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Reflexiones abiertas, en el año de la cooperación vicenciana (cuarta y última parte)

Reflexiones abiertas, en el año de la cooperación vicenciana (cuarta y última parte)

7.- Adelantemos el futuro…

No es tiempo de lamentaciones estériles. En el momento actual de la Iglesia, de angustiosa carencia de vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa, al menos en los países desarrollados y tradicionalmente católicos, cabe pensar que es el Espíritu mismo el que está moviendo los hilos… ¿No hemos dicho muchas veces que Dios es el único que puede escribir derecho en líneas torcidas? ¿Por qué no pensar que es el mismo Espiritu el que va conduciendo a la Iglesia hacia una nueva era, en la que los seglares recuperen su protagonismo bautismal y pasen a ser protagonistas principales en la nueva evangelización? Es una hipótesis que no hay que descartar con escepticismo ni con sonrisas irónicas. En todo caso, nada se pierde con actuar al amparo de ese supuesto…

La iglesia misma, a través de la Jerarquía, ha dado ya algunos pasos que pueden ser el anticipo de un futuro no tan lejano: ha empezado a ordenar diáconos permanentes a hombres casados de probada virtud y preparación teológica. ¿Cuánto tiempo puede transcurrir hasta que esos mismos diáconos (y otros muchos) sean ordenados sacerdotes en aquellas zonas geográficas en las que la carencia de sacerdotes lo exija, para la supervivencia de la vida sacramental integral en el pueblo de Dios? ¿Qué ha hecho hasta ahora la Familia Vicenciana para preparar seglares que puedan ser promovidos a la ordenación como diáconos permanentes? ¿Por qué no pensar en un diaconado vicenciano permanente? Seguir volando con la imaginación es gratis. A ver quién vuela más alto…

Estos signos de los tiempos constituyen una llamada para la entera Familia Vicenciana. Pocas Familias Religiosas tienen el potencial seglar que tiene la Familia Vicenciana en la iglesia actual. Seamos lúcidos y preparemos a nuestros seglares para el nuevo devenir hipotético de la Iglesia. Preparemos a nuestros seglares para ser auténticos evangelizadores, protagonistas en nuestros servicios pastorales; creemos escuelas de catequistas y de evangelizadores. Compartamos con ellos nuestras tareas pastorales ordinarias. No podemos abandonar nuestras parroquias y nuestras responsabilidades pastorales primarias a la buena voluntad de sacerdotes y Hermanas cargadas de años hasta la senectud avanzada. Y no va a bastar con el voluntariado ordinario… En algunos casos tendremos que contar con gente suficientemente joven como para animar y dinamizar la vida del pueblo de Dios, a tiempo completo o a tiempo parcial. Y digno es el trabajador honrado de un sueldo honrado. Son precisamente los países de misión, al menos algunos, los que nos llevan la delantera. Bueno sería transplantar sus experiencias positivas a nuestras iglesias decrépitas del Occidente civilizado

8.- … con los pies en la tierra, a ratos…

Soy consciente de que las afirmaciones o hipótesis que he avanzado en el anterior número pueden parecer, quizá con razón, demasiado elevadas, no previsibles a corto plazo. Por eso voy a intentar rebajar mis expectativas a propuestas que parezcan más viables en un plazo razonable. Estas son mis propuestas, supuestamente viables, con la buena voluntad de todos.

Crear en las casas de la congragación, al menos en las que tengan vida pastoral activa, equipos conjuntos de paúles y seglares de pastoral local viva; compartir con los seglares ilusiones, esperanzas y proyectos, dando

todo el protagonismo que sea posible a los seglares. Un criterio práctico de referencia podría ser que este: que lo que pueda hacer un seglar no tiene por qué hacerlo el sacerdote. A estos seglares colaboradores debería dárseles acceso, alguna vez al menos, a nuestras reuniones comunitarias, a nuestras celebraciones y fiestas de familia…

Estimular, por todos los medios a nuestro alcance, la elaboración de proyectos específicos de pastoral, trabajando en equipo las distintas ramas de la Familia Vicenciana. Especial urgencia presenta la preparación de seglares, profesionales de la enseñanza, de espíritu vicenciano probado, para asumir la dirección pedagógica y pastoral de los colegios vicencianos que, en breve, no van a poder contar con presencia de Hermanas ni de Padres Paúles.

