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¿A quién votamos?

¿A quién votamos?

¡Luisa, Luisa! Perdona el retraso, sé que habíamos quedado a las dos y ya pasa de las tres de la tarde… Cuando ya venía para acá he recibido tres llamadas sucesivas de nuestros jóvenes de Andalucía, Cataluña y de Euskadi o del País Vasco, como quieras llamarlo… Las imágenes llegaban nítidas, por el skype,  a mi despacho… Se ve que el veranillo de San Martín también facilita la percepción de las imágenes por estos medios… Sus rostros reflejaban preocupación, tanto en ellos como en ellas… Y es que ya rondan los veinticinco y todavía no encuentran trabajo, teniendo como tienen todos ellos carreras brillantes terminadas… Tampoco tenían muy claro eso de los de derechas, los de izquierdas, los del centro ni  de  las autonomías, ni de sus políticos en general… Estaban hechos todo un lío, tanto unos como otros.  ¿A quién votamos, Vicente?, preguntaban: El 20-N está ya al caer y no sabemos todavía a quien votar…

¿Y qué les has contestado, Vicente? Es una pregunta bien embarazosa en estos momentos, especialmente en España.  Bueno, hay algo muy positivo en que pregunten y pidan consejo: por lo menos perciben que es algo muy importante que les atañe directamente y no sólo a ellos sino también a su entorno, a tantos compañeros  que están en la misma situación… Pero no es nada fácil contestar a botipronto a esa pregunta, y más estando como está la situación en España y en Europa…

Por ahí iba yo en la respuesta que les he dado, Luisa. Les he dicho que tuvieran un poco  de paciencia, que iba a hablar contigo esta tarde y que después de dialogar entre nosotros les daríamos la respuesta. Como vi que uno de los grupos, después de haber dialogado con los líderes de los otros grupos, tenía todo un documento escrito les he pedido que me lo mandasen por correo… Y aquí lo tengo, todavía fresquito, recién impreso en mi impresora portátil… Una vez más se presentan como portavoces Pili y Pablo, que ya les conocemos de otras ocasiones…

¿Por dónde empezar, Vicente? Yo también estoy hecha un poco de lío en estas circunstancias…

Se me ocurre, Luisa, que podíamos empezar por encomendar este asunto a nuestro Buen Dios, dedicando un rato a una oración especial. Nuestro amigo Jesús así lo hacía cuando tenía que emprender una acción especialmente importante… Vamos a orar un rato juntos, en este mismo parque, a la luz de este sol otoñal que dora las hojas de los árboles, antes de caer pausadamente al suelo…Y abramos el evangelio que nos ilumine…

… Ha sido un buen pensamiento, Vicente, eso de orar en profundidad y bucear en el evangelio buscando la luz que ilumine nuestra inteligencia para proceder con coherencia  en la toma de decisiones que van a marcar el futuro de nuestra sociedad durante unos cuantos años… Creo que esa es precisamente la primera idea fuerte que debemos trasmitir a nuestros jóvenes: votar es importante, y votar según nuestras convicciones e ideales todavía lo es más…

Bien dicho, Luisa. Hay que proclamar eso sin ambages: que votar no es solo un derecho, sino también, y sobre todo, un deber de conciencia, como ciudadanos y como seguidores de Jesús, en fidelidad a nuestro ideario de vida, que tiende a tomar partido siempre por los más pobres y marginados… En la oración que hemos tenido se me ha ocurrido abrir el evangelio por el sermón del montaña, capítulos 5 y 6 de San Mateo, y ¡válgame Dios lo que he visto y recordado! ¿Cómo vamos a recomendar a nuestros jóvenes que  tengan en cuenta este ideario evangélico a la hora de votar?, me he preguntado. Y la respuesta no se me ha hecho esperar: “Pues, así es, Vicente, me ha dicho esa voz profunda que llevo muy dentro de mí, pero no  tengas miedo, lo que para el hombre es imposible es posible para Dios, y Yo estoy siempre con los audaces, con los que arriesgan todo por mí, ¿o no te diste cuenta cuando yo estaba contigo en San Lázaro?”… Y me he puesto a temblar…

