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Revivir el pasado, para mejorar el presente y crear el futuro…

Revivir el pasado, para mejorar el presente y crear el futuro…

No soy de los que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor, ni mucho menos: eso huele a un presente insatisfecho, adormecido, y con cierta impotencia congénita a hacer frente a los retos que nos presenta nuestro hoy y nuestro aquí…

Tampoco ignoro que hay pasados terribles, que quisiéramos borrar de nuestra historia, de los que huimos como pesadillas atormentadoras… Nuestros mayores, desde su subconsciente, nos lo han dicho de mil maneras diferentes, hasta hace bien poco tiempo: no quiero que mis hijos pasen lo que yo pasé, quiero que mis hijos adquieran la cultura que yo no pude adquirir, que tengan lo que nosotros no tuvimos…; y una larga retaila que nuestros ancestros lejanos tenían bien almacenada en su mente, para espetarla a los hijos y nietos que se quejaban, y se quejan, de cualquier cosa. ¡Aquellos sí que eran tiempos difíciles!, concluyen con un manifiesto aire de orgullo y satisfacción de héroes, por haber superado aquellas pruebas terribles que hoy parecen insuperables para nuestras actuales generaciones…

Pero, hay en la mayoría de los mortales una cierta nostalgia del pasado, de los tiempos felices de la infancia, como nostalgia idílica de lo sencillo, de la inocencia, de la alegría, de la bondad espontánea, de la limpieza del corazón y de tantas vivencias compartidas al calor del hogar familiar… El mismo Jesús hace a los niños modelo de referencia para los que aspiran a la plenitud de felicidad del reino de los cielos: “Solo de los que son como ellos es el Reino de los Cielos”. Y esta plenitud es efectiva ya aquí, como inicio de un proceso que solo termina al final de nuestras vidas peregrinas…

Grupo de monitores en colonias de verano en Murguía (Álava), hacie el año 1985.

Grupo de monitores en colonias de verano en Murguía (Álava), hacia el año 1985.

Estas nostalgias de la infancia pueden prolongarse en la adolescencia y hasta en la primera juventud (más allá de las dificultades intrínsecas de estas edades biológicas, que algún novelista nuestro ha llamado “edad prohibida”). Pero esto, sólo a condición de que nuestra infancia y primera juventud hayan sido bien acompañadas: amigos del alma que han compartido con nosotros lo mejor de sí mismos y nos han ayudado a soñar sueños imposibles… ¡Idílica adolescencia, dorada primera juventud! ¡Qué tiempos aquellos! ¡Paremos los relojes! ¡Volvamos al pasado! ¡Recobremos nuestra juventud perdida…!

Esos y otros pensamientos parecidos se me han ido acumulando estos días, mientras contemplaba atónito esa eclosión de exclamaciones, epítetos y aleluyas mayestáticos, al reencontraros, como por sorpresa gratificante, con tantos recuerdos vivos, aunque adormecidos, que quisierais revivir y potenciar…

Y me he sentido inspirado, impulsado a mover el carro, a intentarlo por lo menos, consciente de la dificultad, ya que los años no pasan en vano para nadie; pero sabedor también de que hay potencialidades en el alma humana capaces de producir frutos de primavera en una juventud permanentemente amanecida. ¿O no? ¿No conocéis jóvenes que son viejos prematuros y viejos que conservan fresca su juventud a sus casi 80 y más años..?

No, no volverán aquellos 16-25 años felices, quizá inconscientemente felices. Pero se puede renovar aquella savia que hizo posible el milagro. Os invito a hacer conmigo el recorrido de las posibles causas que fueron el manantial de satisfacción y de felicidad que inundaron aquella etapa inolvidable e irrepetible, según os expresáis algunos…

La mayoría de vosotros veníais de familias humildes que vivían volcadas sobre el futuro de sus hijos; que hacían esfuerzos notables para que pudierais estudiar en colegios religiosos, que respondían, a su vez, a los ideales que habían heredado de sus mayores… En los colegios encontrasteis un clima que, envuelto en prácticas religiosas acordes con aquel tiempo, favorecían el altruismo, la amistad, hacer el bien a los demás…

Acampada de la Comunidad del Olivar en la Sierra de Letur (Albacete), a mediados de los años 80.

