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Los cursos Feyda de inglés y sus secretos (1)

Los cursos Feyda de inglés y sus secretos (1)

Llegamos en el momento oportuno

Antes de adentrarnos en la estructura, proceso y manera de hacer de los cursos Feyda de Ingles, conviene analizar el secreto o las razones por las cuales estos cursos tuvieron, desde el principio, una expansión tan rápida, en números y en diversidad de planteamientos, en una época en la que los recursos económicos, tanto de la organización como de los potenciales clientes eran tan escasos.

Sin dudar, hay que apuntar que éramos pioneros en este proyecto. Si no fuimos los primeros, estadísticamente hablando, estábamos en esa línea de arranque. Contábamos con la experiencia, también pionera, de los campamentos de verano de los colegios vicencianos del norte; en la Provincia canónica de las Hijas de la Caridad de San Sebastián, estos campamentos se llamaban 4R (Recrearse, Renovarse, Reconciliarse y Responsabilizarse). En algunos de estos colegios, las asociaciones de padres, que hoy se llaman AMPAS, empezaban a tener protagonismo. Más concretamente, había padres que empezaban a tomar conciencia de la necesidad de mejorar la práctica oral de los idiomas modernos, con profesores nativos, de cara al bachillerato y a la  universidad.

Los nuevos planes de enseñanza recalcaban, de manera especial, la urgencia de intensificar la enseñanza del inglés, dejando en segundo plano de interés los demás idiomas, incluso el francés, que, hasta entonces, había tenido la opción preferencial en los colegios de España, más concretamente en el norte.

Aparte de la motivación vacacional, en un ambiente de seguridad y de confianza, en búsqueda de educación en valores, para sus hijas, que era la fórmula en la que se apoyaban los campamentos 4R, el planteamiento del nuevo plan añadía el interés creciente por el inglés, más concretamente, por la práctica oral del idioma con personas nativas.

Nuevas fuerzas motrices

En Aquellos años todavía se mantenía el rescoldo del Vaticano II, o la fiebre de la pastoral en los colegios católicos; existían pequeños núcleos o grupos de jóvenes abiertos al diálogo cristiano. Al anunciar a las familias nuestros cursos de inglés de verano, se les informaba claramente de que el aprendizaje del idioma iba unido a una educación en valores cristianos, en continuidad con la educación que recibían en sus colegios católicos. En el listado de cosas que había que traer al curso se mencionaba la Biblia o el Nuevo Testamento. Me consta que este hecho, que hoy puede parecer extraño, era determinante para un buen número de padres.

Con el tiempo, creo que fue también un factor determinante, el hecho de que los cursos fueran mixtos, práctica que ya habían iniciado los campamentos 4R, en una época en la que todavía la educación mixta era, prácticamente, inexistente, y menos aún, en régimen de internado. El internado mixto, a estas edades de la pubertad, era difícil de digerir para los padres en aquella época; suponía riesgos añadidos y mucha confianza en el equipo de responsables. Pero, aparte de los riesgos subyacentes, esta oferta suponía también un incentivo de gran peso específico.

Desde el principio, decimos que los cursos fueran de larga duración, al menos de un mes completo, para ser coherentes con la finalidad de que sirvieran realmente a uno de los fines propuestos: mejorar sustancialmente la práctica oral del idioma.

Este factor contribuyó grandemente a forjar amistades de las que dejan huella. Si los 10-12 días de campamentos bastaban para forjar este tipo de amistades, el mes completo, con los afectos y sentimientos a flor de piel, constituían momentos que marcan época. Al final de los cursos de verano de inglés he contemplado las mayores lloreras de despedidas que he visto en mi vida. Era un hecho reconocido que nuestros cursos comenzaban por una llantina de los niños que no querían separarse de sus padres y abuelos. y terminaban con unas lloreras de adolescentes que no querían separarse de sus nuevos amigos-amigas del alma.

No cabe duda de que el factor económico  constituyo también, en aquellos momentos de escasos recursos económicos familiares, una circunstancia determinante, a la hora de elegir el verano para los hijos. Los Cursos Feyda de verano, en igualdad de circunstancias de oferta, eran, con mucha diferencia, los  más económicos del mercado; hasta llegaron a acusarnos algunos  de competencia desleal. Y es la finalidad principal de nuestros cursos no era de empresa, sino de educación en valores.

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