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La Familia vicenciana, ante las elecciones generales de cualquier país (2ª y última parte)

La Familia vicenciana, ante las elecciones generales de cualquier país (2ª y última parte)

Segunda parte: Valores evangélicos que hay que tener en cuenta.

Valores generales: 

  • La vida, el derecho a vivir desde el momento mismo de la concepción…
  • La dignidad de la persona como tal, sin distinción de razas, lenguas, culturas y religión…
  • Leyes justas, que posibiliten a todos vivir de acuerdo con la dignidad que les corresponde como seres humanos… Leyes que impidan las enormes y escandalosas diferencias sociales entre pobres y ricos…
  • Moderación en el gasto público, que conduce a una situación sin salida, a una sociedad de paro casi irreversible…
  • Programas que faciliten la creación de empleo; que controlen y sancionen severamente la corrupción galopante que amenaza destruir la convivencia pacífica y el reparto justo de los bienes…

En otro orden de cosas, desde nuestra conciencia creyente, hay exigencias que no podemos obviar, a la hora de dar nuestra confianza a nuestros representantes políticos. Cito algunas:

  • Respeto a la mujer, igual en dignidad, en derechos y capacidades, en todo, al hombre; no simple objeto de lujo, de portadas de revista, de anuncios de coches de alta gama o de mercados inconfesables…
  • Educación sexual responsable por parte de padres y de centros escolares, que tenga en cuenta la dignidad de la persona humana, que supere, de una vez, la ancestral concepción del sexo como disfrute del instinto básico que nos acerca a quien sabemos…
  • Matrimonio, como unión estable de un hombre y una mujer, que haga viable la familia unida, que permita la educación en concordia de los hijos; que mantenga el hogar en la seguridad y harmonía necesarias para el pleno desarrollo de las capacidades de la persona…
  • Solidaridad abierta con todos, personas desposeídas de casi todo y países que viven en la miseria por el abuso de los mercados y de las multinacionales. Comercio y precio justo entre países pobres y ricos…
  • La paz que nace de la justicia, del control de armamento y, sobre todo, de la conciencia colectiva de la dignidad de las personas, culturas e ideologías.

Fidelidad al carisma vicenciano

Pues este es nuestro reto: hay que afirmar con claridad y rotundidad, sin ambages, que no hay ningún partido político, ni de derechas ni de izquierdas, que se acerque, ni de lejos, a estas alturas del ideal cristiano. Por tanto, hay que ir a votar a sabiendas de que ningún partido político es precisamente la encarnación de nuestro ideario cristiano. Esto quiere decir que, como miembros de la Familia Vicenciana, nuestra opción preferencial absoluta es el mensaje de Jesús y que, por eso, no pertenecemos, propiamente, a ningún partido, ni de derechas ni de izquierdas, ni de ningún otro color, aunque, dada la condición humana, para evitar males mayores, tengamos que decantarnos por uno u otro partido, según las circunstancias. Jesús y su proyecto de vida, con respeto profundo a los que no piensan como nosotros, es nuestro único santo y seña, nuestra única bandera política…

Sería una falsa deducción de estas afirmaciones pensar que da lo mismo votar indistintamente a uno o a otro partido, o incluso abstenerse, o votar alternativamente a uno u otro. Por si hay algún despistado, o tardo para comprender, hay que dejar claro que, a la hora de depositar nuestro voto, siempre hay que buscar acercarnos al ideal que da sentido a nuestras vidas, al programa electoral que más se acerque a nuestra concepción cristiana de la vida, que defienda, según nuestra conciencia bien formada e informada, el mayor conjunto de medidas aceptables.

No, no me gusta eso de optar por el mal menor, optemos  siempre por el bien mayor, aunque nuestro aval global a un partido implique la aquiescencia inevitable a ciertos daños colaterales. Dejemos claro que los partidos, por instinto de supervivencia política, siempre tienden a proponer planes y programas políticamente correctos, mientras que nosotros tenemos que luchar y defender nuestras ideas por opciones evangélicamente coherentes…

Utilizando el lenguaje de los jóvenes, algunos, quizá muchos, van a decir que eso es un rollo, que no acaban de entenderlo. ¿Cuál es realmente la diferencia entre buscar el bien mayor y la aquiescencia (aceptación solapada, digamos) ante el mal menor…?

Pues es una diferencia de matices muy importante, a mi entender. Como seguidores de Jesús, impregnados del carisma vicenciano, no podemos optar nunca por el mal en sí mismo, pero, a veces, el bien y el mal están tan inseparablemente unidos que no podemos separarlos, de momento, ya llegará el momento oportuno… Quizá la parábola del trigo y la cizaña que crecen juntos en el campo hasta el tiempo de la cosecha, con la “aquiescencia” del Sembrador, puede iluminar nuestra reflexión.