Acampada de la Comunidad del Olivar en la Sierra de Letur (Albacete), a mediados de los años 80.

La Providencia hizo que, en este clima, encontraseis a alguien que, quizá por instinto, quizá por impulso interior superior, canalizó aquella fuerza vital que llevabais dentro… Y nacieron las reuniones de grupo, los fines de semana en Zaldibarcho, las convivencias y Pascuas juveniles; las vigilias de la Inmaculada y de Pentecostés; los cursillos, primero como cursillistas, después como imberbes o inexpertos monitores, que crecieron año a año hasta llegar a ser monitores de tomo y lomo, entregados a una causa que merecía la pena: ayudar a gentes sencillas de la sierra de Albacete y de Teruel…; hacer las delicias veraniegas de los niños que acudían a los cursos de inglés de Murguía, de Estella, de Oronoz, de Burgos… Y un largo etc. Hasta os atrevisteis a representar, al vivo “Godspel”, a vuestros 16-18 años, con piano cedido nada menos que por grupo Mocedades… A esa temprana edad animabais la liturgia y la catequesis de Remar, la parroquia más humilde de Baracaldo… Y esta parroquia ignota se llenó de fiesta y de la alegría de los niños y de los jóvenes, hasta provocar la envidia de la clerecía del contorno… ¡Qué años aquellos, de verdad! Vosotros decís que fueron los años más felices e inolvidables… Y yo os digo que vosotros me ayudasteis que descubrir y a vivir el sentido de mi sacerdocio: tener un puñado de jóvenes universitarios que dedicaban el verano entero, dos meses íntegros, “gratis et amore”, a la animación pastoral de niños y de jóvenes… Eso sí que era extraño e impensable, incluso en aquellos tiempos de bonanza religiosa, por decirlo de alguna manera…

Y quiso Dios, después de pensarlo bien, que el grupo de Baracaldo, por extraños vericuetos, que sería prolijo relatar, se hermanase con el grupo de Madrid, hasta constituir una especie de pareja siamesa… Pero no quiero alargarme más en este primer envite, que después me llamáis pesado…Tiempo habrá de retomar la historia, que no ha hecho más que empezar…

Os invito a leer despacio y repensar el título que he querido dar a mi primera reflexión seria: es una invitación en toda regla a revivir vuestro pasado para mejorar el presente y construir el futuro, todos juntos, en paz y armonía.

No, no vamos a volver a nuestros juveniles años, pero podemos encender de nuevo la mecha que prendió el fuego de aquella hoguera enorme. Atentos, que lo mío sigue siendo dar la lata hasta despertar y decir a la gente “Escucha esa voz que clama en tu interior, llena de sentido tu vida: “El que quiera guardar su vida egoístamente para sí mismo la perderá; el que entregue su vida por mí al servicio de los demás la encontrará”

Y estos son los primeros retos que os propongo:

  • Vivid alegres vuestro reencuentro, vibrad con los recuerdos, pero vivamos el presente con intensidad evangélica…
  • Comunicadme vuestras mejores vivencias de aquella experiencia inolvidable, que yo las subiré a mi blog, para enriquecer a otros con vuestro impulso vital…
  • Empapaos del espíritu vicenciano visitando de vez en cuando la web “Somos Vicencianos”, los blogs de esa misma web…
  • Aprestaos a colaborar a causas solidarias que os serán propuestas en breve…
  • ¿Y por qué no pensar en crear una nueva Comunidad del Olivar adaptada a los nuevos tiempos y a las nuevas realidades…?

El mundo es de los esforzados y vosotros lo fuisteis y podéis serlo de nuevo…
Contad conmigo, sin reservas, como yo cuento con vosotros…
Unidos en el recuerdo y en la esperanza cargada de ilusión,
Félix

Foto de febrero de 2015

Foto de febrero de 2015

 

 

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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