Esa es una inspiración en toda regla, Vicente…. Ya sé lo que vamos a recomendar a nuestros jóvenes, a Pili y Pablo, para que lo comun¡quen a los demás: que se reúnan en la sala de encuentros y que, con música ambiental relajante de fondo, como suelen hacer otras veces, comparen, en un clima de oración y de reflexión profunda, el ideal de vida que nos propone el Maestro y las líneas-fuerza que nos ofrecen los partidos en sus programas electorales…

…¡Vaya bomba, Luisa! Mira, mira el documento que me han transmitido antes de reunirme contigo… ¡Es precisamente algo de eso lo que han hecho antes de ponerse en contacto conmigo! Aquí tienes la tabla de valores que ponen en la balanza antes de ir a votar:

  • La vida, el derecho a vivir desde el  momento mismo de la concepción…
  • La dignidad de la persona como tal, sin distinción de razas, lenguas, culturas y religión…
  • Leyes justas, que posibiliten a todos vivir de acuerdo con la dignidad que les corresponde como seres humanos… Leyes que impidan las enormes y escandalosas  diferencias sociales entre pobres y ricos…
  • Moderación en el gasto público, que conduce a una situación sin salida, a una sociedad de paro casi irreversible…
  • Programas que faciliten la creación de empleo; que controlen y sancionen severamente la corrupción galopante que amenaza destruir la convivencia pacífica y el reparto justo de los bienes…

Estoy asombrada, Vicente, de la sagacidad y buen criterio de estos jóvenes vicencianos, como se llaman en España… Veo, en el documento que me has pasado, que las chicas no van a la zaga en esta selección de valores que hay que tener en cuenta a la hora de ir a votar, porque añaden ellas sin rebujo:

  • Respeto a la mujer, igual en dignidad, en derechos y capacidades, en todo, al hombre; no simple objeto de lujo, de portadas de revista, de anuncios de coches de alta gama o de mercados inconfesables…
  • Educación sexual responsable por parte de padres y de centros escolares, que tenga en cuenta la dignidad de la persona humana, que supere de una vez la ancestral concepción del sexo como disfrute del instinto básico que nos acerca a quien sabemos…
  • Matrimonio, como unión estable de un hombre y una mujer, que haga viable la familia unida, que permita la educación en concordia de los hijos; que mantenga el hogar en la seguridad y harmonía necesarias para el pleno desarrollo de las capacidades de la persona…
  • Solidaridad abierta a todos, personas desposeídas de casi todo y países que viven en la miseria por el abuso de los mercados y de las multinacionales. Comercio  y precio justo entre países pobres y ricos…
  • La paz que nace de la justicia, del control de armamento y, sobre todo, de la conciencia colectiva de la dignidad de las personas, culturas e ideologías…

Pues sí, Luisa, las chicas han estado finas en esa reunión de reflexión sobre los valores que hay que tener en cuenta a la hora de ir a votar. Pero, todavía me gustaría destacar, con los chicos, tres o cuatro cosas más:

  • Estimular con leyes adecuadas la ayuda a las familias menos pudientes, a las familias con niños en proceso de formación, en vez de facilitar el aborto, los métodos anticonceptivos a niñas irresponsables o víctimas de hombres sin escrúpulos,   y un largo etc.
  • Respetar la objeción de conciencia del personal sanitario, a la hora de exigir el cumplimiento de ciertas leyes o servicios que atentan contra su conciencia personal…
  • Garantizar la calidad y la gratuidad de la enseñanza a todos los niveles; estimular el esfuerzo en el estudio; devolver el respeto y la autoridad a los profes y entre los alumnos, evitando las encerronas o los acosos a los más débiles…
  • Caminar hacia el cheque escolar familiar de educación, que permita a los padres elegir el tipo de educación que prefieren para sus hijos o, al menos, optar por el centro escolar de sus preferencias… Eliminar las trabas encubiertas que ponen ciertos centros a la enseñanza de la religión en los colegios públicos…
  • Asegurar, por todos los medios legislativos posibles, las prestaciones sociales a los pensionistas, parados y menos favorecidos; mantener la gratuidad de la sanidad pública, principalmente a los más desfavorecidos;  dar preferencia a la sanidad pública, a la hora de fijar los presupuestos anuales…
  • Suprimir de una vez los privilegios de ciertas autonomías, aunque vengan de lo que llaman derechos históricos… Después de tantos años de vida como nación, hay que eliminar todo lo que favorezca la desigualdad o provoque  resentimientos entre unos y otros… No tiene por qué haber Autonomías de primera,  de segunda y de tercera…

