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Un canto a la esperanza: Encuentro de las AIC de Santa Luisa en Albacete

Un canto a la esperanza: Encuentro de las AIC de Santa Luisa en Albacete

El sábado, día 20 de octubre, tuvo lugar, en el colegio de la Inmaculada de Albacete, el XXIX encuentro regional de la Provincia de Santa Luisa.

La primera idea a destacar, como mejor síntesis del encuentro, es que este grupo de mujeres admirables, herederas de las mejores tradiciones de las primeras cofradías de la Caridad fundadas por San Vicente, vibraron de ilusión y de esperanza, a pesar de sus fallos y limitaciones, humildemente reconocidas, a lo largo de sus intervenciones.

Asistieron, en número global, 65 voluntarias, incluido algún voluntario, en representación de 11 demarcaciones territoriales de voluntarias existentes en la Provincia canónica de Hijas de la Caridad de Santa Luisa (Madrid).

La cercanía, la cordialidad, la acogida calurosa, expresadas en forma de sonrisas abiertas, contribuyeron de principio a fin, a caldear el ambiente.

Las palabras de saludo y bienvenida de la Delegada regional saliente, Gloria López, marcaron la pauta a segur desde el principio. Este fue su exordio: “Lo importante de la cercanía y el roce de unas con otras es el compartir nuestras experiencias, nuestros proyectos, también nuestros problemas y dificultades, en definitiva, la vida de nuestras asociaciones; el propósito es que el encuentro nos haga renovar la ilusión, que vamos perdiendo con la monotonía y la rutina”.

A lo largo de la jornada tuvieron lugar las votaciones para cambio de Delegada regional, que tuvo como resultado el nombramiento de María José Ruiz Serrano como nueva Delegada regional de las AIC de la Provincia de Santa Luisa. Deseamos a María José que sea pionera y estímulo para hacer realidad las líneas programáticas expresadas en la Conferencia del Consiliario Nacional de la Asociación que reseñamos a continuación.

Nos llevaría lejos entrar en pormenores y detalles del encuentro, que culminó con la celebración de la Eucaristía, a las 17.15 de la tarde, presidida por el P. Celestino Fernández, consiliario Nacional de las AIC de España, y el P. Félix Villafranca de la comunidad de Paules de Albacete.

Sin más preámbulos, resumo la charla del P. Celestino que, con su verbo experto, entre jocoso e irónico, nos transmitió las líneas neurálgicas del proceso de renovación a seguir por las voluntarias de la caridad en nuestro mundo convulso.

Antes de entrar en materia nos adelantó una breve introducción que abrió el apetito. Dios nos habla por medio de signos, empezó, de acontecimientos, de signos de los tiempos. Hay que detectar estos signos, hambrear estas oportunidades; evitar la acedia o pereza, rutina, monotonía, cansancios…

 

Estas fueron las líneas programáticas propuestas, a manera de 10 mandamientos, de la renovación necesaria.

1.- Beber del propio pozo.

Entenderlo como sentido de pertenencia al grupo. Para eso es imprescindible conocer la espiritualidad o forma de vivir el propio carisma vicencaino. Nuestro forma de pensar y actuar tiene que estar siempre referido a la propia espiritualidad vicenciana, cuyas notas más estacadas son la misericordia, la compasión, la ternura, como destacó el mismo Papa Francisco en el encuentro de la Familia Vicenciana en Roma. Todo está simbolizado en la parábola del Buen samaritano.

2.- Existencia creyente.

Es requisito imprescindible, en estos tiempos recios, para ser significativos y cumplir con nuestra misión, llevar una existencia creyente, coherente y creíble. Hoy vivimos en una sociedad secularizada y secularizante. Sólo desde estas actitudes fundamentales podemos penetrar en ella para intentar ser significativos. Las conferencias deben ser una escuela de cristianismo, de formación cristiana, desde el servicio a los pobres. Solo queda el cristiano convencido.

3.- Voluntariado con rostro.

Sobre tres cimientos se asienta este voluntariado con rostro: sensibilidad, misericordia, ternura-cercanía. Tiene que funcionar con cabeza y corazón. “Lo esencial sólo se ve con los ojos del corazón” (Saint Exupery).

