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¿Es progresista defender hoy el aborto? (segunda parte)

¿Es progresista defender hoy el aborto? (segunda parte)

Segunda parte: hablemos en serio del aborto.

Conexión con el tema anterior

Una de las conclusiones que podemos sacar del tema anterior es que hay que tomarse muy en serio el tema del aborto, no dejarse llevar por opiniones de la calle, que no tienen fundamente racional ni ético

También vimos que había que empezar por tomarnos muy en serio el problema de tantas mujeres, sobre todo jóvenes, que están abocadas a tener que tomar esas decisiones traumáticas, cualquiera que sea la opción que se les presenta como “menos mala”. Necesitan que se les escuche, que se les acoja con calor humano, que se les apoye y oriente desde el respeto, desde el amor. Hay que persuadir a los padres para que, precisamente en ese momento, acojan a su hija con más cariño que nunca, que le ofrezcan todo el apoyo familiar necesario; decirle que el bebé que traen en su vientre va a ser un miembro más de la familia… Constatamos que, desgraciadamente, no suele ser esa la actitud de los padres, incluso creyentes y practicantes, más preocupados por el honor de la familia y por la irresponsabilidad de la hija que la va a abocar a un destino bien distinto del que pensaban para ella.

Hay que promover, con valentía y sin miedos, actitudes positivas de apoyo y de ayuda por parte de las instituciones públicas y privadas hacia estas mujeres que se ven abocadas a abortar por falta de medios económicos, por las dificultades que van a encontrar en el trabajo, por el estigma social que les envuelve…

¿No sería más humano y racional invertir el dinero que se gasta en facilitar el aborto y el negocio de las clínicas abortivas, en crear instituciones de acogida y de apoyo para estas mujeres que han llegado a situaciones límite? ¿No sería más coherente, con nuestras actitudes de familias creyentes, acoger a una de esas mujeres en nuestra familia, hasta que sea capaz de salir adelante en la vida?

¿No habría que promover apoyo y financiación a instituciones que se dedican precisamente a acoger a estas mujeres? Hay ejemplos conmovedores: instituciones religiosas, familias, incluso, que se han tomado en serio esta solución, en vez de criminalizar a la mujer y/o banalizar este problema…Hay que urgir a los gobiernos en el poder, sean del signo que sean, a poner en marcha políticas de apoyo real y efectivo a la familia, que favorezcan la natalidad, sobre todo en casos de precariedad económica familiar…Cualquier cosa antes que recurrir al aborto, signo y seña de la más grave degradación moral de nuestro tiempo y de nuestra sociedad llamada “civilizada”

Las falacias de los abortistas

Dicen que somos retrógrados y no se dan cuenta de que es precisamente el avance de la ciencia lo que les pone a ellos en ridículo… Hoy, expertos serios en bioética, como ya queda dicho, afirman con rotundidad que entre las tres y cuatro semanas de la concepción está fijado el cuadro genético completo, es decir, está predeterminado todo lo que va a ser ese ser vivo que la madre lleva en su vientre.

Dicen que la mayoría de la sociedad está a favor del aborto, como si las verdades fundamentales se estableciesen por mayoría de votos. “La vida hay que respetarla siempre”, “esa es la cuestión”. Votar contra este principio fundamental es condenar a la sociedad a la deriva y a la barbarie. Es paradigmática la historia de un pueblo francés que, en el paroxismo de la revolución francesa, sometió a votación la existencia de Dios… Al día siguiente, el ayuntamiento de aquel pueblo emitió ufano un edicto en el que se proclamaba a bombo y platillo que, por voluntad del pueblo, expresada libremente, desde aquel día, Dios no existía…

Dicen que solo los países poco “desarrollados” están en contra del aborto…. Como si los países que hoy se atribuyen la superioridad cultural fuesen o hayan sido, a lo largo de la historia, modelo de virtudes y defensores de los derechos de los más desfavorecidos, pasando por alto su cruda realidad de haber sido en otros tiempos, no tan lejanos, defensores de la esclavitud, de la superioridad del blanco sobre el negro, de la inferioridad de la mujer respecto al hombre, de haber provocado por su egoísmo y ansia de poder las mayores catástrofes históricas jamás contadas, por no citar otras hazañas que hoy nos sonrojan a todos…

