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Testimonios sobre el covid-19: Benito Núñez

Testimonios sobre el covid-19: Benito Núñez

Preludio 

Benito es un hombre de costumbres austeras, pero recio y esforzado a la   hora de colaborar en proyecto parroquiales y de Caritas, a tiempo y a destiempo. Se siente privilegiado de poder repartir su tiempo libre de jubilado a quien se lo pida y lo necesite realmente.

Y empieza su tarea, en primer lugar, atendiendo a la familia, algunos de ellos con problemas de salud, incluido él mismo. También sus hijos y nietos, dispersos por la geografía española le llevan su tiempo.

Todos estos problemas de salud de los miembros de su familia y de él mismo., los tolera y sobrelleva con entereza cristiana.

Estudió magisterio, que ejerció durante años, pero, por circunstancias de la vida, finalmente, trabajó durante años en un banco. Quizá fue aquí donde aprendió a distribuir su tiempo al milímetro.

En estos momentos, y a pesar de sus limitaciones de tiempo y de salud, todavía encuentra huecos para desempeñar funciones de responsabilidad tanto en la parroquia como en caritas, siempre con jovialidad y buen ánimo.

Tampoco descuida las visitas al hospital a personas conocidas. En fin, un modelo de hombre que sabe regalar lo mejor de su tiempo a aquellas personas y entidades que apelan a su generosidad desmedida.

Preguntas a las que responde:

  1. ¿Cómo ha cambiado vuestra vida la pandemia?
  2. Dificultades o sentimientos.
  3. Aspectos positivos personales y de familia.
  4. Cómo se ha enriquecido vuestra fe en la pandemia.
  5. ¿Qué he hecho por los demás en la pandemia?
  6. Lecciones de vida de cara al futuro.

Y estas son sus respuestas:

El cambio no ha sido sustancial, aunque hemos experimentado, aun contando con la intensa comunicación que hemos mantenido (teléfono, video llamadas, internet,….), soledad y aislamiento. Nuestra naturaleza relacional exige la presencia viva y real.

Ante todo, hemos sentido vulnerabilidad. Hemos percibido que nuestras seguridades eran ilusiones y esta pandemia nos ha reflejado nuestra fragilidad.

Junto a lo anterior, hemos visto el interés de los demás por nosotros, no sólo de aquellos con los que nos relacionamos habitualmente, sino también con los que solo nos relacionamos de modo esporádico; Con éstos también hemos establecido una relación nueva en este tiempo tan especial de pandemia.  Ha sido una grata ocasión para rehacer contactos e infundir/recibir ánimo y esperanza.

Frente a la vulnerabilidad que antes citaba, hemos experimentado indefensión: ¿qué hacer?, nos preguntábamos indecisos y perplejos. Hemos experimentado en nuestra propia carne, que estamos en las manos   misericordiosas de Dios.

También revoloteaba por nuestras cabezas la idea de si la actividad humana con la naturaleza, de explotación continua, con el exclusivo fin del mayor rendimiento económico, no habrá, de alguna manera, facilitado los aspectos más dañinos de la pandemia.

Más arriba he mencionado que nos hemos convertido todos en emisores/receptores de esperanza, y suplido, con los medios disponibles, la sensación de soledad.

Respecto a los más necesitados, esos mismos medios de comunicación nos han facilitado conocer con más precisión sus carencias; antes, envueltos en nuestras habituales preocupaciones y ensimismados en nuestros problemas, se nos escapaban de la mente. Por otra parte, a través de esos medios, hemos podido contribuir a aliviar el sufrimiento de los demás y sus carencias o necesidades perentorias.

Por pura coincidencia, en los días previos al confinamiento, estaba leyendo un libro que un médico, amigo mío, ha publicado sobre las limitaciones de la medicina, a pesar del avance científico y técnico, para resolver todos los problemas de salud.

El espejo en el que me mirado me ha ayudado a comprender lo débil y quebradizo de mi naturaleza, de toda naturaleza humana; a pesar de que este ejercicio de autoexamen lo hacemos algunos con alguna frecuencia, nunca como ahora nos hemos percatado tan descarnadamente de nuestra contingencia, sin haberlo experimentado personal o familiarmente.

¿Qué hacer de cara al futuro? No cabe duda, bucear y reconocerme frágil y dependiente, precisado de protección y confiado en el Señor.  

 Benito Núñez

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