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Comencemos de nuevo…

Comencemos de nuevo…

¡Hola, Vicente…! Parece que no te ha sentado mal  el verano, a juzgar por las apariencias…

recomenzar¡Hola, Luisa…! Tú tampoco estás mal: pareces más joven que cuando nos encontramos la última vez…

Me parece estupendo que cultivemos de vez en cuando el sentido del humor, Vicente: así nuestros jóvenes nos ven más cercanos y nos entienden mejor… ¿Sabes…? Tengo la sensación de que todavía no hemos entrado del todo en su mundo, en su sensibilidad ni en su manera de ver las cosas…

Bueno, Luisa, dicen nuestros amigos de España que “no se puede pedir peras al olmo”. A nuestra edad no pueden esperar de nosotros que veamos las cosas como ellos, aunque tengamos la misma fe y tratemos de levantar su ilusión y su entusiasmo hasta lo más alto…

Ahí quería llegar yo, Vicente…. Eso es lo que nos piden una y otra vez nuestros jóvenes bien llamados “vicencianos”, porque, de verdad, eso es lo que esperan de nosotros… Desde finales de Agosto están enviándome emails pidiendo entrevistarse de nuevo con nosotros. Algunos  más atrevidos insinúan que no estamos cumpliendo nuestro compromiso de dialogar con ellos con una cierta frecuencia… A Concha y Jorge, de JMV de Madrid, ya les he prometido que de esta semana no pasaba…

Pues sí que son impacientes estos madrileños, (españoles, quiero decir). A lo mejor es que les ha afectado demasiado esto de los juegos olímpicos de Madrid en el 20… Supongo que nos has excusado diciendo que las preocupaciones por los conflictos internacionales, las movidas del nuevo papa Francisco y  otros imprevistos nos han robado todo el tiempo… Por otra parte, el verano es el verano para todos…, ¿no?

Sabes que soy discreta, Vicente. Ellos  nos han entendido perfectamente,  y nos disculpan… Pero, ¡si ya están ahí…! Perdón, Vicente, seguiremos nuestro coloquio particular… ¡Hola, hola…!

¡Hola, Luisa! Aquí estamos ya, preparados para empezar nuestra entrevista con vosotros… Somos Concha y Jorge, de Madrid, pero venimos en representación de JMV de España, después de haber asistido al encuentro de JMJ en Rio y después de haber tenido unas cuantas experiencias de servicio durante  el verano… Nosotros estamos pletóricos de entusiasmo, pero nos preocupa la dejadez, el desencanto y hasta la apatía de tantos y tantos jóvenes, incluso de JMV…

Tranquilos, tranquilos…, se oye la voz tenue de Luisa. No podéis juzgar a los demás por vuestro estado de ánimo de estos momentos… Ni podemos exigir a todos la  misma moneda de cambio… A cada uno hay que pedirle que se sitúe en su mundo, que intente superarse a sí mismo y que busque los apoyos que necesite para llegar a su propia realización personal, en el más alto grado posible….

Pues de eso queremos hablar, precisamente, Luisa, exclama Concha enardecida. Hay muchos jóvenes por ahí que ni siquiera piensan en esas cosas…

Es verdad, confirma Jorge. Es muy desalentador para nosotros no encontrar la respuesta que esperamos de tantos compañeros, buenas personas, sí, pero de brazos caídos, sin decisión ni garra para intentar cambiar esta sociedad que no nos gusta y que, por otra parte, ellos mismos critican…

Pero, cambiar el mundo o la sociedad en la que nos toca vivir, aunque sea sólo un poquito, lleva toda una vida, interviene Vicente. Jesús mismo, mientras estuvo con nosotros, cambió sólo a un puñado de hombres y mujeres… Nosotros  mismos, Luisa y yo, en nuestro tiempo cambiamos solo un poquito de aquel lodazal de miseria y de muerte que nos rodeaba por todas partes, aunque algunos nos pongan por las nubes por nuestra obra ingente…

Cierto, pero Jesús y vosotros mismos, por la fuerza de su espíritu, pusisteis  los cimientos para que todo cambiase a lo largo de la historia, interviene Concha sagazmente. Y eso es lo que debemos intentar nosotros, ¿no?

Bien dicho, pero con paciencia, paso a paso, sin altibajos, confiando más en la divina providencia, que mide los ritmos de los tiempos, que en vuestro propio impulso, dice sonriendo Luisa.

