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Contra corriente…

Contra corriente…

Vivimos tiempos difíciles

Es esta una expresión que se oye constantemente a nuestro alrededor. Pero, ¿qué queremos significar con esta expresión? ¿Impotencia? ¿Desánimo? ¿Cansancio? ¿Tal vez, una llamada encubierta a la reflexión y a la lucha contra esta tendencia que invita a la depresión? Esa es la cuestión.

Yo quiero invitar con esta sencilla reflexión a unirnos al carro de la esperanza de tantos hermanos nuestros en la fe, que, a lo largo de la historia, se crecieron en la esperanza, ante las dificultades de su tiempo y, agarrados a la mano del Maestro, ofrecieron su vida en holocausto diario por la transformación del mundo.

Primero, veamos la realidad en su conjunto. No todo es blanco, pero tampoco es todo negro. Si limpiamos nuestros ojos e intentamos ver la realidad en su conjunto, veremos, con sorpresa, que todavía brilla el sol y las estrellas no han dejado de lucir esplendorosas, incluso en las noches oscuras del invierno.

El mal y la maldad son más noticiables que el bien y la bondad. Eso, hasta es positivo, porque siempre se ve más fácilmente lo nuevo, lo raro, lo que no es normal. No es periodísticamente destacable que las familias de bien se quieran ni que los padres y los hijos se desvivan los unos por los otros. Es chocante y llamativo que, en un arrebato, el marido o la mujer se agredan o que los hijos se revelen contra los padres. Pero, si contásemos las familias que se quieren de verdad, los hijos que adoran a sus padres, los hombres y mujeres que, día a día, cumplen con sus tareas diarias en el trabajo y en la relación amistosa con los amigos, no cabrían las noticias en los periódicos, ni siquiera bastarían la multitud de los medios de comunicación para transmitirnos tantas noticias admirables del día a día. Demos gracias a Dios de que todavía son inmensamente mayores las buenas noticias que no se comunican que los nubarrones negros que se ciernen sobre nosotros.

Y mientras tanto colaboremos con la Providencia a hacer más habitable esta tierra nuestra que Dios ha puesto en nuestras manos para aproximarla a los designios de Dios. Comencemos por ver la realidad en su conjunto, y seamos conscientes de que esta tierra nuestra es un don inestimable que Dios pone en nuestras manos para perfeccionarla.

“El amor es creativo hasta el infinito

Esta es la exclamación que un día, Vicente, inspirado por Dios, lanzó al viento de la historia. Y movido por esta fuerza transformadora, fue sembrando el entorno de su tiempo de instituciones admirables, de hombres y mujeres, que hicieron palpitante actualidad esta profecía del gran santo del gran siglo francés. Sintámonos instrumentos en manos de Dios. Estemos atentos a sus llamadas de cada día y, seguro, que más pronto o más tarde, irán surgiendo flores multicolores en la tierra casi yerma que hoy estamos pisando.

A pesar de todas nuestras limitaciones y carencias sigamos siendo sensibles a los problemas de nuestro tiempo. Que ningún tipo de pobreza deje frío el corazón ni caídas nuestras manos. Hagamos, en cada momento, lo que esté en nuestra mano, y Dios hará el resto, cuando quiera y como quiera. Y suscitará profetas cuya voz resonará en las montañas de la historia. Sintámonos pequeños instrumentos en manos de Dios.

Hacer el bien con sencillez, sembrar esperanza a nuestro alrededor es como una bola de nieve que se desliza lentamente por la ladera de la montaña y arrastra todo lo que encuentra en su camino. Seguro que un día veremos, sorprendidos, cadenas de solidaridad a nuestro alrededor.

Los nuevos vientos amenazan nuestras seguridades

Una de las situaciones que nos inquietan hoy, y mucho, es la deriva de los problemas políticos y sociales que estamos viviendo en nuestro país y en el mundo. Quisiéramos ver con claridad cómo actuar ante esta situación inquietante. Estamos desconcertados, perplejos… No sabemos a qué atenernos. Es como si un huracán se hubiera llevado por delante todo lo que hemos vivido anteriormente…

Amigos nuestros de toda la vida, con los que hemos compartido, durante años, ideas, ilusiones y esperanzas, parece que han cambiado de chaqueta, ya no piensan como antes, ni como nosotros, ya no se rigen por los mismos criterios, ya no tienen los mismos amigos ni compañeros de viaje en sus proyectos vitales… Palabras que tenían los mismos acordes, como Fe, Vida, Iglesia, Sacramentos, Dios, Familia, Unidad, Política y Políticos…, con un largo etc., provocan ahora desacordes y disonancias profundas… Y nos preguntamos, desconcertados, ¿qué debemos hacer? ¿Cuál debe ser nuestra actitud en tales circunstancias?

