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Jóvenes emergentes (I)

Jóvenes emergentes (I)

Buenas tardes, Vicente, ¿cómo estás? Hace la tira de tiempo que no sé nada de ti.

Seguro que has estado todo ocupado con tus pobres… Con esta crisis galopante en todo el mundo y con los duros fríos invernales todas las manos son pocas; y no digamos nada de los recursos: todos se quedan cortos…

jovenesTienes razón, Luisa, la situación que están viviendo nuestros jóvenes, sobre todo en España, es un clamor… Y no digamos nada de las familias que viven situaciones extremas, donde ninguno de sus miembros tiene trabajo estable, en algunos casos ni siquiera tienen perspectivas de arreglo a corto plazo. Es un dolor, un grito desgarrador lanzado a las conciencias de todos, creyentes y no creyentes, empresarios y trabajadores… Con más fuerza aún a los que nos sentimos seguidores de Jesús que anuncia su liberación a los pobres…

¿Qué te parece si nos sentamos aquí, en este espacio abierto del jardín, y dejamos que este sol tibio del invierno acaricie nuestros rostros cansados…? Nos vendrá bien a los dos, y hasta nos ayudará a ver las cosas de otra manera…

Tu siempre tan oportuna, Luisa, y tan delicadamente ocurrente y práctica… Bueno, pues ya estamos acomodados… Seguro que, después de este letargo del invierno, traes buena agenda de temas de qué hablar…

Desde luego que sí… Pero, ¿sabes, Vicente…? Me he dado cuenta, durante todo este tiempo, de lo importante que es decir las cosas desde dentro, desde lo profundo del corazón. Eso cala y hace pensar, porque no son palabras aprendidas ni rebuscadas, sino que expresan profundas convicciones… ¿Te acuerdas de aquellas reflexiones que hacíamos al final del encuentro que tuvimos con nuestros amigos Pepe y Amparo el 26 de Septiembre del año pasado, cuando vinieron a felicitarte en el día de tu fiesta? Pues parece que esos pensamientos que hicimos, a modo de conclusión, ha hecho tilín a más de uno de nuestros jóvenes vicencianos… Y nos piden que se lo expliquemos más a fondo…

A ver, a ver… Déjame ver… La memoria ya me falla… Abro mi ipad… Ya está: aquí lo tengo: titulábamos aquellas conclusiones finales “Jóvenes emergentes desde la fe…” Y el primer párrafo decía así “Ser joven emergente para nosotros sería perder los miedos ante los riesgos y pobrezas que nos atenazan, sabiendo que no estamos solos, que Él boga con nosotros, aunque esté aparentemente dormido”

Eso, eso… No sabía que eras tan experto en nuevas tecnologías, Vicente. Pues aquí tenemos de nuevo a nuestros amigos Pepe y Amparo que quieren adentrarse en el sentido profundo de esas afirmaciones…

Hola…Hola… ¿Estáis ahí, Vicente y Luisa? Sí… Sí… Probando… Probando…, bisbisean Pepe y Amparo, mientras preparan sus arreos para conectar con Vicente y Luisa…

Perfecto, aquí estamos esperando impacientes, Vicente y yo, para conectar con vosotros. ¿Habéis oído la cita de V¡cente del primer párrafo de aquellas conclusiones sobre las que queréis dialogar más a fondo…?

No del todo bien, pero como tenemos con nosotros el texto completo lo hemos completado con nuestra lectura directa… Por tanto, ya podemos entrar en directo a profundizar en el contenido de ese primer párrafo…, se apresuran a decir Pepe y Amparo

Yo creo, se adelanta Luisa a decir, que ese primer párrafo nace de una situación real, acuciante, que están viviendo nuestros jóvenes. Si miramos alrededor hay pocas cosas que inviten al optimismo, a una visión positiva y esperanzadora…