El colmo de las contradicciones

Nos acusan de crueldad, por propiciar con nuestra postura intransigente, el que muchas mujeres se vean abocadas a practicar el aborto en condiciones de clandestinidad, poco seguras y fiables, o a marchar al extranjero, si se tiene dinero, con lo cual discriminamos a las menos pudientes económicamente… Como si eliminar una vida incipiente, desprotegida y débil, no fuese la peor de las crueldades, se tenga o no se tenga dinero para sacarla adelante…

Dicen que es cruel condenar a niño que va a nacer con deformaciones congénitas a llevar una vida insufrible… Y su progresía les pone a nivel de los “progres espartanos” que solo permitían vivir a los fuertes, a los que podían defender su República con las armas; a los débiles, a los enclenques, los arrojaban por el monte Taigeto.

Aún hay más: atribuyen a los médicos un conocimiento infalible de lo que va a ser un bebé malformado, y la experiencia nos enseña que, en muchos casos, ese bebe “malformado”, condenado de por vida al sufrimiento, resulta ser un niño/a normal…; y hasta un genio, como Beethoven. Con los criterios de los abortistas de hoy, que tienden a eliminar toda vida condenada a malformaciones congénitas graves, quizá se hubiera eliminado a uno de los genios más grandes de la historia humana. Y cabe preguntar, ¿cuantos posibles genios se han eliminado entre esos más de ¡100.000 abortos anuales! que se practican en España?

No acaba ahí la cosa, estos abortistas “progres” acusan a la iglesia, y a sus acólitos retrógrados y fascistas, de ser los abanderados de estas campañas antiaborto, de mantener a la mujer en la ignorancia y en el oscurantismo del pasado, de reprimir su derecho inalienable a hacer de su propio cuerpo lo que quieran, en pleno uso de su libertad legítima… Es difícil imaginar tanta falacia y mentira en tan pocas palabras… ¿Desde cuándo una madre puede decidir sobre la vida del niño concebido en sus entrañas? ¿Y hasta cuándo? ¿Por qué no hasta los ocho o nueve meses? ¿Por qué no después de nacer, si sale malformado o enclenque? Si es el hecho de haberlo concebido lo que le da derecho a eliminarlo, ¿quién pone límites a este derecho…?

En cuanto a la afirmación gratuita de que solo la Iglesia, anclada en el pasado, es la única que condena el aborto, hay que decir a estos progres que no están bien informados, que hay muchas personas honestas y valientes que, desde posiciones ideológicas bien distintas a la iglesia, se atreven a proclamar abiertamente su oposición radical y frontal al aborto, desde su conciencia simplemente ética… Incluso algunos de estos agnósticos serios se atreven a decir, sin miedos, que, en su opinión, dentro de unos años, las generaciones venideras se horrorizarán de nuestra sociedad actual, como hoy nos horrorizamos de las culturas que en otros tiempos practicaban los sacrificios humanos a los dioses. ¿Por qué no decir simplemente que, dentro de unos años, a medida que la ciencia avanza, las generaciones venideras nos acusarán de crímenes de lesa humanidad?

El horror del aborto en si mismo

Hablando de ignorancia y oscurantismo, habrá que preguntar a estos campeones de la libertad y de la ilustración sobre quien informa a estas mamás angustiadas de cómo se va a practicar su aborto, de las secuelas psicológicas terribles que dejan de por vida? ¿Qué médico bien intencionado mostrará a una mamá, en el trance de abortar, cómo se va a desarrollar la operación? ¿Quién se atreverá a mostrarle los movimientos intrauterinos de su bebé que va a ser succionado y su cuerpecito seccionado? ¿Quién le dirá a esa mamá en avanzada gravidez que el cuerpecito de su bebé va a ser troceado y arrojado a contenedores especiales o simplemente a la basura en bolsas de plástico?

Hay médicos, como es el caso de Abby Johnson, ya citado anteriormente, que se han visto obligados, como médicos, a ver esas grabaciones y todavía no se han repuesto de sus arcadas…

¿Y qué decir de las ONGs, u organizaciones médicas que defienden el aborto…?

