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Aquí estamos, Vicente: “Enséñanos a amar”

Aquí estamos, Vicente: “Enséñanos a amar”

Perdona, Vicente, ayer estuve muy atareada con nuestros pobres y no pude venir a felicitarte en tu día… Pero vengo acompañando a un puñado de entusiastas, tus hijos e hijas que habían solicitado este encuentro contigo desde hace tiempo. Con que mires sus caras te darás cuenta de la alegría que sienten de poder hablar contigo y exponerte sus inquietudes y anhelos…

Bueno, Luisa, seguro que tú les has azuzado un poco para apañar este encuentro precisamente en torno a esta fecha… Ya sabes que, precisamente en estos días, es cuando estoy más ocupado que nunca con  nuestros pobres, que aumentan de día en día en estos tiempos de crisis y de guerras… Encima, este amigo Papa Francisco que tenemos nos está complicando las cosas: ¿qué vamos a hacer con tantas casas vacías…? Sí, yo sé que todo lo nuestro es de ellos, pero la experiencia nos enseña que la cosa es complicada… Tú lo sabes, Luisa, tan bien como yo…

Estás hecho un sagaz provocador, Vicente, bien sabes tú qué hacer con tanta riqueza que  nos sobra… ¿Pues no eras tú el que nos decía que el amor es inventivo hasta el infinito  y que había que vender hasta los vasos sagrados para asistir a los pobres…? Además, ellos vienen precisamente a eso, a que les digas como vivir precisamente hoy, en nuestra sociedad, esa gozosa utopía evangélica que tú hiciste lema de tu vida… No van a cantarte, no, “Estas son la mañanicas…”, sino ese himno lúcido, que uno de tus hijos, en un momento de inspiración, te dedicó con el alma y el corazón en sus manos… Te lo dedican con la misma humildad que aprendieron de ti…

Enséñanos a amar, Vicente de Paúl,
al pobre nuestro hermano
como lo amaste tú (BIS)

No sabemos sufrir con los que sufren ,
rehusamos llorar con los que lloran,
ignoramos la voz que nos suplica,
y la mano que hambrienta nos implora

Acallamos a veces entre rezos
el clamor de los pobres que nos gritan
con palabras de Cristo y su Evangelio,
que sólo es el amor lo que da vida

Vicente de Paúl que descubriste
a Cristo desvalido entre los pobres,
que a la luz de tu vida descubramos,
que ellos son nuestros amos y señores.

Ya ves, Vicente, se adelanta a decir Miguel, uno de los Paúles de pro, hasta nos hemos emocionado un poco, evocando  tu vida en esta sentida canción…

Nosotras, dice Nieves, una de las recién estrenadas Hijas de la Caridad, más que emocionarnos, no hemos podido contener unas lagrimillas, estando reviviendo la presencia del Señor  Vicente entre nosotras. Nos sentimos como Juana, la hermana que recibió la última confidencia del Señor Vicente: “Por tu amor, Juana, solo por tu amor, te perdonarán los pobres el bien que les haces…”

St_Vincent_de_Paul_portraitSi seguís así, corta Vicente, hasta yo mismo voy a sentir un nudo en la garganta, y eso que soy un gascón irreductible… Vamos a ver como entramos en materia, que son muchas las tareas que tenemos y los pobres nos están esperando…

Rompamos protocolos, vayamos al grano, se adelanta de nuevo Miguel… Yo diría que, entre nosotros, todavía  yace el sustrato de amor preferencial hacia el pobre, hacia los necesitados, pero lo envolvemos en componendas y adaptaciones al pobre de hoy, en su circunstancia, que no sé yo, a ciencia cierta, si son escapatorias o adaptaciones legítimas del amor creativo…

