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Todos llamados a ser Santos

Todos llamados a ser Santos

Parece que no está de moda, en nuestro aquí y ahora, hablar de santos ni de la santidad de vida, ni siquiera es políticamente correcto hablar de estas cosas en nuestra sociedad postmoderna. Y, sin embargo, es el destino al que todos estamos llamados, se mire por donde se mire, y se llame como se llame. Filosóficamente hablando todo ser humano, que se precie de serlo, es empujado por una fuerza interior superior a alcanzar la perfección humana para la que está dotado, que se enmarca en los parámetros de la sensibilidad humana, de su capacidad intelectual ilustrada y, sobre todo, en el sentido del bien y del mal, impreso indeleblemente en su propia conciencia … Llenar esta aspiración profunda de todo ser humano es lo que podríamos llamar la búsqueda instintiva de perfección, me atrevo a denominarla “santidad laical”

El hecho de llamarse cristiano, seguidor de Cristo, añade tonos nuevos muy importantes a esta aspiración humana innata, hasta el punto de presentarse como algo nuevo, desconocido, inusual, inalcanzable, para la persona normal de a pie, que camina a ras de tierra, arrastrándose día a día por el fango de nuestra sociedad decadente… ¿Cómo podrá uno liberarse de esa fuerza centrípeta de la corrupción y del laxismo que nos invade? Parece, a todas luces, tarea inalcanzable, o sólo reservada a personas excepcionales…

Pero todo cambia cuando la razón limitada del ser humano descubre nuevos horizontes, cuando las personas o hechos referenciales estimulan sus resortes psicológicos. El ser y sentirnos cristianos añade un plus de calidad a esa aspiración general de perfección: las sombras que oscurecen la conciencia humana se iluminan, las fuerzas escondidas del ser contingente se galvanizan, las metas propuestas amplían su ángulo de visión.

Los santos de hoy, de ayer y de mañana no son seres extraterrestres, ni siquiera seres excepcionales que vivieron en un mundo idílico, hoy extinguido. Son personas de carne y hueso, que vivieron y viven en circunstancias y ambientes muy parecidos a los nuestros; en todo caso estuvieron inmersos en la realidad envolvente de su tiempo. Algunos alcanzaron metas no soñadas de iluminación y de contemplación, pero sin dejar de pisar tierra. Nada tiene que ver la santidad con cosas raras y extrañas que nos han contado algunos hagiógrafos del pasado. En todo caso, si algunos hicieron cosas raras y chocantes a nuestro sentido común o modo sencillo de ver las cosas, no son santos precisamente por esas actuaciones “raras”, sino a pesar de esas rarezas, como también hay grandes santos que fueron antes grandes pecadores.

Ser santo implica simplemente tomarse en serio el mensaje y la persona de Jesús y tratar, con todas nuestras capacidades, de plasmar sus palabras de vida en nuestra vida del día a día y de hacer de su persona el punto referencial de nuestra vida y de nuestros proyectos existenciales. No todos alcanzan las metas más altas, ni llenan las vasijas más grandes, pero le basta a cada uno con llenar su vasija y llegar a la cima más cercana… El evangelio ilustra repetidas veces y de distintas maneras este ideal de fidelidad a la llamada… Los caminos son múltiples y multiformes, lo importante es ponerse en camino. Las Bienaventuranzas nos hacen sentir la impotencia del ser humano para llegar a la cima más alta, pero, a la vez, nos hacen conscientes de que, en la medida en que nos acercamos a Jesús y nos tomamos en serio sus palabras, acortamos las distancias, nos acercamos al ideal que Él nos propone. Desde el principio los cristianos tuvieron claro que estaban llamados a ser santos, por eso los escritos neotestamentarios se dirigen “a los santos”, refiriéndose a los seguidores de Jesús.

Para ser santo hay que hacerse varias preguntas previas, a saber:

  • ¿Puedo ser santo en la circunstancia y en el entorno en que estoy viviendo?
  • ¿Quiero ser realmente santo o es demasiado pedir para mí?
  • ¿Qué estoy dispuesto a hacer para ser santo?
  • ¿Qué medios o recursos tengo para ser santo?

Responder a estas preguntas nos llevaría muy lejos, más allá de lo que nos permiten estas sencillas reflexiones. Por eso, prefiero dejar a Teresa de Jesús, según la percibe nuestro Papa Francisco, en la carta que dirigió a los medios, con ocasión del V centenario de su nacimiento. Estas son las propuestas que el Papa nos hace desde la pantalla de la vida y escritos de la Santa:

  • El camino de la alegría,
  • El camino de la oración,
  • el camino de la fraternidad,
  • El camino del propio tiempo.

Y añade el papa parafraseando a santa Teresa:

  • La verdadera santidad es alegría, porque “un santo triste es un triste santo”
  • Los santos, antes que héroes esforzados, son fruto de la gracia de Dios a los hombres.
  • Cada santo nos manifiesta un rasgo del multiforme rostro de Dios.

Y añade, por si nos queda alguna duda sobre lo que vamos diciendo:

“Santa Teresa vivió las dificultades de su tiempo, tan complicado, sin ceder a la tentación del lamento amargo, sino más bien aceptándolas en la fe como una oportunidad para dar un paso más en el camino”

“Algunas veces la Santa abrevia sus sabrosas cartas diciendo “estamos en camino”, como expresión de la urgencia por continuar hasta el fin con la tarea comenzada”.

1 comentario

  1. María

    Estoy completamente de acuerdo, además fijarse en Santa Teresa es fijarse en una mujer llana y sencilla que se adaptó a lo que Dios quería de ella, por tanto inteligente. Yo pido su intercesión en mi camino de mujer que busca la verdad, sobre mí misma y mi contexto.

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