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Esperanza ante una situación de emergencia mundial

Esperanza ante una situación de emergencia mundial

Hay intuiciones que parecen premoniciones o augurios proféticos. Cualquiera de nosotros podría firmar los deseos vehementes del autor cubano Alexis Valdés, que llora por su amada Cuba, todos nosotros en ella representados, con lamentos cargados de esperanza.

Quisiéramos que no fueran solo suspiros vacíos, sin sentido, de un corazón angustiado, sino exclamaciones vivas que salen del corazón; quisiéramos que la fuerza del espíritu, que aporta lo mejor de nosotros mismos, hiciese realidad palpitante la transformación de este momento de dolor en grito de alegría compartida, en fuerza transformadora que destierre el egoísmo, la pasividad, el miedo, la soledad, la desidia y el “bon vivant”.  Clamamos para que todos juntos formemos una cadena indestructible de amor; queremos olvidarnos de nosotros mismos y  volcarnos, sin limitaciones, en el anciano solitario, en el policía que nos acompaña y nos vela, en el sanitario que arriesga su vida, en el moribundo que se va sin despedirse, en el ama de casa abandonada a su suerte.

Todos aquí estamos representados. Que no sea un suspiro vacío de contenido, una veleidad vaporosa; que todos aportemos lo mejor de nosotros mismos y esta losa enorme que nos aplasta será mañana un canto gozoso compartido.

 

Esperanza

Cuando la tormenta pase
y se amansen los caminos
y seamos sobrevivientes
de un naufragio colectivo.

Con el corazón lloroso
y el destino bendecido
nos sentiremos dichosos
tan sólo por estar vivos.

Y le daremos un abrazo
al primer desconocido
y alabaremos la suerte
de conservar un amigo.

Y entonces recordaremos
todo aquello que perdimos
y de una vez aprenderemos
todo lo que no aprendimos.

Ya no tendremos envidia
pues todos habrán sufrido.
Ya no tendremos desidia:
seremos más compasivos.

Valdrá más lo que es de todos
que lo jamás conseguido.
Seremos más generosos
y mucho más comprometidos

Entenderemos lo frágil
que significa estar vivos.
Sudaremos empatía
por quien está y quien se ha ido.

Extrañaremos al viejo
que pedía un peso en el mercado,
que no supimos su nombre
y siempre estuvo a tu lado.

Y quizás el viejo pobre
era tu Dios disfrazado.
Nunca preguntaste el nombre
porque estabas apurado.

Y todo será un milagro,
y todo será un legado.
Y se respetará la vida,
la vida que hemos ganado.

Cuando la tormenta pase
te pido Dios, apenado,
que nos devuelvas mejores,
como nos habías soñado.

Alexis Valés.

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