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La Pascua del enfermo

La Pascua del enfermo

Es difícil encontrar una explicación medianamente comprensible al misterio del dolor humano, desde la simple razón. Muchas personas, a lo largo de la historia, se han esforzado por aclarar este enigma: cómo compaginar un Dios creador, que sostiene por amor la creación entera, con especial predilección por el hombre, y la muerte y el dolor que no cesan. De una u otra manera, todos han tenido que rendirse a lo inexplicable.

Muchos se preguntan por qué a mí, qué he hecho yo o mis hijos para estar enfermo, para tener esta enfermedad incurable, para estar en esta situación…

Sin embargo, hay en la vida misma situaciones que nos acercan a la explicación del enigma: una madre es capaz de entregar lo mejor de sí misma por la salud de su hijo. Alguien ha dicho que el amor verdadero se mide por la capacidad de sufrimiento que uno tiene por la persona que ama. Jesus mismo pone esta comparación de la madre que va a dar a luz. Y es que, en este caso, el dolor se convierte en expresión máxima del amor.

Desde una perspectiva cristiana el dolor es malo en sí mismo, sería masoquismo defender lo contrario, pero el sufrimiento aceptado como remedio, o explicación convincente, para suprimir el dolor es el signo inequívoco del amor de Dios al hombre,  y del amor de los humanos a las personas más entrañables.

Este es el gran misterio que celebramos en la Pascua cristiana: la muerte y la Resurrección de Cristo. No estaríamos del todo seguros del infinito amor del Dios al hombre si no se hubiera inmolado por nosotros.

Acompañar al enfermo en su situación dolorosa es iluminarle y animarle a vivir su acompañamiento de Cristo hacia la aceptación de su situación dolorosa, hasta la Resurrección: la vida nueva en Cristo Resucitado, asentarle en la esperanza creyente, que da vida y llena de sentido nuevo su existencia.

El enfermo que encuentra en Jesus, muerto y resucitado, un referente de su situación es un privilegiado, un anuncio de esperanza a un mundo maltrecho por la desilusión, el cansancio y la falta de perspectivas estimulantes de cara su futuro.

El enfermo que se siente Cirineo en esta sociedad doliente es un canto de alegría, una sonrisa abierta que no se apaga por las contrariedades de la vida.

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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