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A los padres de familia con empatía y amistad. Primera parte

A los padres de familia con empatía y amistad. Primera parte

Introducción.

Si hacemos una pregunta retórica a los padres de buena voluntad, empeñados en dar una buena educación a sus hijos en el tiempo actual, muy probablemente encontraríamos como respuesta primera espontánea un suspiro profundo que implica sorpresa y preocupación.

Quizá algun@s añadirían estas expresiones ¡Qué difícil, pero que difícil es educar hoy a los hijos! Hacemos todo lo que podemos y ni por esas… Antes, en nuestro tiempo, solíamos decir: “De tales padres, tales hijos”. Hoy, ya no se puede decir eso, al menos no se puede decir con el amplio margen de seguridad con el que lo hacíamos en nuestro tiempo.

A largo de más de 40 años de trabajar con jóvenes y con sus familias, respectivas, me he encontrado con casos realmente preocupantes. Y no es fácil dar una respuesta tranquilizante a estos padres, que se sienten desbordados. Pero vamos a intentar acercarnos a unas respuestas sensatas, nacidas de la recta razón y de las experiencias positivas, a lo largo de la historia.

No es nuevo quejarse de las nuevas generaciones, ajenas a lo que era normal en nuestros dorados tiempos de infancia y juventud. Desde Sócrates, pasando por ilustres pensadores de otras épocas existe el recelo a los nuevos tiempos. De ahí nace el axioma de que “Cualquier tiempo pasado fue mejor”. Pero, ¿es  cierta, sin reservas esta afirmación? Lo analizamos cuidadosamente.

Análisis crítico de esta afirmación gratuita: “Cualquier tiempo pasado fue mejor”

En la inocencia de nuestra infancia y primera juventud, solo percibíamos las bondades de nuestros padres y educadores, no las dificultades y zozobras que ellos tenían para educarnos, según los baremos de buena educación de su época. Hoy, nadie en su sano juicio, aceptaría como guía de buena educación la frase lapidaria de otros tiempos: “La letra con sangre entra”, ni los castigos desproporcionas de otras épocas, ni el rigor excesivo en los horarios de vuelta a casa, ni el estricto control en las relaciones de hombre y mujer, chico y chica. Cada tiempo tiene su malicia y debe usar los medios que le ofrece la sociedad, con sentido crítico, en búsqueda permanente de mejores soluciones para los tiempos que nos toca vivir en el devenir de la historia.

Dios nos ha dado la inteligencia y el sentido común para aplicar a cada época y circunstancia particular los medios y soluciones más apropiados a cada tiempo y lugar. Como principio general, es mal criterio de buena educación lo imposición, los medios coercitivos, el castigo, porque todo lo impuesto huele a carga y es tendencia innata del ser racional sacudirse el yugo que le oprime. Es, sin embargo, igualmente cierto, que un castigo razonado y motivado puede ser una ocasión para hacer entrar en razón al hijo o la hija rebelde, los cuales lo agradecerán más tarde, cuando  ellos mismos tengan que ejercer su autoridad parental

No es cierto, en absoluto, que cualquier tiempo pasado fue mejor, como hemos podido entrever con lo dicho anteriormente. Es cierto que hoy se nos ha desmadrado el uso incorrecto de la libertad, para justificar ciertas conductas inapropiadas; es cierto que la libertad omnímoda choca frontalmente con los derechos del otro: mi libertad termina cuando va contra los derechos del otro. Es cierto que hemos desarrollado un sistema desproporcionado del uso de derechos y deberes, sin querer darnos cuenta de que a cada derecho corresponde un deber contrapuesto que da sentido al ejercicio del derecho invocado.

Es justo reconocer los grandes avances de la ciencia y del desarrollo tecnológico en nuestros días, pero, a la vez, hemos de denunciar las ingentes cantidades de dinero dedicadas a la producción de armamento destructivo. Hemos de alabar los esfuerzos realizados para crear una sociedad más justa y solidaria en nuestros días, pero a la vez, hemos de denunciar el abuso de poder de los países ricos sobre los países pobres. Hay que alabar las nuevas corrientes de voluntariado que van surgiendo en nuestros tiempos, pero hemos de denunciar la discriminación racial, la pretendida supremacía del hombre sobre la mujer, con nombre bien definido, Machismo, y un largo etc.

Hay aspectos de la relación familiar que han mejorado sustancialmente; lo mismo podíamos decir de las relaciones sociales, sobre todo de los jóvenes entre sí y con la sociedad, pero todavía quedan grandes retos que superar.

Nos congratulamos por los grandes logros y mejoras de la sociedad actual, pero nos revelamos y denunciamos las enormes distancias entre ricos y pobres, el racismo rampante, la instrumentalización de los medios de comunicación, de las dictaduras abiertas o solapadas, de la discriminación, que llega hasta el odio contra los que no piensan como yo, sobre todo, en materia religiosa, el maniqueísmo de la política y un largo etc.

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