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Santiago, patrón de España

Santiago, patrón de España

Datos del evangelio

Sabemos por el evangelio que Santiago forma parte del trio privilegiado por Jesús entre los apóstoles: Pedro, Santiago y Juan, su hermano. Santiago y Juan eran hijos de Cebedeo y de Salomé, también seguidora asidua de Jesús. Salomé era, probablemente, pariente próxima de Joaquín y de Ana; por tanto, pariente cercana de la Virgen María; Juan y Santiago, consecuentemente, eran primos de Jesús, por eso en el evangelio se les llama hermanos de Jesús, según la costumbre de la época de llamar hermanos a los primos y parientes próximos. Nació posiblemente en Betsaida (Galilea)

Santiago fue pues uno de los tres apóstoles de plena confianza de Jesús, con los que se comunicaba en la intimidad y a los que hizo primeros testigos de los milagros y acontecimientos excepcionales de su vida: los tres fueron testigos presenciales de milagros excepcionales: Resurrección de la hija de Jairo, la transfiguración, Getsemaní etc. También fueron testigos presenciales de las apariciones de Jesús después de la Resurrección. A ellos les comunicaba confidencialmente los secretos de su corazón.

Sabemos, igualmente, por el evangelio, que tenían un temperamento impetuoso y que merecieron el reproche de Jesús de llamarlos Boanerges o “hijos del trueno” En otro pasaje del evangelio se les presenta como ambiciosos, que aspiran a los primeros puestos del Reino de Jesús, del Mesías liberador, según .la concepción judía de que el Mesías tenía que ser una persona poderosa, líder de la liberación política del enemigo romano invasor.

Tradiciones contrapuestas sobre el sepulcro del Apóstol Santiago

(Nota: la información aportada en este apartado esta extractada de la enciclopedia Wikipedia)

No existen argumentos históricos contrastados de la veracidad de que el sepulcro de Santiago de Çompostela contenga realmente el cuerpo del Apóstol; tampoco de que Santiago llegase a España y evangelizase nuestro país.

Existen, no obstante, numerosas tradiciones medievales, algunas desde la más remota antigüedad, que así lo avalan. Una de estas tradiciones proclama que hacia el año 33, solo tres años después de la muerte de Cristo, cuando los apóstoles, sintiéndose impulsados por el mandato de Cristo, “Id por todo el mundo y proclamad el evangelio”, se expandieron por diversas partes del mundo conocido entonces. Precisamente la última columna del globo terráqueo estaba en España, en Galicia, conocido con el nombre de Finisterre. Y hacia allí decidió encaminarse nuestro apóstol.

También es controvertido el camino por que el pudo llegar allí. Unos afirman que posiblemente llego por el mediterráneo, después, siguiendo la costa portuguesa, desembarcó en Galicia y llegó hasta el lugar en el que está emplazada hoy la ciudad de Santiago. Otros afirman que quizá llegó primero a Cartagena, ciudad ya muy importante del Imperio Romano en aquellos tiempos; de allí se desplazó hacia la provincia romana Tarraconense, y desde allí, ascendiendo por el cauce del Ebro llegó hasta Zaragoza.

De acuerdo a la tradición cristiana, hacia el año 40, el dos de Enero la Virgen María se apareció a Santiago el Mayor en Caesaraugusta. María llegó a Zaragoza «en carne mortal» — antes de su asunción— y como testimonio de su visita habría dejado una columna de jaspe conocida popularmente como “El Pilar” Se cuenta que Santiago y los siete primeros convertidos de la ciudad, conocidos como los siete varones apostólicos, edificaron una primitiva capilla de adobe en la vera del Ebro. Esta pequeña capilla, con el paso de los años, se ha convertido en la actual monumental Basílica del Pilar, en la que se distingue por su devoción popular precisamente “el pilar”, sobre el que, supuestamente, se apoyaron los pies de la Virgen.

La tradición que sitúa a Santiago el Mayor fuera de Jerusalén, poco antes de su martirio, la recogen diversos apócrifos neotestamentarios (El libro de la Dormición de María, etc.), todos ellos anteriores al «descubrimiento» de la Tumba del Apóstol. Según estos relatos, cuando María ve cerca su muerte, recibe la visita de Jesucristo resucitado. Ella le pide estar rodeada por los apóstoles en el día de su muerte, pero todos ellos están dispersos por el mundo. Jesucristo le concede su deseo y permite que sea la misma María, por medio de una aparición milagrosa, quien avise a sus discípulos.

