Menú

Feliz aniversario, Luisa

Feliz aniversario, Luisa

Aquí venimos nosotras, Luisa, tus amigas de JMV de España, a darte nuestra más cordial felicitación en el día de tu cumple. Y lo hacemos en nombre de todas y de todos, que ellos también te recuerdan con cariño y saben de tu vida tanto o más que nosotras. Como somos muchas, nos han enviado a nosotras dos, Almudena y Pilar,  como portavoces de toda la familia joven de España… Aquí nos tienes…

Muchas gracias, Almudena y Pilar: sois muy amables conmigo, pero no hacía falta que os tomaseis esta molestia, que ya sé yo que estáis muy ocupadas, incluso preocupadas por problemas de la crisis,  reuniones de preparación de la Pascua y otras muchas preocupaciones y quehaceres…

Venimos encantadas, Luisa, y es que últimamente hemos oído un montón de cosas de ti que desconocíamos… Bueno, ¿como se siente una a tus… cuántos años…? Ya sabemos que no es correcto preguntar los años a las mujeres a partir de los 20-25, pero estamos en confianza, ya sabes, nadie nos oye, o casi nadie…

Interrumpe  Pilar: ¿Es cierto que te has vuelto un poco presumida últimamente y que no te gusta hablar de los años que pasan, de las ausencias de la edad  y de otras cosas propias de la edad avanzada…? ¿Es cierto que hablas más de juventud acumulada, juventud del corazón, la ilusión siempre es joven, la juventud no pasa para los que tienen ideales por los que luchar y cosas por el estilo…? Nos encanta que sea así, esto nos hace más cercanas a ti, a Vicente y tantas personas de la familia vicenciana que  han dejado la vida luchando por la  vida digna de los pobres y marginados de nuestra sociedad…

A todo esto, ¿qué música prefieres para el día de tu cumple? A ver si te gusta esta canción que te comusieron en Perú:

Para Luisa

Sois estupendas, Almudena y Vicenta, lo mismo que los demás miembros de la Familia Vicenciana española. Conservad siempre vuestro buen humor y vuestra alegría desbordante, sin perder la fuerza del carisma que nos une a todos. En la sociedad en la que vivís este carisma nuestro es más necesario que nunca para transformar esta sociedad que no nos gusta…

Pues de eso queríamos hablar precisamente contigo, Luisa, interrumpen al unísono Almudena y Pilar…; bueno, queríamos dialogar contigo sobre tu vida en el día de tu cumple, porque pensamos que conocerte mejor, a través de tu propio testimonio nos va ayudar a impregnarnos de ese espíritu que tú y Vicente nos transmitisteis con tanto aínco…

No os paséis en elogios… Pienso que mi vida no tiene nada de extraordinario: simplemente traté de seguir, lo mejor que podía, la fuerza interior que me impulsaba a seguir adelante, buscando ser fiel a mi misma, en la realidad concreta del día a día… La Providencia puso en mi camino a Vicente y, a partir de ese encuentro con él, mi vida cambió de horizonte visual…

Vamos por partes, Luisa… Comencemos por tu infancia… Según tenemos entendido, no fue nada fácil…

Pues no, Almudena. Sabéis que nací de una unión extramatrimonial… Yo era lo que se llamaba entonces, una hija natural. Viniendo, por parte de padre, de la alta sociedad, eso era un baldón, una lacra o estigma  para toda la familia; de ahí que experimenté, desde mi más tierna infancia, un rechazo, abierto o encubierto,  por parte de toda mi familia. Eso fue muy duro de soportar, sobre todo para una niña sensible y cariñosa como era yo… 

¿Y como sobreviviste? ¿Aislada, encerrada en una finca paterna, o en una casa de religiosas, en una inclusa…?

Digamos, Pilar, que, de algún modo, fue un poco de todo eso, camuflado, claro…

Mi familia procuró, eso sí, darme una buena educación, como correspondía a su alto rango. Las dominicas del Real Monasterio de Poissy, donde me internaron mis familiares, me dieron la mejor educación que era posible en aquel entonces… Me dieron, sobre todo, una buena educación religiosa… Hicieron de mi  una niña piadosa, y muy rezadora, hasta el punto que pensé ingresar en una orden religiosa… Afortunadamente los superiores de aquella orden religiosa no me aceptaron por mi débil condición física y mis deficientes condiciones de salud. Quizá para consolarme, me dijeron que Dios tenía reservado para mi otro destino… Ahora veo que quizá aquellas palabras fueron inspiradas por Dios con sentido profético…

Y después de ese internado, ¿qué pasó, a donde fuiste, te independizaste, te pusiste a trabajar o qué…?