Bien, Miguel, sonríe Vicente, ciertamente los pobres de hoy no son como los de ayer, ni como los de mi tiempo, ni tampoco están ubicados solamente en el campo: hay en las ciudades bolsas de pobreza tan sangrantes como las que yo viví en el París de mis días… Pero el espíritu con que los servimos debe ser el mismo: ellos son, donde quiera que se encuentran, el rostro desfigurado de Cristo; y debemos servirles con el mismo espíritu y ternura con que acogeríamos a Jesús camino del Calvario…

Pero, Vicente, bisbisea Miguel, ellos, muchos de ellos, nos engañan de mil maneras… No podemos ser ingenuos…, mejor tratarlos con exigencia, educarlos para que puedan salir ellos mismos de su estado de postración…

Cierto, Miguel, pero sólo a medias… Sabes muy bien que gran parte de ellos son víctima de la injusticia, de la corrupción envolvente, de la economía estructural asfixiante…  Nuestro amor y servicio a los pobres debe darnos coraje para la denuncia profética, la limosna no basta; hay que llegar hasta arriesgar la vida por su causa, como hizo el mismo Jesús, nuestro Maestro y Señor… También es verdad que la condición humana, egoísta y egocéntrica, contagia lo mismo a pobres que a ricos; que también hay pobres que son víctima de su propia indolencia y de sus malas costumbres incrustadas en su piel… A esos hay que servirles ensenándoles a ganarse el pan con el esfuerzo de sus manos, con la capacidad de su inteligencia… Por ahí debe empezar nuestro amor efectivo a los pobres, poniendo todo lo que somos y tenemos al servicio de la educación de los más desprotegidos de la sociedad…

¿Y qué hay, insiste Miguel, de nuestras casas vacías o a medio ocupar, qué hacer con ellas: adecentarlas para darles un uso productivo en nuestra sociedad, pactar con las autoridades locales un alquiler razonable para que esas autoridades o empresas lo hagan por nosotros,  o habrá que pensar también en la posibilidad de dar cobijo digno a emigrantes y transeúntes o desahuciados…? A mí personalmente las palabras recientes de nuestro buen Papa Francisco, respecto a este tema, me han producido desasosiego… Es insufrible saber que miles de personas malviven en la calle y duermen en el duro suelo, mientras a nosotros nos sobran espacios enormes y potenciales salas dormitorio… ¿Es delirio o quimera pensar así…?

Ciertamente, Miguel, continúa Vicente, esas palabras de Francisco no pueden dejarnos indiferentes. Denuncian un problema real gravísimo: si somos seguidores de Jesús, que no tenía donde reclinar su cabeza, no podemos dormir tranquilos en casas decentes y camas confortables los que nos hemos comprometido formalmente a servir a los pobres, viviendo como ellos y experimentando sus mismas carencias… Pero tampoco podemos ser masoquistas, o ingenuos, hemos de aceptar nuestra propia condición  humana: vivir en comunidad en condiciones de servicio permanente a los pobres nos exige unas condiciones de vida de Comunidad que nos capacite para una relación estable permanente entre los miembros de la Comunidad y nos mantenga fuertes, de cuerpo y de espíritu, para el cumplimiento de nuestra misión hacia  los pobres, allá donde la iglesia y nuestro celo evangelizador nos señale… Otra cosa son los excesos que pueden darse en nuestras comunidades, que son la consecuencia del contagio de la sociedad consumista y hedonista que penetra por las rendijas de nuestras puertas y ventanas… Hemos de mantenernos en estado de permanente alerta para no dejarnos contagiar por la seducción del ambiente que nos envuelve con socaires de modernidad y de ansias de vivir a la altura de nuestro tiempo… Hay que revisar permanentemente en  nuestras comunidades los  gastos superfluos o no necesarios… Vivir como pobres, mantener la sensibilidad del pobre de verdad y, a la vez, la sensibilidad hacia el pobre  de aspavientos: esa es la clave a la que nunca podemos renunciar…

¿Puedo hablar yo también?, interrumpe tímidamente Nieves, la recién incorporada Hija de la Caridad…

Pues claro, asiente complacido Vicente. Para eso habéis venido, en representación de Padres y Hermanas, ¿no?