Santiago habría hecho todo el viaje de vuelta desde España hasta Jerusalén para encontrar a María, madre de Jesús de Nazaret (ya que ella seguía viva allí, en la capital de Judea) antes de su “dormición”, hallando la muerte ante Herodes Agripa en el martirio, que tiene lugar hacia el año 43. Santiago es precisamente el primer mártir de los apóstoles. La leyenda se cierra con que dos de sus discípulos, Atanasio y Teodoro, habrían llevado su cuerpo (conservado de alguna manera) por el mar Mediterráneo en una mítica embarcación de piedra y habrían costeado el Atlántico nuevamente hasta Galicia, donde lo habrían enterrado justamente en Iria Flavia, donde el obispo Teodomiro lo halló en el siglo IX. Avalan esta creencia diversos hechos o milagros de estrellas luminosas merodeando en torno al lugar. Otros sostienen que la palabra Compostela proviene de campus stellae: «campo de las estrellas», debido a las luces que bailoteaban sobre el cementerio.

Tradicionalmente, se ha afirmado que los restos hallados en Santiago de Compostela a principios del siglo IX correspondían al apóstol Santiago, pero la falta de un análisis directo de dichos restos, permite suponer que pueden ser los restos del obispo Prisciliano o de otra persona importante del período romano.​ No obstante, el papa León XIII, en 1884, en forma de Bula Papal reafirmó la pertenencia de los restos al apóstol, tras mandar analizar los restos conservados dentro de la tumba.

Santiago referente de la fe en España y de los valores cristianos en Europa

En el siglo XII se redacta en Santiago de Compostela el llamado Privilegio de los Votos, que atribuye al rey Ramiro I una victoria frente a los moros en Clavijo en 844, victoria obtenida gracias a una aparición de Santiago. Y desde este momento se representa al apóstol montado a caballo y luchando contra los enemigos de la fe cristiana

El miles Christi (soldado de Cristo) medieval, imagen poco frecuente, se convierte a partir de la segunda mitad del siglo XV y a lo largo del siglo XVI en Santiago Matamoros, defensor del catolicismo frente a todos sus enemigos: los turcos, los herejes y los paganos cuyos cuerpos o cabezas ruedan entre las piernas de su caballo. Desde entonces, a lo largo de nuestra historia, siempre se ha tenido a Santiago como especial defensor de la fe cristiana en nuestro país.

Desde el descubrimiento de la tumba del apóstol en el siglo IX comienzan las peregrinaciones al lugar; y el Camino de Santiago se convierte en el referente principal de la cristiandad, casi a la par que Jerusalén y Roma. Allí acuden, por diversos itinerarios, gentes de todos los rincones de Europa. Se construyen albergues y residencias que acogen a los peregrinos; se diseñan centros de acogida y de asistencia sanitaria, se preparan guías especializados… Allí acuden, con espíritu penitencial y de reconciliación pecadores públicos, con gente de piedad sencilla; pero también intelectuales, y de alcurnia, gente noble y Reyes benefactores. Pero también gente curiosa, agnósticos y no creyentes de buena voluntad, en busca de luz y de convivencia…

Y este fenómeno que parece ser de otros tiempos remotos, ajenos a nuestros tiempos científicos y progresistas, todavía perdura hoy. Alguien, buen conocedor de nuestro viejo continente, ha afirmado con rotundidad que Europa se ha constituido como tal en el camino de Santiago. Y todavía quedan los rescoldos. Todavía sigue vivo el espíritu que vio nacer esta fiebre de fe, de luz, de paz, de búsqueda y de convivencia y fraternidad.

Es el propio Juan Pablo II, en el discurso memorable con el que concluyó su visita pastoral a España, el 9 de Noviembre de 1982, el que deja constancia clara del valor referencial de Santiago en la construcción de los valores cristianos de Europa. En uno de los párrafos de este discurso dice textualmente:

“Yo, sucesor de Pedro en la sede de Roma, una sede que Cristo quiso colocar en Europa y que ama por su esfuerzo en la difusión del cristianismo en todo el mundo. Yo, obispo de Roma y pastor de la iglesia universal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva sus raíces. Revive aquellos valores auténticos que te hicieron gloriosa y benéfica tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual en un clima de pleno respeto a las otras religiones y a las genuinas libertades. Da al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. No te enorgullezcas por tus conquistas hasta olvidar sus posibles consecuencias negativas. No te deprimas por la pérdida cuantitativa de tu grandeza en el mundo o por las crisis sociales o culturales que te afectan ahora. Tú puedes ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo. Los demás continentes te miran y esperan también de ti la misma respuesta que Santiago dio a Cristo”

“Quizá Santiago esté llamado de nuevo a ser un faro de luz en Europa y en Iberoamérica, donde 690 localidades han heredado su nombre. Aquí, en la casa del señor Santiago, el peregrino encuentra un ámbito de reflexión sobre nuestra fe, buscando conectar de nuevo con los orígenes apostólicos de nuestra tradición cristiana” (Julián Barrio Barrio, arzobispo de Santiago)

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