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Testimonios sobre el covid-19: Rosa María Gómez

Testimonios sobre el covid-19: Rosa María Gómez

Confieso que no todo el tiempo, desde que esto empezó, ha sido igual, pese a que yo ya vivía sola, desde que los abuelos murieron hace 7 años, y mis hijos volaron, a mi pesar, de forma brusca y casi con apenas dos o tres meses de diferencia.  De repente, me encontré en el vacío más absoluto, abocada a una depresión, pues, de pronto, ya no era hija, ni madre, ni profesional por mi jubilación. Por otra parte, hacía tiempo que no era esposa, desde que enviudé en el 96. Recuperar un plan de vida, tras una actividad desenfrenada, con dos dependientes encamados, que ya no estaban y acostumbrada a dirigir, disponer y controlar, era un reto enorme, casi imposible.

Así me pillo la pandemia y el confinamiento forzoso que justificó mi soledad como un milagro. Mi vida cobró sentido y la comunicación entre mi hija y yo comenzó a ser diaria, y más amable, estando ella en Madrid, atrapada; y el otro hijo, con su familia. Las amistades volvieron a ser más comunicativas; descubrimos las videoconferencias, que jamás habíamos usado.

Poco después, mi hija me «añadió», mediante enlaces por canales de youtube al rosario en grupo, con charla incluida diaria todas las tardes, antes de los aplausos de las 8. Y por las mañanas, a las eucaristías que enchufaba por el televisor y vivía con tanta intensidad que, de no ser por no poder comulgar, las hubiese tenido por más válidas y reales que las presenciales. Teníamos hasta adoración los jueves. También teníamos Vía Crucis los viernes. Y, en Semana Santa, retiro completo de Pascua, los tres días, con una hermosa programación. Fui muy feliz esta Semana Santa.

Cuando acabó todo y comenzaron las escaladas, todo se estropeó y volví a mi soledad y a una realidad que se nos ha colado, sumamente alarmante. Ahora vienen los problemas reales: un orden impuesto basado en bastantes mentiras y un lavado de cerebro que se impone poco a poco. Ahora viene la verdadera pandemia: el prójimo es una amenaza para tu vida. Así lo van a entender los niños. Los ancianos son «material «caro de sostener y desechable: así se sienten los viejos.

Los protocolos se aplican sin razonar. Y se reprime al que se rebela haciéndole creer que la libertad es un delito; que opinar está vetado.

Ahora comprendí que era el momento de no tener miedo. Hemos descubierto el rosario, y que, si le dejamos el timón al Espíritu Santo, podremos superar esta situación que parece imposible de soportar.

Rosa María Gómez

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