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Un viaje a la esperanza: la obra humanitaria del P. Pedro Opeka c.m.

Un viaje a la esperanza: la obra humanitaria del P. Pedro Opeka c.m.

Este es el título que el escritor argentino Jesús María Silveyra, autor de un buen número de obras literarias y testimoniales, da a su libro biográfico sobre el P. Pedro Opeka, sacerdote paúl argentino, de origen esloveno. Lo publicó la Editorial CEME hace unos años.

Tuve el privilegio de convivir con Pedro Opeka en Paris durante dos años: de Septiembre 1973 a Junio de 1975; yo hacía Catequética en el Instituto Católico y él completaba sus estudios teológicos. Acababa de llegar de dos años de experiencia misionera en el sur de Madagascar.

Este libro, que relata su vida y su obra en Madagascar, confirman los mejores presagios sobre Pedro, joven inquieto, dinámico, entregado total, espíritu joven y alma misionera cien por cien: la iglesia de Rue de Sèvres, 95 sólo se llenaba de jóvenes cuando él celebraba alguna de sus movidas. Las misas privadas compartidas con él constituían un soplo de ilusión y de entusiasmo.

Difícil condensar en pocas líneas el dinamismo explosivo de la obra de este humilde insigne paúl de nuestros días. Me limitaré a reseñar algunos de mis sentimientos más profundos y a destacar algunas de sus propias palabras, que han dado impulso vital a su misión evangelizadora, en el más genuino estilo y espíritu vicenciano.

Al acercarme despacio y silencioso, mirando al fondo, a su vida y su obra, tengo la sensación de encontrarme inmerso en el alma de insignes santos de nuestra Iglesia: Juan Bosco, el apóstol de la educación juvenil; Madre Teresa de Calcuta, recorriendo los barrios mugrientos de la ciudad que le ha dado su nombre; el Abbë Pierre, fundador de los Traperos de Emaús, que da vida a los desheredados con los deshechos de nuestra sociedad consumista; y, sobre todo, tengo la sensación de encontrarme sumergido en el alma de Vicente de Paúl, vivito y redivivo, aquí y ahora, en cuerpo entero, en nuestra sociedad y en nuestro tiempo. Y he sentido orgullo de ser paúl hoy, como pocas veces…; pero también vergüenza de encontrarme tan lejos del espíritu que nos vio nacer… Y me he emocionado, sí, y no tengo vergüenza en confesarlo, hasta las lágrimas.

También he comprendido, contemplando su obra, que el amor es creativo hasta el infinito, y que no se amedrenta ante las dificultades, sino que se crece y agranda, empujado por el viento del celo apostólico, apoyado en la fuerza inquebrantable del espíru.

La literatura y el estilo, poco importan en este libro, aunque justo es reconocer que se lee con gusto y que el autor acredita sobradamente su experiencia y sus dotes de escritor avezado: lo que seduce de la obra, de 320 páginas, es la vida palpitante que fluye del relato.

No dudo en recomendar su lectura a todo sacerdote paúl e Hija de la Caridad que quiera adentrarse y renovarse en el más genuino espíritu de nuestro fundador. También lo sugiero como un buen regalo a tantos jóvenes que bucean en el seguimiento de Vicente y de Luisa de Marillac…

Destacaré sólo dos textos del P. Pedro: el de los remedios contra la pobreza y el de la compasión: ambos, a mi entender, constituyen el secreto de su vida, la savia vicenciana que corre a borbotones por sus venas.

No hay fórmula para salir de la pobreza, dice. No hay estrategias, sólo espíritu y corazón. Para ganarse la confianza de la gente no hay recetas, sólo hay miradas, gestos, calor humano. Hay que llegar al pobre sin atropellarlo, sin quererlo convertir, dándole tiempo al tiempo. Entonces se va despertando el respeto, el amor que crea raíces profundas y un día, de golpe, la gente comienza a responder.”

La compasión no es un sentimiento vago, sino algo que te motiva a la acción, a amar al otro y procurar ayudarlo. La compasión en cierta forma, es acercarse al otro, no para estar igual que él, sino para sacarlo afuera, para librarlo de sus problemas. Es extenderle una mano e infundirle la esperanza y convicción de que no está solo. Un ejemplo gráfico sería que si ves a alguien en un pantano, no debes meterte con él para acabar hundiéndose los dos, sino tenderle una mano desde tierra firme para sacarlo afuera.”

Datos significativos sobre la obra del P. Pedro Opeka.

La asociación humanitaria fundada por el P. Pedro Opeka en 1990, con el nombre de Akamasoa (“buenos amigos”, en malgache), ha convertido un basurero de las afueras de la capital de Madagascar, en núcleos de población que viven con dignidad de su propio trabajo, con la admiración e incredulidad de propios y extraños.

Los números son fríos, dice el autor del libro, y difícilmente expresan lo que hay detrás, pero aquí hay unas cifras significativas sobre el número de personas que se han beneficiado de una manera prolongada y constatada en los libros correspondientes: 2.923 familias o grupos familiares (porque casi el 60% son mujeres solas con sus hijos; en total mas de 200.000 personas); 15.560 personas residentes (a las que habría que sumarles las que están en el cuartel de Arribos, llegando a las 16.000), 8.409 alumnos distribuidos de la siguiente manera: 7.324 en jardines maternales y escuelas primarias, 765 en secundaria y 120 en el Liceo, lo que muestra a las claras el proceso de reinserción escolar que han vivido desde que Pedro se compadeció de la gente y les dijo: “Si ustedes están dispuestos a trabajar, yo los voy a ayudar”.

Reconocimiento internacional

El P. Pedro Opeka ha sido propuesto en diversas oportunidades para Premio Nobel de la Paz, nombrado “Caballero de la Orden Nacional de Madagascar” (1996), premiado con la “Legión de Honor” de Eslovenia (1996), “Oficial de la Orden Nacional del Mérito” de Francia (1998), “Misionero del Año Jubilar” en Italia (2000), premiado por su labor humanitaria en Estados Unidos (2001). ¿Llegará algún día el Nóbel de la Paz? Esperemos, y elevemos nuestra oración para que así sea, como reconocimiento oficial público y fehaciente de la vitalidad inquebrantable y permanente del evangelio y del espíritu vicenciano.

ONG’s e instituciones internacionales de diversas procedencias hacen posible el milagro diario de la obra del P. Pedro Opeka.

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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