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Sonríe, por favor…

Sonríe, por favor…

El verano es una invitación permanente a la sonrisa, la mejor forma de compartir amistad y cercanía

Introducción: la sonrisa, como expresión de la alegría interior

Se nos han dicho mil cosas sobre la importancia de la sonrisa, sobre los efectos terapéuticos de la sonrisa. Y no es un asunto menor a la hora de evaluar la autenticidad de la vivencia de nuestra fe. Ella es la que mejor expresa el estado íntimo del alma, la coherencia interna de nuestra vida, entre lo que decimos, pensamos y vivimos interiormente.

La Biblia nos habla con frecuencia, de mil formas diferentes de la alegría, de saberse amados por Dios; de la alegría de volver a la casa del Padre; de la fiesta que se prepara por haber encontrado a la oveja perdida… Isaías y los profetas proclaman constantemente la elección del Pueblo de Dios, la esperanza de volver a la tierra prometida…

San Pablo nos dice con frecuencia que estemos siempre alegres: ”Estad alegres; os lo repito estad alegres. Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres…No os inquietéis por cosa alguna…” (Filp. 4,4ss).

Incluso cuando sufrimos y somos perseguidos debemos mantener intacta nuestra alegría, firmes en la columna de la esperanza: “Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen, os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros. Gozaos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos (Mt.5,11-12)

San Teresa nos dice que un santo triste es un triste santo, es decir, que un santo triste es pura contradicción, que ni es santo ni es nada… Bernanos, el buen escritor creyente francés, nos dice que lo contrario de un cristiano es una persona triste.

Y nuestro Papa Francisco, con su buen humor permanente nos dice que “no podemos mostrar cara de vinagre”. Con frecuencia sus mensajes y homilías nos hablan de una alegría franca y abierta, que expresa ternura y cercanía.

Cierto que todos estos textos nos hablan más bien de la alegría profunda interior, de la coherencia de vida. Pero no es menos cierto que esta alegría se proyecta, espontáneamente, en las personas sencillas, sin recovecos, que afloran de este modo su estado anímico tranquilo, de serenidad y de paz.

La sonrisa que nace espontánea del hondón del alma nada tiene que ver con las monedas falsas de sonrisas de calle o de flashes publicitarios, ni con la sonrisa irónica o sarcástica que mata; ni con las sonrisas tontorronas, sin ton ni son, que no tienen sentido alguno, sino que expresan la vaciedad o simpleza interior. Quizá hablemos en otra ocasión de estas sonrisas de moneda falsa.

De momento, os ofrezco una primera perla que he encontrado al azar sobre la terapia de la sonrisa, sobre todo en este tiempo tórrido del verano. Es la mejor forma de calmar la sed, de sembrar amistad y solidaridad.

La siguiente reflexión sobre la sonrisa será ofreceros una colección de textos de pensadores ilustres sobre el valor de la sonrisa., con power-point incluido. No os perdáis ni una ni otra reflexión: os sentiréis relajados, tranquilos, como el niño que contagia su felicidad con la madre que le acuna en sus brazos…

Este verano, regala una sonrisa…

Una sonrisa no cuesta nada
y significa mucho;
enriquece a los que la reciben
sin empobrecer a los que la dan.

Dura sólo un instante,
pero su recuerdo no se borra.

Nadie es tan rico
como para poder vivir sin ella,
ni tan pobre
como para no poder regalarla.

Ella crea un clima
amable, hogareño.

Es el signo sensible
de la amistad.

Una sonrisa
relaja al que está nervioso
y da coraje
al más descorazonado.

Sonríe,
es el mejor regalo, la mejor terapia.

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