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De la misión en tierras lejanas a la misión en la familia (Testimonio de sor Adelina Gurpegui).

De la misión en tierras lejanas a la misión en la familia (Testimonio de sor Adelina Gurpegui).

No es la primera vez que Sor Adelina contesta a nuestros requerimientos. La primera vez que nos envió su testimonio de vida misionera lo hacia desde Bolivia. Ella vivía inmersa, como buena Hija de la Caridad, en el servicio integral de los pobres, allá donde los encontraba: en los barrios bajos de la ciudad, en el dispensario-farmacia popular, en los pueblos o en los montes perdidos, rio arriba o rio abajo… Y todavía le quedaba tiempo para su gran obra “Fundación Solidaridad”. Esta gran obra ha merecido varias veces la atención especial del Gobierno de Navarra: a punto ha estado de que se le otorgase recientemente el Premio “Príncipe de Viana de la Concordia”. Remito a su primer testimonio que encontrareis en este mismo blog del día 9-05-11, con el título directo de “Testimonio de Sor Adelina Gurpegui”.

Pocas personas he conocido que vivan tan visceralmente su misión en tierras lejanas, entre los más pobres de los pobres,  como Sor Adelina; por eso valoro aún más su nueva respuesta a los planes  escondidos de Dios: activa, movida como nadie, con mil ideas en la cabeza… , ahí la tenemos ahora atada y bien atada al servicio humilde de su madre anciana, conservando en plenitud de forma la fidelidad a la nueva llamada de Dios: una madre es una madre y se merece lo más grande de uno mismo, la renuncia a lo que ha dado sentido a su vida hasta este momento.

Pena le da, eso sí, constatar que lo suyos, hermanos, sobrinos y demás allegados del vecindario hayan perdido aquellos ideales de creyentes sencillos de pueblo por los que su madre ha dado su vida de cristiana de las de antes: fe de carbonero, entregada hasta la extenuación al trabajo de cada día para llevar el pan a la numerosa prole. ¿Qué hemos hecho, con tanta modernidad, de aquella herencia de valor inestimable?

Este es su testimonio de entrega en cuerpo y alma al servicio de la madre anciana. Ojalá nos estimule y nos interrogue: ¿Merece la pena tantos devaneos por el trabajo, dejando a los abuelos arrinconados en las residencias, aunque sean de lujo? Que cada uno se responda a sí mismo.

Desde mi pueblo

¡Cuántas veces me dijeron, antes de ir a misiones ad-gentes que también aquí hay misión!. Pues si, queridos amigos. El mandato de Jesús: ”Sed santos como vuestro Padre…” era para todas las personas, todos los tiempos y todas las circunstancias.

Treinta y ocho años de Misión en Haití y en Bolivia, en desastres de Nicaragua, Puerto Rico, Haití de nuevo, son la base para dar gracias al Señor por la vida, por la gente maravillosa que me ha enseñado tanto, que me hace ver que no puedo cambiar el mundo, pero que la que tiene que cambiar soy yo y en tanto tiempo todavía no lo he conseguido.

Ellos, su vivencia sufrida y paciente, me han enseñado a vivir con paz, como privilegio, la etapa que me toca hoy día. Vine de vacaciones rápidas (porque siempre tenía demasiadas cosas que hacer) a ver a mi madre, interna en una buena Residencia de las Hijas de la Caridad, mis Hermanas, pero vi que mi madre me necesitaba a mi. Tiene 91 años, alzhéimer avanzado, 11 hijos, pero nadie con tiempo y paciencia  suficientes, en este primer mundo, para los mayores enfermos…

Se lo había prometido muchas veces: “el día que me necesites de verdad estaré contigo”. Quiero hoy compartir, a pesar de mi continua añoranza por la misión, la profundidad de vivir esta etapa. Mi Visitadora me animaba diciendo: “A los pobres siempre los tendrás contigo, pero a tu madre no”. Ella me ayuda a rezar, a palpar y aceptar mis limitaciones, mi fragilidad, lo fugaz de la vida, a amar de verdad, a cambio de NADA. A vivir la realidad del alzhéimer durante 24 horas seguidas y todos los días, como lo viven muchas de nuestras emigrantes…

Me da ocasión de acoger a toda mi gran familia, a los amigos y así a ejercer la hospitalidad, la paciencia, el desprendimiento. Hasta me ha dado la oportunidad de vivir la vida oculta, sin ruido, de Nazaret. Mujer de un marido y madre de 12 hijos amigueros, siempre la casa llena, nunca se quejó de acoger a todos cuantos llegábamos a comer, cenar, a fiestas, a tiempo y destiempo y es ahora, quizá tarde, (o quizá aún estoy a tiempo), cuando veo el sacrificio que eso significa, siempre salvando la gran diferencia del tiempo con las comodidades y medios actuales, a pesar de la tan cacareada “crisis”.

También me ha dado la oportunidad de colaborar en la Parroquia, tan abandonada, aunque llena hasta la bandera, al menos 1 0 2 veces al mes, para los funerales de los numerosos abuelos que hoy, casi en exclusiva, junto a varios “sud-americanos y marroquíes”, poblamos de continuo nuestro pueblecito…

Si, es verdad, casi todos vienen a “ver a sus padres y aprovechar los maravillosos frutos de la tierra” los fines de semana, fiestas, eventos. Tanta frialdad, increencia, ataques a la Iglesia, me descoloran  y estimulan al testimonio responsable.

Y todavía me da otra ventaja: la ocasión de desprenderme de las cosas materiales (dejé todo en Bolivia), incluso el trabajo, la Comunidad, los amigos, que tanto nos vinculan…

Doy gracias a Dios por este tiempo de privilegio y gracia, aunque seamos realistas, sacrificado y difícil.

S. Adelina Gurpegui

1 comentario

  1. Mitxel

    Miedo me dan estos testimonios. Profundidad. Compartí algunos años con dos de tus hermanos en Murguía. Años sesenta. Posteriormnte tropecé con uno de ellos que, si mal no recuerdo, vivía detrás de La Milagrosa. Gracias.

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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