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Saludemos el comienzo del año con alegría e ilusión

Saludemos el comienzo del año con alegría e ilusión

El mejor regalo.

Hay una película puesta en escena recientemente por el gran cineasta católico, Juan Manuel Cotelo, con este título. Recomendable ver esta película. De forma humorística, nos presenta el gran regalo del perdón y de reconciliación entre personas y entre los pueblos y sociedades de diferentes culturas: el perdón es un auténtico regalo que une personas y pueblos separados y enfrentados durante años por el odio y la incomprensión. No me refiero ahora a este título, aunque no lo excluye.

Quizá algunos han sido agraciados con la lotería de Navidad hace tan sólo unos días. Quizá los Reyes Magos han sido especialmente generosos con algunos de los que están leyendo; y les han traído los regalos en los que no habían soñado. Tampoco me refiero a este regalo inesperado, que ha colmado mis pequeñas ilusiones personales del momento. Tampoco me refiero precisamente a esta sorpresa ilusionante

El gran regalo del año que termina han sido las personas que me han acompañado a lo largo de todo este año y han sido mis confidentes, mis paños de lágrimas, mis puntos de apoyo en los momentos de debilidad o incertidumbre; los que han estado siempre a mi lado para empujarme hacia adelante en los momentos de duda, de cansancio o de incertidumbre. Ellos han sido, entre bastidores, mi otro yo, mi mejor yo, que han sacado a flote lo mejor de mi mismo, desde su cercanía, su confianza y su apoyo, en los momentos de debilidad o de euforia desmedida.

Sin darme cuenta, estas mediaciones ocultas o explícitas (entre las cuales incluyo a mis padres y hermanos, mis amigos especiales, sacerdotes o religiosos-as) han hecho posible que yo siguiera adelante, que yo fuera capaz de realizar mi mejor yo. Gracias, amigos, por vuestra presencia oculta y por vuestra amistad sincera. Gracias a vosotros he sido capaz de afrontar las euforias y los decaimientos, los fracasos y los logros. Gracias, y seguid siendo mi sombra y mi compañía permanente.

Es hora de balances y decisiones fuertes.

Es bueno rebobinar de vez en cuando la película de la propia vida: sorprenderme a mí mismo revisando lo que me creí capaz de hacer, lo que incluso me comprometí solemnemente a realizar, en un momento dado. Sin embargo, ¡que poco duraron mis euforias! A la vuelta de la esquina había claudicado de aquellas buenas intenciones; en poco tiempo, parecía que era otra persona, y así una y otra vez, a lo largo de todo el año.

Empecé el nuevo año decidido a moderarme en la comida, quería ser una persona que se controlara en el comer y en el beber, adquirir una figura atrayente. Después quería leer el evangelio de cada día, hacer un ratito de oración todos los días; colaborar en algún tipo de voluntariado; visitar enfermos, controlar mi genio, mostrarme siempre disponible para hacer algo por los demás, empezando por los más cercanos. ¡Qué sé yo la de cosas buenas que se me ocurrieron que podía hacer al comienzo del año pasado!

¿Te atreves a intentarlo de nuevo? Entra dentro de la pedagogía divina hacernos saborear nuestra limitación y nuestra debilidad; intentemos hacernos experimentar la fragilidad humana, que, por mucho que lo intente, nada podemos hacer por nosotros mismos. Entra igualmente en el plan de Dios hacernos saborear la paciencia y misericordia de Dios: él no se cansa nunca de nosotros, siempre nos da una segunda, una tercera y hasta una cuarta o quinta oportunidad. La biblia, el Nuevo Testamento, en particular, nos ofrece testimonios inapelables de esta bondad inagotable de Dios. También la vida de algunos santos nos dan testimonio fehaciente de esta entereza y persistencia en el proyecto de fidelidad a los planes de Dios.

San Pablo dice: “Fiel es Dios que no permitirá que seamos probados por encima de nuestras capacidades”. “Todo lo puedo en aquel que me conforta”. “Si Dios está con nosotros qué o quién podrá contra nosotros?

Es tiempo de acción de gracias.

