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La Familia Vicenciana ante las elecciones generales de cualquier país (1ª parte)

La Familia Vicenciana ante las elecciones generales de cualquier país (1ª parte)

Primera parte: Principios ético sociales.

Introducción: Inmersos en nuestra sociedad

Ser cristiano y vivir según las exigencias del carisma vicienciana no nos exime de vivir las inquietudes y zozobras políticas de nuestros compañeros de viaje en la vida social de nuestros conciudadanos. Y esto vale para todos los miembros de la  Familia Vicenciana, en el momento actual, en cualquier país de la geografía global. Más bien, es todo lo contrario. La convivencia en armonía, basada en la práctica de la justicia y en el equitativo reparto de los bienes, nos compromete seriamente a implicarnos en la vida política y social. Es a través de las buenas relaciones sociales y políticas  como se hace posible el comienzo de la solidaridad humana, exigencia mínima del amor efectivo proclamado por Jesús, y asumido íntegramente por Vicente de Paúl y por Luisa de Marillac.

Ciertamente, nuestros modos de vivir este compromiso sociopolítico no serán los mismos que los de cualquier ciudadano normal, ni mucho menos; tampoco  los de los políticos de turno. Si estamos realmente convenidos de que el ideal de vida que nos propone Jesús de Nazaret es el camino para la realización integral plena de la persona, nuestro esfuerzo deberá ir dirigido a concienciar a  nuestros conciudadanos, sobre todo a nuestros políticos, de la importancia de respetar y de facilitar una convivencia en la que se garantice la aplicación real de este ideal de vida.

Conscientes de la limitación y de la debilidad humana para conseguir tan alto objetivo, todos los miembros de la familia vicenciana deberán empezar por tomarse en serio el problema de las elecciones; orar insistentemente a Dios por el buen resultado de las mismas, para que Dios ilumine a los conciudadanos de  nuestro país de origen a elegir, como representantes del pueblo, a aquellos que,  en su buena fe, mejor van a respetar la libertad, en general,  y la libertad  de  conciencia de los ciudadanos. Es una tarea previa nada fácil, dada la complejidad para discernir a las personas y a sus proyectos inmediatos. Pero hay que empezar por ahí, puesta nuestra confianza  en la fuerza de la oración, según el anuncio del evangelio.

Hecha esta primera tarea previa, los miembros de la Familia Vicenciana tratarán de fijar los principios básicos  del evangelio, irrenunciables, a la hora de dar su voto de confianza a la persona o al partido al que piensa que mejor puede representarles.

Principios sociopolíticos de referencia cristiana

Como ciudadanos de élite, estimulados por el ideal evangélico, debemos ir más lejos todavía: ser pioneros en la defensa de los derechos de nuestra sociedad desarrollada, en proceso de plenitud integral de la persona. Desde esta perspectiva debemos ser audaces, paladines de las más altas libertades y exigencias sociales:

  • Estimular, con leyes adecuadas, la ayuda a las familias menos pudientes, a las familias con niños en proceso de formación, en vez de facilitar el aborto, los métodos anticonceptivos a adolescentes irresponsables o víctimas de hombres sin escrúpulos, y un largo etc.
  • Respetar la objeción de conciencia del personal sanitario, a la hora de exigir el cumplimiento de ciertas leyes o servicios que atentan contra su conciencia personal…
  • Garantizar la calidad y la gratuidad de la enseñanza a todos los niveles; estimular el esfuerzo en el estudio; devolver el respeto y la autoridad a los profes y entre los alumnos, evitando las encerronas o los acosos a los más débiles.
  • Caminar hacia el cheque escolar familiar de educación, que permita a los padres elegir el tipo de educación que prefieren para sus hijos o, al menos, a optar por el centro escolar de sus preferencias… Eliminar las trabas encubiertas que ponen ciertos centros a la enseñanza de la religión en los colegios públicos, ya que la educación religiosa de los niños y jóvenes es un derecho inalienable de los padres.
  • Asegurar, por todos los medios legislativos posibles, las prestaciones sociales a los pensionistas, parados y menos favorecidos; mantener la gratuidad de la sanidad pública, principalmente a los más desfavorecidos; dar preferencia a la sanidad pública, a la hora de fijar los presupuestos anuales, respetando el legítimo derecho a la iniciativa privada, como complemento y mejora de las carencias de la sanidad pública.
  • Suprimir de una vez los privilegios de ciertas autonomías, aunque vengan de lo que llaman derechos históricos… Después de tantos años de vida como nación, hay que eliminar todo lo que favorezca la desigualdad o provoque resentimientos entre unos y otros… No tiene por qué haber Autonomías de primera, de segunda y de tercera…

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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