Bajemos a la arena de nuestra realidad, sentencia Jorge… Quiero poner algunos ejemplos. Muchos jóvenes, y otros no tan jóvenes, dicen mil palabras bonitas, critican a diestro y siniestro, se ensañan con políticos, banqueros, jueces, partidos democráticos, con la iglesia del pasado y del presente,  con los  compañeros de clase o de grupo… A la hora de la verdad, no son estos jóvenes criticones los que arriman el hombro para mover la pesada rueda del molino que muele el trigo del granero… Y si empiezan, se cansan a las primeras de cambio: es demasiado para nosotros solos, se disculpan… Y, al final, siguen el ritmo cansino del tiempo, de la sociedad del consumo hedonista, de la corriente de los indolentes…

Es la eterna cantinela de siempre, Jorge, corrobora Concha. Es más fácil hablar que dar trigo. Los conocemos bien, pero tampoco nosotros debemos prestarles demasiada atención. Lo nuestro es seguir los pequeños gestos de Francisco, nuestro buen Papa, que el Espíritu Santo ha regalado a nuestra iglesia y a nuestra juventud. ¿No vibramos escuchándole en Rio? ¿No nos emocionamos viéndole bajar de su pedestal, acariciando a los niños, bendiciendo a los enfermos…? Ciertamente: un ejemplo, un gesto, vale más que mil palabras. Hay una inflación de palabras en el vocabulario de nuestro entorno, que bien merece la pena cambiar de signo…

Por ahí, por ahí, confirma Vicente. Lo nuestro y lo vuestro son los signos, la vida misma que llena de sentido las palabras. Nunca, con los discursos mejor diseñados por los sabios de nuestro tiempo, hubiéramos movido a tanta buena gente que hizo posible nuestra obra, mejor, la obra de la Providencia. Dios siempre actúa a través de sus mediaciones y esa es nuestra responsabilidad: ser, sentirnos y actuar como mediaciones de Dios…

Parece difícil de entender lo que dice Vicente, pero, en la práctica, no lo es tanto, sentencia  Luisa sonriente. No se trata de ser superhéroes de un día, sino de ser pequeños orfebres de lo cotidiano, de lo ordinario, de lo que no llama la atención, y hacerlo todo sin ruido, sin cartel ni bombo y platillo… Después, regarlo todo con el silencio interior, con  la oración de cada día, sabiendo que uno es el que siembra y otro el que recoge la cosecha… Los jardines se visten de flores que llenan de exquisito aroma los campos porque tienen raíces profundas, que el jardinero cuida y riega con esmero día a día…

Precioso, Luisa, aplauden al unísono, Jorge y Concha. Pero vamos a ver si lo hemos entendido bien. Voy a proponer un esquema  de vida cotidiana; y que Jorge me ayude. Después, vosotros corroboráis o matizáis…

Concha concreta diciendo, ahí va mi propuesta:

  • Al despertar por la mañana, me levanto con presteza, sin obligar a mi madre a que me eche tres o cuatro  gritos…
  • Elevo mi mente y mi corazón a Dios que me ha vuelto a la vida: despertar, ver, andar, estirar los brazos…, es un milagro cotidiano del que apenas soy consciente. ¡Qué menos que dar gracias al Dios de la vida, que  me la regala cada día…!
  • Comienza el trajín de las faenas caseras cotidianas: no es trabajo menor dejar la habitación arreglada, ayudar en la mesa, colaborar en el orden y limpieza de la casa, enseñar y ayudar a los hermanos más pequeños a hacer lo mismo…
  • Cojo mis arreos y me voy a la universidad o al trabajo que me corresponde para llegar puntualmente… (por cierto, no es el fuerte de los españoles llegar puntuales a nuestro destino, ni por la mañana, ni durante el día).

Jorge, en un alarde de sinceridad y solidaridad con Concha continúa:

  • La “uni” y el trabajo de cada día son otro talón de Aquiles de nuestros jóvenes (y de los no tan jóvenes). Es casi como una epidemia nacional: los jóvenes por las trasnochadas y movidas de fin de semana, por contagio, por costumbre…; los funcionarios porque tienen seguro su puesto de trabajo…; el conjunto restante, por costumbre inveterada transmitida de generación en generación… Lo cierto es que los españoles, en su globalidad, (con honrosas excepciones, claro) pasamos por ser los más indolentes y absentistas del trabajo en el conjunto de los países europeos. Y ojalá sea solo un prejuicio o un bulo…
  • Somos el único país de Europa, quizá del mundo, en el que  la noche de los fines de semana empieza, para  gran parte de nuestros jóvenes, a las 8 ó las 9 de la mañana del día siguiente. El alcohol, la droga, blandas y duras, no suelen escasear es estas  ¿fiestas? Todavía hay que  señalar que el inicio y el consumo de las drogas blandas comienza a los 13-14 años en España. Y lo peor es que, para muchos, esto es ser joven, disfrutar de la vida, estar  al día en cuestión de costumbres y adelantos de nuestro tiempo…
  • El costo en vidas humanas dejadas en las carreteras por nuestros jóvenes los fines de semana es preocupante, aunque últimamente hayan descendido notablemente…
  • En muchos casos, la tan cacareada oleada de voluntariado entre los jóvenes españoles es más un fuego de artificio, flases de colores…, que proyectos solidarios consistentes y duraderos, cuando no se convierten en banderías políticas de distinto signo…