Quiero empezar por que me  aclares bien, de una manera comprensible incluso a las menos dotadas, entre las  que me encuentro yo, eso de “Por amor, Juana, sólo por tu amor, te perdonarán los pobres el bien que  les haces…”

Si lo piensas bien y lo interiorizas, Nieves, prosigue Vicente, lo entenderás con claridad… Es más sencillo de lo que parece… El dar a otro lo que sea siempre deja al que recibe el don en situación de inferioridad y dependencia, lo cual provoca en el subconsciente del que  lo recibe una actitud de recelo o autodefensa… Sólo cuando se da con amor, cuando lo que se da es como el aliento cálido que transmite calor, cercanía, confianza, adhesión al otro provoca empatía y gratitud… Es mucho más importante la actitud de amistad y de cariño hacia el pobre que la limosna y el servicio que le hacemos… Al servir al pobre hemos de hablarle de igual a igual, interesarnos por sus cosas, sus problemas, dejarle que se expansione con nosotros, como si fusemos sus amigos del alma… Eso, así…, como si viésemos en él el mismo rostro de Cristo que sufre por nosotros…

Pues todavía me dejas confusa, porque me parece imposible de cumplir, aunque sé que lo que es imposible para el ser humano es posible para el Señor, si nos dejamos conducir por su gracia… Pero hay todavía otra duda que me inquieta. A ver si acierto a expresarla… Cuando estabas con las Hermanas en París les decías una y mil veces que había que acompañar el servicio  al pobre con la instrucción, que había que hablar al pobre de nuestro buen Dios, enseñarles los cosas necesarias para salvarse… ¿Te acuerdas…? ¿Tenemos que  seguir haciéndolo así…? A mí, personalmente,  y a otras Hermanas que conozco en mi entorno, nos inquieta este problema: no sabemos cómo hacerlo. En la sociedad en la que vivimos esto puede interpretarse como hacer proselitismo, como querer imponer nuestra fe a otros…

Muy bien Nieves, veo que eres muy intuitiva, corta Vicente. Lo que dices es verdad, tenemos que poner sumo  cuidado en el respeto a las personas y a sus creencias… Pero, todo dependerá del modo como lo hacemos… A los amigos de verdad les comunicamos nuestros anhelos, nuestras esperanzas e ilusiones, expresando nuestro deseo de querer compartir con ellos lo mejor de nosotros mismos… No imponemos nada, ni forzamos su voluntad: compartimos con ellos lo más íntimo  de nosotros mismos. No son las palabras, ni las verdades que queremos transmitirles lo más importante, sino nuestras actitudes y vivencias: les ofrecemos lo nuestro, dejándonos interpelar por lo suyo y sus circunstancias. Es una simbiosis de quereres y de sentires…

Y Nieves se sincera: pero, por más que lo intentamos, Vicente, es muy difícil transmitirles nuestras convicciones profundas y nuestras intenciones. La mayoría de nuestros pobres son rudos e ignorantes, incapaces de percibir nuestras motivaciones últimas, acostumbrados a vivir de nuestras ayudas sociales…

