente al dolor, a la enfermedad y a la misma muerte”.

Hay otros muchos casos de cambios radicales de vida al contacto con la figura de la Madre. Uno de los más sonados, en tiempos relativamente recientes, es el de nuestro buen amigo, el converso de Notre Dame de Paris, Paul Claudel. Dicen los bien informados que cambió el rumbo de su vida al escuchar atentamente el canto Gregoriano en alabanza a nuestra Nuestra Señora… Y hasta tal punto cambió que, después de una vida de escepticismo espiritual y hasta de agnosticismo, cuando descubrió la belleza profunda del canto religioso, no pudo menos de exclamar: “¡Que felices son los que creen!”

Pero, ¿para que recurrir a casos de figuras extrañas, Luisa? Los tenemos bien cerquita, en nuestra propia Familia Vicenciana… ¿Recuerdas el fervor de las primeras jóvenes entusiastas que, siguiendo las indicaciones de la Madre de la Medalla, constituyeron la primera Asociación? “Hijas de María”, se llamaron entonces… Eran realmente unas santas jóvenes, que constituyeron santas familias, que se tomaron muy en serio el derecho y el deber de ser testigos de la presencia de Dios en el entorno de la sociedad en la que vivían… Algunas abrazaron la vida de Comunidad con nuestras Hermanas, otras fueron pioneras en la ayuda a las misiones de los nuestros…

Vinieron después los ““Hijos” de María…”, porque ellos no querían ser menos… Andando el tiempo, el lenguaje parecía inadecuado para los nuevos tiempos y empezaron a llamarse en algunos países “Juventudes Marianas…” Y esta expresión abarcaba ya a ellos y a ellas, aparte de que el término “juventudes” era más significativo, ya que implicaba un cierto dinamismo: en nuestra cultura la palabra “Joven” encierra en sí misma una oculta fuerza motriz, un revulsivo hacia adelante… Parecía que la expresión “Juventudes Marianas….” se había asentado ya definitivamente…

Pues no, Luisa, faltaba la guinda, como sabes: los imaginativos jóvenes españoles acuñaron el segundo apellido “vicencianas…” Y desde ese momento de inspiración, el movimiento juvenil que se distingue en todo el mundo por su devoción a la Madre de la Medalla se llama “Juventudes Marianas Vicencianas…” Queda así definitivamente claro que la devoción a nuestra Buena Madre de la Medalla no se diluye en rezos y devociones populares, sino que entraña en sí misma un compromiso serio de opción por los pobres, que es lo nuestro, lo que desde siempre, hemos inculcado a nuestros fans…

Y aquello, Vicente, fue un polvorín, una expLosión en cadena, porque de este núcleo concentrado saltaron casi al unísono otras fuerzas vitales de raíces vicencianas: los jóvenes de la Asociación que se iban haciendo mayores y querían conservar su identidad comenzaron a llamarse “Familias Marianas Vicencianas…” Otros no se sentían a gusto con la expresión y prefirieron llamarse “Comunidades Laicales Vicencianas…” Hay que decir que el término “Comunidad” siempre ha estado muy vivo entre nuestros jóvenes. Otras fuerzas vivas saltaron a la palestra: eran los que habían descubierto el encanto de anunciar la Buena Nueva de Jesús en países desprovistos de recursos… Se llamaron y se llaman “Misevi”, es decir, Misioneros Seglares Vicencianos. La cosa se contagia y surgen “Juventudes Marianas Vicencianas Internacionales” y “Misevi Internacional”… Era mucho más de lo que se podía esperar…

Pues todavía falta una joven promesa, Luisa. Se llama FEYDA, que quiere decir Fe y Vida… Lo específico de esta nueva fuerza vital es que quiere adecuarse a nuestros tiempos, hacerse más cercana a todos, creyentes y no creyentes… Utiliza medios adecuados a nuestros tiempos: los centros de interés de los jóvenes de nuestra sociedad, la acogida en familia de niños sin hogar, lo que llaman ECAI o entidad colaboradora de adopción internacional, las redes sociales y otros mil medios más… Sobre todo, está permanentemente abierta al soplo del Espíritu, es decir, en términos laicales, mantiene las antenas abiertas a las nuevas iniciativas que supongan un acercamiento a las necesidades emergentes de nuestra sociedad, preferentemente de nuestros jóvenes…