Concha, de nuevo, toma la palabra:

  • La participación de los jóvenes españoles en la vida social, cultural y celebrativa  de la Iglesia es casi residual o simbólica: queda reducida a ocasiones o circunstancias especiales, a los encuentros multitudinarios, nacionales o internacionales, a las fiestas populares o tradiciones ancestrales…
  • Nuestras iglesias, los domingos, se parecen más a clubs de abuelos y de abuelas que a comunidades llenas vida, de ilusión y de creativa participación. ¿Dónde quedan diluidos los jóvenes de los grandes encuentros de JMJ en Madrid, en Rio..? Dos, tres millones de jóvenes de todo el mundo, ¿dónde  se meten en nuestra vida de cada día en las parroquias de barrio…?
  • Todavía se ve a algunas jóvenes en nuestras celebraciones y reuniones de formación o de servicios parroquiales diversos…  Pero, los jóvenes ¿dónde están?  Será la fe en acción, la formación y los servicios que nacen como exigencias vivas del seguimiento de Jesús algo reservado al sexo femenino?
  • En una sociedad pluralista, donde se expresan las más variopintas opiniones, donde se tiene   a gala decir que soy agnóstico, ateo o furibundo enemigo de la iglesia, ¿dónde se oye la voz sencilla, humilde y respetuosa de los jóvenes creyentes que proclamen su fe sin miedos ni tapujos, con la alegría transparente de ser fiel a su propia conciencia…?
  • ¿Dónde está  la coherencia de muchos de nuestros jóvenes de JMV, que  asisten a nuestras reuniones de grupo, incluso son catequistas y asisten a algunos encuentros o convivencias y se olvidan de la práctica sacramental habitual y del servicio organizado a los pobres que son nuestra herencia vicenciana?

Bueno, bueno, interviene Luisa, veo que realmente estáis pletóricos de vida y entusiasmo, después del encuentro de JMJ en Rio…; que estáis dispuestos  a cambiar el mundo de arriba abajo… Creo, sin embargo, que exageráis, que solo veis una cara de la moneda. Conviene serenarse, intentar ver también las pequeñas luces que brillan en la penumbra de la sociedad y del ambiente en que os movéis… No existen solamente el blanco  y el negro; existen también luces intermedias que hay que potenciar y ponerlas encima de la mesa para que las vea la gente y alaben a nuestro Padre celestial…

Y Vicente asiente con Luisa. Los seguidores de Jesús, dice,  no pueden ser nunca pesimistas, agoreros o aguafiestas.  Más fuerte que la fuerza del viento que empuja la barca hacia el acantilado es la presencia del Timoner que acompaña a los suyos y les conduce seguros al puerto… No sabemos los planes de Dios… Sabemos sí, la historia de la iglesia lo atestigua, que la barca de Pedro ha estado siempre zarandeada, cada época a su manera, pero el mismo buen Dios a través de su Espíritu Santo ha estado siempre al quite, suscitando los santos y los remedios adecuados a cada etapa de la historia. ¿Por qué no pensar que ha llegado el momento de  los seglares, y más concretamente de los jóvenes de hoy, que habéis sentido la brisa suave de la llamada de Dios a cambiar esta sociedad que no os gusta? Basta ya  de lamentos estériles y de críticas a diestro y siniestro: soy yo, eres tú, Concha, Jorge…, los llamados. Hoy mejor que mañana…

¿Y qué tenemos que hacer, preguntan asustados Jorge y Concha?

Nada nuevo ni imposible, otros muchos lo han hecho antes que vosotros, contesta Luisa: Comenzar de nuevo. Ir a las fuentes… Tenían un solo corazón y un alma sola. No había pobres entre ellos… Todo lo compartían según las necesidades de cada uno… Y dejándolo todo le siguieron…

Gracias, Vicente y Luisa, nos habéis dejado inquietos y temblando, pero lo intentaremos, sabiendo que  no estamos solos…

Gracias, Jorge y Concha: no tengáis miedo, otros lo han hecho antes que vosotros: lo que  es imposible para el hombre, es posible para Dios. Buenas noches y hasta la próxima…

1 comentario

  1. Mitxel

    No ha mucho que el amigo Félix me remitió una “sesuda” reflesión sobre Vicencianos. Desgraciadamente muy pocos compartimos su opinión (ideológica, estructural y económica). En este sentido es muy penoso el nulo aprecio “efectivo” que muestra el personal de la Provincia por los nuevos medios de evangelización. No nos engañemos. Exigimos pero no damos. En este sentido..¡me paso a los tridentinos, perdón, a los trebolarios!…. Gracias, amigo Félix. Seguiremos en la brecha aunque desde Roma, pasando por Zaragoza, sigamos siendo una gilipollas. De estos es el Reino de los Cielos (“Casaldaliga”).

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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