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Testimonios sobre el covid-19: Juana Perete

Testimonios sobre el covid-19: Juana Perete

Preámbulo.

Juana es bien conocida ya entre nuestros lectores. Es abuela, pero con vitalidad joven, con una pequeña gran historia llena de vitalidad y de energía, que ella siempre ha puesto al servicio de los demás.

Hizo los primeros estudios en el colegio de la Inmaculada de Albacete. Sacó magisterio y pasó las oposiciones para ejercer su profesión. En ejercicio de su profesión, fue distinguida por la autoridad competente como profesora modelo en la enseñanza en pueblos humildes de la provincia de Albacete; la escuela rural donde trabajaba fue declarada como la mejor escuela rural de Albacete. Esta distinción pública amplió sus horizontes al ser reconocida, en 2014, como una de las tres mujeres de Albacete que se distinguieron por su labor social como Delegada de Manos Unidas en el ámbito social y educativo.

Posee, por otra parte, un sentido poético de la vida, que la ayudan a presentar la realidad de cada día de una manera bella y contagiosa.

Damos las gracias a Juana por este nuevo testimonio en este tiempo difícil de pandemia; por pertenecer a este club selecto  de personas valientes que dan la cara y, con sencillez y humildad, ofrecen su testimonio de fe y esperanza, en un momento de dolor y de incertidumbre. Ojalá su testimonio estimule a otras personas a hacer lo mismo, porque sembramos lo que sale del corazón

  1. ¿Cómo ha cambiado vuestra vida la pandemia?
  2. Dificultades o sentimientos.
  3. Aspectos positivos personales y de familia.
  4. Cómo se ha enriquecido vuestra fe en la pandemia.
  5. ¿Qué he hecho por los demás en la pandemia?
  6. Lecciones de vida de cara al futuro.

Y estas son sus respuestas.

Mi vida ha cambiado totalmente al no poder salir para nada durante tres meses, por ser persona de riesgo. He valorado la importancia de la libertad. Hemos dependido de los demás para alimentarnos, y hemos comprobado que las personas dan lo mejor de cada uno ante situaciones como ésta. Aparte de lo anterior, hemos comprobado lo privilegiados que hemos sido ante tanta gente sola y desamparada sin medios materiales y humanos.

Una de las dificultades principales ha sido que mi hijo se infectó y estuvo ingresado ocho días. Nuestro sufrimiento ha sido enorme al no poder estar a su lado ni ayudar a su familia. Sentimientos de extrañeza, incomprensión, impotencia y reflexión. Lo más importante ha sido reflexionar sobre el por qué de esta pandemia; si no habrá sido un aviso de Dios ante nuestra prepotencia e insensibilidad ante un mundo injusto y deshumanizado.

Hemos estado muy unidos, a pesar de la distancia. Nuestros hijos han estado muy pendientes de nosotros y nos ha emocionado el cariño y los valores humanos y cristianos que han aflorado en estos días difíciles. Estamos orgullosos de ellos.

Hemos comprobado la pequeñez e insignificancia del ser humano. He rezado mucho y hablado con Dios para entender qué quería que aprendiera personalmente de esta pandemia. Mi fe y confianza en Dios se han fortalecido. Por eso todo lo he dejado en sus manos y en su misericordia.

Durante este tiempo me he interesado más por la familia y los amigos. Por otra parte, he organizado una actividad virtual para un proyecto de Manos Unidas, y he colaborado en la organización de una campaña de donativos a la parroquia para las ayudas más urgentes.

Muchas lecciones aprendidas en este tiempo: una de las más importantes ha sido que una inmensa mayoría de personas han dado lo mejor de sí mismas y de sus recursos por los demás y esto me ha emocionado; que la humildad nos debe acompañar siempre; que con menos consumo podemos ser muy felices y nuestra madre Tierra es más saludable; que el amor y la entrega es lo que salvará a este mundo… Y que Dios nunca nos abandona.

Juana Perete

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