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Ha estallado un volcán, por esta vez, no lo dejemos extinguir

Ha estallado un volcán, por esta vez, no lo dejemos extinguir

Bueno, Luisa, pues ya estoy otra vez aquí para continuar nuestro diálogo sobre el acontecimiento del encuentro mundial de la juventud, que tuvo lugar en Madrid hace 20 días. Habíamos quedado en la transcendencia que puede tener en el futuro inmediato y a medio plazo este acontecimiento mediático: no podemos dejar que se extinga esta luz que se ha encendido, como decíamos al final de nuestro último encuentro. ¿No te parece, Luisa?

Así es, Vicente. La idea es bonita, pero difícil de concretar. Yo lo enfocaría por la línea de las fuerzas motrices que pueden estimular y avivar la llama, o los sentimientos más fuertes nacidos en estos jóvenes, a raíz de la “reciente explosión nuclear” de Madrid, por decirlo de alguna manera. También habrá que ver los posibles acompañantes en este devenir continuo del día a día. Sabemos por experiencia que los sentimientos de los jóvenes son como las gaseosas o los balones de oxígeno: se inflan y se desinflan en un plis-plas.

Y después, hay que hacer conscientes a estos jóvenes de que lo bueno es para compartir, la luz, para ponerla en el candelero, no para ponerla debajo del celemín… También tienen que cuidar no pasarse en experiencias intimistas de grupo, abocando a los grupos estufa de los que ya hemos hablado alguna vez. Los sentimientos, la emoción, los sensaciones vitales son para calentar el ambiente frio del entorno, para contagiar la vida…

Tú eres experto, Vicente, siempre lo has sido, en sintetizar lo esencial, lo que tenemos que tener siempre presente en el servicio de los pobres. Inténtalo una vez más.

Allá voy. Empezaré por el testimonio de un joven brasileño que tuve la suerte de escuchar personalmente al final de las jornadas. Dijo más o menos: “Mi jornada empieza hoy, cuando se va el Papa. ¿De qué me sirve haber oído cosas tan bonitas que me han conmocionado las entrañas…: de qué, haber conocido personas maravillosas…; de qué, haber compartido tantas experiencias y vivencias inolvidables…, si no marcan una nueva ruta en mi vida?” Esto es precisamente lo que queremos decir cuando afirmamos que no debemos dejar que se extinga la luz de la JMJ.

Yo creo también, Vicente, que esa es una de las ideas clave del mensaje del Papa a lo largo de esas jornadas. Alude a esta idea central reiteradamente: “Arraigados en Cristo, firmes en la fe, edificar sobre roca, dar consistencia a las propias convicciones, sin dejarse bambolear por el viento de la opiniones relativistas de los que se creen dioses y piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos; caminar al lado de Cristo que nos guía sin dejarnos arrastrar por impulsos egoístas, por propuestas halagadoras y engañosas que dejan el vacío y la frustración tras de sí…” Hay que rastrear todos los discursos del Papa en estas jornadas para empaparse de esta idea obsesiva, en clave evangélica, en su encuentro con los jóvenes en Madrid…

La otra gran idea complementaria es la de “proyectar la luz de Cristo sobre los coetáneos, sobre la humanidad entera, ofreciendo una alternativa válida sobre tantos hombres y mujeres de nuestro entorno que se han venido abajo en su vida porque los fundamentos de su existencia eran inconsistentes…” No basta estar edificados sobre roca, ni sentirse animados psicológicamente por Cristo…; hay que proyectar la vida de Cristo en nosotros sobre los demás, sentirse enviados por Cristo a anunciar la Buena Nueva de Cristo allá donde todavía no es conocido. El creyente, el seguidor de Cristo, y, de alguna manera, más todavía el joven que se siente amigo de Cristo, ha de sentir en sus entrañas el fuego misionero y evangelizador. “Hay que ser misionero, dice textualmente, en otras tierras y países donde hay multitud que aspira a cosas más grandes y no se dejan seducir por las falsas promesas de un estilo de vida sin Dios” Y esto, a mi entender, no significa que necesariamente todos los seguidores de Jesús tengan que embarcarse en una aventura evangelizadora más allá de sus fronteras. Hay distintos caminos y llamadas en el seguimiento de Cristo, como percibimos en el evangelio. Pero sí que significa al menos que todos los que se sientan amigos y seguidores de Jesús deben reproducir en sus vidas la vida y el mensaje transformador de Jesús; que quien les vea actuar se pregunten qué extraña fuerza o impulso vital les anima o arrastra para actuar de modo tan distinto al común de los mortales o de los jóvenes de su entorno. Esto y nada más que esto es ser santo: ser otro Cristo. Y el joven creyente está también llamado a ser santo. Lo demás son sucedáneos…