Promover, en el seno de nuestra Familia , la evangelización a través de los medios de comunicación social. Crear un equipo que coordine la utilización de estos medios; financiando aquellos que hagan una labor de reconocido valor; apoyando y asesorando a aquellos que lo necesiten; formando técnicamente a los usuarios potenciales y, sobre todo, a los agentes activos de las distintas ramas, en las diversas demarcaciones territoriales o provinciales…

Crear un equipo permanente de pastoral conjunta de la Familia Vicenciana, bien a nivel territorial, bien nivel provincial o nacional. Estos equipos deberían estar compuestos por algunos sacerdotes de la Misión, Hermanas y seglares que colaboran asiduamente en las distintas labores pastorales. Este equipo tendría como misión principal dinamizar nuestra pastoral de conjunto, asesorarnos en nuestros proyectos pastorales y colaborar directamente en su ejecución y puesta en marcha.

Por parte de la Congregación, deberíamos estimularles a prepararse adecuadamente para el ejercicio de sus funciones pastorales respectivas, ayudándoles incluso, económicamente, en los casos en que sea necesario. Su participación directa en algunos de nuestros ministerios, como la catequesis, la animación pastoral de la infancia y juventud, la pastoral familiar, los distintos servicios de la caridad aplicada…, se va haciendo cada día más imprescindible. Y, si, en los países de misión, se contrata a los catequistas y a otros agentes pastorales, ¿por qué no pensar en algo parecido entre nosotros? ¿Estamos tan lejos de esta realidad inminente de país de misión? Algunas diócesis ya están intentando algo de este estilo. Pienso que, como Paúles y vicencianos, estamos llamados a ser pioneros en este campo.

¿Y por qué no pensar en la posibilidad de que algunos de estos seglares comprometidos, llenos del espíritu vicenciano, asistan a nuestros encuentros, incluso a nuestras Asambleas Provinciales, al menos como testigos consultivos en tareas pastorales específicas? Evidentemente que lo que estoy sugiriendo es una posibilidad compleja, que habría que regular por la correspondiente reglamentación, revisable y cambiante, según las circunstancias de tiempo y lugar.

Todavía me atrevo a sugerir la posibilidad de “Distinguir”, oficialmente, a los seglares que han sobresalido por su entrega permanente a la pastoral y servicios sociales dentro de la Familia Vicenciana, en cualquiera de sus ramas o ministerios; invitarles a nuestras casas, que se sientan cómodos entre nosotros, que sean parte viva del tejido vicenciano… Incluso, se me ocurre, seguir los pasos de otras congregaciones que tienen un equipo seglar específico, muy cercano a ellos, que cooperan en la vida de la Congregación… Englobar a estos seglares, que se han distinguido de forma eminente, en los servicios pastorales de la Congregacion o de la entera Familia Vicenciana, con el término genérico de miembros de la Familia Vicenciana, me parece poco significativo, aunque, ciertamente, ellos sean también miembros vivos de esta Familia, de cuyo espíritu rebosan. No me paece que sea suficiente lo que ya existe entre nosotros, en este sentido. Habría que mejorarlo, darle más solemnidad publicitaria en nuestras redes…

El reconocimiento oficial desde Roma, o desde los distintos Consejos Nacionales de Padres y Hermanas, de aquellos seglares que se han distinguido como colaboradores “incombustibles” en el servicio de los pobres, cada uno a su nivel, en cualquiera de las ramas de la Familia vicencciana, sería estimulante y digno de promoverse, a pesar de los recelos y riesgos que esta iniciativa pueda entrañar… Promover y estimular el mejor y más eficiente servicio a los pobres, justificaría estos retos… Paralelamente habría que crear un pequeño Estatuto o documento acreditativo, especificando funciones, derechos y deberes de aquellas personas que se hayan hecho acreedoras a esta distinción de excelencia, dentro de la Familia vicenciana.

Y, puestos a soñar despiertos, en este año previo al nacimiento del carisma vicenciano, en el año 1617, 400 aniversario de Fundación de la Congregación de la Misión, ¿por qué no pensar en la posibilidad de celebrar el próximo año una Asamblea General de todos los agentes de la pastoral Vicenciana, bien a nivel internacional, bien a nivel de las distintas demarcaciones geográficas que tengan afinidad de ministerios y problemas pastorales?

¡Ojala la fuerza del Espiritu Santo, cuya fiesta está tan cercana, inspire y mueva los corazones y las mentes de aquellos que tienen en sus manos el timón de la Congregación de la Misión, de las Hijas de la Caridad y de la entera Familia Vicenciana!

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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