Tienes razón, Luisa, corta Amparo: la mayoría de nuestros jóvenes están alicaídos, sin ilusión, sin ganas de seguir adelante con sus estudios, con sus currículums, con sus planes de futuro… Enfrente encuentran siempre la pantalla oscura de la duda, de la incertidumbre. Después de terminar sus estudios, de hacer dos o tres proyectos de trabajo…, siempre chocan con la realidad infranqueable del paro, de los sueldos de miseria o con las palabras heladas del “vuelva Vd. mañana”…

Bueno, eso que dice Amparo es verdad, pero no es toda la verdad, matiza Pepe. Para muchos la cosa viene de lejos: antes de que empezara la crisis, algunos, quizá más de los que podemos pensar, vivían alegremente, sin demasiadas fantasías sobre su futuro, entregados al aquí y ahora de pasar bien el momento inmediato, aletargados, más bien drogados con hedonistas sensaciones: “comamos y bebamos que mañana… la suerte lo dirá…” La fiesta y la siesta, las movidas y las dormidas sin control, al amparo de mamá y papá, banco seguro sin intereses… Esa era su bandera y su fuerza motriz… Algunos colgaban los estudios, sin aprobar los elementales, hacían algún que otro módulo para cubrir apariencias…, y a la construcción, que se pagaba bien…

No seas demasiado duro, reprocha Amparo a Pepe, aunque tengo que admitir que unos cuantos se ganaron a pulso su situación presente, sin asideros, sin perspectivas… Pero también es justo resaltar que otros aprendieron a volar a favor del viento: se pusieron sus sueños jóvenes por montera y cruzaron las fronteras por tierra, mar y aire… Y ahí los tienes abriendo caminos, agarrándose a lo que encuentran, que ya vendrán tiempos mejores, con su esfuerzo y su entrega generosa.

Ni idiomas foráneos, ni costumbres extrañas, ni distancias de los suyos, ni riesgos, ni aventuras los detienen… Unos lo logran, otros esperan, otros se tambalean, pero todos se congratulan de haberlo intentado, de haber puesto el granito de arena de su parte, de haber intentado actuar como personas maduras protagonistas de su propio destino…

Vaya párrafo te ha salido, Amparo, interrumpe Pepe, con ojos como platos de admiración: Congratulations. Tienes razón, quizá los dos tenemos razón. Quiero añadir, no obstante, que, a la larga, quizá esta situación nos ayude a encontrar nuevos caminos de sensatez… Porque lo que estamos viviendo hoy a nivel de sociedad en general, pero más fuertemente aún a nivel de juventud, es la experiencia del caballo desbocado que todos llevamos dentro, pero al que tenemos que embridar.

Recuerdo que mi abuela me decía: “no hay mal que por bien no venga…” Y ella añadía de su propia cosecha: “la enfermedad nos hace valorar la salud, la guerra nos hace suspirar por la paz, el hambre y la escasez nos hace añorar la abundancia…” Podíamos completar con otras experiencias fehacientes: los desastres ecológicos nos ayudan a valorar y a cuidar la naturaleza, la ecología… Pero sobre todo, irrefutable, la piltrafa a la que puede llegar la persona, más concretamente el joven, si se abandona a las pulsiones primarias del instinto, de lo fácil, de lo que hacen todos porque sí, nos debe llevar a recuperar la capacidad de actuar por principios racionales, éticos y morales…

Vaya, vaya… exclama Vicente: los dos habéis puesto el dedo en la llaga, con lucidez y claridad de ideas, con valentía y sin remilgos… Este último pensamiento de Pepe me da pie para adentrarme en otro tema candente, que tiene conexión con el tema que nos ocupa de las pobrezas de hoy: la pobreza moral, la pérdida de valores estables y firmes, de valores permanentes, de hoy y de siempre, porque están enraizados en la naturaleza humana y ratificados, confirmados, por el mensaje liberador de Jesús. Podéis sentiros privilegiados de haber sido llamados al seguimiento de Jesús desde el esa sensibilidad especial al servicio de los desheredados y maltratados, ese carisma especial que el Buen Dios fue imprimiendo en la familia que llamáis viceniana…

