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La figura de María, un rayo de luz en una noche oscura

La figura de María, un rayo de luz en una noche oscura

Mayo, mes del culto especial María

No es casualidad que el culto a María tenga un mes entero dedicado, de forma especial explicita. Tampoco es casualidad que este mes de especial culto a María sea precisamente el mes de Mayo, que, en Europa, coincide con la plenitud de la primavera; y en España, en concreto, se llama el mes de las flores. Ciertamente, es significativo que, en la vieja cristiandad, en Europa, en los países del mediterráneos, y más concretamente en España, el culto a María ha tenido siempre una especial relevancia.

De este hecho incontestable nos hablan, a nivel de Europa, el gran número de santos y sabios que dedicaron lo mejor de sus escritos a resaltar la elección especial y la misión privilegiada de María en la historia de la salvación. A través de estos escritos de sus hagiógrafos, el viejo continente promovió, desde la más remota antigüedad, un culto especial a la Madre de Dios. De esta veneración nacieron devociones, nombres y santuarios repartidos a lo largo y ancho del continente.

Razones históricas del culto especial a María en nuestro país

En esta santa porfía por honrar de modo especial a María, la madre de Jesús, hijo de Dios, y madre nuestra, según la más antigua proclama de nuestra fe cristiana, siempre ha ido por delante nuestro pueblo español. Hay muchas circunstancias que han favorecido esta tradición mariana en España. Y no es la más pequeña, precisamente, la vieja tradición, aceptada gustosamente por los creyentes de a pie, de que María, aún en carne mortal, antes de ser Asunta a los cielos, se apareció al Apóstol Santiago, a las orillas del Ebro, en Zaragoza, para animarlo en su tarea evangelizadora de nuestro pueblo, reacio, en principio, a aceptar la nueva fe.

A esta eventualidad, hay que añadir, las razones psicológicas normales: la figura de Dios es borrosa en el ser humano. La mujer, la madre, está siempre ahí, con su ternura, su cercanía, su saber hacer e interceder ante el Padre Dios, ante su hijo Jesús. ¿Quién no recurre a las mediaciones, antes de ir, directamente, al todopoderoso, al Dios que es Amor, pero también juez justo y exigente?

A todo esto hay que añadir razones históricas: España, en concreto, situada en centro mismo de las civilizaciones y de los continentes, ha sido el árbol preferido de los poderes y reinos ambiciosos. Era como la torre de control de otros mundos. Por aquí han pasado con aires de dominio las más antiguas civilizaciones: iberos, celtas, fenicios, cartagineses, romanos, bárbaros, árabes; y vecinos de enfrente, que querían imponer su ley. Encima, nosotros mismos, en el cenit de nuestra historia moderna, nos hemos erigido, como otro Cid Campeador multiplicado, en paladines de la defensa de la unidad de la fe cristiana, en el viejo y en los nuevos mundos.

La figura de María ha estado siempre en medio de nuestra historia, doméstica y ultramontana, en Europa y en los dominios donde nunca se ponía el sol; en las tareas y penurias familiares y en la lucha contra la pobreza y la superación de la miseria. Nuestras familias y pueblos se llenaron de nombres y advocaciones marianas, de signos y símbolos, de imágenes y procesiones que honran a la Madre de Dios e invocan su protección. Hasta hace bien poco, rara era la familia donde no hubiera un nombre que evocara esta tradición, como región o territorio que no tuviera un nombre de patrona que hiciera referencia a la figura de María. Y esta tradición la transmitimos, como una buena herencia, a los pueblos evangelizados por nuestros misioneros.

Honda tradición familiar del culto a María

A nivel personal, desde muy pequeñitos, nuestras mamás nos transmitieron la piedad filial a la madre de Dios. Al acostarnos, Junto a la acción de gracias a Dios por las cosas buenas del día, la oración al ángel de la guarda para que no nos dejara ni de noche ni de día, siempre había un recuerdo especial a María, que se plasmaba en oraciones de confianza y de auxilio. El Ave María y la Salve eran las primeras oraciones a María.

A medida que íbamos creciendo y madurando en nuestra personalidad y riesgos de la pubertad, adolescencia y primera juventud, se nos inculcaban otras oraciones que nos hablaban de amparo y protección: el “Bendita sea tu pureza”, “Bajo tu amparo Santa Madre de Dios”, El “Acordaos” de San Bernardo”, eran oraciones de asidua práctica en los hogares de solera creyente en nuestra España, en un pasado no muy lejano.

A lo largo de nuestra historia, arquitectos, pintores, escultores, imagineros de primera línea plasmaron el sentir del pueblo llano por la Madre de Dios y le dieron multitud de nombres, según la particular idiosincrasia de las distintas regiones: El Pilar, Covadonga, Aránzazu, Monserrat, Guadalupe y un largo etcétera de nombres con los que bautizaron a la Señora de sus preferencias, a la hora de invocarla.

Todavía hoy, nuestras tradiciones culturales y sociales privilegian el culto a María.

Aún hoy, en estos tiempos de declive de la práctica religiosa tradicional, a nivel general, todavía perduran tradiciones populares que mantienen signos externos de la especial predilección del culto a María en nuestro pueblo. Se da incluso el caso de personas que han abandonado la práctica religiosa, hasta el punto de considerarse agnósticos prácticos, y mantienen el resquicio de la devoción a la patrona del pueblo o a la advocación de sus preferencias en la tradición familiar o regional.

Y es que María, en la psicología popular y en nuestras tradiciones familiares, siempre ha sido considerada como la Madre amorosa, cercana, amable, auxiliadora, milagrosa…, en los momentos de necesidad y de oscuridad: auxilio de los cristianos, refugio de pecadores, luz de lo que no ven. Ella siempre ha sido como un rayo de luz en la noche oscura del devenir de nuestra historia personal, familiar y nacional.

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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