Pues también esta idea, Vicente, enlaza con otra de las fuerzas motrices del mensaje del Papa al mundo y a los jóvenes en particular. Y es que el seguimiento de Cristo está intrínsecamente unido a la unidad y fidelidad a la Iglesia. Sale así al paso del argot frecuente entre los jóvenes, que el Papa, sin duda, conoce bien, esa especie de sonsonete bienintencionado, tal vez, que afirma “yo creo en Dios, en Cristo, en el evangelio… pero no en los curas ni en la Iglesia…” Quizá estos jóvenes, que se afirman creyentes, a su manera, no se expresan bien, quizá quieren decir que no creen en ciertos curas o religiosos que están lejos de proyectar el auténtico sentido de su vocación sacerdotal… Quizá se refieren a cierta Iglesia institucional que ha abusado o abusa de su poder o de sus abultados bienes… Nosotros tampoco creemos en esos curas ni en esa Iglesia, ¿verdad, Vicente?

Por supuesto que no, Luisa. ¡Cuántas veces salimos al paso de la casta sacerdotal, ignorante e indolente, de nuestro tiempo, que abandonaba a su grey y buscaba buenas prebendas en las ciudades… Cuántas veces tuvimos que enfrentarnos a nuestros amigos jansenistas y hugonotes, en general, que se “pasaban” un montón, a la hora de interpretar las normas de espiritualidad de la Iglesia en aquel momento! Hasta me opuse frontalmente a aquel cardenal de marras, de cuyo nombre no quiero acordarme, al que tuve que decirle que se arrojara al mar para salvar a Francia de la guerra y de la desolación… ¿Te acuerdas, Luisa?

Ya lo creo que sí, Vicente. ¡Aquello fue sonado.! ¡Menos mal que estabas bien cubierto en la corte, si no, aquel mismo día te fulminan!

Hay que hacer entender a los jóvenes, Luisa, que una cosa son los fallos e infidelidades de los miembros de la Iglesia, aunque algunos de ellos sean preeminentes, de la autenticidad y fiabilidad de la Iglesia, como institución creada por el mismo Cristo y, por tanto, depositaria del depósito de la fe, y de sus divinas promesas, de la seguridad de que las fuerzas del mal no prevalecerán sobre ella, porque en su barca está la presencia viva de Cristo que amaina los vientos y tempestades en el mar tempestuoso de la historia. Y esto es tarea nuestra y de los nuestros, a través de nuestro acompañamiento del día a día y de nuestro testimonio de fidelidad inquebrantable a la Iglesia y a sus enseñanzas magisteriales…

Eso lo saben ya, Vicente, al menos teóricamente, porque han oído muchas veces que la Iglesia es santa en sus raíces, en su Fundador y en el contenido de su mensaje, aunque sus miembros sean frágiles y extremadamente quebradizos y cambiantes, al vaivén de los vientos que soplan… Y saben también muy bien que Jesús fundó a su Iglesia sobre la roca de Pedro, que le niega al volver la esquina, y que eligió entre sus predilectos a un tal Judas que sabía que le iba a traicionar… Por tanto lo difícil de este asunto es incrustar bien en las mentes y en los corazones de los seguidores de Jesús, que la iglesia navega segura en altamar aunque sea zarandeada por las tormentas, constantemente amenazadoras…

Has hablado sabiamente, Luisa. Pero citemos algunas frases textuales del mensaje del Papa para no desviarnos de su línea conductora, sabia, segura y fiable: “No os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente a Dios” Y aclara para no dar lugar a dudas: “Os pido, queridos amigos, que améis a la Iglesia que os ha engendrado en la fe, que os ha ayudado a conocer mejor a Cristo, que os ha hecho descubrir la belleza de su amor”. Apela también a los resortes psicológicos y emotivos: “España es una gran nación, que en una convivencia abierta, plural y respetuosa, sabe y debe progresar sin renunciar a su alma profundamente religiosa y católica”

¿Y qué decir, Vicente, de la tentación permanente de tantos jóvenes, y no tan jóvenes, de vivir la fe, su fe, en solitario y hacia dentro, como si se tratara de un coto privado, reservado a la pura interioridad personal o doméstica. También sobre esto el Papa tiene palabras diáfanas. Ya hemos citado algunas. Pero añadamos algunas más: “Seguir a Cristo en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No se le puede seguir en solitario. Quien cede a la tentación de ir por su cuenta o de vivir la fe según la mentalidad individualista que predomina en la sociedad corre el riesgo de no encontrarle o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él”.