Nosotros palpamos día a día esa realidad nueva, invasora tiránica de la sociedad actual, especialmente del mundo de los jóvenes, lamenta Amparo. Cierto que hay jóvenes con matrícula de excelencia en actitudes positivas de servicialidad, de entrega generosa, de búsqueda de sentido de la vida, con dudas de fe incluso, pero abiertos a la verdad, a Jesús de Nazaret, a Dios, en definitiva… Pero al lado de éstos están, en masa abigarrada, los que pasan de todo, los que siguen la corriente de la masa, de la marca, santo y seña, que señalan los medios de comunicación, la sociedad de consumo desbordado…

Quizá lo peor de todo es que estas actitudes nuevas nacen del convencimiento de que ya es hora de liberarse de ataduras y tabúes del pasado, de la tiranía de las leyes sociales impostadas, del rigorismo de costumbres familiares atávicas, del dominio opresor de la iglesia y de todo lo que ella representa… Pero la experiencia viva es testigo de que la liberación de unos abusos no se solucionan con otros abusos de signo contrario, ni una sociedad o pueblo oprimido se liberan con otra tiranía… A veces comentamos en el grupo que, en los años de juventud de nuestros padres, te señalaban en el pueblo con el dedo si no ibas misa los domingos, hoy te señalan con el dedo si uno de nosotros deja la tertulia o fiesta dominguera para asistir a la parroquia, o simplemente sonríen maliciosamente significando tu falta de adaptación a los tiempos modernos, distinguiéndote con el significativo apodo de anticuado u otro por el estilo…

No se da cuenta la gente, continua enojada Amparo, que la liberación de roles sociales de uno u otro tipo, no supone necesariamente que la persona sea más madura y reflexiva, más libre interiormente, que es de lo que se trata en último término… La presión ambiental de los medios de comunicación, de las redes sociales, de los poderes fácticos, de la sociedad de consumo, “de lo que se lleva hoy” y de un largo etc. puede ejercer sobre la mente un poder de seducción mucho más opresor que todos los abusos del pasado. De hecho podemos denunciar, sin temor a equivocarnos, que rara vez ha existido en la historia una sociedad más masificada, digamos aborregada, que la que nos toca vivir. La tragedia de nuestros jóvenes es que una gran masa de ellos aceptan sin descernimiento los criterios de hacer, de pensar y de decidir que nos imponen estas fuerzas ocultas sinuosas… Esta sociedad sibilina de consumo te lo ofrece todo “pret a porter”… Te ahorra hasta la necesidad pensar y de decidir por ti mismo…: haz lo que veas, sigue la corriente, no te compliques la vida, disfruta que para eso eres joven, no le niegues al cuerpo lo que te pide el instinto… Son los eslóganes más exitosos de nuestra sociedad progre, formulados de las maneras más variopintas y acarameladas…

Más claro que el agua, asiente Pepe. Pero todavía hay algo más chocante: están a punto de extinguirse los modelos de referencia fiables, los de toda la vida, que se distinguieron por la virtud y los actos heroicos de servicio a la humanidad… Si tu preguntas a unos cuantos jóvenes del montón, por qué haces esto o lo otro; a quien te gustaría imitar o parecerte…, la mayoría se encojen de hombros, a lo sumo te responden “no sé, es lo que se lleva, ¿no?” Los más lanzados aceptan sin rubor que les gustaría ser como ese gran futbolista que está en boca de todos o como esa estrella despampanante, de escaparate, que no brilla precisamente por los actos de virtud ni por su sensibilidad solidaria hacia los que carecen de su dignidad de personas, los desahuciados de nuestra sociedad…

Me conmueve vuestra sinceridad y espontaneidad, interviene Luisa; también vuestra claridad de ideas. Pero ¿cómo os sentís en esa jaula de grillos en la que parece que os movéis, si vuestro modo de pensar es tan diametralmente opuesto?