Podemos aventurar, sin mucho margen de error, que esas organizaciones aparentemente altruistas, tras las proclamas de querer defender el derecho y la dignidad de las mujeres de poder decidir sobre su cuerpo y querer evitar vidas malformadas, ocultan oscuras segundas intenciones. Lo hemos visto en el tema anterior con la bien conocida organización “Planned Parenthood”.

También encontramos organizaciones médicas que defienden el derecho al aborto, rompiendo la milenaria tradición medica de su profesión , que es que la medicina está siempre para proteger y mejorar la vida. Entre estas está la OMC (Organización Medica Colegial) que recientemente se ha alineado con los que opinan que la mujer que aborta no se ha de considerar como loca, que tiene todo el derecho del mundo a eliminar el feto portador de una malformación grave, incompatible con la vida del feto…

Este tipo de organizaciones médicas obvian las opiniones bien forjadas de otros profesionales de la medicina, como la “Asociación Medicina y Persona”, que opinan de muy distinta manera y que recuerdan a los primeros la esencia de la profesión médica, que es defender la vida por encima de todo.

Mientras hay vida hay esperanza, y el médico, como exigencia primera y principal de su profesión-vocación, ha de luchar hasta el final para sacar esa vida adelante. Nunca atentará directamente contra la vida, ni en la malformación del feto ni en la mal llamada eutanasia. Es lo que siempre ha constituido el santo y seña de la profesión médica, que no es otra cosa que el antiguo juramento hipocrático, que viene desde el famoso médico griego Hipócrates, siglos antes de Cristo. La esencia de este juramento de los médicos de todos los tiempos se concentra en esta afirmación, sin paliativos: respetar y luchar por la vida por encima de todo, como exigencia fundamental de su profesión…

Conclusiones desde una perspectiva creyente.

Estas podían ser algunas de las conclusiones principales

  • Hay que educar, desde la más tierna infancia, la afectividad, que es una fuerza enorme que Dios nos ha dado, para crear una familia unida y generosa en la relación amorosa, en la entrega mutua y en el ejercicio de la responsabilidad de los unos hacia los otros.
  • Hay que conocer la doctrina moral de la Iglesia y tratar de llevarla a la práctica con escrupulosa fidelidad; esta fidelidad nos protege de riesgos y peligros innecesarios y nos ayuda a ser testigos fiables del mensaje de Jesús en una sociedad alérgica a los valores cristianos.
  • Los hijos son un regalo de Dios y la mejor manera de agradecérselo es acoger la vida, protegerla, ayudar a los hijos a desarrollarla y enriquecerla hasta alcanzar su plenitud…
  • No obstante, muchas cosas han cambiado en los últimos tiempos: hoy los hijos tienen asegurada una longevidad que antes no se podía soñar… Por eso, la misma Iglesia habla hoy de una paternidad responsable, no de tener cuantos más hijos mejor, como se decía en otros tiempos, siempre que la limitación del número de hijos no se deba a razones egoístas, y se apliquen los métodos aceptados por la Iglesia o aconsejados por maestros en una espiritualidad inspirada en los consejos evangélicos.
  • La debilidad humana está siempre sujeta a claudicaciones y deserciones… Ante estas situaciones, hay que aceptar con humildad, pero también con entereza y valentía cristianas las consecuencias de la debilidad humana y llevar a feliz término la vida concebida, aunque sea con lágrimas y rechazos sociales: un error grave nunca se soluciona con otro error..
  • En estos casos límite hay que buscar apoyos, buscar amigos de verdad que nos acompañen y nos mantengan firmes en nuestro proyecto de vida. Cualquier cosa antes que abortar, signo de la mayor degradación moral de nuestro tiempo.
  • Y desde luego, hay que acogerse siempre a la bondad y misericordia de Dios: El sigue siendo nuestro Padre y nuestra Madre, aunque nos hayamos alejado momentáneamente de su casa, como otros tantos hijos e hijas Pródigo.
  • En la sociedad erotizada y banal en la que vivímos es imposible mantenerse firmes en este ideal de limpieza de alma y de cuerpo, sin recurrir constantemente a la oración. Pero, lo que es imposible para el hombre y la mujer es posible para Dios…

 

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