Nuestros mayores nos transmitieron, a modo de axioma creyente: “Es de bien nacidos ser agradecidos”. Después, conscientes de la humana debilidad, rebajaron la cuota y lo dejaron en este otro refrán popular: “Nos acordamos de santa Bárbara cuando truena”. Pues bien, sea de una o de otra forma, hemos de dar gracias a Dios en todo momento: alabarle y pedirle que atienda nuestra demandas cuando le necesitamos; o darle gracias en todo momento porque él es nuestro todo: todo cuanto somos y tenemos es puro regalo de la bondad y ternura de Dios hacia nosotros. El despertar cada mañana y ver la luz esplendorosa del día; el lanzarnos de la cama y andar; el ponerse en camino para ir a nuestras labores cotidianas; el tener un trabajo digno o esperanza de poder encontrarlo; la familia, los hijos, los amigos, las personas que nos acompañan en nuestro caminar día a día son puro regalo del amor y de la ternura de Dios. Todo es gracia y don, ha resumido un pensador cristiano de a pie.

No dejemos pasar de largo este momento precioso

Hay momentos y encuentros especiales con Dios que no podemos dejar pasar, porque quizá no vuelvan, o no vuelvan de la misma manera. Tiene San Agustín una frase que no podemos dejar pasar inadvertida: “Teme a Jesús que pasa y no vuelve”, dice. Agustín sabe bien, por propia experiencia, que Jesús pasa siempre, que Dios no se cansa nunca de nosotros. Pero hay momentos o acontecimientos que pueden marcar nuestra vida para siempre. Es como el primer amor, que deja huella indeleble en el corazón; aquel acontecimiento que marcó el rumbo de nuestra vida, sin el cual yo no sería yo, sin el cual yo no habría emprendido el sendero que iba a marcar la trayectoria definitiva de mi vida, de mi vinculación a Dios y a los demás. Ese momento, cuya importancia ni siquiera percibí entonces, que sólo Dios sabe, pero sin el cual no sería el que soy. Es como la caída del caballo de Saulo, camino de Damasco, como el despertar de Agustín en el momento en el que descubre que Dios está en lo más íntimo de su corazón, y exclama humildemente:

“Tarde te amé, tarde te amé, Hermosura soberana…” Pues ese momento precioso puede ser, para ti y para mí, precisamente este año que comienza” No lo dejemos pasar de largo.

Estrenemos una nueva alegría de vivir

Hay muchos tipos de alegría y de sonrisa: la sonrisa forzada o de circunstancias, la sonrisa fotográfica o de escaparate, la sonrisa ingenua o del disimulo, la sonrisa propagandística y que se yo sé yo cuantas más. Todos conocemos ese escaparate enorme de sonrisas a la baja. Tampoco tiene valor real esas alegrías de feria, producidas por circunstancias externas: el bienestar económico, los pasatiempos o fiestas, que ocultan, a veces, vacíos interiores. Son falsas monedas de cambio. En lo hondo de lo hondo todos somos conscientes de que la alegría auténtica nace en el corazón, fruto de la coherencia de vida, de la generosidad en el dar, en el olvidarnos de nosotros mismos para hacer felices a los demás. El evangelio tiene razón cuando afirma que el amor es la fuente inagotable de felicidad y que el amor tiene marca propia de identidad, la disponibilidad de dar la vida por la persona que amamos: “Nadie tiene más amor que el que da la vida por el amigo”

Nuestra fuente inagotable de alegría y felicidad es saber que tenemos un Padre que nos ama hasta el extremo, que está siempre con los oídos atentos para escucharnos, con los brazos abiertos para abrazarnos, con el corazón enternecido para amarnos, Saber que él cuenta con nosotros, a pesar de nuestras debilidades y claudicaciones, para transformar este mundo que no nos gusta; saber que él está siempre a nuestro lado, aunque no le veamos, aunque, a veces, guarde silencios extraños. No hay alegría profunda que no descanse en Dios, no hay esperanza segura que no se fundamente en Dios. San Pablo considera basura todo los bienes efímeros de esta vida, salvo a Cristo, y este crucificado.

San Agustin, pecador antes que santo, exclama: Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto mientras no descanse en ti.

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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