Que va, que va: pensáis como chicas modernas, hijas de vuestro tiempo… En aquel entonces, la mujer contaba poco en la sociedad, más bien casi nada… A partir de cierta edad la mujer tenía que casarse, si quería pintar algo en la sociedad, a través del marido o de la familia… Y eran precisamente los familiares los que negociaban el matrimonio con la familia del futuro marido… Así que, a mis 22 años, los míos negociaron mi matrimonio, como hacía todo el mundo; en este caso, forzados además por las circunstancias: nadie quería hacerse cargo de mí… Mi marido se llamaba Antonio Le Gras, que era uno de los  Secretarios de Estado y procedía de la Burguesía. Como él  no era miembro de la Aristocracia, a mi no me correspondía el título de Señora Le Gras, sino el de Señorita Le Gras, que es como me llamaba Vicente cuando hablaba de mí…

Pilar y Almudena, fascinadas por el relato sencillo y cercano de Luisa, se precipitan a preguntar: ¿y cómo fue tu vida de casada? ¿Tuvisteis familia? Eso de la vida de familia bien avenida, llena de paz y felicidad, siempre es complicado, ¿no, incluso en aquellos tiempos?

Diría que no me puedo quejar: cierto que no llegamos a alcanzar la plenitud que una espera al dar este paso tan importante en la vida, pero tampoco fue un hogar de líos, disputas agrías o grandes desavenencias…. Tuvimos un hijo al que pusimos el nombre de Miguel… En él, y en los que vinieran después, habíamos puesto nuestras esperanzas, pero los planes de Dios eran distintos a los nuestros. Antonio apenas paraba en casa, más atento  a los negocios de fuera que a los de su casa; además estuvo muy enfermo durante todo el tiempo de nuestro matrimonio… El Señor lo llamó pronto a la casa del Padre. Miguel era un niño más bien difícil y quebradizo, muy necesitado del cariño paterno y materno, debido a las especiales circunstancias de nuestro matrimonio… Quedé viuda en plena juventud… Tan grande fue mi sufrimiento y mi angustia en aquel momento que pensé que Dios me había castigado por no cumplir mi promesa de entregarme a El en la vida religiosa. Aquello sí fue una verdadera noche oscura: sola, angustiada, sin saber que hacer… Opté por refugiarme en la oración, en las prácticas religiosas o devociones…

Luisa, no sabíamos nada de esto, o no queríamos saberlo porque nos parecía que decir estas cosas empañaba la imagen que teníamos de ti… Después hemos sabido que hasta Jesús mismo tuvo ascendientes familiares nada recomendables, incluso algunos de ellos nacidos fuera de la unión matrimonial… Definitivamente los criterios de Dios son distintos de los nuestros… Sigue,  sigue, que nos estás dando una lección admirable de entereza y de fidelidad a los planes de Dios, en circunstancias bien difíciles… ¿Y cómo y cuando te encontraste con Vicente…?

No recuerdo con exactitud cuando nos cruzamos la primera mirada, pero fue algo casual, sin buscarlo ni pretenderlo… Nuestro Buen Dios sí que lo había dispuesto sabiamente… La mirada profunda de Vicente, sus palabras cálidas y vibrantes, a la vez, me impactaron desde el primer momento… Me di pronto cuenta, desde mi intuición femenina, que Vicente era el sacerdote, el Director Espiritual que mi alma angustiada necesitaba…

Bueno, bueno, Luisa, nos vas a hacer creer que eso fue como el primer flechazo, como diríamos hoy con lenguaje castizo…

Llamadlo como queráis, pero fue así como os lo cuento… Tengo que añadir que El también vio en mi, desde el primer momento, algo especial, como la persona ideal que necesitaba para realizar las obras de caridad que  Dios iba poniendo en su camino…

Eso sí que fue sintonía y empatía al instante… Claro que Dios  hace las cosas bien, incluso por caminos o renglones torcidos… ¿Y como empezasteis a trabajar juntos…?

La visión de Vicente sobre la relación con Dios y el amor a Dios y al prójimo era completamente distinta de la mía. Pronto se dio cuenta de que mi piedad y devociones estaban desencarnadas de la realidad sangrante de nuestro país en aquel momento crucial… Sin desengancharme  del todo de mis devociones y rezos, me ayudó a descubrir el rostro de Cristo en los pobres, en los enfermos, en los niños abandonados que pululaban por las calles de París, destrozado por las guerras, pobrezas y miserias de todo tipo… ¡Y las cofradías de Caridad, sus cofradías de Caridad…! Habían surgido fuertes en Chatillon, después de uno de sus sermones vibrantes, pero, poco a poco, bamboleadas por los vientos de las voluntades cambiantes, habían decaído… Necesitaba manos femeninas, de aldeanas, de damas nobles de la corte, pero también manos expertas, entusiastas, dedicadas en cuerpo y alma a los pobres, como si de una obsesión compulsiva se tratase… Dios le hizo ver en mí esa persona que El necesitaba para la dedicación integral a los pobres… Casi sin darnos cuenta habíamos coincidido en la necesidad apremiante de crear la Compañía de las Hermanas,  que hoy se llaman en la Iglesia las Hijas de la Caridad. Fue en 1633 cuando quedó constituida definitivamente nuestra Compañía…