¿Para cuando dejamos hablar de la Asociación llamada de la Medalla Milagrosa, Vicente? Ellas han sido siempre y siguen siendo las verdaderas artífices de la propagación universal de la Medalla. Se podría escribir un libro bien grueso de la vida y milagros de los miembros de esta Asociación. Y, a pesar de que la mayoría de ellas ya han entrado en años, han dado pruebas de una imaginación y creatividad admirables. Siempre han estado arropadas y apoyadas por nuestras Hermanas, es verdad, también por algunos de nuestros Padres… Pero el auténtico protagonismo del día a día ha recaído sobre sus robustas espaldas… Yo misma he sido testigo presencial de su solicitud a la hora de visitar familias para que acogiesen la visita mensual, en familia, de la “capilla” de nuestra Señora. Yo las he visto moverse incansablemente para propagar por todos los medios a su alcance los objetos de culto y de devoción filial a la Madre de la Medalla… Pero también he admirado su solicitud y su celo a la hora de repartir los recursos económicos provenientes de sus distintas fuentes de ingresos… Y, sobre todo, las he visto rezar, rezar con la confianza de humildes siervas que aceptan la voluntad del Padre en todo; las he visto propagar la devoción a la Medalla de mil formas y maneras, según lo aconsejaba la sensibilidad y cultura de los distintos pueblos… Gracias a ellas la devoción a la Madre de Dios, bajo la advocación de Medalla Milagrosa, es hoy quizá la más extendida de la cristiandad…, y la invocación de su jaculatoria “Oh María, sin pecado concebida…”, la más repetida. En algunos países hasta existe lo que han dado en llamar la Novena Perpetua, es decir, un día a la semana dedicado al culto especial a la Virgen de la Medalla…

Has estado sobreabundante, Luisa, magnífica: se ve que conoces a la perfección esta Asociación de la Medalla, que es, sin duda, la protagonista principal de esta historia admirable. Ninguna persona sensata, sin prejuicios ni reticencias, dejará de reconocer que esta es la historia de un milagro permanente y continuado: desde Aparición de la Madre de Dios a Catalina, aquella joven noblota y sencilla, la devoción, bien entendida, a la Medalla Milagrosa, ha transformado corazones y voluntades de todos los signos y colores, de todas las edades y culturas, de todos credos y actitudes… Y es que ella, María Milagrosa, crea a su alrededor el calor de una familia unida en la fe; el vigor de una fe joven, pero enmohecida; la fuerza de la confianza en la vejez madura; la esperanza inquebrantable de los que buscan más allá de horizontes lejanos…

Bien, Vicente, bien. Tu elocuencia encendida de celo por la devoción a la Madre ha sido el mejor broche de oro a nuestras confidencias de esta tarde. Ya podemos despedirnos…

Buenas tardes, Vicente.

Buenas tardes, Luisa

1 comentario

  1. Antonio

    Paz y bien…He tenido dos ocasiones de escucharle durante la celebracion de la novena a La Milagrosa que cada año se repite y se espera con devocion en mi-nuestra, parroquia de la Sagrada Familia en Albacete. Por motivos laborales solo me ha sido posible asistir en cuerpo y alma a dos de los nueve dias y la casualidad ha querido que esos dos dias, haya sido Ud. padre, quien ha oficiado la Samta Misa. Me hacia sonreis cuando se referia a la “juventud de los asistentes”, que como los dos sabemos, es una juventud de espiritu y alma tan solo..Se echa de menos, muy de menos, esa otra parte de juventud que aporta la parte de cuerpo ademas de la de espiritu y alma.. Que le sucede a nuestros jovenes..? Que no encuentran en la iglesia..? que les sobra de la iglesia..? Claro esta y no olvido a los miles de jovenes que acompañaron a su Santidad en las jornadas de la juventud vividas en Madrid, pero padre, donde esta esa juventud a borbotones en las celebraciones diarias de las miles de parroquias de España..? Desde luego, no podemos atraerlos hacia ella, ofreciendoles lo que ya tienen en la calle y que por cierto, les esta haciendo esclavos. Creo que Uds. los sacerdotes, tiene la oportunidad cada dia, de abrir los ojos a quien los tienen cerrados…la iglesia no es politica pero esta en la obligacion de defender lo que Jesucristo nos dejo a todos y por ello perdio la vida…Hay en cada celebracion liturgica un instante de historia pero hoy, hace falta ademas de historia, ademas de explicar lo que Jesus no dejo en cada evangelio dominical, hay, repito la obligacion de ejercer sobre los fieles, unas explicaciones directas y muy claras sobre los acontecimientos que nos rodean en nuestro tiempo…sin miedos a nada ni a nadie…Yo, lo echo de menos….”cada Domingo”-

    Un abrazo, padre.

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Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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