Muy bien, Nieves: es cierto lo que dices, prosigue Vicente, y esa es una de las mayores pobrezas de nuestros pobres, la cual tendremos que erradicar también: mostrarles cómo distinguir lo uno de lo otro. Vosotras no sois limosneras, ni agentes sociales, ni profesionales de la caridad, ni voluntarias contra la pobreza sin más; tampoco sois predicadoras de turno, ni fanàticas de un  culto ni de las celebraciones religiosas de una religión. Ellos, los pobres, deben percibir en vosotras algo que os diferencie de unos y de otros… Es su olfato el que debemos agudizar, ese olfato que les lleve a interrogarse sobre vuestra vida y sobre vuestro hacer y actuar… Vuestra manera de actuar con el pobre debería provocar en ellos una de estas dos actitudes: ¡Como me gustaría que esta Hermana fuera de los nuestros! o esta otra ¡Cómo me gustaría ser como la Hermana! Si nuestra actitud se mantiene constante hacia el pobre, muy probablemente llegará el día en que nos pregunte. ¿Y Vd., Hermana, por qué es siempre así? ¿Por qué está siempre alegre y de buen humor? ¿Por qué  nos trata siempre con cariño, sin hacer distinción entre nosotros  y los suyos? Será el momento adecuado para decirle humildemente: “Yo soy así porque el buen Dios, en el que yo creo, me da vida y me empuja a compartirla con todos, sin distinción, incluso con los que no piensan como yo, con los que yo considero alejados de mi camino… Eso es lo que El mismo hizo, mientras vivió con nosotros, hasta que partió a la Casa del Padre. Él nos invita a seguirle, a recorrer sus caminos… Estoy segura de que Él nos espera a todos, sin distinción de razas y colores, junto a Él, cuando todo esto acabe…

Muy bonito, Vicente, exclama Nieves, ¿Y si esto no se produce, si nunca jamás nuestros pobres llegan a hacerse este interrogante ni llegan a comprender nuestra vida…?

Entonces, Nieves, continua Vicente, tendremos la satisfacción de haber imitado a nuestro Maestro y Señor que nunca impuso por la fuerza su mensaje, sino que una y otra vez, de una o de otra forma insinúa: “Si quieres, sígueme..” “Todavía te queda algo para heredar la vida eterna…”

Miguel, que ha escuchado atentamente el diálogo entre Vicente y Nieves, entra de nuevo en acción. Va directo a otro tema candente entre los misioneros paúles. Vicente, ¿Cómo ves tú desde arriba, pregunta, el tema de las misiones populares en el momento actual que estamos viviendo…? Las misiones al pueblo y las misiones más allá de la cristiandad fueron otras de tus pasiones acuciantes… Por eso quisiste que tus seguidores varones se llamasen “Congregación de la Misión”. ¿Tendremos que cambiar hoy nuestro nombre y dedicarnos a otra cosa más en consonancia con nuestros tiempos?

Difícil me lo pones, Miguel, contesta pensativo Vicente. Ciertamente muchas realidades de mi tiempo han cambiado sustancialmente hoy, en nuestra cristiandad y en nuestro mundo rural… La finalidad principal de las misiones en aldeas y pueblos de nuestro entorno era sacar al pueblo ignorante y deprimido social y anímicamente de su estado, enseñarle las verdades elementales, estimularles a compartir los escasos bienes de su pertenencia, ponerles en camino de salvación según el código moral  de nuestro tiempo y cosas así… Hoy, todo esto se realiza de mil modos distintos: a través de nuestros colegios y parroquias, a través de los medios de comunicación social, de nuestras obras e instituciones sociales… No obstante, si te he de ser sincero, creo que todavía deben ser una prioridad las misiones llamadas populares. Es una exigencia de nuestro carisma y de nuestra aportación específica a la iglesia evangelizadora…

 ¿Y qué decir a aquellos de los nuestros, insiste Miguel, que piensan que las misiones, tal como las hemos entendido en el pasado, son algo obsoleto, carente de sentido y de realismo en nuestra sociedad plural y multicultural, abigarrada de bienes y de tradiciones diferentes…?