¿Y como planificabais la actividad conjunta? Según nuestra información y el documento visual que nos ha llegado en la película de Monsieur Vincent, no fue nada fácil llegar a acuerdos consensuados…

Es normal que no siempre y al primer momento coincidiésemos en todo. Tratándose de humanos, siempre hay distintos criterios o formas de ver las cosas, incluso entre personas hermanadas por una profunda amistad y movidas por el mismo impulso vital de la caridad y servicio a los más desfavorecidos…Pero siempre se llega a un acuerdo de buena voluntad cuando se dan esas condiciones interiores previas…

Dicen los que os conocen a fondo que Dios os hizo el uno para el otro, que El os puso en el mismo camino para que realizarais juntos su gran proyecto de Caridad que el mundo necesita en aquellos momentos. Dicen incluso que de tal manera os complementabais y necesitabais el uno al otro que ni Él hubiera sido sin ti el gran Vicente de Paúl que todos conocemos, ni tú hubieras sido sin él la gran Luisa de Marillac que empezamos a conocer…

Está bien que digan eso, si así quieren expresarlo, en una frase que suena bien a  los que bien nos quieren… Lo importante es que Dios dispuso, en su Providencia, contar con nuestras personas insignificantes para realizar su obra, la que Él mismo había ideado para mejorar este mundo que no responde a sus planes de construir un mundo  en el que todos puedan vivir de acuerdo con la dignidad humana… Lo importante es que vosotras que estáis aquí en representación de la Familia Joven  Vicenciana, os deis cuenta de que la entera Familia está llamada a continuar esta misión que el Buen Dios puso en nuestras manos…

Eso se dice fácil, Luisa, pero la realización efectiva es algo que sobrepasa nuestras fuerzas, aún teniendo en cuenta la opinión de los más optimistas…

No es para tanto, Pilar y Almudena: ni Vicente ni yo pensamos,  ni remotamente,  lo que podía surgir de nuestra decisión inquebrantable de servir a los pobres en todas las manifestaciones de nuestro tiempo… Basta poner manos a la obra y dejar que Dios vaya guiando vuestro caminar… Las pobrezas de hoy son distintas a las que nosotros conocimos, pero no menos sangrantes… Es impensable lo que el ser humano puede llegar a realizar impulsado por la fuerza del espíritu…

En estos momentos llega Vicente, eufórico, pletórico de alegría y entusiasmo a felicitar a Luisa y se une al diálogo… Habéis dicho  cosas bonitas y llenas de realismo, dice. Yo no quiero prolongar demasiado este diálogo enriquecedor, pero permitidme algunas anotaciones que creo importantes para que conozcáis más a fondo la persona  y la espiritualidad de Luisa y deis gracias a Dios por ella…

  • Efectivamente, yo no sé si ella hubiera llegado a realizar, sin mí, los planes de Dios sobre ella, pero sí que os puedo decir, convencido, que el proyecto de Caridad que Dios iba poniendo en mi camino, día a día, paso a paso, machaconamente, no hubiera sido viable sin la colaboración y entrega incondicional de Luisa. Ella fue el gran regalo de Dios a la familia que Él mismo se había escogido.
  • Dios iba poniendo en mi mente y en  mi corazón grandes  ideas y proyectos de transformación…, pero las grandes  ideas y los planes espectaculares de nada sirven si no cuentan con una la mano cercana y amiga, con las líneas de acción concreta, con la persona que sabe combinar lo ideal y deseable con la viabilidad concreta, con la capacidad de adaptación a la realidad cambiante de cada día, con la ternura de una madre, con la persona animosa que sabe levantar a los decaídos y frustrados…
  • Los planes de Dios exigen pasar previamente por el entrenamiento de la cruz y la entrega de la propia vida… Jesús alimenta nuestra esperanza cierta de Resurrección porque pasó por la inmolación de su propia persona para manifestarnos su amor… Dios mismo, en su Providencia, fue preparando el corazón de Luisa para la gran misión que le iba a confiar, a través de una vida llena de cruces y sufrimientos indecibles… Esos son los caninos de Dios… Y le damos gracias por habernos elegido para sus  planes…

Gracias, Luisa  y Vicente por vuestro testimonio admirable… Feliz cumple de nuevo, Luisa. Y buenas tardes a los dos…

Gracias por vuestra visita, Pilar y Almudena… Buenas tardes.

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

Comentarios recientes

Calendario

agosto 2018
L M X J V S D
« Jul    
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  

Archivos