Yo puedo decir por mí, Luisa, corta Amparo, que, a veces, me siento más sola que la luna, más perdida que una aguja en un pajal, pero, afortunadamente me repongo pronto, me agarro fuertemente a la fe que me transmitieron en la familia, que cultivamos en los grupos vicencianos, que alimentamos en los sacramentos… Evoco a tantas personas admirables que se han cruzado en mi camino, me agarro fuertemente a ese Jesús que llevo muy dentro de mí y le digo cariñosamente, ¿todavía estás ahí, escondido? ¿No ves lo que pasa por aquí? ¿Cuándo vas a manifestarte abiertamente a todo el mundo, incluso a esos amigos, buenos a su manera, pero que están como perdidos en la jungla…? Siento su mirada y su sonrisa comprensivas, que me abarcan toda entera y me dicen con ternura: “no tengas miedo, yo estoy aquí cerquita de ti, pálpame, siénteme…; todavía cambio los corazones de un empujón, ¿no te acuerdas de Saulo de Tarso o de Agustín de Hipona? Pero cada cosa a su tiempo, no quieras imponerme tus criterios, que también sé escribir recto con renglones torcidos…

¡Que pasada, Amparo, exclama entusiasmado Pepe! Nunca te había oído hablar así en el grupo. Me has conmovido, de verdad. Pero me has evocado ese pasaje tan conocido del evangelio en el que los apóstoles dudan de la presencia de Jesús, ante la tormenta que amenaza destruir su pequeña barca y Jesús les recrimina su poca fe: “¡No tengáis miedo, soy yo!” Pensándolo bien esta es una historia sin acabar, mejor es la historia constantemente repetida: la barca de Pedro siempre ha estado, a lo largo de toda la historia, amenazada de naufragio…, y la misma fuerza de los vientos y las olas la han traído a las playas de la serenidad y la calma, preparadas las velas para lanzarse a la mar de nuevo… Aparentemente dormido en la proa de los aconteceres de la historia Él boga con nosotros…; serena el mar y hace brillar de nuevo el horizonte…

Vicente y Luisa han escuchado perplejos las experiencias vivenciales de Pepe y Amparo. Repuestos de su admiración contenida, Vicente toma la palabra y les dice: lo que habéis expresado es admirable… Nos habíais convocado para os aclaráramos el sentido profundo de cómo ser hoy jóvenes emergentes desde la fe y nos habéis dado toda una lección de claridad y de vivencia activa… Que el buen Dios os mantenga firmes en esa fuerza viva y transformadora que lleváis dentro…

Y Luisa, que no puede contenerse más tiempo sin hablar, añade con la misma admiración que Vicente: sólo os falta que confirméis con la coherencia de vuestra vida diaria la autenticidad de vuestras afirmaciones, que avivéis día a día ese fuego que lleváis dentro, que os señalen con el dedo y digan de vosotros “si todos los jóvenes que se dicen creyentes y participan en actividades de las parroquias fueran así, sería mucho más fácil alistarse en sus filas…

Bien, Amparo y Pepe, bien, habéis estado muy bien… dice Vicente visiblemente complacido, mientras les tiende la mano y se apresta al abrazo de despedida… Ahora ya podemos decir que entendemos en profundidad la formulación del primer artículo de los jóvenes emergentes: “Ser un joven convergente para nosotros sería perder los miedos ante los riesgos y pobrezas que nos atenazan, sabiendo que no estamos solos, que Él boga con nosotros, aunque esté aparentemente dormido.”

Buenas tardes, Vicente y Luisa. Gracias por habernos escuchado y alentado…

Buenas tardes, Amparo y Pepe. Damos gracias a Dios por vosotros y por vuestros grupos de JMV de España y del mundo: vosotros sois parte muy importante de nuestros seguidores, que recibieron el testigo de nuestra fe en acción, de nuestra fe hecha vida en el servicio diario a los pobres, a los desahuciados de nuestra sociedad…

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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