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En el día de la Renovación de las Hijas de la Caridad

En el día de la Renovación de las Hijas de la Caridad

En este día grande de las Hijas de la Caridad, en el que renuevan su entrega a Dios en el servicio de los pobres, recordamos el milagro permanente de su continuidad como institución en la Iglesia. Vicente de Paúl, intuitivo, buen conocedor de la psicología femenina, profeta de su tiempo, apoyado en una gran mujer, humilde, pero firme en su convicciones, no quiso que su  Humilde Compañía de servidoras de los pobres, fueran religiosas a la usanza de su tiempo. En aquel siglo de las luces de la Francia del gran siglo, la vida religiosa femenina solo se concebía como personas enclaustradas, dedicadas, en exclusiva, a la oración y a servicios domésticos, u hortelanos, dentro del recinto enrejado de su propiedad… Sus votos, necesariamente, habían de ser solemnes, perpetuos e irrepetibles…

Vicente, buen conocedor de los condicionantes del servicio a los pobres, in situ, en sus tugurios, en las calles, en las casas de acogida de los niños abandonados, en las puertas de las iglesias…, bien entrenado en las mil tareas de servicio de los desahuciados de su tiempo, a través las mil instituciones de caridad que él mismo había iniciado, se da cuenta de que las personas que debían estar disponibles para el servicio permanente, exclusivo, de los pobres, deberían tener libertad de movimiento… Y como la tarea superaba las capacidades humanas, este compromiso debería ser renovable, enriquecido, asumido libre y conscientemente, cada año… Por eso, cada año, en el día de la Anunciación, el día del SI total de María, las Hijas de la Caridad, renuevan su compromiso inquebrantable de su entrega a Dios en el servicio de los pobres.

En estos tiempos “recios” en que nos movemos, esta renovación, fielmente repetida, cada año, por miles de Hijas de la Cardad de todo el mundo, más se parece a un milagro de la gracia que a un formulismo estereotipado. En esta sociedad nuestra, en la que los valores y los compromisos de por vida han perdido su fuerza original y su capacidad de generar ilusión, la renovación anual de las Hijas de la Caridad adquiere un valor referencial de primera magnitud para el compromiso de la vida matrimonial y familiar, para el servicio de tantos cristianos enrolados en las mil tareas de servicio y evangelización en parroquias e instituciones de carácter laical. Y, por qué no decirlo, esta manera de ser y de existir en la Iglesia de las Hijas de a Caridad, ha sido, a lo largo de los últimos siglos, el eslabón referencial para  el resurgir en la Iglesia de instituciones de nuevo cuyo, de carácter intermedio, por así decirlo, entre la vida religiosa consagrada y la vida laical fuertemente enraizada en el servicio desinteresado a los pobres, como el mejor medio de evangelización de nuestra sociedad escéptica y alérgica a los valores propiamente religiosos.

El sueño de Vicente transmitido a la primera aspirante de la Compañía.

El texto que cito a continuación, atribuido a San Vicente, no es de San Vicente, pero recoge como pocos el espíritu que Vicente de Paúl quiso imprimir a sus hijas. El biógrafo de San Vicente, Anouilh, que puso estas palabras en boca de San Vicente, dirigidas a la primera aspirante de la Compañía, Juana, captó perfectamente el espíritu que Vicente quiso imprimir en las siervas de los pobres, las Hijas de la Caridad. El dialogo esta tomado de la película “Monsieur Vincent”:

Señor Vicente: “No siempre he tenido ocasión de hablar con las siervas que iban a los pobres por primera vez. Nunca se hace todo lo que se debería; pero a tí, la más pequeña y la última, tengo que hablarte. Es muy importante. Recuérdalo, recuérdalo bien siempre”

Hermana Juana:  Sí, Padre.

Señor Vicente:  “Pronto verás que la caridad pesa mucho, más que el caldero de la sopa y el cesto de pan, pero conserva tu dulzura y tu sonrisa. No todo consiste en dar el caldo y el pan; éso pueden hacerlo los ricos. Tú eres la pobre sierva de los pobres, la sierva de la caridad siempre sonriente y de buen humor. Ellos son tus amos, amos terriblemente susceptibles y exigentes, así que cuanto más feos y sucios sean, cuanto más injustos y groseros te parezcan, tanto más amor deberás darles. Únicamente por tu amor, sólo por tu amor, te perdonarán los pobres el pan que les des”.

Y otro texto significativo, también atribuido a San Vicente, que expresa perfectamente el espíritu que quiso imprimir a su nueva compañía es el siguiente:

Vuestro monasterio será las casas de los enfermos, vuestra celda, una habitación de alquiler; vuestra capilla, la iglesia parroquial; vuestro claustro, las calles

Es difícil imaginar una revolución más impactante en la vida religiosa, en aquel siglo de las luces de Francia

Felicidades a todas las Hijas de la Caridad, en este día grande de su Renovación…

Hijas de a Caridad

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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