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Testimonios sobre el covid-19: Mari Carmen Davia

Testimonios sobre el covid-19: Mari Carmen Davia

Preámbulo.

Mari Carmen es una enfermera veterana y experimentada, muy allegada a la Familia Vicenciana de Albacete; siempre dispuesta a prestar sus servicios profesionales a quien los requiera. Sensible a las carencias y necesidades de los pobres y vulnerables de nuestra sociedad. Buen humor y sonrisa abierta permanentes. Entre otras muchas cualidades destaca por su imaginación creativa y su dominio sobre el uso de los medios audiovisuales, hasta hacer sonreír a los más serios y reservados.

  1. ¿Cómo ha cambiado vuestra vida la pandemia?
  2. Dificultades o sentimientos.
  3. Aspectos positivos personales y de familia.
  4. Cómo se ha enriquecido vuestra fe en la pandemia.
  5. ¿Qué he hecho por los demás en la pandemia?
  6. Lecciones de vida de cara al futuro.

Y estas son sus respuestas.

Con respecto a las actividades diarias ha sido un completo stop. Todos los trabajos de voluntariado han sido suspendidos. Había un mensaje claro y contundente. “Si quieres ayudar quédate en casa.”

El sentimiento ha sido de una profunda vulnerabilidad, me ha hecho ver cómo la vida puede cambiar en un solo momento y pasar de una estabilidad a un desastre total.

Me ha hecho reflexionar cómo la soberbia, a veces, del ser humano, que se cree el rey del mambo, se viene abajo por un simple virus que ha soplado en el otro extremo del mundo y desborda caóticamente todos sus medios y recursos.

Creo que ha habido una solidaridad extraordinaria entre la gente, especialmente para los que más lo han sufrido, como los enfermos, ancianos, gente en soledad, moribundos, personas vulnerables económicamente. En todos estos casos es donde se han vivido gestos y actos de generosidad y fraternidad aleccionadores.

Viendo el despliegue de “gran humanidad” en las personas, he reconocido al Dios que habita en cada uno de nosotros y que tantas veces pasa desapercibido. Le he visto con enorme claridad en montones de momentos y ocasiones. Sin dudar que está siempre, pero que en estos momentos se ha hecho más patente.

Ante tanto dolor y tanta angustia que hemos visto y conocido, a veces por medios de comunicación, y otras veces de forma directa, desde mi interior, ha surgido una conexión en forma de oración continua y que ha estado presente en hospitales (con enfermos y sanitarios); en residencias de mayores, con moribundos en soledad; en familias desestructuradas por el dolor, y en tantas otras situaciones extremadamente dolorosas. Ha sido un acompañamiento silencioso, pero muy real y reconfortante.

Por otra parte, he intentado colaborar en las necesidades que se han ido requiriendo en diferentes ocasiones, según mis modestas posibilidades, sintiendo infinita gratitud por tantos bienes recibidos.

Me gustaría seguir llevando la mascarilla, pero comunicar detrás de ella palabras de esperanza.

Me gustaría seguir limpiando las manos con gel, pero que sigan abiertas y limpias para acoger a los demás siempre, especialmente a los que más sufren.

Me gustaría seguir limpiando los pies en el felpudo, pero que, al mismo tiempo, me sigan llevando a seguir caminando y llevando a seguir a Dios en las personas que me rodean, pero, especialmente, en los más pobres y necesitados.

Siempre he sentido que Dios me ha cuidado de manera especial. En esos momentos me siento profundamente agradecida y llena de gratitud por tanto recibido.

Mari Carmen Davia

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