Por otra parte, hay que ponerse al día: “Vino nuevo en odres nuevos”. “Todo lo hago nuevo” (Apocalipsis). Evitar la tentación permanente de anclarnos en el pasado. “Peor que una persona perversa es una persona acostumbrada”

Fue el Superior General P Richardson el que, ya en 1969, declaro las AIC, como Asociación laical, por tanto independiente de su jurisdicción como Superior General.

4.- Laicos responsables y adultos.

Es constitutivo de las AIC seguir siendo laicos responsables y adultos. No pueden seguir dependiendo de las Hermanas ni de los Padres. Su presencia en las AIC es solo de acompañamiento espiritual, no jurisdiccional. No es de recibo en nuestros días que, desaparezcan las Hermanas o los Padres de una zona geográfica y desaparezcan, a la vez, los grupos del laicado vicenciano. Deben tomar conciencia y funcionar como laicado adulto y comprometido, capaz de funcionar por sí mismos.

5.- Globalización.

Hay que entenderlo como mundialización o concentración de mercados, con las repercusiones negativas que tiene en los sectores pobres de la sociedad. Nuestra opción preferencial, única, es defender y apostar por los pobres, los descartados de la sociedad.

Hay que tener mucho cuidado con los donativos sonoros y chocantes de los adinerados: son, con frecuencia, llamadas de atención para acallar conciencias. “Es preferible morir de hambre que recibir regalos de manos manchadas”

6.- Audacia.

Hay que volver a las diaconisas, al servicio en mano.        Es imprescindible conservar y poner en acción los talentos recibidos. Tal vez, la falta de vocaciones se debe al hecho de que no abrimos nuevos caminos. Las realidades que vivimos en nuestro mundo nos exigen abrir nuevas puertas, evitar rigideces. El Papa nos habla constantemente de vivir en una Iglesia en salida. Quizá la palabra exacta seria estar en actitud continuada de “refundar”.

7.- Creatividad.

La creatividad nace de la ilusión, del deseo de mejorar lo que tenemos. El viejo refrán inglés “La necesidad es madre de la invención” puede servir de referencia estimulante. Pero el espíritu de San Vicente lo enriquece evangélicamente: es el amor el que es creativo de verdad: “El amor es creativo hasta el infinito”. Solo el amor nos mantiene en actitud permanente de buscar lo mejor para las personas que amamos; y en el centro de nuestras predilecciones están los pobres de nuestro entorno inmediato y de más allá.

También el Papa Juan Pablo II nos hablaba de la urgencia de tener una imaginación creativa de la caridad, de renovarse en el servicio de la caridad.

8.- Formación.

Sin formación no se va a ninguna parte. Hablamos de una formación como cristianos y como profesionales. Ya no se puede actuar sólo con buena voluntad. Hay que estar al día de lo que nos exige el servicio de la caridad aplicada en nuestro tiempo.

9.- La esperanza.

Existe hoy un virus generalizado de la desesperanza y del desánimo, que viene de la sociedad misma, pero que nos contagia a todos, incluso a los que intentamos vivir de la fe.

San Vicente nos exhorta constantemente a confiar en la Providencia; lo que hacemos en servicio de los pobres es obra de Dios. Hemos de dejarnos conducir por el celo en el servicio de los pobres: “los pobres son mi peso y mi dolor”, exclama. La fe y la esperanza cristianas, siempre van dela mano.

10.- La oportunidad de ser santos.

“La voluntad de Dios es que seáis santos” proclama solemnemente San Pablo a los tesalonicenses. El Papa Francisco nos lo recuerda con firmeza en su nuevo documento-exhortación; “Gaudete et exultate” (Alegraos y regocijaos). En ese documento se ponen de manifiesto las coincidencias de la exigencia de ser santos con la espiritualidad vicenciana. Hay que leer detenidamente ese documento.

El P. General Robert Maloney dirigiéndose a la Asamblea General de las Hijas de la Caridad en el año 1997 resaltó las siguientes directrices respecto a la necesidad de ser santos:

  1. No basta con ser piadosas y trabajadoras.
  2. Hay que estar poseídas por Dios, rebosar de alegría.
  3. Ver con ojos y amor distintos.
  4. Escuchar las voces de la realidad.
  5. Comprender a los pobres con corazón de madre.
  6. Sentir la propia desnudez de los pobres.

A modo de conclusión, el conferenciante dejó bien asentado que las oportunidades son dones de Dios que hay que utilizar.

Somos responsables de la utilización de esos talentos.

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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