Me quedo flipada, Vicente, de la profundidad y del buen sentido de estos jóvenes que se han dirigido a ti. Hay que felicitarles, hay que transmitirles por medio de Pili y de Pablo que “chapeau” (“chapó”, para los que no sepan pronunciarlo en francés), que sigan con esas inquietudes y altura de miras…

Pero espera, espera, Luisa, que la cosa no acaba ahí, porque, a continuación, Pablo y Pili  preguntan: “¿Pero es que existe algún partido político que se acerque ni de lejos a esta tabla de valores que creemos, de buena fe, que dimanan del ideal evangélico?” Y aquí está nuestro reto, Luisa: hay que decirles sin ambages que ni de coña se acerca ningún partido político a estas alturas del ideal cristiano…

Bravo, Vicente, tú siempre con tu claridad de ideas. Comulgo totalmente con tu pensamiento: hay que ir a votar, a sabiendas de que ningún partido político es precisamente la encarnación de nuestro ideario cristiano…

Pues eso es lo que quiero decir, a saber, que, como seguidores de Jesús, nuestra opción preferencial absoluta es el mensaje de Jesús y que por eso no pertenecemos propiamente a ningún partido, ni de derechas ni de izquierdas ni de ningún otro color, aunque, dada la condición humana, para evitar males mayores, tengamos que decantarnos por uno u otro partido, según las circunstancias. Jesús y su ideario de vida, con respeto profundo a los que no piensan como nosotros, es nuestro único santo y seña, nuestra única bandera política…

Me imagino, Vicente, que nuestros chicos no deducirán de tus palabras, diáfanas en sí mismas, que da lo mismo votar indistintamente a uno o a otro partido, o incluso abstenerse, o votar alternativamente a uno y otro…

Seguro que no, Luisa, nuestros chicos han dado pruebas más que suficientes de saber discernir correctamente… Pero, por si hay algún despistado, o tardo para comprender, vamos a dejarles claro que siempre hay que buscar acercarnos, a la hora de depositar nuestro voto, al ideal que da sentido a nuestras vidas, al programa electoral que más se acerque a nuestro ideario o que defienda, según nuestra conciencia bien formada e informada, el mayor conjunto de medidas aceptables…No, no me gusta eso de optar por el mal menor, optemos por siempre por el bien mayor, aunque nuestro aval global a un partido implique la aquiescencia inevitable a ciertos daños colaterales. Dejemos claro que los partidos, por instinto de supervivencia política, siempre tienden a proponer planes y programas políticamente correctos, mientras que nosotros tenemos que luchar y defender nuestras ideas por opciones evangélicamente coherentes…

Bueno, bueno, Vicente, te van a decir algunos de los nuestros que eso es un poco de rollo, que no lo acaban de entender… ¿Cuál es realmente la diferencia entre buscar el bien mayor y la aquiescencia (aceptación solapada, digamos) del mal menor…?

Perspicaz que eres, Luisa. Pues es una diferencia de matices muy importante, a mi entender. Como seguidores de Jesús, no podemos optar nunca por el mal en sí mismo, pero, a veces, el bien y el mal están tan inseparablemente unidos que no podemos separarlos de momento, ya llegará el momento oportuno… Quizá la parábola del trigo y la cizaña que crecen juntos en el campo hasta el tiempo de la cosecha, con la “aquiescencia” del Sembrador, puede iluminar nuestra reflexión…

Me parece genial tu comparación, Vicente, creo que puede iluminar un poco a nuestros jóvenes. No obstante, a veces, es difícil discernir entre el grano y la cizaña, y más aún cuando se trata de opciones que dependen de la conciencia personal de cada uno, de la sensibilidad de las personas, de ámbitos culturales y sociales distintos etc. etc. De hecho, si leemos atentamente el documento que te han transmitido, ellos y ellas confiesan sin recato que, aun teniendo en cuenta el listado de valores que han señalado, todavía no saben discernir con total claridad el “bien mayor” o “el mal menor”, a la hora de optar por un partido u otro, y que, de hecho, hay entre ellos compañeros que, con la mejor voluntad del mundo, votan por distintos partidos…