Bueno, pues habrá  que decirles, contesta convencido Vicente, que precisamente por  ser  y vivir en una sociedad plural y multicultural, los nuestros tratan de ser fieles a nuestro propio carisma y estimularles a adaptar nuestras tradiciones y nuestros modos al ambiente social y a las realidades cambiantes  de nuestros fieles… Mantengamos el contenido del anuncio de la Buena Noticia de Jesús, y tratemos de utilizar bien los medios que nuestra sociedad desarrollada pone en nuestras manos…

Tus palabras, Vicente, prosigue Miguel, me dan mucho ánimo y me empujan a animar a algunos de los nuestros, indecisos y perplejos ante las nuevas realidades. Desde mi experiencia personal puedo decir que las misiones populares  todavía tienen sentido hoy y constituyen uno de las medios más eficaces de evangelización de nuestro tiempo. Ciertamente han perdido el mordiente de otros tiempos no lejanos, pero son más sólidas y eficaces en sus planteamientos. Hoy, lo prioritario de nuestras misiones no son un fervorín, que el viento se lleva, ni catapultar a los fieles a la confesión general que todo lo perdona, sino un planteamiento sereno y profundo de la vida cristiana, una llamada seria al pueblo cristiano a tomar consciencia de su propia responsabilidad de pueblo creyente… Aún más, lo más sólido de nuestras misiones al pueblo hoy es hacerles tomar conciencia de que ellos mismos, constituidos en verdaderas comunidades creyentes, deben ser protagonistas de su  propia evangelización, en torno a sus  pastores… Este es el sentido de la formación de comunidades familiares o grupos de encuentro que quedan establecidos al final de cada misión…

Es cierto, confirma Vicente complacido: yo mismo he sido testigo del esfuerzo enorme de nuestros misioneros por establecer estas comunidades familiares  de reflexión y oración, como el fruto maduro y fresco del tiempo fuerte de misión: la misión  no termina, la misión continúa, vienen a decir  estos grupos, seguimos contando con todos vosotros… También me ha complacido, y mucho, la participación de las Hermanas en las misiones de nuestros misioneros. Es una tarea nueva que encaja perfectamente en el sentido de participación eclesial de  las Hermanas al servicio del pobre, a través de las visitas a enfermos  e impedidos, a través de la animación a participar en la recepción de los sacramentos y de mil otras maneras que surgen en una sociedad tan variada y polivalente…

Todavía nos queda, continúa  sonriente Miguel, la gran novedad de nuestras misiones al pueblo y es la participación activa y plural de nuestros seglares comprometidos: jóvenes (ellos y ellas), casados y solteros, novios y casados… Era algo impensable hace tan solo algunos años. Constituye un signo irrefutable de que la evangelización, tal como la entiende la Iglesia hoy, es obra de todos. Ambientes y rincones donde no puede entrar el sacerdote hoy, debido a prejuicios ancestrales, la Hermana y los seglares son acogidos con sorpresa sí, pero, sobre todo, con admiración y confianza…

Pues, Miguel y Nieves, ánimo y adelante. Os felicito por vivir al loro de las realidades de vuestro tiempo, al filo de las exigencias de nuestro espíritu como Paúles  e Hijas de la Caridad. Ojalá este  pequeño diálogo con vosotros en el día de mi fiesta, ayude a  nuestras familias vicencianas señeras a renovarnos en el sentido más auténtico de nuestra vocación: servicio a los más pobres desde la exigencia de compartir lo mejor de nosotros mismos, anunciando la Buena Noticia de Jesús, con hechos y palabras. Nuestro buen amigo, el Papa Francisco, un regalo del espíritu para nuestro tiempo, nos anima a hacerlo así: “Hay que salir a la calle, recorrer los caminos y senderos, oler a oveja, superando la tentación del estancamiento o atrincheramiento en nuestras iglesias particulares.

Buenos días, Vicente. Gracias por tus sabios consejos y por seguir de cerca nuestro peregrinar misionero. No queremos terminar aquí: nos ha sabido a poco nuestro encuentro contigo hoy, en tu día. Buscaremos otra ocasión propicia para poner en hora nuestros relojes, al compás del caminar eclesial…

Buenos días, Miguel y Nieves. Gracias por haber venido. Transmitid a los nuestros mi solicitud y cariño. Decidles que sigo a su lado…

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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