Y, sin embargo, si bien lo pensamos, nos daremos cuenta de que esto no es nada nuevo en la historia de los humanos; es una constante, con variantes de épocas y de culturas. Vicente de Paúl y Luisa también vivieron tiempos convulsos en su época. Vicente creyó en algún momento, que la fe católica podía desaparecer de la Europa cristiana. Y también tuvo que enfrentarse a los políticos de turno, con egoísmos y afanes de grandeza parecidos a los de nuestros políticos de hoy. Y tuvo que decirles a la cara, más de una vez que se preocupasen del pobre pueblo, que aparcasen las guerras criminales, fratricidas. A uno, precisamente al más fuerte, se atrevió a decirle que se arrojase al mar, porque él era claramente el principal obstáculo para la paz; y que la guerra estaba destruyendo al pobre pueblo…

Pero, mientras tanto, las instituciones creadas por estos dos grandes santos, Vicente y Luisa, iban paliando la hambruna galopante y el sufrimiento inabarcables del pobre pueblo.

Algo parecido, salvadas las distancias, está pasando entre nosotros. Hay multitud de parados, familias enteras sin trabajo, emigrantes que arriesgan sus vidas, corrupción encubierta y manifiesta por todas partes… Y mientras tanto, nuestros políticos de turno, en vez de ponerse a dialogar en serio y trabajar juntos para encontrar soluciones racionales y operativas se dedican a buscar los primeros puestos, a ver quién se impone a quién, y quién saca más tajada de este circo maquiavélico que ellos mismos han creado…

Obras son amores…

Ante este panorama hay que empezar por guardar la calma. Cuando se producen estas situaciones no hay que empezar por culpabilizar a nadie en concreto, sino más bien tratar de ver con lucidez y valentía qué parte de responsabilidad tengo yo mismo en esta trama… Después, intentar aportar mi granito de arena para que puedan solucionarse estos problemas de modo racional y pacífico…Los cambios de tendencia, en un ámbito geográfico y cultural concreto, no se producen de pronto ni de prisa, tampoco por generación espontanea. Van gestándose lentamente, y es todo el conglomerado social, cada uno a su manera, el que conducirá a crear esta nueva sociedad irreconocible…

No es tan difícil como nos imaginamos, pero sí, muchoi más lento. Las soluciones duraderas y estables de la larga historia de la humanidad no se gestan con algaradas callejeras, ni revoluciones, ni armas, ni gritos estentóreos… No es ese el estilo de Jesús, que debemos conocer bien, como admiradores de su vida y de sus palabras. Es precisamente su palabra y su estilo de vida la que pondremos como pantalla de referencia de nuestra búsqueda de paz y de justicia, en la verdad. Empecemos por revisar nuestra coherencia de vida: veamos si se conjugan al mismo ritmo en vuestra vida diaria lo que decimos con palabras bonitas y lo que hacemos en realidad…

Denunciemos proféticamente la injusticia con todos sus cómplices y secuaces, pero hagámoslo, sobre todo, con coherencia de vida, tomando como referencia al Profeta de todos los profetas que en el mundo han sido. La denuncia profética de desajustes, desigualdades sociales y corrupciones de todo tipo, que tan duramente fustigamos, a vedes, se casan mal con una vida facilona, sin privaciones, sin compromiso serio de voluntariado al servicio de los más pobres. ¿Qué tiempo dedicamos a una y otra cosa…?

Jesús de Nazaret, nuestro único referente

Tal vez tengamos que aparcar nuestros idearios políticos, las ideas de siempre, en preferencias sociales de partido, con nombres y apellidos. Para un seguidor de Jesús de Nazaret sólo Él y su manera de vivir y de hacer es la referencia última. Y tenemos que vivirlo y expresarlo con valentía, denunciando la injusticia, dondequiera que asome, promoviendo el bien común, el mejor reparto de los bienes, la armonía y buena relación entre las personas, sean del país que sean, de la religión y de la cultura que sean… Dios es el Padre de todos, que provee lo necesario para que todos vivan según la dignidad de hijos de Dios… Por este ideal, Jesús dio su vida… Nosotros debemos estar dispuestos a hacer lo mismo, sabiendo que Él está siempre con nosotros, aupándonos…

Haciendo esto, no aparecerá de pronto la luz, como un milagro instantáneo. No, no, este fenómeno, a veces, se hace esperar largo tiempo… Vicente y Luisa, nuestros guías y patronos, son testigos fehacientes. Ellos también estuvieron buscando, durante muchos años, esa luz guiadora, y tardó en aparecer, hasta que Dios se cruzó definitivamente en sus caminos.

Por extraño que parezca, Dios está siempre presente en nuestros caminos, oculto o entre penumbras, pero está. A veces quiere confundir la sabiduría de los listos de este mundo, que se creen capaces de todo con sus avances técnicos e ideológicos; a veces, simplemente se hace esperar, para que nosotros busquemos con más ahínco y confiemos más en Él que en nuestra propia sabiduría y recursos humanos… Recordemos el pasaje del evangelio en que Jesús seguía dormido en la barca y la tormenta amenazaba hundirla sin remedio. “Hombres de poca fe, dice Jesús a sus discípulos aterrorizados, aquí estoy yo con vosotros, ¿por qué teméis…?

Todo se resume en una frase, simple y llana: en estos tiempos “recios” que nos toca vivir…, abramos el corazón a la esperanza, sabiendo que no estamos solos y, en la medida de nuestras capacidades y carismas, colaboremos con la Providencia, que se hace presente cuando quiere, como quiere, siempre que nosotros la busquemos y la dejemos actuar.

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