Cierto, Luisa, la conciencia es muy compleja… El mismo evangelio de Jesús que es tan exigente  y claro en los principios, es muy plural y abierto en la valoración de las opciones y de las conductas. Con gran sorpresa, y hasta con escándalo de algunos, afirma que los que son tenidos por modelo serán juzgados con más severidad que los que son condenados y desechados por malos… Pero, si algo debe quedar claro es que siempre debemos buscar el bien mayor, lo más próximo a nuestro carnet de identidad cristiana. Para eso debemos formarnos muy bien, informarnos mejor todavía, reflexionar  a tope antes de dar nuestro aval a ninguna opción política… Significa también que si finalmente deposito mi confianza en un partido, a través de mi voto, esto no implica mi asentimiento incondicional a todas y cada una de las propuestas de su programa electoral… Dejemos claro a los partidos de nuestra elección que nos tendrán frontalmente encontrados en cualquier momento y circunstancia en que sus proposiciones no coincidan con lo que nos dicta la recta conciencia, iluminada por el mensaje de nuestro Guía y Maestro…

Esto está encarrilado, creo yo también, Vicente, solo nos queda estimularles a ser coherentes con lo que dicen que son y con el ideario de Asociación a la que pertenecen… Las directrices del Papa en el reciente encuentro de la juventud mundial en Madrid les servirá de pauta. Recemos a nuestro Buen Dios con esta intención…

Hay todavía un buen pensamiento que quiero transmitirles, que halagará su sensibilidad y psicología joven, y es que los seguidores de Jesús son inconformistas por naturaleza,  luchadores empedernidos, contestatarios  infatigables, hasta límites que raya la rebeldía institucional, porque su programa de vida, inspirada en el mensaje de Jesús, va mucho más allá de las soflamas políticas, de las propuestas altruistas bien intencionadas, más allá incluso de los proyectos humanos más idealistas… Su proyecto es de vida y vida en plenitud que solo se encuentra más allá de nuestras fronteras, y que sólo se llega a esa meta a través de la utopía de las Bienaventuranzas…

Seguro  que a más de uno les parecerá que te has subido de tono, Vicente, pero así es, yo me uno a este final de tu discurso y estoy segura de que habrá algunos que también nos entenderán, si no el Maestro nunca habría hablado de que es posible lo imposible, a saber, intentar acercarnos a la cima de las Bienaventuranzas: “Lo que consiguieron algunos de nuestros hermanos en la fe, en los tiempos pasados, ¿por qué no vamos a poder alcanzarlo los jóvenes soñadores de nuestra generación?”

Sólo nos queda dar las gracias a estos jóvenes, en especial a Pili y Pablo, que se han atrevido a dirigirse a nosotros, a mi pobre persona, para plantearnos tan escabroso y difícil interrogante. No damos soluciones hechas, ni respuestas concretas: toca a cada uno asumir su propia responsabilidad, en coherencia con los principios de su fe y en línea de fidelidad al ideario de servicio comprometido a los más desfavorecidos, que es lo que nosotros les hemos transmitido…

Gracias, Pili y Pablo. Transmitid nuestro reconocimiento a los grupos vicencianos a los que representáis en Euskadi, Cataluña y Andalucía, donde lo tenéis más difícil aún que en el resto de España. Contad con el apoyo decidido de vuestros amigos Vicente y Luisa, desde este otro lado de la frontera…

¿Para cuando quedamos la próxima reunión, Vicente? Yo creo que deberíamos aprovechar el tiempo de gracia de la Novena a la Milagrosa, ¿no te parece?

Pues sí, Luisa, me parece perfecto. A lo mejor sería un buen tema hablar del regalo precioso de la Medalla y de los milagros de cada día que ella sigue realizando en nuestras pequeñas “compañías…”

Buenas tardes, Vicente.

Buenas tardes, Luisa

Hay que votar con el carnet de identidad de la familia vicenciana en la mano

1 comentario

  1. Aurora Iniesta Serrano

    Padre Félix genial,
    Felicidades por lo sencillo y bien que San Vicente y Santa Luisa lo explicas.
    Me ha encantado.
    Un saludo Aurora.

    Responder

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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