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Mi extraña primavera

Mi extraña primavera

Algo que me asombra mucho
en este tiempo cercado,
es que cada día que nace
la vida brota en sus astros,
en la luz, en los sonidos
y en el canto de los pájaros,
que trinan, vuelan e incuban
sus crías en los tejados.

Y me extraño y me sorprendo
cuando el curso de la vida
sigue y luce en mi letargo,
pues no tengo primavera
si no acarician mis manos
su despertar puntual,
rebosante, engalanado,
y en su mayor esplendor
en estos días de mayo.
Y para que nunca olvide
que toda vida es milagro:
una semilla, una flor,
una espiga y aquel el árbol
con sus ramas florecidas
y sus frutos deseados.

Este año echo de menos
mis paseos por el campo,
por en medio de un camino
y admirar en sus orillas
mil colores enredados.

Dios es así, no sorprende,
y aunque es un año nefasto,
cada día, cada segundo,
vida nueva nos ofrece
en este tiempo arrobado.

¡Cómo he podido vivir
sin descubrir, a mis años,
que la vida se renueva
en cada paso que damos!
¡Que en lo más imperceptible,
en cualquier gesto que hagamos,
una sonrisa, un detalle,
un mirar con compasión,
un entregar y entregarnos…
la primavera está en mí,
y está en ti, si lo alentamos!

Que nunca faltan momentos
de percibir altibajos
como hace la primavera
en sus cielos y en sus campos.
Muchos días con sus lluvias,
muchos otros soleados.
Así maduran las mieses,
así también maduramos.

Que eso lo hemos aprendido
del Cristo Resucitado
que se entregó por nosotros
y nos dejó su legado.

Y con flores a María,
despedimos este mayo:
que nos proteja la Madre,
nuestra Virgen de los Llanos.

Juana Perete Sánchez
Albacete, mayo de 2020

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