Hay que reconocer, no obstante, que es difícil discernir entre el grano y la cizaña, más aún, cuando se trata de opciones que dependen de la conciencia personal de cada uno, de la sensibilidad de las personas, de ámbitos culturales y sociales distintos. Esto explica el hecho de que, aun teniendo en cuenta el listado de valores que hemos señalado, todavía hay muchos creyentes de buena fe que no saben discernir, con total claridad, el “bien mayor” o “el mal menor”, a la hora de optar por un partido u otro, y que, de hecho, hay entre ellos amigos que, con la mejor voluntad del mundo, a la hora de votar, optan por distintos partidos, de signos muy distintos.

La conciencia es muy compleja… El mismo evangelio de Jesús que es tan exigente y claro en los principios, es muy plural y abierto en la valoración de las opciones y de las conductas. Con gran sorpresa, y hasta con escándalo de algunos, afirma que los que son tenidos por modelo serán juzgados con más severidad que los que son condenados y desechados por malos… Pero, si algo debe quedar claro es que siempre debemos buscar el bien mayor, lo más próximo a nuestro carnet de identidad cristiana. Para eso debemos formarnos muy bien, informarnos mejor todavía, reflexionar a tope antes de dar nuestro aval a ninguna opción política. Es un deber de conciencia.

Hacia la utopía sostenible

La historia y la experiencia personal nos enseñan que podemos equivocarnos y que, de hecho, nos hemos equivocado. Esta constatación fehaciente debe ponernos en guardia y en actitud de vela permanente: es de sabios corregir los errores. Si he depositado mi confianza en un partido, a través de mi voto, esto no implica mi asentimiento incondicional a todas y a cada una de las propuestas de su programa electoral… Dejemos claro a los partidos de nuestra elección que nos tendrán frontalmente encontrados en cualquier momento y circunstancia en que sus proposiciones no coincidan con lo que nos dicta la recta conciencia, iluminada por el mensaje de nuestro Guía y Maestro…

Solo queda estimular a todos los miembros de la Familia Vicenciana a ser coherentes con lo que dicen que son y con el carisma vicenciano de opción preferencial por los pobres y desheredados, exigencia que nos sumerge de lleno en el proyecto de crear una sociedad más justa, en la que el reparto de los bienes comunes sea más equitativo, de modo que permita vivir a todos de acuerdo con la dignidad humana.

La doctrina social de la Iglesia y las orientaciones de nuestro buen Papa Francisco no dejan resquicio de duda de que, a la hora de votar, hemos de tener muy presente el objetivo de eliminar las diferencias abusivas, escandalosas, de las condiciones sociales de vida, la superación de la corrupción y de los pelotazos económicos de cualquier tipo que sean.

Hay todavía un buen pensamiento que quiero transmitir a la entera Familia vicenciana, que halagará la sensibilidad y psicología de nuestras jóvenes generaciones; y es que los seguidores de Jesús son inconformistas por naturaleza, luchadores empedernidos, contestatarios infatigables, hasta límites que raya la rebeldía institucional, porque su programa de vida, inspirada en el mensaje de Jesús, va mucho más allá de las soflamas políticas, de las propuestas altruistas bien intencionadas, más allá incluso de los proyectos humanos más idealistas… Su proyecto es de vida y vida en plenitud, que solo se encuentra más allá de nuestras fronteras, y que sólo se llega a esa meta a través de la utopía de las Bienaventuranzas. Sólo a través de este proyecto de vida imposible, pero en camino permanente de realización, se logra el objetivo inalcanzable de la Paz en la justicia y en la fraternidad.

Estamos ante la utopía permanente, que solo unos pocos alcanzan a vislumbrar entre penumbras. Pero, seguro que habrá alguna manera de acercarnos al cenit, si no, el Maestro nunca habría hablado de que es posible lo imposible, la utopía sostenible, como fuerza transformadora que nos acerca al ideal, en la medida que lo intentamos. Algunos de nuestros hermanos en el seguimiento de Jesús nos lo dejaron claro: “Lo que consiguieron éstos y éstas, en los tiempos pasados, ¿por qué no vamos a poder alcanzarlo nosotros, miembros de la Familia Vicenciana, que nos gloriamos de tener como santo y seña de nuestro caminar por la vida a los santos emergentes de la caridad, Vicente de Paúl y Luisa de Marillac?

No se puede dar soluciones hechas ni soluciones concretas. “El amor es creativo hasta el infinito”. Toca a cada uno asumir su propia responsabilidad, en coherencia con los principios de su fe y en línea de fidelidad al ideario de servicio comprometido a los más desfavorecidos, que hemos heredado, a través del carisma vicenciano.

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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