El Papa sale al frente de otro problema acuciante de nuestra sociedad y concretamente de nuestros jóvenes. Él mismo se hace la pregunta de los jóvenes: “¿Cómo puede un joven ser fiel a la fe cristiana y seguir aspirando a grandes ideales en la sociedad actual?” Y se responde de soslayo: “Siendo consciente de que Dios me ama y tiene un proyecto de amor sobre mí. Permanecer en su amor significa vivir arraigados en la fe, porque la fe no es la simple aceptación de unas verdades abstractas sino una relación íntima con Cristo que nos lleva a abrir nuestro corazón a este misterio de amor y a vivir como personas que se saben amadas por Dios”. Y para aclarar dudas añade: “La fe no se opone a vuestros ideales más altos, al contrario, los exalta y perfecciona…”

Muy bien, Luisa. Pero todavía tenemos que añadir puntos de alto voltaje, para discernir como seguir a Jesús en fidelidad a la fe, a la iglesia y a la propia vocación específica dentro de la misma. Las orientaciones en esta triple dirección son de una claridad diáfana, que no deja resquicios de duda. Resumo a mi modo su mensaje: hay que apoyarse en la fe de la Iglesia, en la fe de nuestros hermanos mayores. Hay que ser personas de oración como Jesús, como la primitiva comunidad de creyentes que permanecían unidos en la oración, como cualquier comunidad viva de hoy y de siempre.

Hay que celebrar juntos la fe en la iglesia local, insertándose de forma significativa en su estructura, en sus proyectos y programaciones. Anima a los jóvenes a participar en la vida y en las celebraciones de sus parroquias respectivas, concretamente en las celebraciones de la misa dominical, pero también en la animación pastoral de las parroquias… Todavía es más explícito cuando habla de la fidelidad a la llamada de la propia vocación personal dentro de la iglesia. Invita a los jóvenes a “pedir a Dios que les ayude a descubrir la propia vocación en la sociedad y en la iglesia y a perseverar en ella con alegría y fidelidad…”.

Déjame añadir, Vicente, que distingue muy claramente dos dimensiones distintas de la vocación cristiana, sin excluir otras particulares y personales: el matrimonio y la vocación sacerdotal o religiosa. Dice textualmente respecto al matrimonio: “A muchos el Señor los llama al matrimonio, en el que un hombre y una mujer, formando una sola carne, se realizan formando una profunda vida de comunión. Es un horizonte luminoso y exigente a la vez. Un proyecto de amor verdadero que se renueva y ahonda cada día compartiendo alegrías y dificultades, y que se caracteriza por una entrega de la totalidad de la persona. Por eso reconocer la belleza y bondad del matrimonio significa ser conscientes de que sólo un ámbito de fidelidad e indisolubilidad, así como de apertura al don divino de la vida, es el adecuado a la grandeza y dignidad del amor matrimonial”.

Pues, Luisa, sobre la vocación al sacerdocio y a la vida consagrada dice: “A otros, en cambio, Cristo los llama a seguirlo más de cerca en el sacerdocio o en la vida consagrada. Que hermoso es saber que Jesús te busca, se fija en ti y con su voz inconfundible te dice también a ti: ‘Sígueme’ “.

Claro, todo esto, asusta a cualquiera, sobre todo a los jóvenes. De ahí que hayamos de insistir una y otra vez que no estamos solos, que en la barca de Pedro y en nuestra propia barca está la presencia viva de Cristo. Por eso el Papa machaconamente insiste como Juan Pablo II: “No tengáis miedo al mundo, ni al futuro ni a vuestra debilidad” “Vale la pena acoger en nuestro interior la llamada de Cristo y seguir con valentía y generosidad el camino que Él nos proponga”.

Un buen final, Luisa. Yo creo que con esto podemos terminar. Solo nos queda para nuestro próximo coloquio hablar del encuentro previo de los nuestros, la Familia Vicenciana, en el gran acontecimiento de JMJ en Madrid. A ver cuando nos citamos…

Buenas noches, Vicente.

Buenas noches, Luisa.

1 comentario

  1. Cástor Ardanza

    Realmente nuestro buen Papa ha reavivado a la juventud en el seguimiento de Jesús de Nazaret.Ahora es responsabilidad nuestra el expandirlo entre la gente en especial entre los más jóvenes, que viven cegados por el consumismo y en la esclavitud que establecen modas arbitrarias que hacen de nuestros jóvenes unas pobres mariotes,carentes de todo criterio para elegir y poderse desarrollar como ellos realmente podrían hacerlo, si no se vieran huérfanos de valores y directrices vitales. Ellos son nuestra preferencia pastoral y vital. En ellos está el futuro.

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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